Sefer Shel Beinoním – Capítulo 11

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Posted on julio 17, 2017

BH

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“Uno es el opuesto del otro”(Eclesiastes 4:14): El “rashá que conoce el bien” es la antítesis del “tzadik que conoce el mal”. Esto quiere decir que el bien que hay en su alma Divina que está en su cerebro y en la parte derecha de su corazón, está subordinado al mal de el Alma Animal que se deriva de la kelipá, que está en la parte izquierda del corazón, y anulado dentro de éste. También este nivel está subdividido en miríadas de grados, que se diferencian basándose en la cantidad y a la calidad de la anulación y subordinación del bien al mal, Dios libre.

Está aquél en que la subordinación y anulación del bien al mal es ínfimamente menor, y aun éstas no son permanentes, ni recurrentes a intervalos frecuentes. En lugar de ello, el mal prevalece sobre el bien sólo en ocasiones poco frecuentes, conquistando la “pequeña ciudad”, es decir, el cuerpo, pero incluso cuando lo logra, es sólo parte del mismo y no todo, sometiéndola a esa parte a su disciplina, y haciendo que sea una “carroza” para el mal y haciendo luego que esa parte del cuerpo sirva de “vestimenta” en la cual se investirá una de las previamente mencionadas tres vestimentas del Alma Animal. Es decir, ya sea prevalecer solamente en la acción, en la consumación de transgresiones menores únicamente, mas no las graves, Dios libre, o en la palabra solamente, pero apenas en la expresión de aquello rayano en la difamación y en la mofa y similares (El pensamiento es más refinado que la palabra o la acción, y de las tres vestimentas del alma es la que más íntimamente ligada está al alma misma. Por eso, la meditación de pecado puede mancillar al alma más que la acción pecaminosa misma), o sólo en el pensamiento, en reflexiones de pecado que en algunos aspectos son peores que el pensamiento mismo. Este es el caso aun  cuando la persona en realidad no está pensando cometer un pecado, sino que tan sólo se permite la meditación en la unión carnal del hombre y la mujer en general, con lo cual viola la advertencia de la Torah (Deuteronomio 23:11): “Te cuidarás de toda cosa mala”, que nuestros Sabios interpretan (Ketuvot 46a) en el sentido de que “la persona no debe albergar fantasías impuras durante el día para que no se vuelva impuro durante la noche”, o cuando, en un momento adecuado para el estudio de la Torah, vuelve su corazón hacia asuntos vacíos, como está escrito en la Mishná, Tratado de Avot (3:4): “Aquel que despierta de noche cuando tiene tiempo de estudiar Torah y vuelve su corazón al ocio, es culpable con su propia alma”. En cualquiera de estos casos, o en otros similares, en ese momento se lo denomina rashá-malvado, lo que significa que el mal de su Alma Animal prevalece en su interior, invistiéndose en su cuerpo, induciéndolo al pecado e impurificándolo.

Posteriormente, el bien que está en su Alma Divina se hace valer y la persona se arrepiente; buscará la disculpa y el perdón  de Dios, y si se arrepiente con la penitencia adecuada, de acuerdo al consejo de nuestros Sabios, Dios efectivamente lo perdonará (No obstante, advierte el Rebe, el perdón Divino evocado por el arrepentimiento de la persona no altera su estado de rashá en el genuino sentido de la palabra, sino en el sentido figurado de rashá y tzadik según se aplican a la recompensa y castigo. Al ser pesada en la balanza del mérito y el pecado, una persona tal -que peca raras veces, sólo en cuestiones menores, y luego se arrepiente de inmediato- es considerada un tzadik y merece recompensa, pues la gran mayoría de sus acciones son buenas. Pero este uso del término tzadik es únicamente “prestado”, como se dijera en el cap.1. Como términos definitorios, tzadik y rashá describen la calidad del bien y del mal del alma de la persona. Desde esta perspectiva, la persona antes descripta es clasificada como rashá incluso luego de haberse arrepentido y ser perdonada, pues en ella perdura la predisposición al pecado, y su Alma Animal aún tiende a dominarlo), con una de las tres formas de perdón expuestas por Rabí Ishmael, como se explicará en otra parte.

Sin embargo, hay otro tipo de “rashá que conoce el bien”, en el que el mal prevalece más fuertemente. Las tres vestimentas del mal, todas, se invisten en él, y el mal lo hace cometer pecados más graves, y con más frecuencia. No obstante, entretanto siente remordimientos, y a su mente viene  pensamientos de arrepentimiento, que surgen de los aspectos de bien que aún hay en su alma que en el ínterin recupera cierto grado de fuerza. Pero no se fortalece lo suficiente como para vencer al mal de manera que pueda deshacerse totalmente de sus pecados y ser totalmente aquella persona que confiesa sus pecados y los abandona para siempre. Es respecto de éste que los Rabinos han dicho (Nedarím 9b): “Los malvados están llenos de remordimientos”. Estos representan la mayoría de los malvados, en cuya alma aún existe cierto bien.

Pero aquel que nunca siente remordimientos y jamás le vienen  pensamientos de arrepentimiento, es llamado “rashá que sólo conoce el mal”. Porque el mal de su alma es lo único que ha quedado en su interior, pues ha prevalecido tanto sobre el bien que éste último ha desaparecido de su interior, y ahora se encuentra por encima de él, arriba, a manera de makif (O sea, de un modo externo, sin que él sea consciente de su existencia) y por eso han dicho l0s Sabios (Sanhedrín 39a): “Sobre todo grupo de diez judíos cualesquiera descansa la Shejiná (Presencia Divina)”.

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