“Maim” 5

Published by

Posted on abril 15, 2016

BH

Print

El Agente de Dios

Es debido a su misión en este mundo que el hombre es llamado un sheliaj. El hombre es, si así pudiera decirse, agente y comisionado de Dios. El hombre -su alma- fue enviado desde Arriba para hábitar en este mundo físico y hacer que toda la creación retornara a su Fuente, uniedose en la Unidad de Dios. Al elevar y reunir todo con Aquél que lo envió, el hombre no sólo unifica la creación con el Creador, sino que al cumplir con su tarea también se funde a sí mismo dentro de la Unidad de Aquél que lo comisionó.

En otras palabras, toda la creación puede ser comparada con una carga enviada por Dios, que se alejo de Él debido al “velo de separación”, es decir, la realidad de este mundo tal cual se percibe (erróneamente). Sin embargo, cuando el hombre, actuando como un agente con libertad de elección, elige el sendero correcto y mediante sus acciones y su creencia en la Unidad de Santo, Bendito Sea, percibe más allá de la ilusión de la dualidad, trae de vuelta entonces esta carga a su dueño original. En última instancia, es la fuerte creencia del hombre en la verdad de que Dios, creó y mantiene todo lo que existe -incluso el concepto mismo de la separación- lo que hace retornar a toda la creación hacia la unidad con Dios.

De hecho, cuando estudiamos el modo en que Dios creó el mundo, podemos ver que la esencia misma de la libertad de elección se encuentra directamente asociada a este concepto de agente-enviado. Dios, diseño el mundo y lo programó para operar de acuerdo a un determinado conjunto de reglas que llamamos “naturaleza”.

En esencia, la naturaleza no es más que una entidad creada cuya tarea es actuar como agente, como un enviado para cumplir con la voluntad de su Diseñador. Pero, debido a que las leyes de la naturaleza recibieron la independencia como para aparentar que operan por sí mismas, al igual que todas las entidades creadas, también ellas se transformaron en vehículos a través de los cuales el hombre es probado en su libertad de elección. Si el mundo hubiera sido diseñado de un modo diferente, con la Divina Providencia accesible a la percepción, no hubiera existido libertad de elección alguna. Ya hemos visto que el control directo y obvio de Dios, sobre Sus creaciones hubiera eliminado toda posibilidad de existencia fuera de Él y así, si pudiera decirse, hubiera frustrado Su expresión de Amor. Pero, al permitir que el mundo siguiera lo que aparentemente es un sistema de reglas independientes y predecibles -que sujetan bajo sus dictados a toda la creación, inclusive al hombre-, Dios le dio al hombre otra posibilidad, otra manera, aunque errada, de percibir el mundo. Y con esto, el hombre recibió su libertad de ejercitar la elección: reconocer a Su Creador y beneficiarse de Su amor o no reconocerlo en absoluto.

De hecho, la verdad es que debemos creer que incluso la naturaleza es en sí misma Providencia. Esto es especialmente así ahora que hemos merecido percibir la Divina Intervención y los cambios en las leyes de la naturaleza producidos por algunos de los milagros que Dios, realizó para nuestros antepasados durante la salida de Egipto. Incluso hoy en día, aquel que ve las cosas con una mirada de verdad puede percibir que hay muchas cosas que suceden en el mundo en general y en su vida personal en particular, que no se conforman con las leyes de la naturaleza y que se encuentran más allá de ellas. Estas “ocurrencias”, que de hecho suceden todo el tiempo, son imposibles de comprender de modo natural, es todo la Mano de Dios. Pues la verdad es que no existe naturaleza ni leyes naturales independientes que gobiernen al mundo. Más bien es Dios, quien gobierna todo con Divina Providencia y El es quien diseño y dicta las leyes tal cual El considera adecuado. De modo que el cuerpo de leyes que llamamos naturaleza es, por lo tanto, un agente de Dios, un agente “angélico” que cumple con Su Voluntad, proveyéndole al hombre de los medios para ejercer la libertad de elección. Y cuando el hombre cree en la verdad y comprende que tal como todo lo creado, también la naturaleza proviene de Dios, permite entonces que el “después de la creación” retorne y se funda con el “antes de la creación”, que el agente se una con Aquél que lo envió.

¿Qué sucede, sin embargo, cuando el sheliaj altera algo de las instrucciones o requerimientos de su misión? Nuestros Sabios nos dicen que todo cambio descalifica al enviado como verdadero sustituto o representante y cancela su encargo. Aquí se aplica muy bien el paralelo con respecto al proceso de la creación, con el “después” sólo reuniéndose con el “antes” mediante la cualidad de la verdad y el rechazo de la mentira. El agente enviado encargado de la misión solo puede cumplirla mientras sus acciones se mantengan fieles a aquél para quién está actuando. Un cambio de su parte implica una falla en su tarea. Al introducir un cambio -es decir algo más que la verdad única, algo falso- él separa “después de la creación” con la Unidad de Dios, separándose de Aquél que lo envía y anulando así su misión.

El factor esencial necesario para unificar todo dentro de la Unidad de Dios, es la creencia del hombre en la exclusiva y eterna naturaleza de la Divina Providencia. Si el hombre cumple con su misión -algo que sólo puede hacer creyendo en Su Creador y en Su constante unidad con toda la creación-,entonces el mundo y de hecho todo lo creado, alcanzan su plenitud. Esto depende por supuesto de que el hombre ejerza su libertad de elección de manera inteligente, como está escrito, “He puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición; elige la vida…”(Debarim 30:19).

 

logo1

ADD A COMMENT