La belleza interna de la Mujer, “Un entendimiento profundo”

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Posted on mayo 10, 2017

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La belleza interna de la Mujer


De acuerdo al judaísmo, las mujeres tienen una característica especial llamada en hebreo “biná” que podríamos traducir como “un entendimiento profundo”.

En la Torá, las mujeres son descritas de forma que se recalca la cualidad de contar con un mundo interno muy rico, lo que les aporta un poder único de influencia en el carácter de las personas; además, ese mundo interno es consecuencia de una percepción y una visión que va más allá de la lógica, de los hechos externos y de la superficialidad.

Si se viera a las mujeres únicamente desde sus atributos externos, se les estaría quitando su fuerza y su regalo tan único. El peligro existe cuando ellas son degradadas y convertidas en objetos. De hecho, vemos que las culturas que admiran a las mujeres por sus características físicas, finalmente las degradan y se aprovechan de ellas.

En vista de esta posibilidad tan peligrosa —sumada a una gran tendencia dentro de los hombres en notar lo físico y externo, y ser estimulados visualmente— las mujeres hacen bien en desenfatizar sus cuerpos en función de poder enfatizar lo que es su verdadera belleza: sus virtudes internas, sus almas; como está escrito: “Todo el Honor de la hija del Rey está adentro” (Tehilim 45:14.).

Claro está que nada de esto implica que las mujeres no deban verse bonitas. De hecho, una vez que lo físico no está distrayendo y que la santidad interna es notada, es una Mitzvá embellecer la vasija para algo sagrado: la representación de la espiritualidad.


La belleza de la mujer fue creada para las Mitzvot

Cuando la belleza de una mujer es debidamente atendida y canalizada, concede a la misma un privilegio especial. Janá, la madre del profeta Shemuel, fue un prototipo tanto en maternidad como en plegaria. Sus conmovidos rezos que suplicaban por un hijo son analizados, frase por frase, por nuestros Jajamim y enseñan importantes lecciones, entre ellas el tremendo poder del recato.

“Y he aquí que Janá habló sobre su corazón” (Shmuel 1: 3.). Nuestros Jajamim comentan: “Rabí Elazar dijo en nombre de Rabí Yosí Ben Zimra: Ella habló de lo que está en el corazón. ¡Amo del Universo!, dijo, nada de lo que creaste en la mujer es vano: ojos para ver, oídos para oír, nariz para oler, boca para hablar, manos para trabajar, pies para caminar, senos para amamantar. ¿Para qué son tales senos que colocaste en mi corazón sino para amamantar? ¡Dame un hijo y lo amamantaré con ellos!” (Masejet Berajot 31a.).

La percepción de Janá de sí misma y de su cuerpo difiere bastante de la sociedad contemporánea. ¿Para qué se le había dado un cuerpo de mujer? No para belleza o placer; si no que, realmente para Janá, era una herramienta para el cumplimiento de la voluntad de Hashem.

La belleza y el físico de Janá estaban enfocados en las Mitzvot, reservados y preservados únicamente para su esposo y su matrimonio. Ella era tan modesta que honestamente le podía suplicar a Hashem que pudiese emplear sus miembros y órganos para sus verdaderas funciones de crianza y nutrición de hijos, porque nunca habían sido corrompidos. Ella no utilizó mal sus dones, por lo que podía solicitar a Hashem que le permitiese usarlos en su máxima expresión.

Una mujer que es modesta y vive su vida de acuerdo con los dictados de la Halajá (ley judía), tiene un enorme privilegio. Su modestia es tan preciada a los ojos de Hashem que tiene el poder de solicitarle que le conceda Sus Bendiciones a cambio de ello (Extraído de: Hillel, Rab Yaacob. La Reina que está en Ti.).


Pedir lo espiritual

Quiero compartir una historia que realmente nos ayudará a cambiar nuestra forma de pensar.

El Jatam Sofer tenía una hija llamada Guitel, que era muy bella. En una ocasión, Guitel iba caminando en la calle y se dio cuenta que un hombre la perseguía y la estaba viendo en una forma muy incitante, con deseos hacia ella.

A Guitel le lastimó mucho esto e inmediatamente fue corriendo a su casa. Al llegar, tomó su libro de Tehilim (Salmos) y empezó a rezar con lágrimas y mucha concentración.

Cuando llegó su padre –el Jatam Sofer– la vio rezando en una esquina muy concentrada y con lágrimas en los ojos; a lo que le preguntó:

—¿Por qué lloras hija?, ¿qué te pasa?

Guitel le contestó:

—Tengo el mérito de ser una mujer muy bella y sé que es un regalo de Hashem; pero este regalo se convirtió en un tropiezo para la gente, hasta el grado que hoy he provocado que un Yehudí peque por mi belleza. ¡Estoy pidiéndole a Hashem que me quite la belleza para no provocar más pecados entre los Yehudim!

Al escuchar esto, el padre —el Jatam Sofer— se impresionó y le entró en su corazón un sentimiento muy profundo; la bendijo de la siguiente manera:

—“Bendita seas hija mía, hija fiel de Hashem; por cuanto que toda tu intención en este mundo es para cumplir la voluntad de Hashem, te bendigo que se cumpla tu pedido y con la ayuda de Hashem tendrás un hijo; y por lo que le pediste a Hashem “que se vaya tu belleza”, ese hijo iluminará al pueblo de Israel con su Torá”.

Y así pasó. En esos días quedó embarazada Guitel y la belleza se le fue de su rostro. El bebé que tuvo fue uno de los Jajamim más grandes de esa generación: “Rabí Akiba Kornitzer” (Kedushat Hajayim.).

Analicemos la Tefilá de Guitel y tal vez cambiemos nuestro punto de pensar sobre qué debemos pedir de este mundo.

Cuando decimos todos los días en la Tefilá de Shajrit: “Horeni Hashem Darkeja, Ahalej Baamiteja” –“Enséñame Hashem tu camino, yo caminaré en tu verdad” (Tehilim 86, 11.), reafirmamos lo que debemos pedir: ambicionar ir en los caminos de Hashem y no en los caminos que nosotros queramos.

Sobre esta historia, me gustaría mencionar lo que dice el Midrash. Como sabemos, el primer versículo de Birkat Cohanim dice: “Yebarejejá Hashem Veishmereja”, “Que te bendiga Dios y te proteja”(Bamidbar 6, 24.).

Explica el Midrash algo hermoso:(Bamidbar Rabá 11, 5.) Que te bendiga Dios con hijos varones. Y que te proteja Dios a tus hijas. Cabe preguntar: ¿Por qué precisamente Dios debe proteger a las hijas y no a los varones? Ya que nuestras hijas y cualquier mujer Yehudiá necesita protegerse de las influencias ajenas y debe realmente esforzarse mucho para no caer en muchas de esas malas cualidades y malas vestimentas que usa la gente de la calle (Traducido del libro Oz Vehadar Lebushá, página 23.).

 

 

SALOMON MICHANlogo1

 

 

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