“El Robo”

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Posted on mayo 21, 2017

BH

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EL ROBO

Es conocida la gravedad del pecado del robo. En el Talmud incluso se afirma que el veredicto de exterminio sobre la generación del diluvio no se selló sino a causa de este pecado. (Tratado de Sanhedrín 108a) Además, todo el tiempo que el ladrón conserva con él lo que robó, sus oraciones no son escuchadas; (Midrash Shemot Rabá 22:3) y en el Mundo Venidero se le darán de comer brasas ardientes, y tendrá que reencarnarse volviendo a este mundo para pagar lo que robó.

Y yo ya he escrito en mi libro Orot Elim (Página 113) un hecho asombroso que sucedió en el tiempo del Rab Israel Báal Shem Tob, (El fundador del movimiento jasídico (1698-1760)) cuando cierta persona volvió a este mundo reencarnada en un caballo, y tuvo que trabajar con todas sus fuerzas para pagar una deuda que había dejado.

Asimismo, en referencia al Día del Perdón, nuestros Sabios dijeron: “Por transgresiones entre el hombre y su prójimo, Yom Kipur no habrá de perdonar hasta que le pida perdón a su prójimo”. (Tratado de Yomá 85b) Y hay quienes escribieron que esto quiere decir que incluso las transgresiones entre el hombre y Dios no son perdonadas hasta que éste devuelva lo robado y le pida perdón a su compañero. (La cita de los Sabios en el tratado de Yomá (85b) dice: “Por transgresiones entre el hombre y su prójimo, Yom Kipur no habrá de perdonar hasta que le pida perdón a su prójimo”. La comprensión simple y generalizada de esta frase es: “Las transgresiones entre el hombre y su prójimo no son perdonadas en Yom Kipur, hasta que le pida perdón a su prójimo”, de lo cual se entiende además que los pecados entre el hombre y Dios si son perdonados en Yom Kipur, si este se arrepiente de ellos. Sin embargo, el autor menciona que algunos Ajaronim entendieron esta cita más literalmente: “Por transgresiones entre el hombre y su prójimo, Yom Kipur no habrá de perdonar (incluso las transgresiones entre el hombre y Dios), hasta que le pida perdón a su prójimo”. La lógica de esta interpretación (más allá de la posibilidad de encontrar realmente este sentido en las palabras misma de la cita) es que si el hombre muestra que no le importa arrepentirse de todos sus pecados –es decir, no solo los que son entre el hombre y Dios sino también los que son entre hombre y su prójimo- su acción indica que aun si se arrepintió de los pecados entre el hombre y Dios, su arrepentimiento no es verdadero y completo, pues si fuera así se arrepentiría también de todos los pecados que cometió en contra de su prójimo (véase Kaf Hajaim 606:3)) (Véase más adelante, en el capítulo El Arrepentimiento.)

¡Pobres de aquellos para quienes el robo ya se ha convertido en algo permitido, a causa de que le han hecho un “cambio de nombre” (shinui hashem) y ahora lo llaman “sagacidad”, “diligencia” y “esfuerzo”, e inclusive llegan a agradecerle a Dios por haber hecho que tengan éxito!

Existen numerosos tipos de robo que la gente ya se acostumbró a cometer; mencionaremos aquí sólo algunos de ellos, y quien escuche y se abstenga de actuar así recibirá la bendición del Cielo. El primero de ellos es una penosa y desagradable costumbre que hay en el mundo, que cuando una persona se viene abajo y no consigue ganar tanto como desearía o incluso si ha empobrecido completamente se dirige a ciudades lejanas como Viena, Venecia, Leipzig, etc., y pide una gran cantidad de mercancía “en consignación” con la intención de no pagarla, o bien toma mercadería de las personas de su propia ciudad y luego declara que ha quebrado, y por medio de sobornos a los jueces del país hace lo que le place, hasta que con el correr del tiempo, sus acreedores, se ven forzados a aceptar contra su voluntad que se les pague sólo un veinte o un treinta por ciento de lo que realmente les debe. Y si de una persona se dijera que sale a los caminos y roba a los transeúntes, recibiría el nombre de “asaltante de caminos” y todo el mundo estaría de acuerdo en que merece la pena de muerte. (Según la Ley de la Toráh no se merece la muerte por asaltar en los caminos. Por ello, deberíamos entender que el Rab aquí utiliza más bien un lenguaje metafórico, o que realmente esa era la ley en el imperio otomano, donde el autor vivía) Pero, si analizamos con atención, estas personas son aún peores que estos asaltantes en varios sentidos:

  • Primero, porque de los asaltantes, las personas pueden llegar a cuidarse.
  • Segundo, ya que el asaltante no recibió con anterioridad ningún favor de la persona a la que le está robando, pero cuando este estafador pide prestado con la intención de no pagar resulta que es desagradecido y retribuye el mal a cambio del bien a la persona que confió en él y le hizo el favor de prestarle; y está escrito: “Quien retribuye el mal a cambio del bien, el mal no se apartará de su casa”. (Mishlé 17:13)
  • Tercero, pues el ladrón roba sólo el dinero mientras que este estafador roba el dinero y también el pensamiento de las personas.
  • Cuarto, porque quien se comporta de este modo perjudica a otras personas que puedan necesitar un préstamo; (Ya que ahora las personas se van a abstener de prestarle incluso a las personas honradas) como expresa el dicho popular: “Junto a los espinos, la col también resulta golpeada”. (Tratado de Babá Kamá 92a. A veces al arrancar una mata de espinos que crece en una parcela donde se cultivan coles, sucede que sin quererlo, es también arrancada una col; así la col resulta “golpeada” junto con los espinos. Explica el gran exégeta Rashi, que esta comparación viene a enseñarnos que, en ocaciones, los vecinos del malvado también sufren el castigo junto con él)
  • Quinto, pues si los asaltantes son atrapados serán obligados a devolver lo que robaron mientras que la persona que estafa a su prójimo con la ayuda de los jueces no-judíos -que se asemejan a los ídolos- gastará todo el dinero de su prójimo y se alegrará con él, haciendo lo que le apetezca. Y al ver eso el acreedor se llena de enojo y le rechinan los dientes y se deshace por dentro a causa de la ira, mas no tiene quién lo salve. Pero el Eterno “peleará por ellos y despojará el alma de quienes los despojaron”. (Mishlé 22:23)

Y yo mismo puedo atestiguar haber visto a muchas personas que hicieron así y se cumplió en ellas el versículo: “Quien hace riqueza con injusticia, en la mitad de sus días ésta lo abandonará, y al final será miserable”. (Yirmeyahu 17:11) Pues incluso perdieron lo que tenían de antes, ya que una pérdida trae otra pérdida; aparte del castigo que les aguarda en el Mundo por Venir.

Y es sabido que robar a un gentil es más grave aún que robar a un judío, pues además del pecado de robar, el acto está acompañado también de la severa transgresión de la profanación del Nombre de Dios (jilul Hashem). Y además de todo, los kabalistas explicaron que cuando un judío roba a un gentil provoca que el ángel de éste tenga el poder de robar de la abundancia que hay en la santidad y traspasarla a la kelipá. (El termino kelipá significa literalmente cubierta o cáscara, y es utilizado por los Sabios Kabalistas para referirse a las fuerzas de impureza que rodean a la santidad e impiden que ésta se manifieste)

Y a pesar de que según la ley está permitido tener provecho de la equivocación de un gentil, (Shulján Aruj, Joshen Mishpat 348:2) provocar que éste se equivoque está prohibido. E incluso está prohibido venderle carne que no fue sacrificada de acuerdo a las leyes de la Toráh y decirle que sí lo fue, (Aunque según la Toráh el no-Judío tiene permitido comer cualquier carne, y no estaríamos provocando que este cometa una transgresión) o entregarle dinero falso y decirle que es verdadero, o mezclarlo con el dinero legal, etc., y todo ello se califica como robo absoluto.

Existe otro tipo de robo, que se da cuando dos hombres son socios y uno de ellos es tacaño con los gastos de su casa. Entonces ocurre que el otro socio entrega de su propio dinero a la esposa del primero -sin el conocimiento de éste- y después restituye de los ingresos del negocio el dinero personal que le entregó. La persona que actúa de esta forma está robando y pecando, y no hay ningún beneficio en su acción.

  • Hay otra forma de robo, que las personas creen que no hay en ello prohibición, y se da con frecuencia entre las mujeres. Esto ocurre cuando dan donativos o entregan regalos o efectúan gastos sin el conocimiento de los esposos. (De todos modos, los poskim (autoridades rabínicas) establecen una diferenciación respecto de dos casos diferentes: cuando se trata de un suma minima, que la esposa sabe que su marido sí estará de acuerdo en que ella done o regale o gaste, está permitido que ella lo haga sin preguntarle antes; y si se trata de sumas más considerables, tiene prohibido hacerlo sin su previo consentimiento. Y todo depende de la situación económica del marido y de las cualidades de su personalidad en este respecto, es decir, de cuan generoso o avaro él es) Y también esto se denomina robo.
  • Otro ejemplo es lo que dijeron nuestros Sabios en el Talmud: “Tomar prestado de otra persona sin el conocimiento de ésta se considera como robar”; (Tratado de Babá Metsiá 41a) y muchos se equivocan en este asunto tomando prestado diversos objetos, como zapatos, libros, etc., sin pedir permiso antes.
  • Otro caso donde hay que cuidarse mucho y sopesar bien la situación es cuando alguien nos ofrece comida o bebida pero no lo hace de corazón, o cuando le rebaja a su prójimo el precio de algún producto por vergüenza, pues este tipo de situaciones son cercanas al robo. (Séfer Jasidim 316. Y en su libro Yaalezu Jasidim sobre el Séfer Jasidim, el autor escribió que esto se considera robo en la Corte Celestial (citado en el comentario Yefé Maré). Y el arrepentimiento en este caso es dificultoso, pues el hombre no puede pagarle a su prójimo lo que le “robo” debido a que no sabe que pecó. Y, al parecer, en este caso también su prójimo tiene que hacer teshubá (arrepentirse), pues ha transgredido la prohibición de “delante de un ciego no habrás de poner un obstáculo”. Por ello, si la persona decide ofrecer comida o bebida a alguien, o hacer un agasajo, un Kidush o una fiesta, debe llenarse en su corazón de deseo por ello, y no hacerlo con mezquindad)
  • Y aún más: ocurre a veces que cuando hay un grupo de, amigos, varios de ellos toman de uno, en contra de su voluntad, algún objeto “en forma de regalo” o pagándolo a muy bajo precio. Esto no sólo constituye un auténtico robo sino que, a través de su acción, ellos transgreden además la prohibición de “No codiciarás”. (Shemot 20:14)
  • Otro ejemplo de robo se da cuando se contrata a artesanos, profesionales, y en especial, maestros de niños, pero estos no trabajan con fidelidad y dedicación. También esto se considera como robo. (Tratado de Berajot 35b)
  • Está escrito: “El que roba a su padre y a su madre, y dice que no hay iniquidad en su acción, es compañero de un hombre destructor”. (Mishlé 28:24) Y ciertamente, hay muchos hijos indignos que les roban a sus padres y a sus madres. Y quien no prestó atención a esto y le robó a su padre, mas no le pidió perdón, debe reparar lo que hizo arreglando las cuentas con sus hermanos. (Al parecer, el autor se refiere aquí a un caso donde el padre ya falleció y por eso ya no le pude pedir peron ni devolverle. Entonces, resulta que cuando los hermanos se repartieron los bienes de la herencia, allí faltaba lo que ese hermano le había robado a su padre, y ahora todos recibieron menos de lo que les hubiera correspondido. Por ello, el Rab dice que él debe “arreglar las cuentas” con ellos. Y tal vez sus palabras implican dos posibilidades de reparación: a) devolverles al resto de los hermanos la parte proporcional de lo que él le había robado a su padre; b) hablar con ellos para mostrarles su arrepentimiento y pedirles su renuncia a esa parte de los bienes que les hubiera correspondido recibir)

¡Y cuánto debe la persona cuidarse del robo a la comunidad! Pues en el robo a la comunidad no se considera que al robar una vez se comete un solo pecado, sino que se considera que se cometen tantos pecados como miembros hay en la comunidad. Además, si aun en el robo a una sola persona resulta difícil devolver lo robado cuando ya fue gastado, ¡cuánto más difícil es el arrepentimiento de quien roba a la comunidad! Por lo tanto, el hombre debe extremar el cuidado para no llegar a caer en esto.

Y aquéllos que deben pagar a la comunidad la cuota mensual o anual u otras contribuciones, y lo hacen con dinero falso, están damnificando a todos los miembros de la misma y cometen el pecado de robar a la comunidad.

Ya ves que son múltiples y muy numerosos los tipos de robo, y también lo son las formas en que la persona busca permitirse a sí misma estas acciones dejándose llevar por los consejos de su instinto del mal. Y esto es lo que resulta cuando el hombre no va de los Sabios a preguntar respecto de sus acciones ni a escuchar sus enseñanzas.

Hay además una clase de robo adicional: el robo que a pesar de no ser considerado como tal de acuerdo a las leyes en la tierra, a los ojos de Dios sí se considera robo.

Un ejemplo de esto es cuando una persona se aferra de forma estricta a la halajá y demanda a otra ante una corte rabínica para cobrar dinero por algo, sin que realmente el acusado haya hecho nada. Mas el demandante hace esto porque su codicia interna lo llevó a equivocarse; y de este modo le provoca a su prójimo un perjuicio, no por medio de la violencia o la fuerza, sino con aparente integridad de corazón y honestidad, como si sólo defendiera sus derechos. E incluso sí de acuerdo al veredicto la otra persona debe pagarle, el espíritu del Eterno no se complace con este acto; y quien hace esto quita de su prójimo la benevolencia y transgrede el precepto de “Ama a tu prójimo como a ti mismo, (Vayikrá 19:18) que constituye un principio fundamental de la Toráh. (La traducción de este párrafo es muy compleja ya que las palabras del autor no son lo suficientemente claras, y ya se han dividido las opiniones de los estudiosos respecto de su interpretación. De acuerdo con una interpretación, reflejada aquí en nuestra traducción, el Rab explica que aunque a primera vista el demandante se comportó correctamente, pues llevo el caso ante un tribunal rabínico, e incluso el veredicto fue que realmente el acusado le debía pagar a él ese dinero, de todos modos su acción es incorrecta y se considera como robo en el Cielo. El autor explica la razón: pues originalmente lo que impulso al demandante a llevar a juicio al acusado no fue un daño o perjuicio que éste último le provocó, sino la propia codicia interna del demandante, que lo incitó y lo sedujo a ver una situación determinada de manera subjetiva, a su favor y para su beneficio. Y por eso, él es culpable de su acción por no haber refinado suficientemente sus cualidades de la personalidad puliendo las asperezas destructivas de esa codicia. Y aunque en verdad siempre que hay litigios cada uno de los lados considera la situación en beneficio propio y piensa que tiene la razón, debemos entender que eso es legítimo cuando, a primera vista y hablando en forma medianamente objetiva, se puede llegar a comprender un poco las razones de cada lado. Y por eso es aconsejable que los lados vayan ante los jueces para que la sabiduría de la Toráh dictamine quien tiene la razón. Pero aquí, en nuestro caso, el Rab se refiere a una situación donde, sin ninguna lógica aparente, una persona de repente se levanta y acusa a su prójimo de algo. De acuerdo con una segunda posible interpretación la traducción debería ser: “Un ejemplo de esto es cuando una persona se aferra de forma estricta a la halajá y demanda a otra ante una corte rabínica para cobrar dinero por algo que el acusado hizo sin ninguna intención, sólo que actuó de manera equivocada y provoco una perdida al demandante, pero no por medio de la violencia o la fuerza, sino con integridad de corazón y honestidad, como hubiera actuado con sus propios bienes. E incluso si de acuerdo a la ley la otra persona debe pagarle, el espíritu del Eterno no se complace con este acto…”. Esta segunda interpretación sostiene que el error del demandante es que debería haber mostrado benevolencia con su prójimo y haberle perdonado la falta, ya que aunque en verdad éste le provocó un daño, él no tuvo ninguna intención de hacerlo y sólo actuó de buena fe).

Y sobre casos como este ya fue dicho por nuestros Sabios que “el hombre se reconoce por su bolsillo”. (Tratado de Erubín 65b)

He aquí, el pecado del robo es muy grande y arrepentirse de ello es muy difícil. Y ya dijeron nuestros sabios que “quien roba a su prójimo incluso una suma ínfima, del valor de una perutá, (La perutá era la moneda más pequeña de la época de la Mishná y el Talmud) se considera como si hubiera robado su alma y el alma de sus hijos y sus hijas”. (Tratado de Babá Kamá 119a) Además, todo el tiempo que la persona tiene en su poder lo robado, jamás tendrá expiación; y es difícil devolver lo robado cuando ya fue gastado. Por todo esto, el hombre temeroso de Dios deberá cuidarse enormemente de cualquier situación en la que exista la mínima sospecha de estar cometiendo esta grave transgresión en cualquiera de sus formas. Y se debe comportar con honradez en el comercio, y aun si está atravesando una mala situación económica y los acreedores lo oprimen duramente, no por eso orientará su mano hacia el robo -Dios no lo permita-, pues es mejor para el hombre morirse de hambre y no ser un malvado ante el Todopoderoso siquiera un solo instante. Y aquéllos que buscan al Creador, no les faltará nada bueno, (Vease Tehilim 34:11) pues el Todopoderoso no apartará el bien de quienes se conducen con integridad. (Ibíd 84:12)

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Rabí Eliezer Papo – Péle Yoetz

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