“Exíliate a un lugar de Toráh”

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Posted on julio 17, 2017

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EL EXILIO

Dijeron nuestros Sabios: “Exíliate a un lugar de Toráh”. (Pirké Abot 4:18) Sin embargo, en verdad ellos también dijeron que el hombre debe vivir en el lugar de residencia de sus padres y que la persona que se aleja de su lugar es como el pájaro que se aleja de su nido, pues al hombre le es difícil desarraigarse de su lugar de residencia.

De todos modos, si sucede que la persona se ve obligada a trasladar su hogar -como dijeron nuestros Sabios: “A quien le va mal en esta ciudad, que se vaya a otra ciudad” (Tratado de Babá Metsiá 75b)-, en tal caso, deberá elegir como lugar de residencia un sitio de Toráh, pues ello le asegurará que sus hijos se conviertan en estudiosos de la Toráh, y él también podrá estudiar las leyes y los estatutos, y se conducirá por el camino del bien.

Y con respecto a esto ya afirmó adecuadamente Rabí Yosé Ben Kismá: “Aunque me dieras todo el oro y la plata del mundo, sólo fijaré mi residencia en un lugar de Toráh”, (Pirké Abot 6:9) pues si como resultado de ello aprendiese una sola cosa, ya se vería recompensado.

No obstante, quien desee acceder a la Corona de la Toráh, y en el lugar donde vive no encuentra de quien aprender, su padre debe enviarlo -o él mismo viajará- a una ciudad donde haya sabios y estudiosos de quienes pueda aprender Toráh. Y no deberá prestar atención a las dificultades del desplazamiento, ni a la separación de su familia, ni a los gastos del viaje, pues todo ello es insignificante si se compara con la grandeza de acceder a la Corona de la Toráh.

Y a veces, incluso cuando hay un sabio en su ciudad, la persona estudiará mejor si se traslada a otro lugar, así como escribieron los Tosafot que hacían los antiguos sabios de la Tierra de Israel, quienes tenían la costumbre de ir a estudiar Toráh a Babilonia pues allí podían concentrarse en el estudio sin preocupaciones. (Tosafot, Tratado de Shabat 9b)

Y ya explicaron nuestros Sabios sobre el versículo: “Ella no está en el cielo y no del otro lado del mar” (Debarím 30:12) -que hace referencia a la Toráh-, que si ella estuviera en el cielo tendrías que ir tras ella; y si estuviera del otro lado del mar, tendrías que ir tras ella. (Tratado de Erubín 55a) Si los padres y los hijos entendieran la magnitud del bien que supone para el hombre que sus hijos sean estudiosos de la Toráh, venderían incluso sus ropas para poder enviar a los hijos a un lugar de Toráh, aunque este estuviera en el fin del mundo.

La singularidad de la Toráh es que se adquiere más a través del exilio y el traslado; por eso muchas veces en el Talmud encontramos la frase: “Tse ulmad — Sal y estudia”. Sín embargo, todo depende de cada individuo; y en nuestras generaciones, si la persona encuentra de quien aprender en la ciudad donde vive, es preferible que no viaje. De este modo, los padres podrán tener a sus hijos bajo supervisión; y si se trata de alguien casado, podrá estar junto a su esposa.

Y si el hombre se ve obligado a desplazarse de su lugar de residencia, ya sea que viaja para estudiar o para buscar su sustento, como hacen los comerciantes, es bueno que tenga la intención, y pida ante el Todopoderoso, que el viaje le sea considerado como exilio, y que él recibe el decreto Celestial con amor, tomando ese exilio como expiación de sus pecados. Y así dijeron nuestros Sabios: “el exilio expía el pecado”. (Tratado de Sanhedrín 37b) Y junto con todo esto, siempre debe cuidarse en el camino de cualquier peligro, para que no sea como alguien que limpia por un lado y ensucia por el otro.

E incluso si a la persona no se le decretó en el Cielo tener que transitar los caminos, hay veces que se muda de una a otra casa, y también esto se considera exilio, y deberá poner su pensamiento en ello. De esto modo, esto se asemejará a lo que nuestros Sabios dijeron, que salir de la casa e ir a la sucá (cabaña) durante la festividad de Sucot, también se considera exilio y expía el pecado. (Midrash Pesiktá de Rab Kahaná 29)

Y lo mismo debe pensar el hombre al salir de su casa para ir a la sinagoga o a la Casa de Estudio cuando le resulta muy difícil hacerlo, por ejemplo, en un día tormentoso y frío, o cuando se queda durante toda la noche en la Casa de Estudio y no está tan cómodo como en su hogar, donde podría estar cómodamente E sentado o recostado. En estos casos debe recíbír esto con amor y hacerlo con alegría, y tener la intención de que su acción se le considere como exilio para expiar sus pecados.

Igualmente, en los días previos a la festividad de Pésaj, en los que la gente suele mover de su sitio los muebles y demás enseres de la casa para poder limpiar convenientemente todo resto de jamets y el dueño de la casa se ve obligado a buscar algún lugar donde acomodarse entre todo ese desorden: también en este caso deberá aceptar todo eso con amor y tener la intención de que le sea considerado como exilio para la expiación de sus transgresiones. Y así, en cualquier circunstancia en la cual la persona se vea obligada a desplazarse de su lugar, ya sea por motivos de mitzvá o porque tiene que buscar el sustento para su familia, debe tener la intención, y pedirle al Todopoderoso, que ello se le ‘considere como exilio para expiar sus pecados. En todos estos casos es aplicable el dicho: “¿Qué importa sí es toda el alma o parte del alma?”, (Midrash Kohélet Rabá 7:27) ya que: ¿qué importa si el exilio es grande o pequeño? Todo entra en el cómputo. Y el hombre sólo debe tener la intención adecuada y recibir todo eso con gran amor.

Es conocida la opíníón de nuestros Sabios de que el exilio no dejó ni una sola buena cualidad en Israel; sin embargo, ellos mismos también dijeron que el exilio ha sido bueno para Israel.

Y yo creo que la explicación de esta aparente contradicción es que el exilio del alma (Quiere decir: el sufrimiento del alma a causa del exilio) no es bueno para los judíos, y lo correcto es que, quien tenga la posibilidad, se escape de aquellas tierras en las cuales el yugo sobre el pueblo judío es duro en lo que atañe a temas espirituales. Pues hay lugares donde por ley no se permite que un hombre despose a una mujer si antes no falleció una persona casada en la ciudad, y hay otros lugares en los que reclutan por la fuerza a los judíos para que sirvan en el ejército, con lo cual se ven obligados a abandonar su fe. Y como estos, en algunos países hay una multitud de decretos crueles y hábitos nefastos. Es por eso que el hombre que tiene a su alcance la posibilidad de trasladar su casa y escaparse de allí, y no lo hace, tendrá que rendir cuentas por ello en el Día del Juicio; y sería más apropiado escaparse de estos sitios que hacerlo de un lugar donde hay una plaga o una epidemia, ¡Dios nos libre!

Más si la persona no abandona semejantes lugares por no perder su dinero, también perderá el dinero, como dijeron nuestros Sabios: “¿Qué fue lo que causó que los justos finalmente residieran entre los malvados?, su riqueza; por lo tanto, perderán su riqueza”. (Tratado de Sanhedrín 112b) Así pues, de aquí aprendemos que es apropiado que el hombre se exilie y escape de una ciudad cuyos habitantes son malvados si no puede corregirlos y no tiene la posibilidad de reprenderlos; y de este modo no será contado junto con los pecadores de la ciudad y no será calcinado con las brasas destinadas a ellos.

Sin embargo, en los temas referentes al cuerpo, el exilio le trajo beneficio a Israel. De todos modos, no es bueno vivir en las ciudades de Italia y demás ciudades de Edóm, (Se refiere a los países occidentales, donde mayormente se profesa la religión cristiana) ya que debido a la “libertad” que impera en esas naciones es imposible reprender a quienes transgreden los preceptos. Además, allí las Cortes Rabínicas no tienen permitido juzgar litigios entre judíos; todas las disputas son juzgadas por los jueces no-judíos y los sabios de la Toráh no tienen poder para castigar. Entonces, todo eso trajo como resultado que los judíos se corrompieran, y ellos hacen todo lo que consideran recto a sus ojos pues no hay nadie que los amoneste y los reprenda por sus acciones.

Pero lo peor de estos países es la inmoralidad sexual que hay allí. Entre ellos la indecencia es algo ampliamente difundido: las mujeres se visten de forma impúdica y obscena, y además, abundan los prostíbulos. Y todo esto trae como consecuencia que los judíos que viven allí se mezclen con los gentiles y aprendan de su comportamiento.

Otro mal de los países occidentales es que consideran algo vergonzoso tener la barba crecida, y entonces, un gran número de judíos allí cometen la transgresión de afeitarse con navaja. Y la razón por la cual llegaron a esto es porque al comenzar a ver bueno cortarse la barba, luego dejaron de diferenciar entre una navaja, una tijera o las cremas. (De acuerdo con la ley judía esta permitido afeitarse con tijera, crema depilatoria o maquina de afeitar, si se cumplen determinadas condiciones; pero en cualquier caso esta prohibido hacerlo con navaja)

Así, son numerosos los males que se derivan del libertinaje y los hábitos incorrectos; entre ellos, la asistencia a espectáculos en teatros y circos, (El autor se refiere a los espectáculos que tienen alguna relación, por más lejanos que sea, con la idolatría o el paganismo, o a los entretenimientos donde se mezcla la indecencia, la burla, las groserías y el libertinaje; véase Rashí en Vayikrá 18:3 y los demás comentaristas allí. (Nótese que, como bien indican los historiadores, los comienzos del teatro se remontan a los ritos y festivales que eran celebrados para los dioses paganos, los cuales incluían las danzas y los cantos en honor a ellos. Y también los circos: en sus comienzos, estos eran los lugares donde los guerreros mostraban sus poderes, y habilidades en honor a sus deidades por medio toda clase de proezas y pruebas) y las conductas indecentes de acercamiento y contacto entre hombres y mujeres.

Bien distinta es la situación en los países de cultura yishmaelitas (donde se profesa la religión islámica), pues en esas naciones el estandarte de la Toráh puede ser levantado, y la vida de los judíos es regida por los principios del judaísmo. Allí, los sabios de la Toráh y los dirigentes comunitarios tienen la fuerza y el poder para castigar a los transgresores de los preceptos y fortalecer el cumplimiento de la religión. Además, en estos países se cuidan de la inmoralidad sexual y son muy intransigentes con la prostitución. Asimismo, tener barba es honorable para ellos.

Es verdad que también en estos países se padece un poco el exilio, pues a veces se dan casos de judíos agredidos por árabes, y además la comunidad tiene que pagar pesados impuestos y tributos, y los judíos son objeto de difamaciones y perversas calumnias, o en ocasiones los gobernantes golpean y azotan injustamente a los judíos e incluso los encierran en la cárcel, imponiendo sobre ellos gran temor, y así otras muchas iniquidades. No obstante, a pesar de todo esto, el exilio es beneficioso para Israel; pues precisamente los sufrimientos que los afligen y los oprimen hacen que ellos eleven sus ojos hacía el Cielo y sometan el corazón a su Padre en las alturas. Y por esto es que se comparó a Israel con la gacela, como dice el Midrash: “Así como la gacela no puede parir hasta que venga una víbora y muerda su matriz, igualmente Israel: ellos no se arrepienten de sus transgresiones sino a través de un rey cruel”. (Tratado de Babá Batrá 15b. Nótese que aquí nuestros Sabios comparan le teshubá (el arrepentimiento) con el nacimiento, con la salida a la vida, con la salida de la oscuridad a la luz. El “rey cruel”, claro esta, es el que “muerde como una víbora”)  

Sobre las palabras del versículo: “y el Faraón acercó”, (Shemot 14:10. En el versículo no está especificado qué es lo qué el acerco, aunque claramente la intención es decir que el Faraón se acerco con su ejercito a los hijos de Israel, quienes se habían escapado de Egipto. Por ello, nuestros Sabios interpretaron en el Midrash lo que el autor menciona a continuación) nuestros Sabios interpretaron que “él acercó a Israel a su Padre Celestial”. (Midrash Shemot Rabá 21:5) Asimismo, ellos dijeron en el Talmud que “fue más grande la acción del rey Ajashverosh, al sacarse su anillo y entregárselo a Hamán, que los cuarenta y ocho profetas y las siete profetisas”. (Tratado de Meguilá 14ª. “Grande” quiere decir aquí “convincente y persuasiva”. En las Escrituras encontramos que Dios envió a 48 profetas y 7 profetisas para advertirles a los judíos que retornaran a Él, pero sus palabras no tuvieron el resultado deseado en el pueblo, Sin embargo, cuando el rey Ajashverosh se quito el anillo y lo puso en manos del malvado Hamán para que imprimiera su sello en el decreto de exterminio del pueblo de Israel, entonces todos se arrepintieron de sus faltas y retornaron a Dios) Y así también ocurrirá en el Final de los Días: si Israel no se habrá de arrepentir, el Santo, Bendito Sea, les enviará un Rey cuyos decretos serán crueles como los de Hamán, y así ellos se arrepentirán y retornarán al buen camino, e inmediatamente serán redimidos.

Además, cuanto más exilio y opresión hay, más se depuran las “chispas de santidad”; (El concepto kabalistico de depurar y elevar las “chispas de santidad” significa, en palabras simples: aprovechar toda la santidad que se puede obtener algo, separandola de la impureza con la cual esta entremezclada y elevándola. Para una mayor comprensión de lo que el autor expone aquí, véase lo que escribió en la letra Bet, en el capitulo La depuración (de la Santidad)) como está escrito: “Y cuanto más (el pueblo) era afligido, éste más se incrementaba y prosperaba”. (Shemot 1:12) Y en relación con esto, los kabalistas explicaron el versículo: “Hay un momento en el cual un hombre domina a otro, para su propio mal” (Kohélet 8:9) del siguiente modo: cuando un hombre que se relaciona con la impureza domina a un hombre que se relaciona con la santidad, esto es de perjuicio para el primero, pues provoca que se depuren las chispas de santidad que hay en éste último. Por todo esto nosotros decimos: “¡Dios, pedimos estar bajo Tu sombra o bajo la sombra de los descendientes de Yishmael, pero nunca bajo la influencia de los descendientes de Edom!”.

Y he aquí, el hombre temeroso de Dios ciertamente encontrará ayuda frente a él para servir al Todopoderoso incluso en los países de occidente, pues hay momentos y circunstancias apropiadas para todo y quien de verdad desea servir al Creador puede hacerlo en cualquier lugar absteniéndose de todo mal; y en esto precisamente se reconoce a quien sirve a Dios por amor. Sin embargo, a pesar de ello, lo más idóneo es que el hombre no fije su residencia en los países occidentales, sino que, por el contrario, de tener la posibilidad lo correcto es que se esfuerce en trasladar su hogar de allí. Pues aunque él esté seguro de sí mismo y sepa con certeza que es un hombre temeroso de Dios que se aleja de todo mal, ¿quién puede asegurarle que su descendencia va a ser como él? Y de no hacerlo, si en las próximas generaciones alguien de su simiente dejará el camino recto, ¡Dios no lo permita!, él cargará con la culpa. Y por lo menos debe tratar de enviar a sus hijos a ciudades de Turquía antes que la semilla del mal empiece a echar raíces en ellos. (En nuestra humilde opinión, parecería ser que el autor aquí no se refiere específicamente a las ciudades del país llamado en la actualidad “Turquía”, sino a todas las ciudades del imperio Otomano en general, que en su época dominaba casi todo el Medio Oriente, desde la península de los Balcanes en Europa hasta gran parte del norte de África. Además, para entender correctamente lo que el Rab escribe aquí consideramos conveniente recordarle al lector lo que el mismo escribió más arriba en este mismo capítulo, al referirse al tema de viajar a otro lugar para estudiar Toráh. Citaremos brevemente su conclusión allí:

La singularidad de la Toráh es que se adquiere más a través del exilio y el traslado… Sin embargo, todo depende de cada individuo; y en nuestras generaciones, si la persona encuentra de quien aprender en la ciudad donde vive, es preferible que no viaje. De este modo, los padres podrán tener a sus hijos bajo supervisión; y si se trata de alguien casado, podrá estar junto a sus esposa”. En resumen, podemos decir que siempre será aconsejable consultar con un rabino sabio y experimentado para así llegar –con la ayuda del Cielo- a la mejor decisión en cada caso, según la propia situación familiar)

Otro mal que impera en los países occidentales es que allí le enseñan a los hijos doctrinas ajenas a la Toráh, por ejemplo, la filosofía, cuyos postulados llevan a la herejía y el ateísmo, y así son sus postulantes. Y sobre quienes se dedican a estas doctrinas fue dicho: “Todos los que van hacia ella no retornarán y no adquirirán caminos de vida”. (Mishlé 2:19)

Es verdad que nuestros Sabios dijeron que “sólo los habitantes de un lugar pueden ver las bondades de éste”, (Tratado de Sotá 47a) y todo es guiado maravillosamente por Aquel que es íntegro en conocimiento, quien dispersó a Israel y situó a cada persona en el lugar donde habita; de todos modos, el hombre que abrió sus ojos en busca de un lugar más adecuado para establecerse y tiene la posibilidad de trasladar su hogar, debe escaparse de esos países y elegir el lugar más conveniente para él y su descendencia, donde podrán servir adecuadamente a su Creador.

Por otra parte, incluso en los países donde, a pesar del exilio, nosotros disfrutamos de libertad, es apropiado que seamos conscientes en todo momento de que en realidad nos encontramos cautivos, oprimidos y degradados, y que nuestro legado se encuentra en manos ajenas y los siervos nos gobiernan. Consecuentemente, deberíamos evadir la fastuosidad, las ropas lujosas y las construcciones suntuosas; asimismo, deberíamos evitar realizar con frecuencia toda clase de fiestas o reuniones festivas, y también abstenernos de elevar la voz con cantos, música y bailes. (Cabe señalar que, seguramente, el autor se refiere aquí a la celebración de fiestas y actos sociales que no son por motivos de mitzvá)

E incluso si el Todopoderoso le otorgó riqueza a la persona, debe evitar hacer ostentación ante los gentiles, pues “dura como el sepulcro es la envidia” que despierta Israel en las naciones del mundo, y la menor de las posesiones que ve el gentil en un judío ciega sus ojos y es percibida por él como algo enorme. Por todo esto, tanto los hombres como las mujeres deberán conducirse con discreción y no mostrar su riqueza ni sus joyas delante de los gentiles; y cuando construyan sus casas, se deberán cuidar de que el aspecto exterior de éstas sea lo más simple posible. Y si aún frente a otro judío es conveniente cuidarse de no aparentar riqueza para no despertar el mal de ojo -pues el daño que éste provoca es muy grande-, con mayor razón, ante un gentil.

Y es bien sabido el gran número de desgracias, expulsiones y demás adversidades que tuvo que soportar el pueblo de Israel a causa de la envidia de las naciones, porque los judíos no evitaron exhibir sus riquezas ante los gentiles. Y ya contó el gran sabio Don Yítsjak Abravanel (Abarbanel) que su apellido tiene su origen en un hermoso anillo que poseía su esposa, y que causaba que la gente al contemplar su belleza exclamara: “¡Bravo anillo!”. Y ostentaciones como ésta y otras semejantes despertaron grandes envidias, las cuales condujeron finalmente a la expulsión de los judíos de España. Y así también encontramos que nuestro patriarca Yaacob, les dijo a sus hijos: “¿Por qué ustedes se habrán de mostrar?”. (Bereshít 42:1. Yaacob les dijo esto a sus hijos cuando ellos iban a bajar a Egipto en busca de comida. Él les advirtió que no fueran todos juntos, ya que llamarían la atención de la gente y eso no era bueno. Por eso, ellos se separaron y bajaron cada uno por un lugar diferente. Además, nuestros Sabios explican que Yaacob todavía tenía comida suficiente a pesar de los años de hambre, pero pidió a sus hijos que bajaran a Egipto para buscar comida para que la gente no se diera cuenta de ello)

Por todo lo expuesto, debemos agachar la cabeza, aceptar el exilio con amor y condolernos por el quebranto de Yosef. (Este lenguaje del libro del profeta Amós (6:6) que utiliza el autor aquí alude no sólo a Yosef sino a todo el pueblo de Israel) Y aunque nuestra mesa esté llena de los mejores manjares, ya dijeron nuestros Sabios, de bendita memoria: “¡Pobres de los hijos que fueron expulsados de la mesa de su Padre!” (Tratado de Berajot 3a, ¡Pobres de nosotros, el pueblo judío, que fuimos expulsados de la Casa de Dios, es decir, del Bet Hamikdash!) Y “¿cómo habremos de cantar… en tierra extranjera?”, (Tehilim 137:4) si ya dijo el profeta: “No te alegres, Israel, con fiestas como los otros pueblos”. (Hoshea 9:1) Asimismo, nuestros Sabios dijeron que “está prohibido que el hombre llene su boca de risa en este mundo”, (Tratado de Berajót 31a) pues el versículo dice: “Entonces (Cuando Dios haga retornar a los cautivos de Tsión a la Tierra Sagrada; véase la nota siguiente) nuestra boca se llenará de risa y nuestra lengua de canto; entonces dirán los pueblos: ‘Dios hizo grandezas con ellos—. (Tehilim 126:2. Como fue explicado, “Entonces” se refiere al tiempo en el que se reconstruirá nuestro Templo. De este versiculo nuestros Sabios aprenden que de momento, cuando esto todavía no ocurrió y la  Casa de Dios permanece destruida, no podemos llenar nuestra boca de alegría; sólo “entonces”)

Mas ahora es apropiado que nos sintamos oprimidos, apesadumbrados y acongojados al recordar a Tsión, y los grandes males que provocamos y las extremas bondades que perdimos. Y es apropiado que elevemos a Yerushaláim por encima de todas nuestras alegrías y nos conduzcamos con gran humildad y sometimiento. De este modo el Todopoderoso se dirigirá a nosotros y acelerará nuestra Redención y construirá el Gran Templo de Jerusalem; pronto y en nuestros días. Amén.

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