Sefer Shel Beinoním – Capítulo 10

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Posted on junio 15, 2017

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Cuando una persona hace prevalecer su Alma Divina sobre su Alma Animal y cuando lucha contra contra el Alma Animal al punto de erradicar y eliminar de su lugar de residencia, del lado izquierdo del corazón, el mal que hay en ella, como está escrito (Deuteronomio 21:21): “Y erradicarás el mal que está dentro de ti”, pero no obstante, el mal no se ha convertido realmente en bien, esta persona es denominada “tzadik incompleto”. También se la denomina “tzadik que conoce el mal”, o sea, que aún persiste dentro de él -en la parte izquierda de su corazón- cierto vestigio de mal, sólo que, por su insignificancia, es subyugado y anulado por el bien. Por lo tanto, el tzadik puede creer que lo ha expulsado y que ha desaparecido del todo. En verdad, sin embargo, si todo mal dentro de él hubiera partido y desaparecido, se habría convertido en bien verdadero.

La explicación del tema es la siguiente: El “tzadik completo”, en quien el mal ha sido convertido en bien, y quien en consecuencia es denominado “un tzadik que sólo conoce el bien”, ha logrado este nivel al despojarse completamente de las vestimentas sucias suyas de mal. Es decir, él aborrece en extremo los placeres de este mundo, hallando repugnante obtener de ellos aquel placer que obtienen  otras personas , o sea, el placer de la mera gratificación del apetito físico, en lugar de utilizar este placer hacia el servicio a Dios. Los odia por que se derivan, y reciben su apoyo espiritual, de la kelipá y la sitrá ajará. Pues el “tzadik completo” odia en extremo cualquier cosa que sea de sitrá ajará, por su inmenso amor -un “amor inmenso gozoso”- y su fenomenal afecto a Dios y Su santidad, como se mencionara previamente, puesto que ellos son antitéticos. Así está escrito (Salmos 139:22-23): “Los odio con un odio que consume, ellos se han vuelto mis enemigos, sondéame, y conoce mi corazón”. Por lo tanto, según la abundancia del amor a Dios, así es la extensión del odio a la sitrá ajará que nutre el placer físico y la extrema repugnancia al mal de los placeres físicos mismos; porque la repugnancia es el opuesto exacto de amor, igual como lo es del odio.

El “tzadik incompleto” es aquel que no odia a la sitrá ajará con un odio absoluto; por lo tanto, tampoco halla al mal -los deseos y placeres físicos- absolutamente repugnante. En tanto su odio y repugnancia al mal no son absolutos, por fuera debe haber conservado cierto vestigio de amor y placer hacia él. Las “vestimentas sucias” obviamente no han sido totalmente quitadas. Por lo tanto, tampoco el mal del Alma Animal se ha convertido realmente en bien, ya que todavía tiene cierto sustento en las “vestimentas sucias”, sólo que se neutraliza en el bien en razón de su insignificancia, y se lo considera como nada. En consecuencia se lo denomina tzadik verá lo, lo que significa no sólo “tzadik que conoce (conserva) el mal” sino también “tzadik cuyo mal es suyo”, es decir, subyugado y sometido a él. Luego, por fuerza, su amor a Dios tampoco es completo. Por lo tanto se lo denomina “tzadik incompleto”.

Ahora bien, este nivel de “tzadik incompleto” que “conoce el mal” es subdividido en miríadas de niveles, que consisten en grados cualitativos que varían en la calidad del minúsculo mal que persiste que se deriva de cualquiera de los cuatro “elementos de mal”. La subdivisión también toma en consideración el grado en que el mal remanente se nulifica en el bien por su insignificancia cuantitativa, ya sea en sesenta veces tanto bien, por ejemplo, o en mil, o diez mil, y así sucesivamente. Estos varios subniveles en las filas de los “tzadikim incompletos” son los niveles de los numerosos tzadikim que hay en todas las generaciones, como encontramos en la Guemará (Sucá 45b): “Dieciocho mil tzadikim hay ante el Santo, Bendito Sea”.

Pero en lo que se refiere al nivel de “tzadik completo”, es aplicable la declaración de Rabí Shimón bar Iojai (Zóhar I, 4a): “He visto “hombres superiores” y estos son muy pocos”. El motivo por el cual los tzadikim completos son denominados benei aliá, lit: “hombres de ascenso” es que ellos convierten el mal y lo hacen ascender a la santidad. Del mismo modo está escrito en la introducción al Zohar que cuando Rabí Jiá quiso ascender al heijal (santuario celestial) de Rabí Shimón bar Iojai, escuchó una voz que surgía y decía: “Quienquiera de ustedes que, antes de llegar aquí, haya convertido la oscuridad del mundo en luz -santidad- y transformado el sabor amargo de su Alma Animal y su inclinación al mal en dulzura sólo él puede entrar”.

Se llaman además bneí aliá porque aun su servicio Divino en el área de “hacer el bien”, en su cumplimiento de la Torah y sus mitvot, es en aras de lo Superior, y su servicio está dirigido hacia un nivel altísimo, hacia las alturas más excelsas. Su servicio Divino no pretende meramente unirse a Dios sierviéndole por medio de la Torah y las mitzvot para saciar la sed de su alma que está sedienta de Dios -como está escrito (Isaias 55:1): “¡Oíd, todos los que estáis sedientos, dirigíos a las aguas”, como se explica en otra parte- sino que el servicio de estos a Dios es como se explica en Tikunei Zóhar 1b lo que dijeron nuestros Sabios: ¿Quién es una persona piadosa (jasid)? Aquella que es benevolente con su Creador .”con su nido”, “uniendo al Santo, Bendito Sea, con Su Shejiná, para que la luz de esta unión llegue y sea sentida incluso en los mundos más bajos”. Así también está explicado en Raaía Mehemná -Parshat Tetzé-: “A modo de un hijo que se esfuerza por su padre y su madre, a quienes ama más que a sí mismo, más que a su propio nefesh, rúaj y neshamá, y que sacrifica su vida en aras de ellos para redimirlos de haber sido confinados al cautiverio”, y como también se explica en otra parte.

Ambas interpretaciones son complementarias. Porque refinando lo bueno que hay en la kelipat noga, se elevan las “aguas femeninas”, provocando uniones en los planos más altos para hacer descender al mundo “aguas masculinas”. Estas “aguas masculinas” son las “aguas” de la benevolencia que fluyen en cada una de las 248 mitzvot positivas y son contenidas en ellas, las que, todas, son de la naturaleza de “bondad” y “aguas masculinas”. Esto significa atraer la santidad de Dios desde arriba hacia abajo, para que se invista en los planos inferiores, como ha sido explicado en otra parte.

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  1. mario perez rodriguez
    15 junio, 2017 at 11:39 am

    maravillosa cada explicacion del tania, la sabiduria de los sabios del pueblo judia sobrepasa enormemente toda la pseudosabiduria de los llamados sabios entre las naciones, cada enseñanza es un despertar de la chispa divina en nuestro interior, nos gustaria amados tzadik que le agregaran explicaciones o comentarios tambien a algunos de los capitulos de los libros. shalom.

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