Bein Hametzarim – El Dominio de Esav

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Posted on julio 17, 2017

BH

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El Dominio de Esav Durante los Meses de Tamuz y Av

El Ben Ish Jai trae las palabras de los comentaristas en nombre de los Sabios respecto a que el malvado Esav tomó el control de tres meses: Tamuz, Av y Elul. Iaakov logró el dominio de los meses de Nisán, Iar y Siván; luchó contra Esav y le quitó el dominio sobre el mes de Elul, por eso éste es un mes de misericordia y de perdón en el cual Dios está cerca de todos aquellos que lo invocan con sinceridad (Ben Ish Jai, Primer Año Devarim). Agregan los comentaristas que en el futuro Iaakov tomará de Esav también los meses de Tamuz y Av, y estos se transformarán de ser meses de duelo en Iom Tov, tal como está escrito: “El cuarto ayuno y el quinto ayuno… serán para Iehudá alegría y regocijo, festividades” (Zejariá 8:19). De aquí aprendemos que el nueve de Av que es el día más triste del año, en el futuro será una festividad de enorme alegría. Si prestamos atención veremos que los meses de Tamuz y Av efectivamente son meses difíciles para el pueblo de Israel, días en los cuales ocurrieron muchas desgracias (Taanit 26a). Los Sabios dicen que en Tamuz y Av el Atributo de la Justicia está atento sobre Israel, y por eso el peligro es tan grande (Ejá Rabá 1:29).

En estos meses disminuimos la alegría, porque el diecisiete de Tamuz Moshé Rabenu quebró las Tablas, se dejó de ofrecer la ofrenda del Tamid que era un escudo protector para Israel y los romanos abrieron una brecha en la muralla pudiendo ingresar a la ciudad sagrada de Jerusalem (Taanit 26a). Además, el nueve de Av fueron destruidos los dos Templos (Ibíd. 26b), como castigo porque en ese mismo día los israelitas habían llorado en vano al ceptar el informe de los espías que hablaron lashón hará de la Tierra de Israel, a pesar de que Dios les había prometido que era una tierra buena (Taanit 29a). Asimismo a lo largo de las generaciones en estos días hubo terribles decretos, pogroms y expulsiones.

En cambio los meses que están bajo el dominio de Iaakov Avinu son meses de buena suerte y bendición, porque en el mes de Nisán los israelitas fueron redimidos y con ayuda del Cielo serán nuevamente redimidos en el futuro, tal como está escrito: “En Nisán fueron redimidos y en Nisán serán redimidos en el futuro” (Rosh Hashaná 11a). El mes de Iar es un mes propicio para la curación, tal como se aprende a partir del nombre mismo del mes formado por las letras iniciales de las palabras del versículo: “Ani Hashem Rofeja” (Yo soy el Eterno tu sanador) (Shemot 15:26) (Ismaj Israel Metzorá 2). Por su parte el mes de Siván es el mes en el cual Dios bajó con todo Su resplandor y entregó la Torá a Israel, sobre la cual está escrito que es como un documento de compromiso entre nosotros y el Creador (Shemot Rabá 46:1).

Debido a que los meses de Tamuz y Av se encuentran bajo el dominio de Esav, en ellos debemos esforzarnos para reducir su poder y a la Cualidad de la Justicia que nos acusa. Esto lo logramos a través del estudio de la Torá, llevando a cabo buenos actos y siendo meticulosos en nuestras relaciones con los demás. Además estos son meses de vacaciones en los cuales se sale del marco fijo y se va de paseo a diferentes lugares. El peligro espiritual durante estos meses se duplica, tanto por ser días de vacaciones como a causa del calor, lo cual lleva a que se incremente la falta de recato y a que sea muy fácil caer viendo cosas prohibidas.

Además durante los días de Bein HaZemanim se descuida en cierta medida el estudio de la Torá, porque no se mantiene el marco de estudio fijo de todo el año, y en consecuencia la Inclinación al Mal se refuerza tratando de llevar a caer a las personas. Es sabido que si deseamos disminuir la fuerza de la Inclinación al Mal durante estos meses tan difíciles, debemos apegarnos a la sagrada Torá que nos cuida y nos salva. Solo a través de la Torá podemos disminuir la fuerza del Satán y acallar a los acusadores. Pero en cambio si caemos en el pecado de Bitul Torá y en la falta de recato, esto despierta fuertes acusaciones, y entonces el peligro es muy grande.

Entre el diecisiete de Tamuz y el nueve de Av hay tres semanas, es decir veintiún días los cuales con el kolel suman veintidós, de manera paralela a las veintidós letras de la Torá. Esto nos enseña que la manera de salvarnos de los peligros de estos días llamados Bein HaMetzarim (entre los estrechos, los sufrimientos) es apegarnos a las veintidós letras de la Torá que fue entregada en el Monte Sinaí.

También aprendemos del Zohar (Primera Parte 170b) que el año tiene trescientos sesenta y cinco días paralelos a las trescientas sesenta y cinco mitzvot negativas contrapuestas a los doscientos cuarenta y ocho tendones. De esta manera cada día del año es paralelo a una prohibición de la Torá, y cuando nos cuidamos de nos transgredir ese precepto también estamos corrigiendo el tendón de nuestro cuerpo que es paralelo a esa prohibición, y también el día del año correspondiente a esa mitzvá.

Cuando el ministro de Esav luchó contra Iaakov Avinu quiso dominar todos sus miembros para poder de esa forma controlar todos los días del año que son paralelos a las mitzvot negativas de la Torá. Al ver eso, Iaakov le permitió al ángel dominar sobre su guid hanashé (nervio ciático) que corresponde al nueve de Av. Iaakov pensó que debía darle al ángel esa mitzvá para saciar su hambre, para que el ángel se conformara con los miembros que le dieron y lo dejara en paz.

Pero la Torá se adelantó a esto al ordenar a sus hijos no comer el guid hanashé. Por lo tanto el ángel también perdió el dominio que tenía sobre ese tendón, porque cuando los israelitas cumplen con el decreto que les dio su patriarca Iaakov y evitan comer el guid hanashé, anulan el dominio y el poder que tiene el ministro de Esav sobre ese tendón que es paralelo al nueve de Av. Se trata de algo sumamente profundo, porque el nueve de Av los hijos de Israel no comen ni beben, por lo cual necesariamente tampoco consumen el guid hanashé, tanto porque en este día está prohibido comer y beber como porque se les prohibió comer el guid hanashé durante todos los días del año. De esta forma el ministro de Esav pierde por partida doble: incluso el tendón que recibió cuenta con una mitzvá paralela que disminuye su poder sobre el mismo y además porque el nueve de Av los israelitas no comen ni beben y en consecuencia no llegarán a caer comiendo el guid hanashé.

De todo esto aprendemos que el hecho de ser meticulosos en el cumplimiento de la mitzvá de guid hanashé que es paralela al nueve de Av, disminuye la potencia de las fuerzas de la impureza representadas por el ministro de Esav. Y dado que el cumplimiento de esta mitzvá es paralelo al nueve de Av, incrementa los méritos de Israel precisamente en este día triste y difícil en el cual la Cualidad de la Justicia está sobre el pueblo de Israel.

Podemos agregar que las fuerzas de la impureza intentan incrementar su poder el nueve de Av debido a que existe la prohibición de estudiar Torá. Como ya hemos dicho, la Torá salva y protege a la persona del pecado (Sotá 21a). Por lo tanto a pesar de que los israelitas eviten comer el guid hanashé que es paralelo al nueve de Av, de todas maneras siguen encontrándose en peligro de sufrir calamidades en este día, porque no estudian Torá que es el antídoto contra la Inclinación al Mal (Kidushín 30b) y que cuida a la persona de los dañadores (Berajot 5a). Por lo tanto debemos reforzarnos en el estudio de la sagrada Torá durante todos los días del año con la esperanza de que ese estudio logre protegernos y salvarnos el día nueve de Av, cuando tenemos prohibido estudiar.

El cuerpo humano tiene doscientos cuarenta y ocho miembros y trescientos sesenta y cinco tendones, paralelos a las doscientos cuarenta y ocho mitzvot positivas y a las trescientos sesenta y cinco mitzvot negativas (Zohar Primera Parte 170b). En consecuencia el cuerpo humano es como un sefer Torá vivo (Shabat 105b). Tal como el diecisiete de Tamuz comenzó la destrucción espiritual del pueblo de Israel, así también en este momento tiene lugar la destrucción particular de cada judío, porque la destrucción de Jerusalem no es simplemente un símbolo de la destrucción de maderas y piedras sino fundamentalmente de la terrible destrucción espiritual. Dado que esperamos que Dios reconstruya el Templo y pose allí Su Presencia, debemos comenzar a construir el edificio espiritual construyendo nuestros espíritus, nuestros cuerpos y nuestras almas que son paralelos a las mitzvot de la Torá. Para poder curarnos de la enfermedad del exilio, en primer lugar debemos curar nuestros cuerpos de todas las enfermedades espirituales que sufre, porque la destrucción del Bet HaMikdash de hecho es la destrucción personal de cada judío. Cada ser humano en el cual hay espíritu Divino se asemeja a un Bet Mikdash en miniatura y un lugar donde puede posarse la Presencia Divina, tal como está escrito: “Háganme un Santuario y habitaré en ellos” (Shemot 25:8) – es decir dentro de cada judío (Etz HaDat Tov Ki Tisá; Nefesh HaJaim 1:4).

Cuando los profetas preguntaron: “¿Por qué ha perecido la tierra?”, Dios les respondió: “Porque abandonaron Mi Torá”. Esto significa que si los otros pueblos lograron destruir el Bet HaMikdash, eso se debió a que previamente Israel mismo había destruido sus Bet HaMikdash personales dentro de sus propios cuerpos. Si la destrucción se debió al pecado de haber abandonado el estudio de la Torá, la corrección es volver a conectarnos con las palabras de la sagrada Torá y con sus mitzvot, las cuales construyen el edificio personal de cada ser humano hasta llegar a tener el mérito de que sea reconstruido el Templo Sagrado.

Una persona vino a verme y se quejó de tener terribles dolores en el brazo izquierdo. Le pregunté si sufría problemas de corazón y me dijo que no. Le seguí formulando preguntas para averiguar si tenía alguna clase de problema médico. Después de haber respondido negativamente a todas mis preguntas, le pregunté si se colocaba tefilín, y también a esto me respondió que no. Entonces le propuse que comenzara a colocarse tefilín, porque el tefilín del brazo se coloca sobre el brazo izquierdo, contra el corazón de la persona. Le dije que tal vez Dios le envió señales a través del dolor en el brazo izquierdo para despertarlo para que comenzara a cumplir con esta mitzvá. Entonces me respondió: “¿Por qué el Rab mezcla temas médicos y religiosos? ¡Cada cosa va por su lado!”. Le expliqué que estaba equivocado, porque los miembros del cuerpo son paralelos a las mitzvot de la Torá y por lo tanto existe entre ambos una fuerte conexión. Además sabemos que Dios creó el mundo con la palabra (Tehilim 33:6), pero al hombre lo creó con Sus propias manos (Avot de Rabí Natan 81:48), para que sepa que cada miembro y cada tendón de su cuerpo fue creado por Dios de manera correspondiente a una mitzvá de la Torá, y que su misión es santificar sus miembros, corregirlos y elevarlos a través del cumplimiento de las mitzvot.

Esta persona no hizo caso a mi consejo y a pesar de mi explicación siguió diciendo que no existe ninguna relación entre los tefilín y su dolor. Lamentablemente esta persona falleció. La viuda de ese hombre vino a verme y me preguntó si ahora era posible colocarle tefilín, antes de que lo enterraran. Le respondí que el mérito de cumplir la mitzvá de tefilín existe únicamente mientras la persona está viva. Al morir se pierde ese privilegio. Es sumamente doloroso que los seres humanos estén dispuestos a escuchar cualquier cosa que el médico les diga, y a gastar muchísimo dinero comprando medicamentos y pagando tratamientos, pero cuando se trata de cumplir mitzvot y hacer la voluntad Divina, cierran completamente los oídos.

Existe una medicina física a través de medicamentos, inyecciones y diversos tratamientos y existe también una medicina espiritual que consiste en el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot (Mishlei 3:8). Cuando Dios redimió al pueblo de Israel de Egipto en el mes de Nisán, sus cuerpos y sus almas estaban enfermos porque habían caído en los cuarenta y nueve niveles de impureza (Zohar Jadash, Parashá Itró). El pueblo de Israel se curó de su enfermedad al volver en completa teshuvá. Además la fuerza propicia del mes de Iar los ayudó a recuperarse de su enfermedad espiritual hasta que pudieron llegar a tener el mérito de recibir la Torá el seis de Siván. Dado que los israelitas estaban sanos y completos en el sentido espiritual, todos aquellos que tenían defectos físicos se curaron ante la entrega de la Torá (Tanjuma Itró 8), porque la perfección espiritual es paralela a la perfección corporal. Por eso al recibir la Torá todos los que tenían algún problema corporal se curaron.

Después de que los israelitas se curaran gracias a la Torá, fueron e hicieron el Becerro y cometieron otros graves pecados, en consecuencia sus cuerpos volvieron a enfermarse. Pero la enfermedad espiritual tuvo lugar el nueve de Av, el día en el cual los espías regresaron de la Tierra de Israel y hablaron lashón hará de ella. Por lo tanto la obligación de corregirnos espiritualmente rige durante todos los días del año, pero especialmente durante los meses de Tamuz y Av que se encuentran bajo el poder de Esav y la Cualidad de la Justicia está más atenta a lo que hace Israel. A continuación de estos meses, Dios nos otorgó el mes de Elul que es un mes de misericordia y perdón, para que podamos acercarnos a Él y curarnos de todas las enfermedades espirituales que se nos hayan apegado. La persona que vuelve en teshuvá se transforma en un bebé sano y perfecto.

Dice la Torá que cuando Pinjás entendió que la epidemia que atacaba a Israel era consecuencia del pecado del Nasí de la tribu de Shimón con la midianita, fue con una lanza (romaj) para matarlos (Bamidbar 25:7-8). Explican los libros sagrados que Pinjás alude a la curación, y esto queda aludido en la palabra romaj (lanza) cuyas letras son equivalente a ramaj (doscientos cuarenta y ocho) miembros. La palabra beiadó (en su mano) con el kolel tiene el mismo valor numérico que la palabra guidav (sus tendones). Esto significa que Pinjás fue con la perfección de sus miembros y de sus tendones para curar y corregir el daño provocado en Israel.

No sólo murió Zimrí ben Salú sino que junto con él fallecieron veinticuatro mil personas (Bamidbar 25:9), como consecuencia de no haber manifestado su rechazo a su comportamiento. Si los israelitas no se opusieron a Zimrí, eso nos muestra que sufrían una enfermedad espiritual. Cuando Pinjás mató a Zimrí y a Kozbí de un golpe de lanza, logró corregir la enfermedad espiritual que había en el pueblo y los curó, por eso la epidemia se detuvo de inmediato. Por eso Pinjás tuvo el mérito de que dijeran sobre él: “Le otorgo Mi pacto de paz” (Ibíd. Versículo 12), medida por medida por haber llevado la curación espiritual completa al pueblo de Israel.

Cuando Dios le dijo a Moshé: “Ve, desciende, pues tu pueblo se ha corrompido” (Shemot 32:7), era el diecisiete de Tamuz, el día en el cual fueron quebradas las primeras Tablas (Taanit 26b). Diecisiete es también el valor numérico de la palabra tov (bueno), y no hay bien fuera de la Torá (Avot 6:3). En Guematria ketaná (sumando las cifras del número) obtenemos ocho, aludiendo al octavo mundo, que se encuentra por encima de todos los demás mundos. Esto nos enseña que a pesar de que el diecisiete de Tamuz es un día de enojo Divino y propicio para las desgracias, de todas maneras existe la esperanza de corrección, a través del cumplimiento de la sagrada Torá, sobre la cual está escrito: “Les entrego una buena porción, no abandonen Mi Torá” (Mishlei 4:2). Cuando Israel está apegado a la Torá, anula a todos los dañadores y acusadores (Berajot 5a) e incluso un día difícil y doloroso como el diecisiete de Tamuz en el cual Israel pecó con el Becerro de Oro y se abrió una brecha en las murallas, puede transformarse de ser un día de duelo en un Iom Tov. Cuando la persona está apegada a la Torá que es llamada Tov (Avot 6:3), tiene el mérito de recibir el octavo mundo que es el mundo eterno.

Asimismo a pesar de que el mes de Av se encuentra en poder de Esav, este mes nos sigue recordando que tenemos un Aba (Padre) misericordioso y bondadoso que nos cuida y supervisa todos nuestros actos. Simplemente tenemos que manifestar nuestro deseo de acercarnos a Él.


La Manera en Que Podemos Llegar a Sentir la Falta de la Presencia Divina

Recuerdo que cuando era un niño en Marruecos, el nueve de Av las mujeres rasgaban sus vestiduras debido al terrible dolor que sentían. Cuando me sentaba en el suelo del Bet HaKneset al lado de mi padre ztk”l no podía dejar de llorar junto a él, porque su llanto y sus gritos de dolor llegaban hasta el Cielo. Quien nos veía el nueve de Av pensaba que habíamos perdido a algún ser querido debido al terrible sufrimiento que teníamos. Estoy seguro de que tal como en esos días en Marruecos lloraban y sufrían por la destrucción, sesenta años después nos resulta sumamente difícil llorar y lamentarnos sinceramente por ello, y las lágrimas son solamente “de los ojos hacia afuera”.

Sabemos que Dios destruyó el Bet Mikdash debido a los pecados de Israel que le volvió la espalda al Creador y a Su Torá. Podríamos pensar que al destruir el Templo Dios se estaba castigando a Sí mismo, porque el Bet HaMikdash era Su lugar de residencia, el lugar en el cual se revelaba la Presencia Divina. ¿Por qué dañó Su casa? Para enseñarnos algo. Podemos comparar esto con un rey cuyo pueblo lo hace enojar constantemente y que perdió las esperanzas de que mejoren. El rey decide destruir su palacio y alejarse del pueblo. Aparentemente el castigo que eligió el rey para castigar a su pueblo lo afecta principalmente a él mismo. Podría haber impuesto duros castigos al pueblo mismo, destruir sus casas y azotar sus cuerpos. ¿Qué sentido tiene que destruya su propio palacio?

Podemos decir que mientras el Bet HaMikdash estaba de pie, él representaba el honor y la belleza de Israel y gracias a él el pueblo de Israel recibía mucho honor de los otros pueblos. Dado que el día de los judíos giraba en torno al Bet HaMikdash y a los sacrificios que se ofrecían en el mismo, él se convirtió en una parte inseparable del pueblo, como su mismo cuerpo. Hay personas que aman su dinero tanto como a su cuerpo y hay otros que lo aman todavía más que a sus propios cuerpos, y si se los llegan a quitar piensan que les hubiera convenido haber muerto. Por eso el dinero es llamado damim (sangre), para enseñarnos que los seres humanos suelen estar tan apegados a sus bienes como a la sangre que fluye por sus venas.

Salvando un millón de diferencias, el Bet HaMikdash era tan valioso e importante para los israelitas que sentían que formaba parte de su mismo ser. Por eso cuando Dios destruyó el Bet HaMikdash fue como si golpeara sus propios cuerpos. También podemos decir que debido a que Dios es un Padre misericordioso, prefirió descargar Su enojo sobre piedras y maderas antes que dañar al pueblo (Ialkut Shimoni Tehilim 824; Ejá Rabá 4:14). Por esta misma razón Dios no aceptó la plegaria de Moshé Rabenu cuando pidió entrar a la Tierra Santa, porque Él sabía que si Moshé entraba a la Tierra de Israel, efectuaría tal corrección del Bet HaMikdash que éste sería eterno. En consecuencia cuando los israelitas pecaran e hicieran enojar a Dios, no sería posible destruir el Templo debido a su perfección y todo el enojo Divino debería recaer sobre el pueblo de Israel. Pero Dios prefería destruir Su propia residencia antes que destruir al pueblo. Por eso no permitió que Moshé Rabenu ingresara a la Tierra de Israel.

En nuestros días no logramos sentir dolor por la destrucción tal como sentían nuestros antepasados una o dos generaciones atrás. Y podemos decir que esto se debe a que en esa época la vida era más verdadera y simple; no estaban constantemente ocupados en satisfacer sus propios placeres y en consecuencia podían sentir el dolor por el alejamiento de la Presencia Divina. Pero en cambio actualmente Bein HaZemanim (las vacaciones) comienza al otro día del nueve de Av, y en consecuencia en vez de concentrarnos en el dolor del día y llorar por la pérdida de la Presencia Divina, estamos todos ocupados planificando las vacaciones. En consecuencia no podemos llorar por la destrucción del Templo.

Mientras más nos rodeamos de materialidad, menos sensibilidad tiene nuestro corazón, estando completamente ocupado en buscar placeres físicos en ver de buscar espiritualidad y cercanía a Dios. Cuando vivíamos en Esauira en Marruecos, la vida era sumamente simple y cada persona tenía solamente aquello que era indispensable para sobrevivir. Y a veces ni siquiera eso. Sabemos que la persona está compuesta de dos partes que se oponen entre sí: la parte material que es el cuerpo que la arrastra hacia abajo, y la parte espiritual que es el alma y la empuja hacia arriba. Existe una guerra constante entre el cuerpo y el alma: mientras más incrementa el cuerpo sus deseos, el alma pierde su poder y a la inversa: mientras más se limita lo material y lo externo, el alma se potencia y lleva a la persona hacia lo más elevado.

Por lo tanto para poder sentir dolor por la destrucción y llorar por el alejamiento de la Presencia Divina tal como lloraron nuestros antepasados una o dos generaciones atrás, debemos limitar nuestros deseos externos que opacan nuestro ser espiritual y nos alejan de nuestra fuente pura. Obviamente que en nuestros días el duelo por la destrucción debe alejar completamente de nuestros pensamientos todo plan para las vacaciones y debemos concentrarnos en la medida que nos sea posible en el sufrimiento de la destrucción, con la esperanza de que el hecho de concentrarnos en el tema del día alejando pensamientos ajenos, llegue a brindarnos la capacidad de llorar sinceramente por la destrucción.

Una persona me preguntó qué beneficio tiene llorar por la destrucción. ¿Acaso el llanto puede ayudarnos a lograr algo? Le respondí que cuando lloramos y nos lamentamos por la destrucción, le mostramos a Dios que sentimos Su falta. Cuando Dios vea que efectivamente sentimos Su ausencia y que deseamos que retorne a nuestro lado, Él traerá nuevamente Su Presencia. De manera similar, cuando vemos un pequeño bebé que llora porque tiene hambre o sed, su llanto despierta misericordia porque sabemos que todas sus necesidades dependen de nosotros y si no las satisfacemos él por sí mismo no puede hacer nada. También Dios es nuestro Padre misericordioso y nosotros somos como un pequeño bebé en Sus brazos. Cuando Dios nos oiga llorar y pedirle Su cercanía, sin ninguna duda se apresurará en traernos la redención completa.

Cuentan que cuando Napoleón regresaba coronado de gloria de la guerra, los judíos salían a recibirlo llevando en sus manos un sefer Torá. Una vez Napoleón regresó de una dura batalla y se sorprendió mucho de que los judíos no hubieran salido a recibirlo. Cuando les preguntó a sus soldados qué había pasado, le respondieron que ése era un día de duelo para los judíos debido a la destrucción de su Templo. Por eso no habían podido salir a recibirlo. Napoleón quiso ir a un Bet HaKneset y ver cómo los judíos guardaban duelo. Al ver a los judíos sentados en el suelo y llorando, Napoleón les preguntó por qué lloraban. Le respondieron que el llanto se debía a la destrucción del Templo dos mil años antes. Napoleón les dijo: “Si siguen llorando por su Templo después de tantos años, se debe a que todavía sienten su falta y tienen fe firme en que su Dios volverá a construirlo. Si sienten con tanta claridad su falta, siendo capaces de llorar por eso, estoy seguro de que finalmente serán redimidos y el Templo será reconstruido”.

Está escrito: “Una generación en la cual el Templo no fue reconstruido debe considerarse como si en esa misma generación éste hubiese sido destruido” (Ierushalmi Ioma capítulo 1, halajá 1). La explicación es que si no tuvimos el mérito de que el Bet HaMikdash fuera reconstruido en nuestros días, eso significa que no sentimos lo suficiente la carencia de Dios. Obviamente de haber vivido en la época del Bet HaMikdash, nuestra frialdad en el servicio Divino hubiera provocado la destrucción. Esto es sumamente duro y no hay nadie que pueda liberarse y decir que sus manos no derramaron esa sangre, porque de haber vivido en la época de la destrucción, la tragedia también hubiera sido considerada su responsabilidad.

Como hemos dicho, la manera de poder llegar a sentir la falta de la Presencia Divina es disminuyendo lo material, lo cual lleva al crecimiento espiritual y a desear estar cerca de Dios. Que tengamos el mérito de ver muy pronto la redención completa y la reconstrucción del Bet HaMikdash, prontamente en nuestros días, Amén.


Torá con Derej Eretz

Dicen los Sabios que después de la destrucción del Templo los Sabios preguntaron: “¿Por qué fue destruida Jerusalem?”. Al no poder encontrar una razón le preguntaron a Dios y Él les respondió: “Porque abandonaron Mi Torá” (Irmihá 9:12). También dicen los Sabios que la destrucción del Templo fue provocada por el odio gratuito que había entre los judíos. Debido a que los judíos no se respetaban ni se honraban mutuamente, Dios destruyó el Templo (Ioma 9b).

El nueve de Av está prohibido estudiar Torá, porque la Torá alegra el corazón de la persona. Dado que el nueve de Av es un día de duelo por la destrucción del Bet HaMikdash, nuestros Sabios nos ordenaron no estudiar Torá, para no despertar alegría en nuestro corazón. Una persona en duelo no se ocupa en cosas que le provocan alegría. La prohibición de estudiar Torá el nueve de Av es un castigo medida por medida: dado que el pueblo de Israel abandonó la Torá y la dejó de lado, ahora incluso cuando desean sentarse a estudiar Dios se los impide, porque la mitzvá es permanecer tristes y en duelo.

Dice en Pirkei Avot (3:17): “Si no hay Torá no hay derej eretz y si no hay derej eretz no hay Torá”. La explicación de esta Mishná es que Torá y derej eretz dependen uno del otro. Cuando falta Torá, también falta derej eretz, porque como sabemos sin las leyes de la Torá las personas  se comerían vivas las unas a las otras. Además el derej eretz es una condición básica para el cumplimiento de las palabras de la sagrada Torá, por eso los Sabios dijeron: “Derej eretz antecede a la Torá” (Tana debe Eliahu Rabá 1).

La Guemará dice que la causa de la destrucción del Templo fue la historia de Kamtza y Bar Kamtza (Guitín 55b). En la época del Bet HaMikdash había dos personas que se odiaban mutuamente. En una oportunidad uno de ellos organizó un gran banquete para todos sus amigos y le ordenó a su sirviente que fuera a invitar a sus conocidos para el exclusivo festín. Pero el sirviente se equivocó y en vez de invitar a Kamtza –el amigo de su amo- fue e invitó a Bar Kamtza, que era su enemigo acérrimo.

Al llegar el día del banquete, Bar Kamtza se preparó para asistir al mismo pensando que el dueño de casa deseaba hacer las paces y por eso lo había invitado. Bar Kamtza entró al salón, se sentó en una de las mesas y comenzó a probar la comida que le sirvieron. Cuando el dueño de casa caminó entre las mesas saludando a sus invitados, de pronto vio a Bar Kamtza, su enemigo, y le dijo que saliera de inmediato del lugar. Bar Kamtza entendió que había ocurrido un error y que el anfitrión no deseaba hacer las paces. De todas maneras le pidió que le permitiera permanecer sentado ante el resto de los huéspedes importantes. Bar Kamtza temía tanto pasar vergüenza que incluso ofreció pagar todos los gastos del banquete, cualquier cosa con tal de no tener que pasar semejante humillación pública al tener que retirarse del salón. El dueño de casa no aceptó de ninguna manera, y a pesar de la terrible vergüenza que eso le provocaría, le ordenó que se levantara y se marchara de inmediato.

En ese banquete estaban presentes muchas personalidades importantes de la generación, pero a pesar de ver la vergüenza que le provocaban a Bar Kamtza nadie intervino, sino que continuaron disfrutando del banquete. Como es sabido, el silencio es como una aprobación (Baba Metzía 37b). Por eso Bar Kamtza sintió que los Sabios estuvieron de acuerdo con la manera de actuar del anfitrión; porque de haberse opuesto no hubiesen permanecido en silencio sin tratar de salvar su honor. La vergüenza y el enojo de Bar Kamtza por lo que le había sucedido y contra los Sabios que no lo habían defendido fue tan grande, que planeó la manera de dañar al pueblo judío.

Bar Kamtza decidió dirigirse al emperador romano y decirle que los judíos deseaban rebelarse en su contra. Hasta ese momento el emperador había creído en la lealtad de los judíos y disfrutaba de los impuestos que le pagaban. Por lo tanto en un primer momento no le creyó, pero aceptó poner a prueba el grado de lealtad de los judíos enviando un sacrificio para corroborar si lo honraban ofreciéndolo sobre el altar o si evitaban hacerlo.

El emperador romano envió a Jerusalem un cordero y esperó el desarrollo de los acontecimientos. Los judíos quisieron ofrecer el cordero como señal de honor hacia el reinado, pero lamentablemente descubrieron que el cordero tenía un defecto y no era digno de ser ofrecido sobre el altar. Bar Kamtza había sido quien provocó la lastimadura en el labio del cordero para que los judíos no pudieran sacrificarlo. De esa forma podría demostrarle al emperador que los judíos no acataban sus órdenes y deseaban rebelarse. Cuando el emperador vio que su ofrenda no había sido aceptada por los judíos y que no la sacrificaban en el altar, de inmediato pensó que las palabras de Bar Kamtza eran correctas y envió a Aspasianus (Vespasiano) a Jerusalem para destruirla como castigo por la traición de los judíos.

Por eso los Sabios dicen que lo que provocó la destrucción fue el odio gratuito (Ioma 9b), porque si el anfitrión del banquete hubiese permitido que Bar Kamtza se quedara en el mismo sin avergonzarlo públicamente, no hubiera surgido esa calumnia contra los judíos y se hubiera evitado la destrucción. Asimismo hubo una acusación contra los Sabios de la generación que continuaron disfrutando del banquete sin intentar hablar directamente al corazón del anfitrión para intentar salvar el honor de Bar Kamtza. Esos Sabios realmente eran grandes en Torá, pero tenían una pequeña falta en derej eretz. Debido a que los Sabios tenían un defecto en la base de derej eretz, su Torá y su grandeza no les sirvió de nada y ellos mismos fueron los que provocaron la destrucción.

La Torá es como un libro de consejos para la persona (Zohar Segunda Parte 82b). ¿Qué beneficio tiene el estudio si la persona no aprende del mismo sino que sigue comportándose de acuerdo con sus propios deseos? Esto es similar a una persona que va al médico y recibe una receta para medicamentos, pero en vez de comprarlos y utilizarlos, arroja la receta a la basura. Si bien esa persona no descuida completamente su salud -y por eso fue al médico- eso no le trae ningún provecho, porque no actúa de acuerdo con las instrucciones del médico. La Torá es el elixir que cura a la persona porque tiene la fuerza de corregir sus cualidades, pero si la persona no trabaja sobre sus cualidades a través de la Torá y no trata de crecer y de desarrollar su derej eretz, su Torá no tiene ningún provecho, porque como dijeron nuestros Sabios: “Si no hay derej eretz no hay Torá (Avot 3:17).

Si tomamos las iniciales de Tishá beAv (nueve de Av) -la letra tet (nueve) y la alef-, obtenemos el número diez. Y si sumamos las últimas letras – hei y bet- obtenemos siete. Sumando estas dos cifras obtenemos diecisiete, igual al valor de la palabra tov (bueno). Y ya dijeron los Sabios que no hay bien fuera de la Torá (Avot 6:3), tal como está escrito: “Les entrego una buena porción, no abandonen Mi Torá” (Mishlei 4:2). Por lo tanto, dado que la Torá es el bien verdadero, Dios no les permite a Sus hijos estudiarla en el día de duelo, para que en vez de que cada persona se concentre en su propio bien y disfrute del estudio de la Torá, cada uno efectúe un examen de conciencia y refuerce su temor al Cielo para que la Torá pueda actuar sobre ella influyéndola para bien y bendición.

Hay una historia maravillosa respecto al gran Baal HaMusar Rabí Israel Salanter ztk”l. En una oportunidad Rabí Salanter viajó en tren rumbo a la ciudad de Vilna para dirigir sus palabras a los judíos del lugar, quienes lo esperaban con ansias. Durante el viaje se sentó al lado de Rabí Salanter un joven abrej que le pidió que dejara de fumar. Rabí Israel aceptó el pedido y dejó de fumar a pesar de encontrarse sentado en la sección en la cual estaba permitido fumar. Un rato más tarde el  joven abrej le pidió a Rabí Israel que cerrara la ventanilla porque le hacía frío, y también en esa oportunidad Rabí Salanter aceptó su pedido, a pesar del tono ofensivo en el cual el joven se había dirigido y sobre todo a pesar de que no había sido él quien abrió la ventanilla.

Al llegar a destino el joven abrej vio que había mucha gente esperando en la estación. Cuando preguntó a quién esperaban le dijeron que en ese tren llegaba el Rab Israel Salanter. Su vergüenza fue enorme al corroborar que el Rab Salanter era la persona que había viajado a su lado, quien había respondido positivamente a todos sus pedidos. El abrej se acercó a Rabí Salanter y le pidió perdón. Rabí Israel le dijo que regresara al otro día. Al día siguiente el abrej llegó nuevamente a pedirle perdón al Rab Salanter. Antes de que el joven se marchara, Rabí Israel le preguntó para qué había viajado a Vilna y le respondió que había llegado para ser examinado sobre las leyes de Shejitá, para recibir semijá como rabino. Rabí Israel le deseó buena suerte y le pidió que regresara a contarle si había tenido éxito en el examen.

Poco tiempo después el abrej regresó y le contó que había fracasado en el examen. Rabí Israel le propuso contratar a alguien para que le enseñara de forma particular las leyes de Shejitá antes de volver a rendir el examen. El consejo de Rabí Israel fue muy valioso y finalmente el abrej regresó a contarle que había logrado aprobar el examen. Entonces el joven manifestó su sorpresa: “Rab, hay algo que no entiendo. ¿Cómo es posible que después de que yo haya sido poco respetuoso con usted, haya tenido el mérito de recibir su más sincera bendición? No sólo eso, sino que su preocupación fue tan auténtica que incluso me recomendó que estudiara con alguien para poder pasar el examen. No sólo que el Rab no me guarda rencor sino que realmente se preocupa por mí como un padre por su hijo”.

El Rab Salanter le respondió: “Cuando estuvimos juntos en el tren, sentí cierto enojo por su comportamiento, pero todo el tiempo me repetí a mí mismo que tenía prohibido enojarme. Cuando vino a pedirme disculpas me alegré mucho pensando que el enojo saldría de mi corazón, pero pensé que para poder estar seguro de que realmente lo había perdonado, no era suficiente con quitar el enojo sino que debía ayudarlo en todo lo que me fuera posible. Solamente entonces podría estar seguro de que efectivamente no le guardaba rencor (BeMejitzá Rabenu (HaGri Kamenetzki ztk”l) página 65).

Dios nos envió a los grandes sabios cuyo comportamiento desborda de derej eretz y de buenas cualidades, hasta llegar a asemejarse a un libro vivo de musar. Esto es para que podamos observar sus actos y aprender de ellos.

Podemos decir que el verdadero amor al prójimo es un amor sin intereses personales mezclados. Un amor sin condiciones y sin el deseo de obtener algún beneficio en el futuro. Muchas veces nos descubrimos comportándonos de manera agradable con alguien porque lo necesitamos y en consecuencia deseamos hallar gracia a sus ojos. También la entrega al prójimo a menudo se debe al deseo de recibir algo a cambio. Es vergonzoso que haya personas que no puedan recibir nada de nosotros porque no tienen nada que brindarnos, y en consecuencia no nos resulta lucrativo invertir en ellas. Debemos entender que si el Bet HaMikdash fue destruido a causa del odio gratuito y la falta de derej eretz que provocó un daño en la Torá, en el futuro el Templo será reconstruido cuando se incremente el derej eretz, las buenas cualidades, el amor al prójimo y obviamente cuando se refuerce el estudio de la sagrada Torá.

Conozco a un joven que hace algunos años fue a invitar a la gente a participar en la hilulá de Rabí Meir Baal HaNes. Este joven aceptó la misión con enorme entrega y no con el objetivo de obtener un premio. Lamentablemente, mientras el joven iba de casa en casa invitando a la gente, una persona trastornada le disparó cuatro tiros. Su vida estaba en peligro. La madre del joven vino a verme y me dijo que no era posible que su hijo resultara dañado cuando estaba ocupado en un acto de bien al ir a invitar a la gente a la hilulá. ¡No era posible que fuera castigado y muriera!

Al oírla le dije que tenía razón y que sin ninguna duda desde el Cielo reconocieron la bondad de su hijo al preocuparse por ayudar a los demás sin recibir nada a cambio. Por lo tanto seguramente le enviarían una completa curación. Después de haber estado tres meses dormido, ante la sorpresa de todos el joven se despertó y día a día se fue recuperando hasta curarse completamente. A veces es suficiente observar los actos simples de cada día para entender el sentido de la vida y comprender que la Torá efectivamente salva y protege a la persona, mucho más cuando se trata de Torá con derej eretz.


Despertarse en Este Mundo

“Vuelve a nosotros Eterno y nosotros volveremos a Ti. Renueva nuestros días como en los tiempos antiguos”

(Ejá 5:21).

El libro Ner Israel explica este versículo. A veces le decimos a Dios: “Si vuelves a nosotros, nosotros volveremos a Ti, y entonces podrás renovar nuestros días como en el pasado”. Debemos saber que el despertar que la persona tiene en este mundo surge de ella misma y a través de ese despertar personal hay un despertar de los mundos superiores, tal como dice el Zohar (Primera Parte 88a): “A partir de un despertar inferior viene un despertar superior”. Esto significa que sin ese despertar inferior no hay despertar superior, como está escrito: “Abran una entrada como el ojo de una aguja y Yo les abriré portones como los de un salón” (Pedido de Tashlij del Jidá).

El Ner Israel pregunta: si el despertar superior depende del despertar en este mundo, ¿cómo fue que Dios se despertó y decidió crear el mundo? Podemos decir que antes de crear el mundo Dios creó varias cosas: las almas de los tzadikim, la Torá y la teshuvá. Las almas de los tzadikim son las que alentaron a Dios a crear el mundo. Por lo tanto las almas de los tzadikim son las que provocaron el despertar superior.

 

Esto es lo que decimos: “Vuelve a nosotros Eterno y nosotros volveremos a Ti”. Esto significa: llévanos de regreso al estado en el cual estuvimos antes de la creación, cuando nuestra alma era pura y con la fuerza de pedirte que crearas el mundo. Pero ahora, dentro del mundo material, no tenemos la fuerza de despertarnos y retornar a Ti solos.

Es sabido que cada judío tiene una porción en el Mundo Venidero (Sanhedrín 90a). Por eso le pedimos a Dios que esa porción que tenemos en el Mundo Venidero despierte los mundos superiores para ayudarnos a volver en completa teshuvá.

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