Parashat Tazria

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Posted on abril 27, 2017

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TAZRI'A

CAPITULO XII

1 – Y HABLO ADONAI A MOSHE, DICIENDO:

2 – “HABLA A LOS HIJOS DE ISRAEL, Y DILES: LA MUJER, CUANDO HUBIERE CONCEBIDO Y DADO A LUZ UN HIJO VARON, QUEDARA INMUNDA SIETE DÍAS: CONFORME A LOS DÍAS QUE ESTA SEPARADA (DEL ESPOSO) POR SU ENFERMEDAD MENSUAL, QUEDARA INMUNDA.

2 – HABLA A LOS HIJOS DE ISRAEL. Cf. Com. XIII, 1.

LA MUJER, CUANDO HUBIERE CONCEBIDO. Rashí explica: “Rabí Simlái dijo: como la creación del hombre es citada en el Génesis después de la de todos los animales, las bestias salvajes y las aves, también la ley que le concierne, se sitúa después de la de los animales, las bestias salvajes y las aves”. Los Medrashím citan a este respecto el versículo de los Salmos: {ajór vekédem tzartáni… por delante y por detrás. Tu presencia me rodea] (CXXXIX,5) que precisa que la formación del hombre se sitúa antes y después de la de las otras criaturas; su alma, indica Rabí Ben Lakish, era preexistente a la creación, mientras que su cuerpo no fue formado sino, en el sexto día . También la Toráh hace preceder las leyes que participan del dominio del espíritu, respecto a las que conciernen a los animales, etc., pero las coloca a continuación de las que se refieren al dominio físico (la circuncisión, las enfermedades, la menstruación, etc). Para los Sabios del Medrásh, esta posición del ser humano, que es a la vez anterior y posterior a las obras de la creación, comporta un valor simbólico. Según su grado de moralidad, el hombre puede situarse a la cabeza de todas las criaturas y dominarlas con gran ventaja. Pero puede también dejarse caer y colocarse en el grado más bajo. Su destino no depende más que de sí mismo. Najmánides atribuye sin embargo una significación completamente diferente, al hecho de que el texto, hace preceder las leyes concernientes al nacimiento de un niño, de los capítulos relativos a los animales impuros. Subraya con énfasis, que las prescripciones que tratan del alimento ritual forman parte de las causas determinantes que actúan, por vías desconocidas, sobre el carácter del futuro ser humano. Al respetar estas leyes los padres crean las condiciones psicofisiológicas más favorables con el fin de predisponer a su hijo hacia las virtudes de la sobriedad, la bondad y la integridad moral. Al violarlas, por el contrario, manchándose a si mismo en contacto con animales impuros, predisponen la naturaleza de su progenitura hacia los afectos físicos que se exponen en los capítulos siguientes. Por esta razón, el pasaje relativo a la venida al mundo de un niño, ha sido intercalado en medio de los capítulos que tratan del alimento ritual y de las enfermedades. Algo generalmente admitido es, en efecto, que la formación del carácter del niño no debe esperar la obra o acción de la educación propiamente dicha. La conducta moral de los padres y de los antepasados, sus costumbres y su manera de vivir, constituyen un atavismo, cuyo efecto se prolonga en la cadena de las generaciones. La Toráh otorga la mayor importancia a esta “educación prenatal”.

Y DADO A LUZ UN HIJO VARON. El Zóhar resalta aquí las innumerables maravillas que se producen a partir de la concepción hasta el parto. “Grandiosas son Tus obras, Oh Eterno; infinitamente profundos son Tus pensamientos” (Salm. XCII, 6). Cuando los esposos se unen para cumplir la obra, procreación, cooperan con Dios en una asociación íntima. Pues aquéllos que no quieren ver en la fecundación más que un fenómeno puramente natural, ¿cómo podrían explicar la presencia del alma inmaterial en el fruto que va a nacer, sin referirse a la intervención del Creador Divino? Su Majestad permanece de manera invisible por encima de la unión de la pareja procreadora, presto a bendecirla, y dotando al cuerpo que se desarrolla, del soplo de la vida, que emana de las esferas celestes. También rodearás el acto conyugal de santidad. El estado de espíritu de los esposos, en el momento de la cohabitación, no es en modo alguno un factor insignificante. Forma parte de numerosas influencias que se ejercen sobre la naturaleza de la célula germinal, cuyo alcance, aunque lejano y que escapa a nuestro análisis, permanece siendo considerable. Los esposos descartarán de su espíritu, todos los pensamientos impuros y vulgares y la unión tendrá lugar en una armonía espiritual en la que sólo penetre lo noble, lo bello y lo sagrado. Aunque ella cumpla con la obra de la carne, la esposa judía no debe despojarse de su pudor natural. Ella lo respeta en sus palabras, sus gestos y en su comportamiento. Es la santidad de la unión conyugal en la que Najmánides consagró su Carta, citada anteriormente, dirigida “a uno de sus colegas”. Ella contiene sus recomendaciones relativas a la frecuencia y a la hora de la cohabitación, al mismo tiempo que a las condiciones requeridas desde el punto de vista físico, mental y sentimental. Termina declarando “poder garantizar que cualquiera que respete sus consejos y sus instrucciones, tendrá una posteridad digna y piadosa que hace honor a Dios”. Nuestros Sabios, sin embargo, han dado a nuestro versículo una interpretación que resulta del hecho que el nacimiento de un niño varón se le atribuye a la parte activa de la mujer en d acto conyugal. Ellos establecen, como consecuencia, la siguiente norma: “Si la mujer es más activa en el acto de la fecundación, {isháh maz-re'ét tejiláh}, el hijo será del sexo masculino; en el caso inverso, será del sexo femenino” (Medrash 31a). El Talmúd ve en las relaciones genealógicas del Génesis, una confirmación de este principio y Rashí lo hace constar en su Com. Gén. XLVI, 15.

Najmánides explica que los óvulos segregados por la mujer son, a la esperma emitida por el hombre, lo que la sustancia es al atributo (ibíd.) La determinación del sexo depende de su relación funcional en el momento de la fecundación. En cualquier caso, nuestros Maestros mantienen como axiomático que “los varones vienen de la mujer y las hijas del hombre”. (Lev. Rabbá cap. 14). La mayoría de las hijas, se dice, se parecen a su padre. Así se esfuerzan algunos en desposar a la hija de un Sabio. “Aquél que casa a su hija con un piadoso sabio judío, es como si se uniera a la gloria Divina” (Pes. 49b).

QUEDARA INMUNDA SIETE DÍAS. Añadiendo las palabras: “inmunda, como en los días del aislamiento de su sufrimiento, {niddáh}, la Toráh pone los siete días de impureza para el parto, en relación con los siete días de impureza, con motivo de la menstruación, anticipando así la ley enunciada más adelante, cap. XV,24. Este acercamiento, lo motiva el flujo sanguíneo que acompaña comúnmente al parto; nos sugiere que las razones de este período de abstinencia, durante los siete días de impureza, deben ser análogos a los de la abstinencia después de las reglas mensuales. Estas razones se exponen en el Com. cap. XV,19-24 (La analogía de los motivos está confirmada por Rabí S. Edels en Niddáh 31b).

3 – Y AL OCTAVO DIA SERA CIRCUNCIDADO (EL NIÑO) EN LA CARNE DE SU PREPUCIO;

3 – AL OCTAVO DIA SERA CIRCUNCIDADO. Ver nuestro Com. Gén. XVII, 10-14 sobre la significación de esta Mitzváh. Repitiendo y encuadrando una ley ya dada en el Génesis, como ella lo hace aquí, la Toráh parece relacionar la circuncisión del hijo a la situación de la madre. Es en efecto, lo que precisa Rabí Shim'ón Bar Yojái en su respuesta a la pregunta de saber ¿porqué la “miláh” se ha fijado en el octavo día? Es para evitar que todo el mundo esté alegre (en el festín de la circuncisión) mientras que los padres están afligidos (por la ley de abstinencia comprendido el séptimo día). (Niddáh 31b). Es verdad que esta respuesta no se aplicaba sino a la época en la que las relaciones conyugales eran reconocidas como permitidas durante los 33 días (siguiendo los siete días impuros), es lo que resulta de la letra de la Ley (Rashí vers. 4). Pero estas relaciones han estado prohibidas ulteriormente por los Sabios, sin que el día de la circuncisión haya sido modificado. Esto nos indica, concluye el Gaón de Vílna, que las Leyes de la Toráh no experimentan ninguna modificación igual a las interpretaciones dadas por los Sabios o medidas tomadas por ellos. La respuesta que adelantó Rabí Shim'ón Bar Yojái, sin embargo, pide ser completada por motivos válidos, igualmente después de la prohibición de las relaciones conyugales más allá del séptimo día. Se encontrará el resumen de estos motivos en nuestro Com. Gén. XVII, 12. Conviene añadir aquí la explicación de Rabí S.R. Hirsch, citada en Com. Lev. IX, 1.

4 – MAS ELLA PERMANECERÁ TREINTA Y TRES DIAS PURIFICÁNDOSE DE SUS SANGRES. NINGUNA COSA SANTA DEBE ELLA TOCAR, NI HA DE IR AL SANTUARIO, HASTA CUMPLIRSE LOS DIAS DE SU PURIFICACION.

4 – ELLA PERMANECERÁ TREINTA Y TRES DIAS. El flujo sanguíneo durante este período y su duración doblada después del nacimiento de una hija — no es {metamé… impurifica}. Es “sangre pura” durante la cual no se prohíbe la cohabitación, pero sólo al final de este período se le autoriza a la mujer consumir {terumáh ve-kódesh}. En relación con los períodos fijados después del nacimiento de un niño de sexo masculino o femenino, Najmánides tiene la opinión de que es necesario rebuscar el motivo en ciertas leyes físicas. El regreso al estado normal, exigirá una demora más larga después del nacimiento de una hija, lo cual parece corroborar el Talmúd en sus explicaciones del Tratado Niddáh 30b. “En el caso de las mujeres de regiones meridionales, la duración de este período parece ser más larga cuando se trata de una hija. Eso es lo que dicen expresamente Aristóteles e Hipócrates, que dan cifras un poco menos elevadas. Los de la Toráh, expresan sin duda el máximo” (L. W.). Rabí Yishma'él profesa, sin embargo, en la misma fuente Talmúdica, que la duración de la época de purificación, corresponde a la embrionaria. El embrión masculino se hace feto al cabo de cuarenta días y el embrión femenino al cabo de ochenta, opinión que Rabí A. Ibn Ezrá declara fundada en la experiencia. El Talmúd, sin embargo, no mantiene esta tesis (Cf. Mishnáh .Niddáh III, 7) y él cita en esta ocasión experiencias contradictorias hechas por Cleopatra, reina de Egipto, en esclavas encinta. La opinión general, es que el embrión comienza a tomar forma hacia el cuadragésimo día, cualquiera que sea el sexo y el alcance de este número ha sido explicado en nuestro Com. Gén. VII, 4 en ocasión de los cuarenta días y cuarenta noches que dura el diluvio.

HASTA CUMPLIRSE LOS DIAS DE SU PURIFICACION. La letra {hé} final en esta frase es un {mappík Hé}, aunque la palabra {tehoráh… pura} tiene la significación de sustantivo masculino {tóhar}, acompañado del sufijo: su purificación. Además, la letra {hé} al principio de la frase, en 12 expresión {bidmé taharáh), es un {hé rafé} de modo que el término significa como Najmánides precisa, esta seguirá en las sangres de pureza. El versículo nos enseña también que la mujer que releva los partos, permanecerá durante los treinta y tres días (que siguen el período de siete días de impureza) en las sangres de pureza (ella estará pura para cohabitar con su marido, aunque tenga el flujo sanguíneo. Rashí). Pero ella no tocará nada sagrado, etc., hasta la terminación de los días de su purificación (que se prolongan hasta el trigésimo sexto día). Las karaítas y los Saduceos declaraban, sin embargo, la cohabitación prohibida durante los treinta y tres días. También ellas acentuaron igualmente la palabra {tahoráh} al principio de la frase con Mapik, lo que le daba la significación rebuscada: ella esperará las sangres de su purificación. La discusión no es más que sobre el punto de la letra h (Cf. D. Hoffman, Lev. tomo I, pág. 361).

5 – MAS SI HUBIERE DADO A LUZ HEMBRA, QUEDARA INMUNDA POR DOS SEMANAS, CONFORME A LOS DIAS DE SU SEPARACION (DEL ESPOSO), Y PERMANECERÁ SESENTA Y SEIS DIAS PURIFICÁNDOSE DE SUS SANGRES.

6 – Y AL CUMPLIRSE LOS DIAS DE SU PURIFICACION, POR HIJO O POR HIJA, TRAERÁ UN CORDERO DEL PRIMER AÑO PARA HOLOCAUSTO, Y UN PALOMINO O UNA TORTOLA PARA OFRENDA POR EL PECADO, A LA ENTRADA DE LA TIENDA DE REUNION, AL SACERDOTE,

6 – UN CORDERO DEL PRIMER AÑO COMO HOLOCAUSTO. El sacrificio del holocausto expresa el homenaje tributado al Eterno después del feliz acontecimiento. El sacrificio expiatorio que la acompaña se ofrece, según Rabí Shim'ón Bar Yojái, porque los dolores del parto pueden haber provocado en la mujer un pensamiento impío o blasfemo (Niddáh 31b). Pero esta explicación es rechazada por Rabí Yoséf (ibíd). También se puede admitir, con Don I. Abarbanel que cualquier persona que haya experimentado pruebas, sienta la necesidad de una expiación, por los pecados que ella hubiera podido haber cometido, incluso inconscientemente. Pues, “no hay pruebas sin pecado, {en yisurín beló ‘avón}” (Shabbat 55a). Es en este espíritu, que la mujer que experimenta el parto, ofrece su sacrificio expiatorio.

Ver, sin embargo, en Com. XV, 32 para una concepción divergente.

7 – EL CUAL LO PRESENTARA DELANTE DE ADONAI, HACIENDO EXPIACION POR ELLA Y ELLA QUEDARA PURA DEL FLUJO DE SU SANGRE. ESTA ES LA LEY RESPECTO DE LA QUE HUBIERE DADO A LUZ VARON O HEMBRA.

8 – MAS SI SUS RECURSOS NO ALCANZAREN LO SUFICIENTE PARA TRAER UN CORDERO, TOME DOS TORTOLAS O DOS PALOMINOS, EL UNO PARA HOLOCAUSTO Y EL OTRO PARA OFRENDA POR EL PECADO; Y EL SACERDOTE HARÁ EXPIACION POR ELLA, Y ASI QUEDARA PURA.

8 – EL UNO PARA HOLOCAUSTO Y EL OTRO PARA OFRENDA POR EL PECADO. Rashí comenta: “En cuanto a su mención el holocausto va antes; pero en lo que respecta a la ofrenda, primero va la expiación. Así estudiamos en el Tratado de Zevajím (89b)”. Ha sido explicado en el sentido figurado que si, en la práctica, el sacrificio expiatorio precede al holocausto, no queda más que, en el orden ideal. El holocausto que significa “elevación hacia Dios” representa el objetivo esencial en relación con el expiatorio que no asume más que la expiación de los pecados cometidos. Sin embargo, en Oraj Chayím § I, 7 da una interpretación diferente de.

CAPITULO XIII

1 – Y HABLO ADONAI A MOSHE Y AHARON, DICIENDO:

1 – Y HABLO ADONAI A MOSHE Y AHARON. Al principio del capítulo precedente a esta frase, le sigue la orden de dirigir el mandamiento a los hijos de Israel, {dabér el bené Yisraél}, lo cual excluye que se le aplique a las mujeres paganas. Esta misma restricción, no figura al principio de nuestro capítulo, que trata las enfermedades leprosas, aunque sus leyes no se apliquen con más frecuencia a los paganos, como Maimónides indica en referencia con el Talmúd Nega'ím 74a. Sin embargo, la Toráh ha querido evitar aquí la frase {dabér el bené Yisraél}, que se refiere a las hijas de Israel en particular. Pues los afectos expuestos, no representan según su opinión, más que una advertencia en guardia en caso de graves delitos morales y sociales, pero no se considera realmente que esto sea ejecutado. El Talmúd confirma efectivamente, que los casos de lepra en las ropas y en las casas, no se han producido jamás. (Sanh. 71a). También Moshé, pudo calmar los temores de las hijas de Israel, cuando ellas oyeron con terror la enumeración de las terribles enfermedades. Estas van destinadas a las naciones impías, les dijo (aunque la legislación relativa a la impureza no se les aplica). “Numerosos son los males que afectan al malvado; pero quien tenga confianza en el Eterno, se encuentra rodeado de Su gracia”. (Salm. XXII, 10). Para vosotros, prosigue Moshé, la vía ideal que conduce a las alturas de la santidad, es la de {mik-raé kódesh} los llamados a la santidad que se efectúan en la alegría serena del Shabbat y de los días de fiesta, en los que santificamos nuestras alegrías más materiales, consagrándoselas a Dios: {aval atém le-ejól velish-tót velis-móaj.. pero Uds. coman, beban y alégrense} (Lev. Rabbá cap. 15). Es en este orden de ideas que se ha hecho valer que las dos palabras {nég'a tzara'at… lepra} pudieran estar invertidas y que sean entonces {‘óneg} y {‘atzéret}. El primero de estos términos hace alusión a la santidad del Shabbat, el segundo al de los días de fiesta. Estas son las dos vías que se abren delante de nosotros: la de los “llamados a la santidad” o la vía atormentada de las pruebas y de los castigos, reservada a los impíos.

2 – CUANDO ALGUN HOMBRE TUVIERE EN LA PIEL DE SU CARNE HINCHAZON, ERUPCION, O MANCHA LUSTROSA, QUE HUBIERE VENIDO A SER LLAGA DE LEPRA EN LA PIEL DE SU CARNE, SERA LLEVADO A ARARON, EL SUMO SACERDOTE, O A UNO DE SUS HIJOS, LOS SACERDOTES:

2 – CUANDO ALGUN HOMBRE TUVIERE EN LA PIEL DE SU CARNE HINCHAZON. Los capítulos siguientes, están consagrados a la exposición de una verdad que no había aparecido hasta este momento. Es el concepto de la Unidad, bajo su doble aspecto: por una parte la identidad de la religión, de la moral y de la higiene física en el Pensamiento Judío; por otra parte, la unidad del ser humano, cuyo espíritu y cuerpo forman un todo indivisible. Estos dos axiomas son las consecuencias directas de la Doctrina del Monoteísmo absoluto. Además encontramos comúnmente en la Toráh y el Talmúd numerosas nociones médicas, ligadas estrechamente a prescripciones morales y religiosas. Estas reglas sanitarias se colocan en el mismo plano que las de la moral, las del amor al prójimo y del respeto a la justicia. La interferencia de los dominios de la ética religiosa y de la higiene sanitaria, corresponde a la del cuerpo y del alma del ser humano. El hombre es un microcosmos cuyos múltiples componentes de naturaleza espiritual y física, se armonizan en un perfecto equilibrio, fijado con una extrema precisión. Esta interdependencia tiene como consecuencia, el volver a buscar las causas de ciertas afecciones físicas en el sector psicológico y viceversa. La terapéutica médica tendrá pues, como tarea, el tomar en cuenta este hecho empírico. Entre nuestros autores clásicos, Maimónides es el que subraya con más insistencia, que la mejor medicina es la que se basa en las virtudes morales y que, partiendo de este principio, tiende a restablecer la unión armoniosa pre-establecida de las fuerzas morales y físicas, momentáneamente rotas (Guía III, 27; Cf. Hiljót De'ót, cap. III y IV; Iguéret Ha-Musár). La Toráh y el Talmúd están impregnados de este espíritu. Para ellos, son las causas de orden moral, las que originan las afecciones leprosas, de las cuales la Toráh nos da descripciones detalladas. La Toráh las cita como ejemplo clásico de muchas enfermedades mencionadas en relación con fallos morales y religiosos, al darle un lugar preponderante en el Libro del Levítico (Deut. XXVIII). Rabí Yonatán, apoyándose en numerosas fuentes tanájícas. declara que las enfermedades leprosas, afectan al hombre como consecución de siete pecados: la calumnia, el homicidio, el perjurio, el libertinaje, el orgullo, el robo y los celos. (‘Arajín 16a.) Esta concepción, repetida a menudo en el Talmúd y en el Medrásh, incita a Maimónides, a llegar a la conclusión que las enfermedades en cuestión, no son fenómenos naturales, sino que indican una intervención providencial. Numerosos Maestros comparten esta opinión. Cf. Com. infra. vers. 47. Rabénu Guershóm, así como Don L Abarbanel profesan, por el contrario, que se trata de fenómenos naturales de madurez y de podredumbre, “la lepra que se manifiesta en los tejidos y en las casas, consiste en un aumento de la humedad y del calor externos, a expensas de su calor fundamental, de tal forma que progresan hacia el desgaste y el deterioro…”. Sobre la concepción divergente del Zóhar que reconoce “la prueba de amor” como uno de los motivos posibles de estas enfermedades, ver Com. a continuación.

EN LA PIEL DE SU CARNE. Sobre el significado de la palabra {`or… piel) que recuerda las {kotnót ‘or… túnicas de piel}, “túnicas de piel” del paraíso, ver nuestro Com. Gén. III, 21. HINCHAZON, ERUPCION, O MANCHA LUSTROSA. Estas tres formas de afección leprosa representan en realidad “cuatro aspectos de impureza, {dálet mar-ót ha-tum-áh}, como se explica al principio en la Mishnáh Nega'ím. Constituyen la contrapartida de las cuatro fuentes de santidad que emanan de las cuatro letras del Nombre Divino inefable, {Shém Hava-y-áh). Pues “el Eterno ha creado una cosa frente a la otra” (Ecl. VII, 14) como ha sido mostrado en el dominio de los animales puros e impuros en Com. XI, 29.

SERA LLEVADO A AHARON, EL (SUMO) SACERDOTE. Rashí: “La Toráh ordena que el dictamen de la impureza de estas enfermedades y su purificación depende exclusivamente del Cohén”. La llaga no presentará ningún carácter de impureza en tanto que el Cohén no la haya declarado impura. Es igualmente él, quien, al término de la curación, declara la llaga pura (vers. 17). Ningún tratamiento médico interviene aquí. Es el Sacerdote quien, como primer servidor de Dios, oficia como médico. Las palabras (el ha-kohén… al sacerdote) tienen el mismo valor numérico que la palabra {rolé}, médico. Esto demuestra la evidencia de que la Toráh no nos da aquí prescripciones sanitarias. Las enfermedades en cuestión, tienen causas morales; corresponden al Sacerdote, que es al mismo tiempo el preceptor del Pueblo (Malají II, 7), revelarlas, reprender al culpable en consecuencia y traerlo por el camino recto, como la Ley lo exige formalmente (XIV, 35). La constatación relativa a las afecciones leprosas es de una extrema complejidad debido a la variedad de las llagas según su aspecto, su extensión, su profundidad, su evolución, etc. Estas se tratan en los catorce capítulos de la Mishnáh Nega'ím. Rabí Yisják atestigua haber aprendido de su padre trescientas Halajót relacionadas con los Nega'ím. Pero el Zóhar precisa que el Sacerdote está habituado igualmente para declarar que la enfermedad puede tener otro origen y que no siempre esta enfermedad era ocasionada por faltas morales. Esta enfermedad puede haber estado ocasionada como “prueba de amor” (yisurín shel ahaváh). Rashí explicará: “El Eterno le inflige pruebas en este bajo mundo, sin que haya cometido ningún pecado, a fin de añadir a su recompensa en el más allá, incluso más allá de sus méritos” (Ber. 5a). Rabí Yojanán nos enseña, en efecto, que estas enfermedades pueden ser consideradas como pruebas de este género, especialmente en Babilonia (o en la Diáspora simplemente) cuando la medida humillante de “la expulsión fuera del campamento” no tiene lugar o cuando la afección no aparece exteriormente (ibíd.). Citemos como ejemplo de una enfermedad de este tipo, la lepra maligna, que afectó a lyóv desde la planta de los pies hasta la cabeza (lyóv II, 7). La Toráh nos incita así a volver a buscar las causas profundas de nuestras enfermedades. Estas pueden sernos infligidas como castigos por nuestros pecados o como “pruebas de amor” enviadas por la Providencia.

3 – Y EL SACERDOTE MIRARA LA LLAGA EN LA PIEL DE SU CARNE, Y SI EL PELO EN LA LLAGA SE HUBIERE VUELTO BLANCO, Y PARECIERA LA LLAGA ESTAR MAS HUNDIDA QUE LA PIEL DE SU CARNE, LLAGA DE LEPRA ES: Y CUANDO LO MIRARE EL SACERDOTE, LE DECLARARA INMUNDO (AL HOMBRE).

3 – LLAGA DE LEPRA ES. Según el Medrásh Rabbá y Tanjumáh el estado de salud perfecto es la función que mantiene en el cuerpo humano el equilibrio preestablecido de los elementos acuosos y de los elementos sanguíneos. El predominio de estos últimos crea el terreno favorable para las enfermedades leprosas y la ausencia (o eliminación de la humedad) de los elementos acuosos que la acompaña, es lo que causa “el cambio de color del pelo que se pone blanco después de haber sido originalmente negro. Por lo tanto, es un decreto de la Toráh que un pelo blanco es signo de impureza” (Rashí). Los Medrashím, en relación con esto, destacan el hecho de que cada uno de las decenas de millares de pelos implantados en el cuero cabelludo poseen su raíz particular de la cual obtiene su vigor, y el Talmúd establece la comparación con las gotas de agua de lluvia que, a partir de que caen de las nubes hasta que llegan a la tierra, tienen cada una su trayecto particular que no se confunde jamás con el de las gotas vecinas. Estos fenómenos naturales forman parte de las maravillas de la creación (B.B. 16a).

4 – MAS SI LA MANCHA LUSTROSA FUERE BLANCA EN LA PIEL DE SU CARNE, Y PARECIERE NO ESTAR MAS HUNDIDA QUE LA PIEL, NI SU PELO SE HUBIERE VUELTO BLANCO, EL SACERDOTE HARÁ ENCERRAR AL LLAGADO POR SIETE DIAS.

4 – EL SACERDOTE HARÁ ENCERRAR AL LLAGADO POR SIETE DIAS. Se dan disposiciones análogas en el vers. 50 en relación con la llaga de las vestiduras y en el Cap. XIV, vers. 38 a la llaga de las casas. Rashí explica: “El sacerdote lo encerrará en una casa y no lo volverá a ver hasta que transcurra una semana y es entonces cuando los signos atestiguarán su estado de pureza o de impureza”. Esta demora de una semana que sigue generalmente a la primera, es dada, según Don I. Abarbanel, para permitirle a la naturaleza resolver la enfermedad gracias al reposo absoluto a que se obliga al enfermo. Pero Rabí Moshé Alshéj y el autor del Séfer Hajinúj, Rabí Aharón Haleví, ven en estas medidas, las demoras de reflexión otorgadas al pecador. Ellos deben darle la oportunidad de arrepentirse y de obtener la curación, gracias a la oración y al remordimiento. La enfermedad seguirá su curso fatal si no se aprovecha la demora de dos semanas. La Toráh nos proporciona, en relación con las afecciones leprosas, el ejemplo de la conducta moral que debe adoptar el hombre, no importa cuál sea la enfermedad. El Eterno nos proporciona siempre un período de reflexión.

Onkélos traduce la palabra {tzará'at… lepra} por el arameo {sagerú}, que significa al mismo tiempo encerrar y cerrar (tapar, obstruir). El camino que conduce al alma está obstruido por aquel cuyo cuerpo está cubierto de afecciones leprosas, a causa de sus vicios y de su decadencia moral. Ver en relación con este tema el Com. Gén. III, 21.

5 – Y LE MIRARA EL SACERDOTE AL DIA SEPTIMO, Y SI LA LLAGA CONSERVA EL MISMO ASPECTO, Y NO HA CUNDIDO LA LLAGA EN LA PIEL, EL SACERDOTE LE HARA ENCERRAR OTROS SIETE DIAS.

5 – EL SACERDOTE LE HARÁ ENCERRAR OTROS SIETE DIAS. “Lo cual implica que si la llaga se ha extendido durante la primera semana, es irremediablemente impura”. La extensión de la plaga, es en efecto, uno de los tres signos de impureza, junto con el pelo blanco (como se ha ido indicando anteriormente) y la carne viva, {mijyát basár}, explícitamente calificada de impureza en el vers. 14. Estos signos se relacionan con la categoría de {tzara'át ‘or bassár}, la lepra de la piel, tratada en el vers. 17. Siguiendo las leyes relacionadas con la lepra de la úlcera y de la quemadura, {shejín umijváh} (vers. 18-28), después aquellas que se aplican a la calvicie o a la semi-calvicie, {karájat o gabájat} (vers. 29-46).

6 – Y LE MIRARA EL SACERDOTE AL CUMPLIRSE EL SEGUNDO PLAZO DE SIETE DIAS; Y SI LA LLAGA HA PALIDECIDO, Y QUE NO HA CUNDIDO EN LA PIEL, EL   SACERDOTE LE DECLARARA PURO; ES ERUPCION: LAVARA, PUES, SUS VESTIDOS, Y QUEDARA PURO.

7 – MAS SI LA ERUPCION ESTUVIERE CUNDIENDO CONSIDERABLEMENTE EN LA PIEL, DESPUES QUE ELLA HUBIESE SIDO VISTA DEL SACERDOTE Y EL ENFERMO DECLARADO PURO, SERA VISTO OTRA VEZ DEL SACERDOTE;

8 – Y VERA EL SACERDOTE, QUE LA ERUPCION HA CUNDIDO EN LA PIEL, EL SACERDOTE LE DECLARARA INMUNDO: LEPRA ES.

9 – CUANDO HUBIERE LLAGA DE LEPRA EN ALGUN HOMBRE, ESTE SERA LLEVADO AL SACERDOTE;

9 – CUANDO HUBIERE LLAGA DE LEPRA EN ALGUN HOMBRE. El Medrásh atrae nuestra atención sobre el carácter gradual del desarrollo de las llagas, y va de la forma más moderada a la forma más radical. “El Misericordioso no comienza ejerciendo su castigo sobre las personas. Lo sabemos por el ejemplo de Iyóv, donde la progresión de los castigos se indica en el cap. I, 14-19. Sucede lo mismo con las llagas. Afectan primero su casa. Si él se arrepiente, está bien; sino, es necesario retirar las piedras (afectadas por el mal). Si él se arrepiente, está bien; sino, las piedras deben romperse. Si él se arrepiente, está bien; sino, las llagas afectarán a sus vestiduras. Si el se arrepiente, está bien; sino éstas afectarán a su persona; el sacerdote viene y entra en su casa. Si él se arrepiente, está bien; sino, “él vivirá solo, su vivienda será fuera de ese lugar” (Ruth Rabbá II, 10). En verdad, se destaca, que el orden que se sigue en el texto va en sentido inverso. Se tratan primero las llagas leprosas en las personas, a continuación en las vestiduras y finalmente en las casas. Pero la formulación de nuestro versículo sobrentiende que la afección leprosa debe, en principio, afectar a la persona: {ki tih-yé… si tiene}. Es solamente como una medida misericordiosa que “aparece en una vestidura, (ha-béged ki yih-yéh bó} (vers. 17). Además, el Eterno está preparado, en virtud de su mansedumbre por el pecador, de “poner la llaga leprosa en la casa, {venatatí… babáyit} (XIV, 34). Estas advertencias explícitas relativas a los desvíos de conducta moral del individuo pueden compararse a señales de advertencia que tienen lugar en cada encrucijada de caminos, y constituyen una manifestación de la piedad Divina.

10 – Y EL SACERDOTE LE MIRARA, Y SI VIERE QUE HAY HINCHAZON BLANCA EN LA PIEL, LA CUAL HA MUDADO EN BLANCO EL COLOR DEL PELO, O QUE CRECIO CARNE VIVA EN LA HINCHAZON;

11 – ES LEPRA INVETERADA EN LA PIEL DE SU CARNE; Y EL SACERDOTE LO DECLARARA INMUNDO; NO LE HARÁ ENCERRAR, PORQUE EL ES INMUNDO.

12 – EMPERO SI HUBIERE CUNDIDO MUCHO LA LEPRA EN LA PIEL, DE MODO QUE LA LEPRA CUBRIERE TODA LA PIEL DEL LLAGADO DESDE SU CABEZA HASTA SUS PIES, EN TODO LO QUE ALCANZAREN A VER LOS OJOS DEL SACERDOTE;

12 – DE MODO QUE LA LEPRA CUBRIERE TODA LA PIEL DEL LLAGADO, DESDE SU CABEZA HASTA SUS PIES. Este caso se ha mencionado en el Deut. XXVIII, 35 como el punto culminante de la enfermedad. Sin embargo, se ha declarado puro por la Toráh, lo cual confirma la tesis expuesta por algunos de que se trataría de simples medidas de orden sanitario. Esta tesis se ha contradicho igualmente por el hecho de que “la úlcera egipcia incurable” (ibíd. vers. 27) no es impura, ya que la plaga, no corresponde a los criterios indicados en el vers. 18. Las restricciones importantes hechas en relación con las declaraciones de impureza, citadas en Rashí vers. 14, ellas también van al encuentro de la tesis citada anteriormente. Ademas, conviene precisar, como lo hace Sefórno al principio de este capítulo, que las enfermedades expuestas aquí, de ninguna forma, son idénticas a la lepra ordinaria, aunque el nombre sea el mismo por razones de simplificación. ¿Cómo comprender, en efecto, si se trataba de enfermedades contagiosas, que la Toráh ordena, en el caso de la lepra de las casas, de vaciar la casa de su contenido antes del examen del Sacerdote (XIV, 36), a fin de evitar que este contenido se declare impuro? (Ya que los objetos sufren igualmente la contaminación de los agentes infecciosos.) Algunos ven en el aislamiento impuesto a los leprosos, una medida profiláctica destinada a evitar el contagio. Pero la pregunta queda en pie: ¿Por qué la Toráh nos da nociones de higiene en este aspecto particular mientras que nos advierte de los peligros naturales que podemos confrontar cada día, como plantas venenosas, animales salvajes, epidemias? El carácter contagioso de las afecciones leprosas malignas, por otra parte, es bastante discutido. Todas estas consideraciones, nos llevan al punto de vista religioso en cuanto a la explicación de diferentes formas del {néga'a tzará'at}. Estos fenómenos son una manifestación de la Providencia Divina. Estas enfermedades, infligidas por la Providencia Divina como castigos o pruebas, no pueden ser curadas sino por Dios, cuya palabra es ejecutada por su mensajero, el sacerdote.

13 – ENTONCES LO MIRARA EL SACERDOTE, Y SI VIERE QUE LA LEPRA HA EN EFECTO CUBIERTO TODA SU CARNE, DECLARARA PURO AL LLAGADO YA QUE TODO SE HA TORNADO BLANCO; PURO ES.

13 – SE HA TORNADO TODO BLANCO; PURO ES. Numerosas hipótesis se han formulado para explicar los motivos que pueden dar origen a esta ley. Es posible entrever la razón, si nos acercamos a la conclusión a la que llega el Talmúd, Tratado Sanh. 97a. Rabí Yisják decía: el Mesías no vendrá sino cuando el gobierno (del mundo) entero sea hereje. Rabá sostenía esta opinión refiriéndose a nuestro versículo: {kuló hafáj labán tahór hú}, cuando toda la piel del cuerpo esté blanca, es pura. Ciertamente, el pelo blanco es signo de impureza y si el tumor blanco cubre en un 99 por ciento, a éste se le declara impuro con todas las consecuencias que se deriven de esto. Pero, desde el momento en que la enfermedad llega a ese punto culminante y afecta todo el cuerpo sin el menor espacio inmaculado, el individuo se hace entonces puro. Esta ley responde a la concepción expresada en la Toráh en muchas ocasiones y bajo diversas formas por las cuales la salvación providencial, esta más cercana al hombre, cuando éste toca el fondo de sus pruebas. Es entonces cuando interviene la rueda del destino, como nos lo muestra, entre otras, la historia de Yoséf y la de los judíos en Egipto (Cf. Com. Gén. XLI,1). Los Sabios han llegado a esta conclusión partiendo de todo lo anterior, que en el mundo ideal de las esferas del espíritu, debe ocurrir lo mismo. El Mesías no vendrá, dijeron ellos en otra frase, sino cuando exista una generación que sea enteramente meritoria o enteramente culpable, {kuló zakái o kuló jayáv} (Sanh. 98a). Es con esta perspectiva de una generación “enteramente culpable” que ellos declararon una vez más: El Redentor no vendrá sino cuando el gobierno (del mundo) entero sea hereje. La apostasía, la inmoralidad y la perversión de las costumbres son consideradas como los signos característicos de la fase pre-mesiánica (Sotáh 47b). Rabí Yojanán decía: “Cuando tú veas una generación que va de decadencia en decadencia espera (la venida del Mesías)” (Sanh. ibíd). La liberación nace del exceso de dolores.

14 – MAS EN CUALQUIER DIA QUE SE VIERE EN EL CARNE VIVA, QUEDARA INMUNDO;

14 – CUALQUIER DIA. Rashí explica: ¿Qué se nos enseña aquí? La Toráh nos enseña que hay días en los que tú puedes proceder al examen y otros en los que tú no puedes. La conclusión que se saca de este versículo es que se deja al joven desposado, los siete días que siguen al festín del matrimonio, antes de examinar si hay caso de lepra en él, en sus ropas o en su casa. Asimismo, durante una de las tres fiestas, se deja un descanso durante todo el curso de la fiesta antes de proceder al examen. Rabí Meír, sin embargo, pone objeción a la fuente Talmúdica (Moéd Katán 7b): No es necesario para llegar a esta conclusión acudir a nuestro versículo. Pues a partir del momento en que la Toráh ordena, en relación con la lepra de las casas, que el sacerdote debe postergar su examen hasta que la casa haya sido vaciada completamente (XIV,36), con más razón, el examen deberá esperar cuando se trata de permitirle a un hombre que ostenta las señales sospechosas de observar la {simját shel Mitzváh… la alegría de la Mitzváh} del matrimonio o de los días de fiesta. Su alegría no debe ser alterada por una declaración de impureza del Sacerdote.

15 – Y CUANDO VIERE EL SACERDOTE LA CARNE VIVA, LO DECLARARA INMUNDO; LA CARNE VIVA ES INMUNDA: LEPRA ES.

15 – LEPRA ES. Rashí explica el pronombre masculino {hú} que es masculino. Pero el Zóhar destaca que la palabra (tzará'át… lepra} se usa a veces en femenino, como en el vers. 8, y a veces en el masculino, como aquí. Todo depende del origen de la afección leprosa. Si ella se inflige como {yisurín shel ahaváh} “prueba de amor”, tiene un carácter positivo, pues emana del amor de Dios (Cf. Com. sobre vers. 2). Su signo será entonces el pronombre masculino. Si, por el contrario, ella se inflige como castigo por sus pecados, el enfermo experimenta su pena y su enfermedad será caracterizada por el pronombre femenino que evoca el estado de pasividad.

16 – O SI MUDARE LA CARNE VIVA Y SE VOLVIERE BLANCA, EL SE LLEGARA AL SACERDOTE;

17 – Y SI, AL MIRARLE EL SACERDOTE, VIERE QUE SE HA VUELTO BLANCA LA LLAGA, EL SACERDOTE DECLARARA PURO AL LLAGADO; EL ES PURO.

18 – ASIMISMO CUANDO HUBIERE EN LA PIEL DE LA CARNE DE ALGUNO UNA POSTEMA, LA CUAL HUBIERE SANADO,

19 – Y SUCEDIERE EN EL LUGAR DE LA POSTEMA UNA HINCHAZON BLANCA; O UNA MANCHA LUSTROSA, BLANCA ROJIZA, ENTONCES ESTE SERA VISTO DEL SACERDOTE.

20 – Y SI LA VIERE EL SACERDOTE QUE PARECE ESTAR MAS HUNDIDA QUE LA PIEL, Y SU PELO SE HA VUELTO BLANCO, ENTONCES EL SACERDOTE LO DECLARARA (AL HOMBRE) INMUNDO: LLAGA DE LEPRA ES; HA BROTADO EN LA POSTEMA.

21 – MAS SI AL MIRARLA EL SACERDOTE, VIERE QUE NO HAY EN ELLA PELO BLANCO NI ESTA MAS DEPRIMIDA QUE LA PIEL, Y HA PALIDECIDO, EL SACERDOTE LO ENCERRARA (AL LLAGADO) POR SIETE DIAS.

22 – Y SI CUNDIERE MUCHO EN LA PIEL, EL SACERDOTE LO DECLARARA INMUNDO; LLAGA ES.

23 – PERO SI LA MANCHA LUSTROSA SE DETUVIERE EN SU LUGAR, Y NO HUBIERE CUNDIDO, ES CICATRIZ DE LA POSTEMA; Y EL SACERDOTE LO DECLARARA PURO.

24 – O CUANDO HUBIERE EN LA PIEL DE LA CARNE QUEMADURA DE FUEGO, Y SE FORMARE EN LA QUEMADURA UNA MANCHA LUSTROSA, DE UN BLANCO ROJIZO O SOLO BLANCA;

24 – O CUANDO HUBIERE EN LA PIEL DE LA CARNE QUEMADURA DE FUEGO. Las prescripciones relacionadas con los {nega'írn} que se encuentran en lugares carentes de cabellos pueden resumirse así: Si se encuentra en un lugar sano de la piel de un hombre una mancha de una superficie de un {gerís} (medio frijol), este hombre se presentará al Sacerdote aunque la mancha se asemeje un poco a uno de los siguientes colores: blanco-nieve, blanco como la cal, blanco-lana o blanco como la piel de la clara del huevo. Será lo mismo si estos colores se mezclan con el rojo. En el caso en que el Sacerdote observe uno de los dos signos de impureza, ya sea el pelo blanco o la carne viva, la persona será declarada impura inmediatamente. Pero en el caso negativo, la persona será aislada durante siete días. Un tercer signo de impureza puede intervenir al final de este plazo, de acuerdo con la extensión. Si ninguno de estos signos se manifiesta, se procederá a una segunda reclusión de siete días, al final de la cual, ella será declarada definitivamente pura en ausencia de todo {simán tum-áh}. Sin embargo, la persona podrá contraer de nuevo la impureza, incluso después de la declaración precedente, si se manifiesta uno de los tres signos de impureza.

25 – LA MIRARA EL SACERDOTE; Y SI VIERE QUE EL PELO SE HA VUELTO BLANCO EN LA MANCHA LUSTROSA, Y PARECIERE ESTAR MAS HUNDIDA QUE LA PIEL, ES LEPRA; HA BROTADO EN LA QUEMADURA; EL SACERDOTE LE DECLARARA INMUNDO; LLAGA DE LEPRA ES.

26 – PERO SI AL MIRARLA EL SACERDOTE, VIERE QUE NO HAY EN LA MANCHA LUSTROSA PELO BLANCO, NI ESTA MAS DEPRIMIDA QUE LA PIEL Y HA PALIDECIDO, EL SACERDOTE LO HARÁ ENCERRAR (AL HOMBRE) POR SIETE DIAS.

27 – LUEGO LO MIRARA EL SACERDOTE EN EL DIA SEPTIMO; Y SI LA MANCHA HUBIERE CUNDIDO EN LA PIEL, EL SACERDOTE LO DECLARARA INMUNDO: LLAGA DE LEPRA ES.

28 – PERO SI LA MANCHA LUSTROSA SE DETUVIERE EN SU LUGAR, Y NO HUBIERE CUNDIDO EN LA PIEL, MAS HUBIERE PALIDECIDO, LA HINCHAZON DE LA QUEMADURA ES, Y EL SACERDOTE LO DECLARARA PURO; PORQUE ES LA CICATRIZ DE LA QUEMADURA.

29 – ASIMISMO CUANDO ALGUN HOMBRE O MUJER TUVIERE LLAGA EN LA CABEZA O EN LA BARBA,

30 – EL SACERDOTE MIRARA LA LLAGA, Y SI VIERE QUE AL PARECER ESTA MAS HUNDIDA QUE LA PIEL, Y QUE HAY EN ELLA PELO AMARILLO ADELGAZADO, EL SACERDOTE LO DECLARARA INMUNDO, ES TIÑA; LEPRA ES DE LA CABEZA O DE LA BARBA.

30 – ES TIÑA: Rabí Lipmann Héller expone, las diferentes opiniones en cuanto a la diferencia de la afección leprosa llamada {nétek}, y la que está designada con el nombre de {karájat o gabájat}, tratada en el vers. 40-43. Según  (en Com. Sifrá), {nétek} significa una calvicie situada en el medio de la cabeza y rodeada de pelos. Los otros dos nombres se relacionan con la calvicie completa de la parte frontal o de la parte posterior de la cabeza. Sin embargo. Rabí Shim'ón (Nega'ím ibíd.) estipula que estos dos nombres designan una calvicie incurable, en la que los cabellos no salen jamás, mientras que {nétek} designa una calvicie temporal. Najmánides sostiene esta opinión estableciendo que la raíz {nétek) significa arrancar, desgarrar, mientras que el término {marát), empleado más adelante, se relaciona con el despojo completo de la cabellera. Maimónides estima, por el contrario, que la denominación {kiréaj} se aplica por igual al que ha perdido su cabellera por enfermedad o por el efecto de una pomada, aún cuando el cabello pudiera volver a crecer.

31 – MAS SI MIRARE EL SACERDOTE LA LLAGA DE LA TIÑA, Y VIERE QUE AL PARECER NO ESTA MAS HUNDIDA QUE LA PIEL, NI HAY EN ELLA PELO NEGRO, EL SACERDOTE HARÁ ENCERRAR AL LLAGADO DE LA TIÑA SIETE DIAS.

32 – LUEGO MIRARA EL SACERDOTE AL LLAGADO EN EL DIA SEPTIMO; Y SI VIERE QUE NO HA CUNDIDO LA TIÑA, NI HAY EN ELLA PELO AMARILLO, NI PARECE LA TIÑA ESTAR MAS HUNDIDA QUE LA PIEL,

33 – SE AFEITARA, MAS NO SE AFEITARA EL LUGAR DE LA TIÑA; Y EL SACERDOTE HARA ENCERRAR AL TIÑOSO OTROS SIETE DIAS.

33 – SE AFEITARA. Para la escritura en mayúscula de la letra {gímel} de la palabra {vehit-galáj} algunos dan como razón que esta palabra marca el centro de la Toráh en cuanto al número de versículos, como se ha observado en el Tratado Kid. 30a. Sin embargo, es generalmente el versículo de Lev. VIII, 7 que se ha indicado como el que está situado en el centro de la Toráh. Conviene pues, explica Rabí S. Edels, tomar la observación del Talmúd en el sentido figurado. La orden afeitarse, {vehit-galáj}, se sitúa en efecto, a la mitad del período de examen. No sucede al final de las dos semanas de aislamiento, sino al final de la primera semana y este orden podrá llevar en sí, una declaración de pureza o una impureza.

MAS NO SE AFEITARA EL LUGAR DE LA TIÑA. Rashí, que toma a instancia de Onkélos, las palabras {veét ha-neték}, en el sentido de: lo que está con la tiña (es decir, los cabellos que la rodean) explica: “El dejará intactos las dos hileras de cabellos situadas alrededor de la tiña, para que se pueda reconocer si la tiña se ha extendido (sobre la parte afeitada, pasando por encima de los dos pelos intactos)”. Pero Sifrá toma en cuenta igualmente el sentido textual que se relaciona con el afeitado de los signos de impureza que se encuentran en la tiña. (Cf. Malbím). Esta prohibición de cortar o eliminar los signos de impureza de la tiña es un reflejo de la prohibición general relativa a las manchas de lepra, a las que Rashí menciona en Deut. XXIV, 8. En efecto, explica Rabí Menajém Méndel Schneherson (shelitáh), el leproso no debe imaginarse que su enfermedad curará al cortar simplemente los signos de impureza. Pues esta enfermedad, está causada por faltas morales y la curación no tiene lugar sino después del arrepentimiento y la reparación. Sin embargo, una vez curado, “él afeitará todo su pelo, su cabellera, su barba, sus cejas” (XIV, 9) porque los cabellos pueden atraer nuevos elementos de impureza. Y él llevará barba de nuevo cuando haya vuelto a encontrar el nivel de pureza moral.

34 – LUEGO MIRARA EL SACERDOTE LA TIÑA EN EL SEPTIMO DIA; Y SI VIERE QUE NO HA CUNDIDO LA TIÑA EN LA PIEL, NI PARECE ESTAR MAS HUNDIDA QUE LA PIEL, EL SACERDOTE LO DECLARARA PURO: LAVARA, PUES, SUS VESTIDOS, Y QUEDARA PURO.

35 – PERO SI LA TIÑA CUNDIERE MUCHO EN LA PIEL, DESPUES DE LA PURIFICACION DEL LLAGADO,

36 – LO MIRARA EL SACERDOTE; Y SI VIERE QUE EN EFECTO HA CUNDIDO LA TIÑA EN LA PIEL, EL SACER-DOTE NO BUSCARA EL PELO AMARILLO; AQUELLA PERSONA ES INMUNDA.

37 – PERO SI LA TIÑA SE HA DETENIDO EN SU ASPECTO Y HA CRECIDO EN ELLA PELO NEGRO, HA SANADO LA TIÑA: ES PURO, Y EL SACERDOTE LO DECLARARA PURO.

37 – ES PURO Y EL SACERDOTE LO DECLARARA PURO. Como consecuencia, explica Rashí, no es puro aquél que el Sacerdote declara puro cuando todavía está impuro. Por otra parte, nadie es puro hasta que el Sacerdote no haya hecho expresamente la declaración de pureza. Es a causa de estas leyes, añade el Medr. Sifrá, que Hillél se dirigió de Babilonia a Tierra Santa. Ciertamente, él las conocía por tradición, pero ignoraba las fuentes exactas en el texto tanajíco. Las aprendió con los Sabios de la Gran Asamblea, y regresó a enseñarlas a Babilonia (Rabénu Ch. Ben ‘Attar). El Talmúd de Jerusalén (Pesajím VI) cita otros dos casos por los cuales Hillél se dirigió igualmente a Tierra Santa.

38 – ASIMISMO CUANDO ALGUN HOMBRE O MUJER TUVIERE EN LA PIEL DE SU CARNE MANCHAS LUSTROSAS, MANCHAS LUSTROSAS BLANCAS,

38 – ASIMISMO CUANDO ALGUN HOMBRE O MUJER. La Toráh cita desde aquí hasta el vers. 41 ciertos casos de afecciones de la piel que no son sospechosos y que no conllevan impureza alguna.

39 – LE MIRARA EL SACERDOTE: Y SI VIERE QUE LAS MANCHAS LUSTROSAS EN LA PIEL DE SU CARNE SON DE COLOR BLANCO MATE, EXANTEMA BENIGNO ES QUE HA BROTADO EN LA PIEL; EL HOMBRE ES PURO.

40 – ASIMISMO CUANDO A ALGUNO SE LE CAYERE EL CABELLO DE LA CABEZA, CALVO ES DE AMAS, PERO PURO.

41- Y SI DE LA PARTE DELANTERA DE LA CABEZA SE LE CAYERE CABELLO, ES CALVO POR DELANTE, PERO PURO.

42 – MAS CUANDO EN LA CALVA, POR DETRÁS O POR DELANTE, HUBIERE LLAGA BLANCA ROJIZA, ES LEPRA QUE VA BROTANDO EN LA CALVA, YA SEA POR DETRÁS, YA POR DELANTE.

43 – LE MIRARA, PUES, EL SACERDOTE, Y SI VIERE QUE LA HINCHAZON DE LA LLAGA ES BLANCA ROJIZA EN LA PARTE CALVA, YA SEA POR DETRAS O POR DELANTE, COMO LA APARIENCIA DE LEPRA EN LA PIEL DE SU CARNE,

44 – EL HOMBRE, EL LEPROSO; INMUNDO ES: EL SACERDOTE CIERTAMENTE LE DECLARARA INMUNDO: EN SU CABEZA ESTA SU LLAGA.

45 – Y EN CUANTO AL HOMBRE LEPROSO QUE TUVIERE LA LLAGA, SUS VESTIDOS HAN DE QUEDAR DESCOSIDOS, Y SU CABEZA HA DE ESTAR DESGREÑADA, Y EL SE TAPARA LA BOCA, Y CLAMARA DE CONTINUO: “¡INMUNDO! ¡INMUNDO!”

45 – CLAMARA DE CONTINUO: ¡INMUNDO! ¡INMUNDO!. Rashí explica: “El hará entender que es impuro y uno se alejará de él”. No es suficiente ser impuro, sino que es necesario declararlo públicamente. Es de ahí, concluye el Talmúd en el Tratado Babá Kamá 92a, que viene el dicho: Detrás del pobre sigue la pobreza.

Los Sabios del Talmúd, por otra parte, aprenden de nuestro versículo, que el enfermo debe dar a conocer su mal a los otros a fin de que ellos imploren la misericordia Divina a su favor (Moéd Katán 5a). La oración del prójimo viene entonces a añadirse a la del enfermo y le da un valor mayor. Pues, se resume que “la oración del propio enfermo, vale más que la que el prójimo haga por él y es atendida con prioridad” (Rashí Gén. XXI, 17). Pero Rabí Abahú (ibíd.) yendo más lejos, extrae de nuestro versículo otra conclusión que se desprende de él por vía de la consecuencia. Basándose en la repetición de la palabra {tamé… impuro} y en la separación de estas dos palabras por un guión, el cual destaca que el hombre impuro tiene que advertir (su presencia), él ve en esta medida la fuente del precepto de colocar una lápida en la tumba. Allí también, la presencia de una {tum-áh} debe anunciarse al público, a fin de permitirle mantenerse a distancia. Pero lo que aparece ante todo en este versículo, es el énfasis que se hace sobre el estado de impureza que afecta al enfermo. La advertencia que él tiene que hacer a todo el que lo rodee no es relacionada con el estado de su enfermedad, sino con su impureza ritual. En la época en que las leyes de pureza todavía estaban en vigor, la impureza levítica estaba considerada como un estigma humillante, como una mancha infamante que impide el menor contacto con el prójimo. El hombre impuro era un proscrito. Numerosos son los testimonios en la Toráh y el Talmúd que confirman esta aseveración. La estigmatización de la {tum-áh… impureza} ha tenido el efecto de elevar a toda la Nación a un alto nivel de disciplina religiosa y de pureza moral.

46 – TODO EL TIEMPO QUE TUVIERE LA LLAGA, QUEDARA INMUNDO; INMUNDO ES: HABITARA SOLO; FUERA DEL CAMPAMENTO SERA SU MORADA.

46 – HABITARA SOLO. Rashí explica: “¿Por qué esta particularidad de permanecer aislado en relación con los otros impuros? Pues él ha separado por su maledicencia a marido y mujer, al hombre y su prójimo. Por esto, él también quedará separado de los otros” Cf. Com. XIV, 3. Pero Najmánides declara que la medida de aislamiento se toma” porque su aliento y el olor que despide, perjudican su entorno” (XII, 4).

FUERA DEL CAMPAMENTO SERA SU MORADA. La legislación concerniente a las afecciones leprosas, ha sido observada rigurosamente durante la época bíblica. Los leprosos habitaban fuera de la ciudad (II Reyes VII, 3) y el propio Rey ‘Uziá, cuando se le manifestó la lepra, tuvo que ir a vivir en una casa de aislamiento (II Reyes XV, 5).

47 – ASIMISMO CUANDO HUBIERE EN ALGUN VESTIDO LLAGA DE LEPRA, SEA EN VESTIDO DE LANA O EN VESTIDO DE LINO,

47 – ASIMISMO CUANDO HUBIERE EN ALGUN VESTIDO. La plaga de la ropa, declara Najmánides, es un fenómeno sobrenatural, así como la plaga de las casa. Este fenómeno manifiesta la solicitud del Eterno. Pues éste se manifiesta cuando un hombre ha abandonado la vía de la virtud, y le indica, por medio de un milagro bien aparente, que la presencia Divina se aleja de él. También, esta forma de lepra está reservada a la Tierra Santa, pues es sólo allí donde la Shejináh está cercana y donde su presencia y su retirada dependen del grado de santidad de los habitantes. (Las “aguas amargas de la esposa infiel, {mé Sotáh}, constituyen un segundo caso de una Mitzváh que descansa sobre un elemento sobrenatural, como destaca Najmánides en Núm. V, 20. Ver Guía de los Desc. III, 47). Estos puntos de vista se relacionan con los de Rabí Yehudáh Haleví, expresados en su Libro de Kuzári II, 32. El, explica allí que las leyes relacionadas con las afecciones leprosas, se aplican sólo a los hijos de Israel porque la Shejináh está cerca de ellos y los rodea con su solicitud. Pero los paganos hacen bien en construir templos para hacer el culto, y no se presentará jamás un signo, ni el fuego celeste que consume los sacrificios, como señal de la satisfacción Divina, ni la afección leprosa, como señal de desaprobación. Sefórno abunda en el mismo sentido, recalcando que la solicitud Divina no se manifiesta, sino es en relación con seres de élite. “Pero dado que las diferentes generaciones no supieron elevarse a la altura moral digna de esta solicitud, la historia no nos ha conservado ejemplos de plagas que afectaran las casas”. Esta tesis se ha desarrollado también por Rabí E. Déssler. La Providencia Divina, que abandona al mecanismo ciego de las leyes naturales (y para las cuales las enfermedades no son, en consecuencia, sino fenómenos naturales) se inclina con una solicitud completamente personal ante aquellos que se dan sin reserva a su Dios personal y ella les prodiga señales, uno de cuyos ejemplos típicos son las enfermedades leprosas. En cuanto a la observación del Talmúd (Sanh. 71a), según la cual no hubo jamás ninguna casa (ni ropa) afectada de lepra, ella se relaciona, según Najmánides (que limita estos fenómenos a la Tierra Santa) con los países de la Diáspora. Esa es también la opinión de Racanati. El Talmúd tampoco hace ninguna alusión. Por el contrario, él expresa que la descripción detallada de estos casos, inexistentes en la realidad, sólo tienen como única finalidad que: {derósh vekabél sajár} incitar a estudiarlas para recoger la recompensa. Es, en efecto, innegable que el estudio profundizado de estos capítulos, nos haga tomar conciencia de la gravedad de los pecados en cuestión y nos transporta a un ambiente todo marcado de santidad y de confianza en Dios. Este es el beneficio moral que aprovechamos de estos estudios. Cf. igualmente Com. XIV, 45.

48 – (ORA ESTE EN LA URDIMBRE ORA EN LA TRAMA, DE LINO O DE LANA), O EN PIEL, O EN CUALQUIER OBJETO DE CUERO

48 – EN LA URDIMBRE O EN LA TRAMA. La Ley Oral, expresa que se trata del caso en el que tanto la cadena como la trama se encontraron atacadas, lo cual es, ciertamente, un fenómeno que se sale del cuadro natural. Najmánides piensa que la repetición tan frecuente de este detalle en nuestro pasaje, tiene como finalidad atraer nuestra atención sobre el carácter sobrenatural de esta alteración. Rabénu Guershóm y Don I. Abarbanel sin embargo, tienen una opinión contraria, citada en nuestro Com. sobre vers. 2.

49 – ENTONCES SI LA LLAGA ES VERDOSA O ROJIZA EN EL VESTIDO, O EN LA PIEL (ORA ESTE EN LA URDIMBRE ORA EN LA TRAMA), O EN CUALQUIER OBJETO DE CUERO, LLAGA DE LEPRA ES, Y SERA MOSTRADA AL SACERDOTE.

50 – EL SACERDOTE, PUES, MIRARA LA LLAGA, Y HARÁ ENCERRAR LA COSA LLAGADA POR SIETE DIAS.

51 – Y MIRARA LA COSA LLAGADA AL SEPTIMO DIA; Y SI HUBIERE CUNDIDO LA LLAGA EN EL VESTIDO (ORA SEA EN LA URDIMBRE, ORA EN LA TRAMA), O EN LA PIEL, O EN CUALQUIER OBRA QUE SE HACE DE PIELES, LEPRA ROEDORA ES LA TAL LLAGA: EL OBJETO ES INMUNDO.

52 – POR LO CUAL EL QUEMARA EL VESTIDO, O LA URDIMBRE O LA TRAMA, QUE SON DE LANA O DE LINO, O CUALQUIER OBJETO DE PIEL EN QUE ESTUVIERE LA LLAGA; PORQUE LEPRA ROEDORA ES: SERA QUEMADO A FUEGO.

52 – QUEMARA EL VESTIDO. Contrariamente a las afecciones de la piel que se han declarado impuras después del período de aislamiento, si la plaga se extiende (vers. 8) el procedimiento empleado para la ropa, provee su combustión “si la llaga se ha extendido en la tela”. Pues, a la inversa de los objetos inanimados, existe siempre para el hombre dotado de una conciencia moral, el medio de volver al estado de pureza, como se mostrará en la próxima Sidrá, incluso después de haber sido declarado formalmente impuro.

53 – MAS SI AL MIRARLA EL SACERDOTE, VIERE QUE NO HA CUNDIDO LA LLAGA EN EL VESTIDO, NI EN LA URDIMBRE NI EN LA TRAMA, O EN CUALQUIER OBJETO DE CUERO;

54 – ENTONCES MANDARA EL SACERDOTE LAVAR AQUELLO EN QUE ESTUVIERE LA LLAGA, Y LO HARÁ ENCERRAR OTROS SIETE DIAS.

55 – LUEGO MIRARA EL SACERDOTE LA COSA LLAGADA, DESPUES QUE FUERE LAVADA; Y SI VIERE QUE LA LLAGA NO HA MUDADO DE ASPECTO, AUNQUE NO HAYA CUNDIDO LA LLAGA, INMUNDA ES; LA QUEMARAS A FUEGO; ES UNA CORROSION; ORA SEA QUE LO RAÍDO DEL GENERO ESTE POR SU REYES O ESTE POR SU DERECHO.

56 – MAS SI AL MIRARLA EL SACERDOTE VIERE QUE HA PALIDECIDO LA PARTE LLAGADA, DESPUES QUE FUERE LAVADA, ENTONCES LA RASGARA DEL VESTIDO, O DE LA PIEL, O DE LA URDIMBRE O DE LA TRAMA.

57 – PERO SI VOLVIERE A APARECER EN AQUEL VESTIDO, O EN LA URDIMBRE ORA EN LA TRAMA, O EN CUALQUIER OBJETO DE CUERO, ES LLAGA QUE VUELVE A BROTAR; QUEMARAS A FUEGO AQUELLO EN QUE ESTUVIERE LA TAL LLAGA.

58 – MAS EL VESTIDO O LA URDIMBRE O LA TRAMA O CUALQUIER OBJETO DE CUERO, QUE LAVARES Y SE LE QUITARE LA LLAGA, SE LAVARA SEGUNDA VEZ Y QUEDARA PURA.

59 – ESTA ES LA LEY DE LA LLAGA DE LEPRA DEL VESTIDO, DE LANA O DE LINO, DE LA URDIMBRE O DE LA TRAMA, O DE CUALQUIER OBJETO DE CUERO; PARA DECLARARLO PURO, O PARA DECLARARLO INMUNDO”.

59 – ESTA ES LA LEY DE LA LLAGA DE LEPRA. La prescripción, según la cual un niño recién nacido, de un día de edad, puede ser afectado por la lepra, ha sido sometida a toda la legislación que se relaciona con ella (‘Arajín 3a), parece estar en contradicción con la finalidad moral de estas enfermedades, indicado por la misma Toráh en muchas ocasiones, dado que el recién nacido es un ser inocente. Rabí S. R. Hirsch responde recordándonos que antes de castigar al culpable, la Providencia le da señales de advertencia como lepra en su ropa o en su casa. O ¿que señal podría ser más eficaz que la lepra que se le presente a su hijo? Parece querer exhortar a los padres: “¡Arrepiéntanse por amor a vuestro hijo!” Pues son ustedes los que llevan la responsabilidad de su bienestar moral y físico

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