“El Marco de la Gran Pintura” – El Recato –

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Posted on mayo 08, 2017

BH

recato

El marco de la gran pintura

El Rab Zecharia Wallerstein relató que hace varios años compró una pintura finísima y bastante cara en Israel, la transportó a su casa en los Estados Unidos y fue a una tienda especializada en marcos para comprar uno para su obra maestra. Él tenía la idea de comprar uno muy decorado, complejo y vistoso. Sin embargo, el empleado del negocio le explicó que mientras más fina es una pintura, menos importante debe ser el marco. Al grado que debe pasar prácticamente por desapercibido. Si se trata de un cuadro mediocre o inferior, se hace hincapié en el marco para hacer pensar a la gente que se trata de una obra exquisita. Tratemos de recordar el marco de un cuadro precioso que habremos visto en algún museo— lo más probable es que no podamos—, ni idea de cómo era el marco.

El Rab Zecharia Wallerstein utiliza este suceso que le pasó a él mismo como una enseñanza para las mujeres. Dios nos dio una gran pintura, el interior, el alma. Sin embargo, el alma no puede bajar por sí sola a este mundo, requiere de un cuerpo. Éste es como el marco de una pintura. Aquel que le da mucha importancia al marco es alguien que desconoce el valor verdadero del cuadro, no es un experto. Cuando el marco —el cuerpo— luce excesivamente y llama demasiado la atención, el observador se olvida que detrás de ese cuerpo existe un alma, un ser humano con sentimientos, sueños y metas. Aquella persona que no conserva el recato propio de la mujer virtuosa corre el riesgo de caer en manos de alguien que sólo la quiera por ese cuerpo.

Sin embargo, prosigue el Rab Zecharia, muchas jovencitas objetan que los hombres se fijan en aquellas que no tienen ese recato. Es cierto, pero es como un inculto que no entiende de cuadros y aprecia principalmente el marco y no la pintura.

Lo triste es que hay gente que se pasó toda la vida enfocada en sus marcos sin darse cuenta de que posee una gran pintura…


El Tzeniut (El recato)

El recato protege la intimidad y privacidad de la mujer, resalta su autoimagen y ayuda a desarrollar su ser interior al darle la importancia adecuada a su verdadero ser: su alma. Así como un diamante debe ser protegido del robo y del daño —y para eso debe estar bien cubierto en un lugar seguro— así también la vestimenta y la conducta refinada, agradable y digna protegen a la mujer y le garantizan la preservación de su pureza.


El gran diamante

Toda la temática del Tzeniut exige mucha reflexión e introspección. Sólo una mujer puede analizar sus propias acciones y entender qué las motiva. ¿Qué quiere ella y qué está tratando de hacer? ¿Qué quiere de la vida y cómo lo logrará? ¿Cuáles son las repercusiones de la ropa y el comportamiento inmodestos y adónde la llevarán? ¿Es ahí adonde ella quiere ir?

Nuestros Jajamim nos dicen que la mujer fue creada en aras de su belleza, pero la belleza está destinada a una audiencia específica y limitada: su esposo. Ciertamente la mujer debe ser bella en casa, para su esposo. Es ridículo imaginarse que una mujer podría hacerse atractiva para el mundo exterior e ignorar a la sola persona cuya opinión cuenta. Una vez más, eso no es Torá. Ni siquiera es simple sentido común.

Imaginemos al orgulloso dueño de un diamante de gran valor. ¿Cómo lo cuida y preserva? Si aprecia su valor, lo pondrá en una caja especial de piel, recubierta de terciopelo, a resguardo en una caja fuerte. No lo colgará de una ventana sólo para enseñar a todo mundo que lo tiene. ¿La esposa es acaso menos valiosa que un diamante? ¿Acaso no su belleza debe ser atesorada y preservada para su familia, en vez de colgarla como muestra para transeúntes ociosos?

Nuestra perspectiva sobre el tema de presentación y belleza debe ser restaurada al lugar que le corresponde. Como vemos en Eshet Jail:

“La gracia es falsa y la belleza es vana. Una mujer que teme a Dios será alabada”

(Mishlé 31: 30.)

La belleza y la vanidad no son nada más que ilusiones indignas de seria atención. Lo que cuenta es la piedad y el temor a Dios de una mujer. El Gaón de Vilna señala que, por sí mismos, el encanto y la belleza son insignificantes y destructivos. Pero si una mujer es temerosa de Dios, también su belleza será alabada. Cuando una mujer piadosa protege su belleza del mal uso, resguardándola en los confines de su casa para el esposo, tal belleza es elevada convirtiéndose en un atributo positivo (Extraído de: Hillel, Rab Yaacob. La Reina que está en Ti.).


Vestimentas “para gloria y esplendor”

Aharón y sus hijos, Nadab, Abihú, Elazar e Itamar, fueron elegidos para actuar como Cohanim en el Mishkán (Tabernáculo). Mientras oficiaban, debían usar cuatro vestimentas especiales, confeccionadas por hábiles artesanos. Aharón, como Cohen Gadol (Sumo Sacerdote), debía vestir ocho. Una de estas vestimentas era el Mitznéfet, una especie de turbante.

Está escrito que este turbante se usaba para perdonar el pecado de la soberbia y la vanidad. Por ser la cabeza donde residen los pensamientos de vanidad, se coloca allí para recordar a la persona que sobre ella sólo debe existir la conciencia de la existencia de Hashem y por medio de esto adquirir la cualidad de la humildad (Meam Loez, Tetzavé.).

Moshé recibió la orden de hacer vestimentas “para gloria y esplendor” de los Cohanim. La Torá nos muestra que la ropa, aparte de cubrir a la persona de su vergüenza y de las inclemencias del tiempo, también le sirve como distinción y status.

Rabí Yojanán llamaba a sus vestimentas: “las que me honran” (Shabat 113b.). Si vas caminando por la calle y te encuentras con una persona vestida de verde y botas negras, y portando un rifle; o si ves a una persona con bata blanca y un estetoscopio colgando de su cuello, ¿acaso necesitas preguntar cuál es su oficio? Si ves a una persona vestida de negro, sombrero y kipá, ¿preguntas a qué se dedica?

Tú eres una Yehudiá. ¡Representas el Reinado del Creador! ¡Eres una princesa! Tienes que vestir acorde con tu misión. La persona está formada de cuerpo y alma. El alma quiere distinción y el cuerpo va detrás de otros deleites y placeres. Al cuerpo no le interesa el honor, debido a que esto implica responsabilidad. Si las personas nos consideran dignos de ser honrados como hijos del Rey, nosotros sentiremos la responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias. El cuerpo quiere la libertad de gratificarse sin pensar en las consecuencias.

Nuestra alma pide ser revelada a través de darle la dimensión correcta al cuerpo, de forma que el cuerpo mismo y su adecuado manejo, se convierta en una herramienta de expresión de lo trascendente.


Esto es una ofensa al reinado

El rey envió mensajes a varias naciones invitándolas a entablar relaciones culturales y comerciales. Comisionó a su único hijo para que se fuera de gira por el mundo para esta importante misión. Los países se apresuraron a aceptar la invitación y enviaron responsas confirmando con agrado la bienvenida del soberbio personaje. El avión del príncipe despegó hacia su primer destino.

Arribó al hangar presidencial, donde aguardaba una comitiva formada por los representantes más prominentes de la sociedad. Por la escalera, bajaron primero los secretarios de Estado, seguidos por todo el cuerpo de seguridad. La escolta presentaba las banderas mientras la filarmónica entonaba el himno del reino. Bajaron los pajes y otros miembros del gabinete. Todos aguardaban expectantes. Nadie quería perderse la oportunidad de estar tan cerca de la realeza. ¡Silencio! El vocero anuncia la proximidad de hijo del rey. Todos miran emocionados hacia la puerta del avión, aguardando su salida. De repente, ¡aparece! Los periodistas levantan sus cámaras tratando de captar hasta el último detalle.

Comienza a salir; se ve una figura ataviada con unos decolorados y raspados pantalones vaqueros, camisa a cuadros, tenis… ¡en lugar de corona, una cachucha con el emblema de un afamado equipo de futbol! La gente se queda anonadada. “¿Es una broma? ¿Quién es ese impostor? ¿Quién habrá osado presentarse con semejante facha en nombre del rey? ¡Esto es una ofensa al reinado…!”

Así es la imagen que refleja un Yehudí “vestido a la moda”. La persona que busca llamar la atención de los demás, tanto en su forma de vestir, de caminar, de hablar, de comer, significa que no confía en su propia personalidad, o tal vez desconoce su linaje. Aquel que se siente orgulloso de su origen y pertenencia buscará identificarse con ellos.


¿Cuál es la vestimenta de una mujer virtuosa?

Shlomó Hamelej, al final de su libro Mishlé, nos dice cuál es la vestimenta de una mujer virtuosa, Eshet Jail. Y dice así: “Oz Vehadar Lebushá”, “Fuerza y belleza son su vestimenta” (Mishlé 31: 25.). Es decir, que la vestimenta de una mujer virtuosa, es la fuerza y la belleza. La pregunta es: ¿Qué significa que la vestimenta de una mujer es “la fuerza y la belleza”? Shlomó Hamelej quiere transmitir un gran mensaje a las mujeres.

Los Jajamim explican que la verdadera fuerza es la Torá (Shir Hashirim Rabá 2, 10.). La fuerza que representa una de las dos vestimentas de la mujer, es ese ímpetu, coraje y valor que tiene una mujer en vestirse como Hashem pide. Y la segunda vestimenta que tiene una mujer, es la belleza, que debe ser canalizada correctamente, es decir, que no tenga intenciones de llamar la atención de los demás y deberá utilizar esta belleza, únicamente para su casa (Oz Vehadar Lebushá) .

Cuando la mujer utiliza estas dos vestimentas: “Fuerza y belleza”, estará convirtiéndose en una mujer virtuosa, Eshet Jail.

El Tzeniut es la única belleza en verdad. El resto es vano, fantasía y falso. Cuando el interior es bello, cuando en él se destaca el Tzeniut, sale a relucir también lo que se tiene en el exterior. “Eshtejá keguefen poriá beyarketé reteja”(Tehilim 148:3.)-“Tu mujer será como una parra fructífera en los rincones de tu casa”. Es decir, cuando la mujer está en su casa y se comporta con Tzeniut, tiene el Zejut (mérito) de tener hijos estudiosos de la Torá que llenan de alegría y felicidad su hogar.

El hecho de que la mujer se ocupe de su casa, demuestra el amor que tiene por la misma. En ese lugar es donde ella debe desbordar su cariño y calidez, y crear allí un ambiente agradable. Esto no significa que la mujer tenga que apartarse de la sociedad. ¡Claro que puede salir a cumplir con sus obligaciones fuera de casa!

Los Jajamim aconsejan que no busque la felicidad afuera, porque seguro no la encontrará. Toda esa felicidad que “vende” el instinto del mal es engañosa y falsa. Es solamente una felicidad pasajera que, en cuanto pasa su efecto, produce un vacío interior que obliga a buscar más de esa falsa felicidad. En el momento que el mal instinto ve a la persona ocupándose demasiado en arreglar su cabello o poniéndose ropas demasiado extravagantes, exclama: “¡Esta persona ya es mía!”(Bereshit Rabá 22:6.).

Así como los Cohanim vestían prendas especiales “por dignidad y belleza” (Shemot 28:2.) las mujeres del Pueblo Judío usan prendas para realzar su apariencia como corresponde a un siervo de Hashem, el Rey de reyes (Perlas del Mishlé, Rab Moshé Goldelberg.). Una Bat Israel reconoce su valor y por él se destaca. Por tal motivo, viste con recato y discreción. El valor de la mujer judía es muy grande. Busquemos que el Tzeniut sea nuestra honra por siempre y que sea una de las formas de honrar a Hashem.

Al vestirse con ropas atractivas y muy a la moda, las parejas pueden llegar a confundir sus sentimientos pensando que se enamoran del envase exterior en vez de lo que hay adentro. Estas relaciones a la larga terminan diluyéndose, debido a que lo que era motivo de la atracción del otro desaparece y con ella desaparece el amor.

A su vez, es Mitzvá cumplir con las reglas del Tzeniut. Esta forma de vestir, crea un encuadre de ver y experimentar la vida, en un sentido más sensible y humilde ya que una persona no se acerca a otra por su apariencia, sino por lo que lleva dentro.


Vestirse de manera recatada

El no contacto entre las parejas tiene una justificación válida que acompaña al recato en la vestimenta. Esto tiene una razón en la religión judía, que se basa en que la religión valora más al alma que al cuerpo. Al vestirse de manera recatada, el cuerpo no seduce, sino que esa función la realiza la sabiduría, la inteligencia, los sentimientos, los elementos que se encuentran en el interior de cada persona. Por lo tanto, al conocerse dos personas de distinto sexo, no se atraen por su apariencia, sino que el encanto llega a través del alma, de lo espiritual y esto es lo que hace que las parejas sean duraderas y que uno aprenda a valorar a las personas por lo que realmente son.

El Jazon Ish decía: “una mujer debe esforzarse en su Tzeniut”, esto es así ya que la mujer judía lo único que puede hacer para igualar el mérito del hombre judío de estudiar Torá es vestirse con Tzeniut.


La grandeza del recato

El libro Oz vehadar lebushá cita el libro de Rabenu Menajem Hameiri Beit Habejirá, (Masejet Babá Batrá 57b) y escribe: “Midat HaTzeniut Meshubajat Ad Limeod… Lo Sof Davar Shelo Lajsor Ajar Kalut Rosh, Ela Af Lehishtadel Harbé Al HaTzeniut.”, lo que significa: “la cualidad del Tzeniut es excepcionalmente meritorio. No sólo se trata de evitar una conducta superficial, sino que implica un esfuerzo constante y muy consciente para desarrollar un elevado nivel de Tzeniut interior”.

El recato en la religión judía se define como aquellas normas que hacen referencia al cuidado del uso de la vestimenta y comportamiento de una mujer.

Una mujer judía debe saber cómo manejarse cuando se encuentra en situaciones donde hay hombres ajenos a su familia, ya que no debe ni puede despertar ningún apetito en otro ser que no sea su marido.

Para las mujeres ortodoxas, el Tzeniut es un sentimiento que lleva consigo misma. Desde que es pequeña, mantiene distancia de las influencias negativas, así el profundo sentimiento de modestia aflora naturalmente, se va desarrollando de manera positiva y la sensibilidad aumenta cada vez más.

Cuenta la historia que la reina de Saba quiso probar la sabiduría del rey Salomón, para ello, acudió a su castillo con varios niños y niñas vestidos con túnicas idénticas y de apariencia facial similar y le hizo un acertijo. Éste tenía que diferenciar a las niñas de los niños, por lo que puso nueces y semillas tostadas sobre la mesa y les ofreció a los infantes servirse a gusto. Los niños levantaron la esquina de su túnica formando una especie de bolsillo y comenzaron a llenarla de comida. No obstante, las niñas sacaron un pañuelito debido a su sentimiento de Tzeniut, ya que si levantaban su túnica dejarían al descubierto parte de sus piernas.

Es así como el rey pudo diferenciar, sin titubeo, los géneros.

Las personas al ir de compras a los centros comerciales se prueban la ropa y se convencen de que lo que tienen puesto está bien, o es aceptable, a pesar de que la ropa quede un poco corta o adherida al cuerpo, sin embargo, al ser este detalle mínimo, se persuaden de que puede llegar a pasar por inadvertido. Según la Halajá éste es un pensamiento equivocado, ya que existe la delimitación clara de los requisitos indispensables para que el uso de la vestimenta sea Kasher (apto), y si la prenda deja al descubierto un centímetro de la rodilla, o los codos, pasa a convertirse en inadecuado. Esto sucede en todos los campos de la Halajá, tales como la Shejitá (cuando matan al animal). Se considera Kasher a un ave cuya tráquea fue mayormente cortada, pero si sólo fue cortada la mitad de ésta, la carne pasa a convertirse en Taref (lo opuesto a Kasher), aunque la diferencia del corte es de un milímetro. Lo mismo ocurre con la comida de Pesaj, cuando se deja reposar una masa 17 minutos y 59 segundos se la considera Kasher de Pesaj, pero si se la deja 18 minutos pasa a ser Jametz (pan) y no es apta para esta fiesta, ya que la levadura durante esos ocho días está prohibida (Mishná Berurá 459:14).

Esto mismo pasa con la vestimenta, si las prendas cubren las rodillas, los brazos y la zona que rodea el cuello, es considerada Kasher, mientras que si las tapa parcialmente es incorrecta.

El Tzeniut no se puede despegar nunca de la mujer, es integral e inherente a ella. Hay un fragmento del Midrash (Tanjumá Perashat Vayesheb 6.) que dice así: “Hakadosh Baruj Hu Bará Et HaIshá Min Hatzela, Mimakom Tzanua Kede Shetihye Tzenuá”, “Dios creó a la mujer de una costilla, que es un lugar oculto, pues el lugar de la mujer es en el interior”.

Las hijas de Israel visten con tanta modestia para que su pureza, refinamiento y cualidades, brillen en todo momento.

Estas mujeres, al hacer al recato partícipe de sus vidas, demuestran el deseo de formar una familia a través de los valores.


El Tzeniut no sólo se aplica en la vestimenta

Debemos saber que el Tzeniut no sólo se aplica en la vestimenta. El Tzeniut se relaciona con cada una de las acciones y actividades de la mujer. ¿Cómo camina, habla, se sienta y trata con la gente alrededor de ella? ¿Sus tonos y gestos están calculados para atraer la atención o son reservados? ¿Quiere que otros la observen y se le queden viendo o quiere permanecer inadvertida? ¿Habla y ríe a alto volumen o es modesta y reservada? ¿Su forma de moverse es burda o refinada? Dejando de lado la cuestión de la longitud de la ropa, ¿qué busca la mujer?.

Toda mujer debe tener clara la ideología que debe tener una mujer judía: ser un ejemplo de comportamiento, un ejemplo de recato, un ejemplo de conducta, un ejemplo de finura. Así como una reina de algún país europeo, que no destaca la atención a su cuerpo para ser honorables; sino por el simple hecho de ser una reina, ya es un honor; cuánto más la mujer judía que representa al Rey de reyes. Lo mismo sucede con las mujeres judías, el hecho de ser una hija de Dios, es un gran honor; y no sólo eso, sino una gran responsabilidad, donde debe manifestar recato y finura ante los demás.

Entendiendo estas premisas, aclaramos la pregunta: ¿En qué consiste la Mitzvá de Tzeniut?

Es una forma de vestir, comportarse y vivir, que al practicarla nos da la oportunidad de proyectar nuestra interioridad, reservando la expresión de nuestro físico para las situaciones adecuadas. Es una manera de conducirse que emana de una visión profunda de quiénes somos y para qué fuimos creados. Es la clave para cualquier elevación espiritual auténtica.


La Berajá que trae el Recato

Todos entendemos que estamos viviendo una época muy difícil en todas las áreas: económica, social, material, política, la seguridad en Eretz Israel y el mundo, etc.

¿Cuánta sería nuestra alegría si tuviéramos la posibilidad de pedir cualquier bendición a un gran Rabino, conocido por su Berajot que se cumplen de inmediato?

La Torá nos propone recibir la Berajá directamente de Hashem, así como está escrito: “Ki Hashem Elokeja Mitalej Bekereb Majaneja Leaztilejá Velatet Oyebeja Lefaneja”, “Porque Hashem, tu Dios camina dentro de tu campamento para salvarte y entregar a tus enemigos delante de ti” (Debarim 23: 15.).

Y ¿cuál es la condición para tener el mérito para que la Presencia de Hashem esté con nosotros? ¿Acaso se puede pedir algo más que eso?

Vahayá Majaneja Kadosh”, “Y será tu campamento santo”. Recato es lo que trae la bendición para que Hashem esté con nosotros para salvarnos de todo mal.

En el tiempo del Jafetz Jaim hubo una reunión de Agudat Israel y las mujeres querían escuchar. Decidieron hacer un área en la parte de arriba del salón con una división alta, sin embargo, algunos grupos de los Jasidim pidieron que la división debería llegar hasta el techo, mientras que otros Rabanim opinaban que era suficiente una división de la altura de las personas. Decidieron preguntar al Jafetz Jaim y aceptar su decisión. El Jafetz Jaim respondió: “Si bien por la Halajá no se necesita una división hasta el techo, pero ya que en la Torá dice que por falta de Tzeniut la Shejiná se aleja de nosotros, y en esa situación Am Israel se encontraría en severo peligro, tanto por los enemigos terrestres, como por los acusadores celestiales, no podemos arriesgar ningún descuido en este tema. Por eso toda Jumrá que se haga no se puede considerar excesiva”.

Relatan que el Baal Shem Tob tenía muchos deseos de llegar a Eretz Israel. Aunque no lo logró por impedimentos del Shamaim, tal vez porque podría haber logrado despertar algunos cambios para los que aún no había llegado su tiempo. Llegó hasta la ciudad de Esmirna en Turquía y dijo que vio ahí almas en los niveles de los Tanaim, y todo por el recato de las mujeres de aquel entonces.

Es sabido que de Turquía salieron grandes Rabanim entre ellos, el Rab Maharit Algazi, el Rab Maharit Mitrani, Rab Benbenishti quien compuso el libro Keneset Haguedolá, Rab Jizquiahu Medini, quien compuso el Séfer Sedé Jémed, el Rab Jaim Falagi, entre otros. El mismo Bet Yosef se crió y estudió en Turquía y sólo de grande llegó a Tzefat. La famosa historia donde la Shejiná se le presenta en la noche de Shabuot aparentemente ocurrió ahí ya que según la historia fueron dos días de Yom Tob. El Baal Shem Tob descubrió que el mérito para que hubiera tanta Torá en Turquía era por el recato de las madres, ya que el Tzeniut tiene el poder de traer grandes Neshamot (almas) a este mundo.

Nosotros no tenemos noción de lo que es una Neshamá de un Taná, pero todos queremos tener hijos que lleguen a niveles elevados en el servicio de Hashem y esto depende de nosotros. Si renunciamos a arrastrarnos tras toda clase de modas, que todas están basadas en la falta de recato, aunque uno puede vestirse de una manera elegante, pero esto no incluye arrastrarse a las ropas que traen impureza y atraen los ojos de todo mundo como de colores llamativos o ropa ajustada, para que admiren su forma de vestir y la volteen a ver, la atención de quien le es necesaria.

El Gaón de Vilna escribió que la Mitzvá de Tzeniut para las mujeres es de la misma categoría como el estudio de la Torá para los hombres, y el Jafetz Jaim dice que el Tzeniut tiene la fuerza para dominar el Yetzer hará, de manera equivalente que la Torá lo tiene en aspecto a los hombres.

El Rab Shlomo Zalman Oyerbaj y su esposa, habían criado una huérfana en su casa hasta llevarla a la jupá. Después de la jupá, Rab Oyerbaj se quedó esperando detrás de la puerta del Jeder Ijud y al momento que salieron los novios les pidió hablar con ellos en privado, se dirigió a la novia y le dijo, “pienso que tu peluca que tienes puesta esta demasiada larga, te pido que sea la última vez que te veo con esta peluca”.

Es famosa la paciencia y la manera que Rab Oyerbaj trataba con la gente, pero cuando se trataba de Tzeniut, no aceptó ninguna falla o alguna Kulá (ligereza) y lo manifestó de manera inmediata (Rab David Shwekey).


La gran recompensa por cuidar el recato

Dicen los Jajamim que la cualidad del recato es muy grande y querida en los ojos de Hashem y el pago de esta Mitzvá, es tener hijos Talmidé Jajamim (Jafetz Jaim, Gueder Olam.).

Así como cuenta la Guemará (Yomá 47a.) que había una mujer llamada Kimjit, que tuvo siete hijos propicios para ser Cohanim Guedolim. Los Jajamim vieron algo especial en esto y fueron directamente con ella para investigar cuál había sido ese mérito tan grande. Kimjit contestó que en toda su vida las paredes de su casa nunca vieron su cabeza descubierta.

La Guemará finaliza aquí este relato y no explica más. Vamos a explicar realmente por qué muchas mujeres así hacían y sólo Kimjit tuvo el mérito.

Dicen los Jajamim que Kimjit se ganó ese mérito (de tener siete hijos Cohanim Guedolim) ya que valoraba lo que hacía. Seguramente muchas mujeres se cuidaban, pero no valoraban lo que hacían como Kimjit. ¿De dónde sabemos que Kimjit valoraba lo que hacía? De lo que ella misma contestó: “Tuve siete hijos Cohanim Guedolim debido a que nunca en mi vida las paredes de mi casa vieron mi cabello descubierto”; si ella atribuyó a eso lo que hizo, es que lo valoraba (Rab Mijael Peretz).

Hoy en día se ha perdido mucho esta Mitzvá y podría provocar mucho mal en la santidad del Yehudí.

Muchas Berajot son dichas frente a mujeres que no cuidan bien su recato y la Torá prohíbe bendecir frente a mujeres descubiertas, así como dice la Guemará: “incluso una parte pequeña de la mujer, se considera como Ervá (parte prohibida para ver)” (Berajot 24.).

Debemos saber, que al pronunciar cada Berajá, traemos bendición al mundo, así como está escrito: “Bejol Makom Asher Azkir Et Shemí, Abó Eleja Uberajtija” – “En todo lugar donde recuerdes mi nombre, vendré contigo y te bendeciré” (Shemot 20: 21.); pero si la Berajá la decimos frente a una mujer descubierta, no se cumplirá esa promesa de Hashem.


Por el mérito de las mujeres fuimos redimidos

Disertó el Rab Galinsky: así dice el Midrash, que fuimos sacados de Egipto sólo por el mérito de nuestras justas mujeres (Shemot Rabá 1, 15.).

Una vez tuve el mérito de subir a la casa del Jazón Ish y cuando yo entraba, salía de su cuarto el Rab Abraham Yosef Volf. Eso ocurrió durante el primer año de la fundación de su seminario.

En ese entonces, Bené Berak era una ciudad muy pequeña y todos se conocían entre sí, como si fueran una gran familia. Le pregunté: ¿qué hay de nuevo?

Y me contestó gritando: entré a ver al Jazon Ish y le pregunté: dice la Guemara (Kidushin 30b.) que Hakadosh Baruj Hu creó el instinto del mal y creó la Torá como el antídoto (para ese veneno).

¿Y qué es lo que pueden hacer las mujeres, que no están obligadas al estudio de la Torá?

¿Cuál es el antídoto que ellas poseen contra el Yetzer Hará?

Y contesté: las mujeres derrotan al Yetzer Hará con el cuidado del recato en sus vestimentas.

Y vemos que en Egipto… Los hombres todavía no habían recibido la Torá, pero las mujeres ya, en ese entonces, cuidaban las normas del recato, por el mérito de ellas fuimos redimidos (Vehigadtá.).


Dios diferenció al pueblo judío de los otros pueblos

El gran libro escrito por el Rambam llamado Yad Hajazaká, fue divido en catorce tomos; uno de ellos trata únicamente sobre el tema del Tzeniut (recato) y Kashrut (normativas para comer). Estos dos temas se agrupan en un solo tomo, debido a que son las dos Mitzvot más importantes para cumplir.

El Rambam dice que Dios diferenció al pueblo judío de los otros pueblos a partir de la comida Kasher y del Tzeniut. Para la religión judía, estas Mitzvot son sagradas ya que tanto el hombre como el animal tienen los mismos instintos de comer y de relacionarse con el sexo opuesto, por lo que para que el Yehudí se diferencie del animal hay restricciones con las que tendrá que convivir y estas son las de comer Kasher y cuidar Tzeniut.


Carta de La Rabanit Koledetzky sobre el recato

Queridos lectores, debido a la situación que el pueblo judío está viviendo, nos han pedido publicar esta traducción al español de la carta que escribió la Rabanit Koladetzky, hija del Rab Jaim Kanievsky.

A las estudiantes de la escuela Beit Yaakob en Har Nof Jerusalem:

Me emocionó y alegró mucho, el hecho de escuchar que recibieron sobre ustedes en estos días tan difíciles para el pueblo de Israel, en el cual todos dependemos de misericordia divina, el reforzar en el pilar más importante que puede haber: el Tzeniut (recato). Alargar la falda y usar vestimenta no pegada al cuerpo según la Halajá que está escrita en las leyes sobre el cumplimiento de la Torá y el Tzeniut.

El Tzeniut es la piedra principal de una mujer “Bat Israel” y toda niña, joven o mujer que fortalece su recato, agrega a este mundo otra partecita de la Shejiná (Presencia Divina) y toda parte de la Shejiná que una agrega, trae consigo miles de “Yeshuot” (redenciones) al pueblo de Israel, evitando atentados terroristas y enfermedades. Y por el mérito de eso, cientos de mujeres logran embarazarse y comprometerse, trae curación a las enfermedades, muchos judíos retornan al camino, etc. Y todo esto es gracias a ti, hija de Israel que te fortaleciste en Tzeniut.

Por el mérito de mujeres y jóvenes justas, se proclamarán nuestros antepasados y llegará la redención pronto, Amén.

Ese mérito tan grande tendrá la fuerza de llegar también a todas sus familias llenando de salud, alargando la vida en días y años. Traerá la pronta curación de los enfermos de Israel, sustento en abundancia, pareja indicada para todas, éxito en los estudios y amistades, descendencia en el camino de la Torá, riqueza, felicidad y alegría para toda la vida.

Y para las queridas madres:

Segulá probada y comprobada en nombre del Rab Shteinman, recibir Shabat 10 minutos antes de lo figurado en el calendario y en esos 10 minutos rezar y pedir y seguro que todos esos rezos y pedidos van a ser recibidos con voluntad Divina.

Con Berajá, Hatzlajá y Amor.

Sh. Koledetzky

SALOMON MICHANlogo1

 

 

 

 

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