Capítulo 8b

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Posted on julio 17, 2017

BH

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EL ERROR DE ACOMETER LA SEPARACIÓN

Claramente, entonces, de las tres etapas —sumisión, separación y endulzamiento—, la etapa en la que la versión convencional es más claramente diferente a su contraparte cabalística es la etapa de separación. La psicología convencional, basada en el intelecto humano más que en el saber divino de la Toráh y sus definiciones absolutas de bien y mal, no puede captar la verdadera línea divisoria entre el bien y el mal. Por esto la psicoterapia convencional no considera que ignorar la ansiedad tenga algún valor; desde su perspectiva no hay bien absoluto que pueda ser revelado de esta manera.

Éste es un ejemplo clásico del defecto humano que desea saltar directamente de la sumisión al endulzamiento sin pasar por la etapa intermedia y necesaria de la separación. Este error es común no solamente en el contexto convencional sino también entre individuos orientados hacia la Torah.

La tentación de hacerlo proviene del hecho de que hay cierto tipo de endulzamiento también en la etapa de la sumisión (no debe confundirse con la subfase que anteriormente identificamos como endulzamiento dentro de sumisión), aunque de forma debilitada. La fuerza del ego es tan penetrante en la psique humana que en cuanto comenzamos a apartarnos de nuestra concentración en nosotros mismos, somos consciente o inconscientemente golpeados por nuestra unión con cada elemento de la creación. Esta percepción endulza la realidad y cambia la actitud del individuo hacia el resto de la creación: de una actitud de explotación pasa a una de preocupación, respeto e incluso amor. El problema inherente aquí es que esta revelación puede resultar en una anarquía de valores que eventualmente conducirá a conclusiones absurdas e incluso destructivas. Está bien aspirar a «ser uno» con la creación, pero ¿queremos realmente «ser uno» con el hambre, la guerra, la enfermedad, la opresión, la crueldad, la fuerza bruta, el terrorismo, el abuso de drogas, la pornografía, la vacuidad y el tedio? Sin medios claros para determinar los límites, estos aspectos de la vida pueden clamar legitimidad junto con el resto. La separación del bien y el mal es, por lo tanto, necesaria para que este endulzamiento naciente sea real. A lo largo de la historia, éste ha sido el error fundamental en todos los intentos de rectificar la realidad, impulsar a la sociedad hacia la utopía o apresurar la llegada del Mesías.

Sólo después de establecer los límites entre el bien y el mal y habiendo adquirido práctica en el arte de ignorar el mal, es posible proceder a la etapa siguiente, el endulzamiento. Sólo entonces podemos comenzar a examinar, identificar y exponer los recovecos ocultos de la mente subconsciente con el fin de transformar su reino de tinieblas en luz. Como ya lo señalamos, éste es el significado místico de la manera en que Dios creó la luz y la oscuridad: «Y Dios llamó a la luz día y a la oscuridad noche», es decir, Él dio a cada uno su propio dominio definido, «y fue la tarde y fue la mañana, día uno», es decir, sólo entonces todo pudo ser endulzado y devenir en parte de la unidad de la creación.

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