“El Hurto”

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Posted on mayo 21, 2017

BH

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EL HURTO

(En hebreo, el título de este capítulo que tradujimos como “El Hurto” es Guenebá, a diferencia del capítulo anterior que en hebreo es Guézel, y por eso fue traducido como “El Robo”. La diferencia entre los conceptos hebreos de Guézel y Guenebá es prácticamente la misma que entre los términos “Robo” y “Hurto” en español. Según el Diccionario, la definición de “robar” es apropiarse indebidamente de algo ajeno, contra la voluntad de su poseedor, cuando se hace con violencia, intimidación o mediante el uso de la fuerza. Sin embargo, “hurtar” es tomar bienes ajenos contra la voluntad de su dueño, sin violencia, intimidación o uso de la fuerza. Y algo parecido escribió el Shulján Aruj: “¿Qué se considera `hurtar’, apropiarse de los bienes del prójimo en forma oculta, sin que a se entere de ello; pero apropiarse de los bienes del prójimo en forma abierta y pública no se considera hurtar sino robar?” (Joshen Mishpat 348:3))

Dijeron nuestros Sabios: “El hurto es más grave que el robo, pues quien hurta no equipara al siervo con su Creador, y actúa como si desde el Cielo no lo vieran”. (Tratado de Babá Kamá 79b. Como fue explicado en la nota anterior, el asaltante es quien roba a las personas en público; pero el que hurta, se apodera de las pertenencias de los demás a escondidas, por temor o vergüenza de las personas. Aquí los Sabios dicen que “el hurto es más grave que el robo”, ya que al asaltante, aunque es cierto que no le preocupa que Dios lo vea, tampoco le preocupa que las personas se enteren de sus fechorías; el que hurta, sin embargo, al realizar su acción en oculto, da a entender en un aspecto que sólo le preocupa que la gente no se entere de lo que está haciendo, y no presta atención al hecho de que el Todopoderoso lo ve todo desde Arriba. Y por eso dijeron los Sabios que “quien hurta no equipara al siervo con su Creador, y actúa como si desde el Cielo no lo vieran”)

¡Y cuánto deben advertir los mayores a los más jóvenes acerca de esta transgresión! Pues la adolescencia es muchas veces la responsable de las acciones negativas que los muchachos realizan; y otras veces es también culpa de las malas amistades. Y luego, ellos van de un mal a otro, y esto da como resultado jóvenes insaciables y ebrios. Por todo ello, debemos vigilar muy de cerca a los más jóvenes.

Y es apropiado que la persona no restrinja en demasía el dinero que les asigna a sus hijos. Por ello, les debe dar de vez en cuando algunas monedas, para evitar que estén deseosos y ávidos de todo, y ello pueda incitarlos al hurto. Asimismo, no deberá acostumbrarles a los manjares, la ropa cara o los diversos placeres mundanos, pues cuando estos hábitos no puedan ser satisfechos, empezarán a hurtar. Y así dijeron nuestros Sabios acerca del “hijo pervertido y rebelde”: (El caso del “Hijo pervertido y rebelde” figura en la Toráh en el Libro de Debarim capítulo 21. Allí el texto se refiere a un joven enviciado, que no escucha la voz de sus padres, y que es “glotón y bebedor”, es decir, capaz de llenarse de carne y de vino a más no poder) “La Toráh previó el desenlace; pues cuando él no pueda satisfacer sus malos hábitos, asaltará a las personas”. (Tratado de Sanhedrín 72a)

Y al respecto ya fue relatado el caso de un estudioso de la Toráh cuyo padre lo acostumbró a vivir con grandeza, de acuerdo con la fortuna que éste poseía. Al fallecer el padre, la riqueza se acabó, pero él quería seguir con sus hábitos, lo cual lo llevó a hurtar libros de la casa de estudio. Y cuando fue descubierto, se convirtió a otra religión, ¡Dios nos libre!

Por lo tanto, toda persona inteligente deberá actuar con astucia y sensatez, no escatimando en exceso ni despilfarrando. En lugar de eso deberá comportarse conforme a la bendición que el Todopoderoso le haya otorgado, y conducirse por el camino intermedio. Además, advertirá siempre a sus hijos acerca de las prohibiciones, y les informará sobre la gravedad que éstas entrañan; y junto con ello, los alejará de las malas amistades, para que caminen por la senda del bien.

Existe otro tipo de hurto, en el que mucha gente cae, y es lo que generalmente se llama “robar el pensamiento de las personas” [Guenebat Dáat].

Son múltiples las formas en que una persona puede caer en este pecado. Sin embargo, la regla general es que toda situación en la que el hombre intente averiguar lo que alberga el corazón de su prójimo por medio de una profusión de palabras que tienen el fin de confundirlo, (Para que así éste revele sus pensamientos sin darse cuenta…) esto se llama “robar el pensamiento de las personas”, y está prohibido actuar. No obstante cuando esto es hecho por el honor del Cielo, por ejemplo, para salvar al oprimido de su opresor o para evitar que alguien corneta un pecado, está permitido.

Asimismo, demostrar excesivo cariño por el prójimo, pero no sentirlo en el corazón, también se llama “robar el pensamiento de las personas”. (Esto incluye, por ejemplo, cuando alguien saluda desde lejos a su prójimo en la calle y le hace un gesto como de afecto, pero en su corazón –o incluso en su boca- hay odio contra él y le desea lo peor. Y en su libro Yaalezú Jasidim, el autor escribió que está prohibido también robar el pensamiento de un gentil (citado en el comentario Yefé Maré)) “Y quien se conduce con integridad, transitará con seguridad”. (Mishlé 10:9)

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Rabí Eliezer Papo – Péle Yoetz

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