Bein Hametzarim

Published by

Posted on julio 17, 2017

BH

Print


Un Aprendizaje a Partir de las Parashiot Koraj-Jukat-Balak

Las parashiot Koraj, Jukat y Balak se leen en el mes de Tamuz, que es un mes de duelo para el pueblo de Israel. Como es sabido, en el mes de Tevet los enemigos abrieron una brecha en la muralla de Jerusalem, en el mes de Tamuz lograron romper esa muralla (Irmiahu 52:7) y en el mes de Av incendiaron el Bet HaMikdash (Ibíd. Versículos 12-13). Por esta razón estos tres meses –Tevet, Tamuz y Av- son meses difíciles para el pueblo de Israel, propicios para las catástrofes, porque en estos meses el enojo Divino hacia el pueblo de Israel fue muy grande y se le da permiso para actuar al ángel destructor. La tragedia que comenzó para el pueblo de Israel en el mes de Tevet, que es llamado “el comienzo de la catástrofe”, es como el cáncer que una vez que ataca el cuerpo puede expandirse por él al grado en que ya no se lo puede dominar. De manera similar, cuando los israelitas comenzaron a pecar, despertaron el enojo Divino y en consecuencia no tardó en llegar la destrucción.

Tal como estos meses son propicios para las catástrofes, también son propicios para la iluminación y la redención, esto con la condición de que los israelitas vuelvan en completa teshuvá y corrijan sus malos actos, los mismos que causaron la destrucción del Templo. En estos meses hubo un ocultamiento de la Presencia Divina, pero cuando Israel corrige sus actos y vuelve en teshuvá, ese ocultamiento se transforma en revelación (Zejariá 8:16-19).

Dicen nuestros Sabios que precisamente estos tres meses en los cuales hubo un gran ocultamiento Divino, por un lado son propicios para la revelación de la luz Divina y por otro las catástrofes pueden ser muy grandes. Todo depende de nuestros actos. Como hemos dicho en el mes de Tamuz leemos las parashiot Koraj, Jukat, Balak, en las cuales se nos advierte que debemos cuidarnos de la envidia, del lashón hará y del orgullo y ser cuidadosos con las mitzvot que dependen de la tierra y obviamente de los decretos de la Torá que se encuentran en la parashá Jukat. Estas parashiot nos enseñan que si no cumplimos los decretos de la Torá tal como están escritos, Dios puede llegar a enviarnos a malvados como Balak y Bilam que provocaron una terrible destrucción en Israel.

Si prestamos atención veremos que aquí se encuentra un proceso de medida por medida: si el pueblo de Israel no cuida los decretos de la Torá que no tienen una explicación lógica, medida por medida Dios les envía enemigos que los odian e intentan destruirlos sin tener ninguna razón que lo justifique. Efectivamente, el pueblo de Israel no molestaba a Balak ni a su pueblo, porque Dios les había ordenado no enfrentar a los hijos de Moav. Pero de todas maneras Balak quiso dañarlos y envió a buscar a Bilam para hacer con él un pacto en contra de Israel.

No importa desde qué perspectiva analicemos la relación entre Balak y Bilam, no podremos llegar a entender cómo es posible que dos enemigos acérrimos se unieran para luchar contra Israel. Tampoco se entiende qué fue lo que llevó a Balak a desear el mal de Israel. La única manera de explicarlo es que en el momento en que Israel deja de cumplir con los decretos de la Torá que no tienen razones lógicas, también Dios deja que los enemigos salgan a luchar contra Israel sin ninguna razón ni motivo. Pero en cambio, cuando Israel cumple los decretos Divinos incluso sin entender sus razones, Dios hace que los pueblos del mundo amen a Israel sin razones lógicas.

Asimismo en la parashá Shelaj aprendemos respecto a la gravedad del pecado de lashón hará y de la calumnia, a causa de lo cual Israel mereció la destrucción de los dos Templos. Dios le dijo a Israel: “Ustedes lloraron en vano el nueve de Av cuando volvieron los espías después de recorrer la Tierra. En consecuencia este día se transformará en un día de llanto para las generaciones (Taanit 29a). De aquí aprendemos que el pecado de lashón hará es sumamente grave y que su origen es la envidia, el orgullo y el odio gratuito.

Debemos prestar atención a lo ocurrido con Koraj, quien fue tragado por la tierra junto con su familia y sus seguidores después de haber comenzado un enfrentamiento contra Moshé y Aharón debido a la raíz de envidia y orgullo que existía en él. También Balak y Bilam lucharon contra Israel debido a su orgullo y su deseo de honor. Vemos cuán negativas son estas cualidades y qué terribles y dolorosas son sus consecuencias. En vez de buscar su propio honor y dar lugar a su orgullo, la persona debe esforzarse por subyugarse y comportarse con suma modestia, tal como aprendemos en la parashá Jukat, donde está escrito: “La persona que muera en la tienda” (Bamidbar 19:14). Y los Sabios dicen que de aquí se aprende que la persona debe entregar su vida en la tienda de la Torá con subyugación y modestia (Berajot 63b).

Pero sobre todo debemos entender cuál es el objetivo del hombre en este mundo, porque el deseo de adquirir bienes materiales es solamente vanidades, y tan sólo la Torá es una adquisición eterna que acompañará a la persona cuando parta de este mundo.

Una mañana recibí una llamada de una de las personas más adineradas del mundo, sumamente conocido en el mundo de los negocios, y me dijo que había invertido la mayor parte de sus bienes en un negocio que fracasó. Los bancos lo amenazaban diciendo que si no pagaba sus deudas se llevarían todas sus pertenencias. Esta persona había invertido sesenta y cinco años en ese negocio y en ese momento todo eso se había perdido. Todo su trabajo durante tantos años había sido en vano, sin tener ninguna ganancia del mismo. Pero en cambio cuando se invierte en la Torá y en las mitzvot se trata de una inversión segura, porque en el futuro la persona se llevará al mundo de la Verdad solamente la recompensa por la Torá y por las mitzvot, mientras que sus bienes quedarán en este mundo.

Por eso la Torá nos dice: “La persona que muera en la tienda”. Esta es una instrucción: Debes dominar tu deseo por el dinero y por el honor, y en cambio invertir en el estudio de la Torá con absoluta entrega. De esta forma tendrás el mérito de adquirir lo que es verdadero y eterno (Kovetz Igrot le Jazón Ish Primera Parte).

Si prestamos atención a estas parashiot que se leen en el mes de Tamuz, reconoceremos la verdad y podremos avanzar de acuerdo con ella. Si internalizamos esto en nuestros corazones y buscamos apegarnos al bien y alejarnos del mal, tendremos el mérito de que Dios transforme el ocultamiento Divino de estos días en una enorme revelación, hasta llegar a tener el mérito de que llegue el Meshíaj, rápidamente y en nuestros días. Amén.


El Perfeccionamiento en la Unión

Dice el Rambam que en un momento de sufrimiento para Iaakov, todos debemos reforzarnos y efectuar un examen de conciencia para entender por qué llegó esa desgracia (Halajot Taaniot capítulo 1 halajá 2-3). Cuando Israel revisa sus actos y busca cuál es la causa de sus sufrimientos, vuelve en teshuvá por sus pecados y finalmente merece ser redimido de ese sufrimiento. Porque el objetivo de las pruebas que Dios le da al pueblo de Israel es despertarnos para que volvamos en teshuvá. Por lo tanto si el sufrimiento logró despertarnos y que volviéramos en teshuvá, Él aleja Su enojo y nos libera del sufrimiento.

En Ialkut Shimoni sobre el libro de Ieshaiá (499) dice en nombre de Rabí Itzjak, que antes de que el Meshíaj se revele ante todos los pueblos, el rey de Persia se burlará del rey de los países árabes. Y el rey árabe irá a pedir consejo al rey de Edom respecto a cómo comportarse con el rey de Persia, pero el consejo no será útil. Finalmente el rey de Persia destruirá a todo el mundo, y todos los pueblos se estremecerán como si sufrieran dolores de parto. El pueblo de Israel estará confundido y no sabrá qué hacer. Entonces llegará el rey Meshíaj y le dirá a Israel que llegó el momento de su redención, pero que ésta no será como la primera redención que tuvo lugar con sufrimiento. Y el Meshíaj les prometerá que después de esta redención final no habrá más esclavitud a otros reinados.

Es sabido que el exilio después de la destrucción del Segundo Templo fue el más difícil y doloroso, porque cuando fue la destrucción del Primer Templo los israelitas sabían a qué se debía ese sufrimiento y por qué Dios provocó la destrucción. En consecuencia el pueblo efectuó un examen de conciencia, corrigió sus caminos y volvió en teshuvá por los tres pecados capitales: idolatría, derramamiento de sangre y relaciones prohibidas. Cuando fueron exilados después de la destrucción del Primer Templo, el profeta les dijo que se trataba de un exilio temporario, y que dado que reconocieron sus pecados y se arrepintieron por los mismos, podrían regresar a su tierra después de setenta años (Irmiahu 29:10), entonces construirían otro Templo y la Presencia Divina regresaría a habitar en Israel.

Pero en cambio después de la destrucción del segundo Templo, el pueblo le preguntó a los Sabios por qué Dios había destruido el Templo, y los Sabios no supieron qué responder (Baba Metzía 85a). Es decir que no reconocieron sus pecados y en consecuencia no pudieron arrepentirse por los mismos. No reconocieron que su pecado era el odio gratuito. Cuando se trata de odio sin ninguna causa, se lo mantiene oculto y nadie le muestra al otro que tiene odio en su corazón. Debido a que Israel no reconoció su pecado, medida por medida el fin de este exilio no es conocido y es sumamente largo. Ya llevamos más de dos mil años sin saber cuándo retornará Dios y nos redimirá de todos nuestros sufrimientos.

Al leer las palabras del Ialkut Shimoni me estremecí, porque las palabras del Midrash se van concretando en nuestros días, cuando vemos que no sólo los no judíos amenazan con destruir y aniquilar a Israel, sino que existe una guerra constante entre el cristianismo y el islam. A la cabeza del Islam se encuentran en estos momentos los hijos del reinado de Persia, quienes no ocultan que su intención es exterminar a Israel. Y su odio es tan grande que incluso están dispuestos a luchar contra los países occidentales, los cuales en el idioma del Midrash son llamados Edom. Lo único que les importa es lograr su objetivo: borrar a Israel del mapa, que Dios nos proteja.

Cuando vemos con nuestros propios ojos que se cumplen las palabras de los Sabios, todo nuestro cuerpo debe estremecerse al comprender que el fin está muy cerca, aunque de todas maneras no sabemos exactamente cuándo será el momento en que Dios decida retornar a Su pueblo. De todas maneras la difícil situación en que se encuentra el pueblo de Israel, especialmente cuando llega el mal desde el norte, nos enseña que debemos despertarnos y volver en teshuvá, buscar cómo reforzar nuestro servicio a Dios, tal como dijo el Rambam que en el momento de sufrimiento para Iaakov se debe efectuar un examen de conciencia y volver en completa teshuvá (Halajot Taaniot capítulo 1, halajot 2-3), para que no vuelva a pasar lo ocurrido después de la destrucción del Segundo Templo, cuando Israel no reconoció sus pecados y no pudo arrepentirse por los mismos.

En la época del Segundo Templo, externamente no parecía que el pueblo de Israel tuviera algún pecado, porque eran sumamente cuidadosos de no transgredir los tres pecados capitales y se sentaban a estudiar Torá. Por eso les resultó muy difícil comprender a qué se debía esa desgracia. Vemos que mientras el malvado Tito sitió Jerusalem, no se despertaron y no volvieron en teshuvá sino que siguieron comportándose de la misma manera. ¿Cómo es posible que no trataran de mejorar cuando desde el Cielo les estaban mostrando que debían corregir sus caminos? La respuesta es que Israel no reconoció su pecado y en consecuencia no sabía por qué debía arrepentirse.

Por esta razón se llama odio gratuito, porque odiaban a sus semejantes sin ninguna razón, y cuando no hay una razón para el odio la persona no reconoce su pecado.

Lamentablemente lo que Israel no pudo reconocer sí pudo verlo el malvado Tito, quien entendió que en Israel había odio gratuito, porque por un lado sonreían a los demás y les hablaban con palabras bellas, pero cuando les daban la espalda no dudaban en hablar mal de la misma persona. Después de destruir e impurificar el Templo (cuentan los Sabios que Tito pecó con una mujer no judía en el Kodesh HaKodashim sobre un pergamino de un sefer Torá (Guitín 56b), de todos los utensilios del Bet HaMikdash Tito decidió llevarse para él precisamente la Menorá. ¿Por qué eligió la Menorá?

La Menorá estaba hecha de un bloque de oro puro (Shemot 25:31 y Rashi), a diferencia del resto de los instrumentos que estaban hechos de una mezcla de diversos materiales. En su momento, Dios le había ordenado a Moshé construir la Menorá de un único bloque de oro, para enseñarle al pueblo que debía estar unido. Es decir que la Menorá simbolizaba la unión. Debido a que el malvado Tito entendió por qué llegó esa desgracia a Israel –porque había entre ellos odio gratuito- se llevó la Menorá que es el símbolo de la unión. Desde el Cielo hicieron entender a Tito que ese triunfo no se debía a sus propias fuerzas, sino que había logrado dominar a Israel porque habían dañado la unidad y se odiaban de manera gratuita. Por eso se decretó sobre el pueblo el exilio que implica la disolución y la separación.

En la ciudad de Roma, en el arco de triunfo, se encuentra grabada sobre la piedra una réplica de la Menorá. A pesar de que los romanos se llevaron también otros utensilios del Mikdash, eligieron inmortalizar en la piedra precisamente a la Menorá que alude a la falta de unión del pueblo de Israel.

Cuando en Israel reina la paz y la unión, Dios posa Su Presencia entre ellos y les brinda enorme ayuda del Cielo. Así por ejemplo vemos que el ejército de Ajav triunfaba en las guerras y sus soldados siempre regresaban con vida de las batallas, pero en cambio los soldados del rey Shaúl que estudiaban Torá y eran reconocidos tzadikim, sí morían en manos de los enemigos (Devarim Rabá 5:9). ¿Por qué los soldados de Ajav que eran malvados e idólatras tenían el mérito de salvarse en las guerras mientras que los soldados de Shaúl que eran tzadikim no siempre volvían con vida de las batallas?

Dicen nuestros Sabios que el secreto de esto radica en que entre los soldados de Ajav había unión y amistad, por eso Dios -cuyo símbolo es la paz- les permitía triunfar sobre sus enemigos. Pero en cambio los soldados del rey Shaúl a pesar de ser tzadikim caían en el pecado de lashón hará, lo cual provocaba divisiones entre ellos. Por eso eran castigados y muchos murieron en las guerras. Vemos cuán grande es la importancia de la unión. También está escrito que al pie del Monte Sinaí el pueblo de Israel estuvo como un hombre con un único corazón (Ialkut Shimoni Shemot 275), tal como dice la Torá: “Y acampó allí Israel frente a la montaña” (Shemot 19:2). Está escrito “acampó”, en singular. Del versículo se entiende que tuvieron el mérito de recibir la Torá gracias a la unión y la cercanía que había entre ellos.

Dado que el Bet HaMikdash todavía no ha sido reconstruido, debemos entender que el pueblo de Israel todavía no ha corregido su pecado y no ha llegado a lograr la unión necesaria. ¿Cómo podemos lograrla? A través del estudio de la Torá que le enseña a la persona a anular sus malas cualidades y a desarrollar sus cualidades positivas. Cuando Israel reconozca el mandamiento de la Torá de amar al prójimo como uno se ama a sí mismo, tendremos el mérito de que llegue el Meshíaj. Tal como dice en la parashá Balak: “[Uno] subyugará de Iaakov y hará perecer el remanente de la ciudad” (Bamidbar 24:19). Y explican los Sabios que esto se refiere al Meshíaj que saldrá de Israel y luchará contra el reino de Edom poniendo fin al sufrimiento de Israel (Rambam Melajim capítulo 11 halajá 1). De manera simple podemos decir que este versículo implica que cada persona de Israel que es el pueblo de Iaakov, tiene la fuerza de anular el reinado de Edom a través del estudio de la sagrada Torá. Porque el versículo dice: Veirad meIaakov y el valor de la letra mem es cuarenta aludiendo a los cuarenta días y las cuarenta noches en las cuales fue entregada la Torá a Israel. Es decir que cuando los descendientes de Iaakov se anulen a sí mismos ante la Torá y ante sus semejantes, que también son descendientes de Iaakov, entonces tendremos el merito de vencer al reinado de Edom y el mundo obtendrá su corrección bajo el reinado de Sha-dai.

logo1

ADD A COMMENT