Interpretación de Sueños 1

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Posted on julio 18, 2017

BH

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Introducción

El judaísmo presenta gran cantidad de escritos y tratados sobre sueños, los cuales arrojan luz sobre un tema que por siempre ha fascinado a la humanidad. En el judaísmo, los sueños tienen  relevancia tanto a nivel individual como a nivel colectivo, al punto de que muchos tópicos tratados en la Torah, aun tópicos de importancia vital para el Pueblo judío y para la historia, se presentan por medio de sueños a personalidades específicas.

Al respecto, Eliahu De Vidas en su obra Reshit Jojmá cita a Rabí Shimón bar Iojai en el Zohar, y expone así:

Todo cuanto acontece al hombre en esta realidad física se revela previamente a través de sueños, como expone Rabí Shimón bar Iojai: “Treinta días antes de que una nación se transforme en potencia o deba enfrentar alguna desgracia, los niños predicen el evento (como cuando de modo casual -o más causal que casual- citan alguna frase o versículo que alude a un hecho inesperado), o a veces la gente más simple lo predice, o incluso los pájaros (a través de conductas extrañas). Pero nadie presta atención, pues nadie comprende tales mensajes. Cuando la nación en cuestión es meritoria, de lo Alto comunican el eventual hecho (a través de sueños) a los líderes virtuosos de la generación para que difundan la advertencia; y así, cuando la gente toma conocimiento de la eventual desgracia retornar al Creador” (Zohar, parte II, 6b).

Los sueños se presentan a través de imágenes más que de palabras; las imágenes constituyen el lenguaje de los sueños. Las palabras son privativas de quienes las comprenden; en contraposición, las imágenes son universales, no conocen de fronteras. Similarmente, Rabí Iosef Itzjak Schneerson, un gran Maestro de la Torah, expone la diferencia entre una canción con letra y una melodía sin ella. El concepto “palabra” está relacionado con “revelación”. Existen palabras del habla y palabras del pensamiento. Estas últimas se refieren a la revelación de un concepto en la mente, el cual, al menos hasta entonces, ha permanecido en estado latente, oculto. Las palabras del habla tienen el poder de revelar un concepto a terceros, pero dejan bajo un manto de ocultamiento al ser que las emite. Las palabras del pensamiento, en cambio, son impenetrables para otros, pero sumamente reveladoras para uno mismo. A este nivel pertenecen las melodías puras, aquellas sin palabras, que fluyen de lo más profundo del ser, tal como las imágenes oníricas son reflejo de la psiquis de la persona, un nivel que las palabras, siquiera palabras del pensamiento, podrían jamás revelar. No en vano Freud define a los sueños como el “camino directo hacia el inconsciente”.

Tanto Sigmund Freud como especialmente Carl Jung reconocen la naturaleza simbólica del lenguaje de las imágenes de los sueños; y sobre la base de los fundamentos establecidos por los Sabios en el Talmud y obras posteriores basadas sobre aquél, compusieron sus propios sistemas de interpretación. De hecho, en su Die Traumdeutung (“Interpretación de los Sueños”) en una nota al pie, Freud cita una edición del año 1848 de la obra de Rabí Shlomo Almoli, Pitrón Jalomot que consiste en una presentación sistematizada de la simbología onírica que ofrece el Talmud, más precisamente el capítulo 9 del tratado Berajot. Y es de destacar que la citada obra de Almoli vio la luz en numerosas ediciones.

Regresemos a nuestro punto central: las imágenes constituyen el lenguaje de los sueños, y tal como lo analizaremos en el apartado “Diferentes Significados Para Sueños Idénticos”, las imágenes oníricas, los símbolos que visualizamos en nuestros sueños, tienen significados distintos según cada soñante; y de hecho, así lo plantea el Talmud Berajot 57a, y ofrece varios ejemplos, entre los cuales citamos el siguiente:

El que sueña con granadas partidas al medio, si es un sabio que aguarde adquirir mayores conocimientos de Torah, como expone el versículo: “Te daré de beber vino aromático, jugo de mis granadas” (expresiones que aluden a la Torah). Y si es un ignorante, sin duda realizará actos de bien, como expone el versículo: “cual granada partida son tus rakatej” (textualmente “sienes”, “mejillas”). ¿Y qué significa rakatej? Que incluso los ignorantes del pueblo (reikaním, voz emparentada con rakatej) están colmados de buenas acciones como semillas una granada.

Ese concepto es el que Freud denomina lo inconsciente y Carl Jung rebautizó inconsciente personal, denominación que obedece al hecho de que procede de la experiencia personal adquirida, nata, y como tal es propia y específica de cada individuo. Por ello, remitiéndonos al ejemplo citado, el símbolo “granada” significará una cosa u otra según el soñante sea un sabio o un lego.

Al respecto, el Talmud Berajot Cap. 9 expone que hay símbolos oníricos universales, comunes a todos los seres humanos, lo que Carl Jung define como “arquetipos del inconsciente colectivo”. Pero también están las sub-divisiones del citado inconsciente colectivo, los sub-grupos de gente afín. Estos sub-grupos tienen determinados códigos que les son propios; y tienen valor y son comprensibles como tales sólo entre ellos. Por ejemplo, en la India, los vacunos tienen status sagrados, igual que los corderos en el antiguo Egipto. Por lo tanto, para un nativo de la India, soñar con un vacuno tiene el significado propio y específico de su comunidad, diferente del que podría tener para un occidental.

Lo mismo es aplicable a los códigos que rigen entre grupos de adolescentes, los cuales son válidos para ellos y entre ellos; y por lo tanto, si un adolescente sueña con una imagen asociada a alguno de tales códigos, el significado de dicho sueño estará en función del marco de códigos en el que ese adolescente se desempeña.

Sin embargo, varios siglos antes que Jung, el Talmud estableció que los símbolos oníricos deben interpretarse dentro del contexto en el que se manifiestan. Así, por ejemplo, el significado de soñar con un gato dependerá de la cultura a la que el soñante pertenezca; y expone que si el soñante se encuentra en un lugar donde “gato” se dice shunra el sueño se realizará como un canto placentero. En cambio, si se encuentra en un lugar donde se dice shinra, sufrirá un cambio para mal. (La voz shunra es parónima de la expresión shirá naá, “canto placentero”. Y la voz shinra es parónima de shinúi ra, “cambio malo”).

Y también mucho antes que Jung, los Maestros de la Sabiduría Interior de la Torah expusieron que Adam, el primer hombre, era una especie de sinergia, la suma de todas las almas de la humanidad, la expresión máxima del inconsciente colectivo de la humanidad toda.

La transgresión de Adam produjo la caída espiritual de las almas, la cual continuó su curso hasta que a partir de la Torre de Babel la humanidad se disoció definitivamente para reagruparse en naciones, cada una con su propia lengua, con su propia idiosincracia, con sus propios códigos, cada una cual sub-grupo del inconsciente colectivo representado por Adam.

Esa capa de registro de experiencias psíquicas a la que Carl Jung denominada inconsciente colectivo, descansa sobre otra capa más profunda, lo inconsciente primordial, formado por las experiencias primordiales, previas aún a la creación de la humanidad y previas aún a la misma creación del universo, como expone el Zohar: “El Supremo se fijó en la Torah y creó el mundo” (parte 2, folio 161b). Y a ese mismo concepto alude la Torah en su primera palabra: Bereshit, generalmente traducida como “en el principio”. Sin embargo, la primera letra de dicha palabra, Be, en vez de significar “en” bien puede significar “con”, “con el principio”, donde “principio” alude a la Torah misma, de modo que el significado sería “Con el Principio, con la Torah, Él Creó el universo”; es decir, el universo fue concebido a través de la lente de la Torah y creado a través del molde de la Torah; y en esta línea, la voz “principio” debe tomarse en sus dos acepciones: en sentido temporal como “primero”, porque la Torah antecedió al universo; y en el sentido cualitativo de “fundamento”, puesto que ella, la Torah, constituye el fundamento de la creación toda.

Por consiguiente, las imágenes y símbolos relacionados con esta capa primordial sólo podrán ser interpretados por alguien afín a la misma. Un interpretador de sueños podrá interpretar la simbología de la subdivisión a la que él mismo pertenezca o comprenda, pero no podrá interpretar símbolos que pertenezcan a otros grupos, a otras culturas; y menos aún símbolos propios de ese inconsciente primordial y absoluto. En cambio, un interpretador de sueños iniciado en esa Sabiduría milenaria, versado en Talmud, dotado de Irat Shamáyim (temor reverencial) y observante de la Voluntad Divina, estará capacitado para interpretar los símbolos oníricos debidamente merced a su conexión esencial con el Supremo y al Ruaj Hakodesh (“Inspiración Divina”) requerido para comprender el valor trascendental de los sueños, más que el mero significado superficial de los mismos. 

Y así como existe un inconsciente primordial, también existe una lengua primordial, llamada así porque fue por medio de ella que el Supremo creó el universo a través de las Diez Expresiones Creativas. Es la lengua madre de todas las lenguas, la lengua de la creación, el hebreo original; y como tal constituye el ámbito apropiado en cuyo contexto habrán de interpretarse las imágenes y los símbolos oníricos; pues en definitiva dichos símbolos son imágenes tomadas de la estructura del universo, creado justamente por medio de dicha lengua primordial, de modo que es ella la que establece el marco adecuado de interpretación, las pautas bajo las cuales los símbolos oníricos deberán analizarse, trascendiendo de las diferentes interpretaciones que surjan de los códigos específicos de los diferentes sub-grupos del inconsciente colectivo.

En este sentido, sobre la manifestación de Freud acerca de los sueños se hallan sumamente relacionados con el lenguaje verbal, Sándor Ferenczi -médico y psicoanalista húngaro del siglo XIX- hace notar que todo idioma tiene su propio lenguaje onírico.

Sin embargo, sólo un iniciado en la Torah el Talmud y otras áreas sabrá que ello es válido para las lenguas específicas de cada pueblo en tanto sub-grupos del inconsciente colectivo de la humanidad. Pero el hebreo -en su carácter de lengua madre de todas las lenguas- lengua con la cual el Supremo creó el universo, trasciende de dicha condición de sub-grupo para erigirse como la lengua maestra bajo cuyo análisis deberán analizarse los símbolos de los sueños en general, pues sólo bajo su dominio las imágenes de los sueños cobran real valor, tal como lo hemos expuesto en los párrafos precedentes y lo analizaremos a continuación.

Veamos un ejemplo: Expone el Talmud:

El que se visualiza en un sueño manteniendo relaciones con una mujer comprometida, que aguarde obtener conocimiento de Torah (Berajot 57a).

Asimismo, expone el Talmud (ibid):

Soñar con un camello presagia salvación.

A priori, el símbolo “soñar con una mujer comprometida” denota “promiscuidad”; así como el símbolo “camello” denota “carga”, “yugo”, “perseverancia”. (Reiteramos que los citados son ejemplos tomados del Talmud, por lo que los mismos serán tratados nuevamente en el capítulo referido al análisis de conceptos y definiciones).

En cambio, un Maestro iniciado en la sabiduría esencial de la Torah entenderá que soñar con una mujer comprometida significa adquirir conocimientos, como surge del versículo: “El Supremo nos ordenó la Torah, legado de la congregación de Yaacob”(Debarim-Deut. 33:4). En la mencionada cita, en hebreo, en vez de morashá (“legado”) bien se puede leer meorasá (“comprometida”). Por eso, la imagen “tener relaciones con una comprometida” bien puede interpretarse como “relacionarse con el legado”, adquirir conocimiento del legado por excelencia, la Torah en tanto Conocimiento primordial transmitido por el Supremo.

En el segundo caso, la relación entre la imagen “camello” y la interpretación “salvación” surge del hecho de que “camello”, en la lengua primordial, es gamal, voz que también significa “salvación”.

Como hemos expuesto, las citadas imágenes, los mencionados símbolos, sólo tienen valor onírico en el contexto de la lengua primordial, el hebreo bíblico, y sólo en ese contexto se les puede brindar la más abarcadora interpretación.

Y más aún: los nombres de las letras que han llegado a occidente a través del alfabeto griego, originalmente son nombres hebreos, las letras del alfabeto primordial. Suele decirse que son nombres fenicios, aunque dicha afirmación carece de sentido. Más bien, las denominaciones de las letras hebreas que han dado al alfabeto griego los nombres de las suyas, tienen significado en hebreo. Por ejemplo, Alef, la primera letra del alfabeto hebreo, tiene la misma raíz que Aluf (“Supremo”); Bet, la segunda letra, significa “casa”; Guimel, la tercera significa “camello”; Dalet, la cuarta letra, significa “puerta”; y así sucesivamente. En cambio, en griego, la voz Alfa no tiene un significado propio, ni tampoco Beta, ni Gamma, ni Delta…

La mitología griega tiene la leyenda de que fue un tal Kadmus quien trajo el alfabeto a los griegos. Kadmus significa “llegado de Kedem”, que en hebreo significa “de oriente”; pero Kedem significa también lo anterior, lo primordial, en alusión a que la mencionada lengua primordial, madre de todas las lenguas, es la que dio origen al alfabeto griego. De lo expuesto resulta pues, que las letras del alfabeto primordial son la base más importante de los alfabetos occidentales de la actualidad.

Como mera información técnica valga el siguiente dato:

El Profesor Dan Winter es un académico estadounidense de reconocida trayectoria internacional, físico, y creador de software. En este último campo ha desarrollado una utilidad para analizar las diferentes longitudes de onda que irradia el corazón frente a diferentes estímulos de orden emocional; y en el encuadre de este desarrollo, junto a sus colegas, estudió las ondas producidas por el sonido de las letras que conforman el alfabeto hebreo, y así descubrieron que, al menos en líneas generales, la forma de cada letra hebrea respondía al gráfico de la onda generada por el sonido de cada una de ellas.

Vale aclarar que las letras del alfabeto hebreo son pictogramas, porque no sólo representan sonidos, sino también -y fundamentalmente- significados. Pues dichas letras, los símbolos que las representan, son de un orden superior, no fueron adoptados por convención alguna, sino son absolutos. Y no necesariamente estamos refiriéndonos en el nivel esencial, profundo, del alfabeto hebreo, sino incluso en el nivel más elemental. Así resulta que los veintidós símbolos que conforman este alfabeto, tanto sus nombres como las formas que los representan, son distintas manifestaciones o estructuras de una misma y única Fuerza cósmica superior, la cual constituye la esencia e imagen de la existencia toda.

Por ejemplo tomemos el caso de la letra Alef; su representación gráfica son dos letras Yud unidas por una letra Vav en diagonal. Cada una de esas letras Yud individualmente representan el Nombre del Supremo, al igual que la letra Vav. Y todo el conjunto de esas letras que conforma la letra Alef también representa al Supremo, pues sabemos que en el alfabeto hebreo cada letra tiene un valor numérico; y así, la suma de los valores numéricos de esas tres letras es 26, idéntico valor que el Nombre Supremo del Tetragrama. Las cuatro letras que componen el Nombre del Tetragrama pueden reagruparse para formar las voces hebreas haiá (pasado), hové (presente), ihihé (futuro), lo cual alude a que Él es los tres tiempos a la vez, Él es la suma de todos los tiempos; Él trasciende de la dimensión de tiempo.

Y también, el valor numérico de la letra Alef es 1, Ejad en hebreo, palabra ésta cuyo valor numérico es 13, concepto que en sí mismo también alude al Supremo; pues la voz Ejad consta de las letras alef, jet, dalet, cuyos respectivos valores numéricos son 1-8-4. El Uno es la esencia del Supremo, el cual comprende los siete cielos y la tierra (el ocho) y los cuatro puntos cardinales. Ello significa que Él comprende el espacio todo; Él es la suma de todo el espacio; Él trasciende de la dimensión de espacio (En verdad, ello es lo que buscamos significar cuando nos referimos a Él como Omnipresente).

E incluso la forma de la letra Alef evoca la cabeza de un vacuno, típico animal de sacrificio a través del cual el hombre se aúna con el Creador. Por otro lado, como lo hemos planteado, el mismo nombre de la letra Alef significa “Jefe”, “Superior”, “Supremo”. Todo ello explica por qué esta letra Alef es la primera letra del alfabeto hebreo, pues ése es su lugar natural, y no porque alguna comisión lingüística lo haya decidido.

Un análisis semejante se podría llevar a cabo con todas y cada una de las veintidós letras del alfabeto, pero ello escapa al sentido del presente estudio y es tema para otro libro. Tan sólo pretendimos demostrar el carácter absoluto del alfabeto hebreo y con ello el valor universal de la lengua primordial, canal de expresión del inconsciente primordial, cuna primaria de la simbología onírica.

De este modo creemos haber aclarado por qué los sueños han de interpretarse sólo en el contexto de la simbología de la Torah y por medio de Maestros no sólo conocedores de esa sabiduría, sino por sobre todo consagrados a ella y que hacen de la misma su manera de vivir día a día.

En el próximo capítulo empezaremos nuestro estudio sobre los sueños.

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  1. Maisa campos loli
    18 julio, 2017 at 5:10 pm

    Shalom gracias por compartilhar comigo muitoe interessa pois eu tenho sonhos de valor revelações.e gostaria de poder ter estudos a luz da Torah
    Meu número watts app +5571983394821

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