El mes de Elul – Dios Quiere el Corazón

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Posted on agosto 23, 2017

BH

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Dios Quiere el Corazón

Dicen los Sabios (Ejá Rabá 2:4) que Rabí Akiva era uno de los que más apoyaban a Bar Kojva, que era un hombre valiente que luchó contra los romanos. Rabí Akiva se equivocó y creyó ver que se cumplía en él el versículo: “una estrella [kojav] surgirá de Iaakov” (Bamidbar 24:17), y llegó a creer que Bar Kojva era el Meshíaj. Agregan los Sabios (Rambam, Melajim I1:3) que Rabí Akiva llevaba las armas de Bar Kojva, es decir que le brindaba gran honor.

Pero pasó el tiempo y al corroborar que Bar Kojva no seguía meticulosamente por el camino de Dios, Rabí Akiva dejó de apoyarlo y de creer que era el Meshíaj. Sabemos que Bar Kojva murió cuando lo picó una serpiente y que la ciudad de Betar fue destruida. El sagrado Admor Rabí Ioel de Satmer ztk”l (VeIoel Moshé, maamar 3 Shavuot) pregunta cómo es posible que un tanaíta como Rabí Akiva llegara a cometer un error tan grande con respecto a Bar Kojva. Rabí Akiva era el gadol hador y toda la generación lo observaba y aprendía de él, por lo cual sin ninguna duda era sumamente minucioso y meticuloso en todos sus actos, porque sabía que estaba fijando un ejemplo para los demás.

Algo similar encontramos en el caso de Ajia Hashiloni (Sanhedrín 101b) a quien Ierovam ben Navat le preguntó qué pasaría el día que su pueblo se rebelara en su contra y devolviera el reinado a la casa de David. Ajia Hashiloni pidió que escribieran una carta ordenando a los hijos de Israel que se encontraban bajo su gobierno que cumplieran con sus órdenes y le dijo que él mismo firmaría la carta. Ierovam Ben Navat escribió en la carta que debían cumplir con todo lo que dijera Ierovam ben Navat, incluso si les decía que fueran a hacer idolatría. Al ver eso, Ajia Hashiloni se sorprendió mucho y le preguntó a Ierovam cómo pretendía que él firmara algo así. Ierovam le respondió que obviamente no tenía la intención de decirles a los hijos de Israel que hicieran idolatría, pero que esa frase permitiría que los israelitas comprendieran hasta qué punto debían cumplir sus órdenes sin apartarse de las mismas. Ajia Hashiloni aceptó las palabras de Ierovam ben Navat, y como consecuencia todos los reyes de Israel -a partir de Ierovam ben Navat y hasta la destrucción del Primer Templo- fueron terribles malvados e idólatras. Esto se debe a que se apoyaron en la carta que firmó Ajia Hashiloni aceptando las palabras de Ierovam ben Navat.

También Iehud que era un gran tzadik y mató a toda la descendencia del malvado Ajav (Malajim II capítulos 9-10) se equivocó al juzgar a Ierovam después de ver la firma de Ajia Hashiloni (Sanhedrín 102a). Es muy difícil de comprender cómo es posible que Ajia Hashiloni aceptara firmar a continuación de esas palabras de Ierovam. Tratemos de imaginar que el sagrado Rabí Jaim Pinto ztk”l firmara a una carta como esa. ¡Es algo que no podemos entender con la lógica! Y si nuestro corazón no puede aceptar algo así con respeto a este gran tzadik, ¡cuánto menos podemos entenderlo con respecto a Ajia Hashiloni que era un tzadik pilar del mundo de las generaciones pasadas!

El mes de Elul es un momento de enorme despertar espiritual, como está escrito: “¿quién no teme cuando ruje el león?” (Amos 3:8). El Mashguíaj de la Ieshivá Ponevitch, el gaón Rabí Iejezkel Levenstein ztk”l escribe en su libro que el mes de Elul es el mes del despertar, pero debemos tener cuidado que ese despertar no sea sólo de la boca hacia afuera sino que sea un profundo despertar interior que tenga la fuerza de cambiar nuestros actos. Que cuando digamos: “Hombre, no duermas, levántate y suplica”, no se trate de una mera frase externa y palabras vacías, sino de palabras que surgen de lo más profundo del corazón. Solamente entonces será posible que esas palabras logren provocar un enorme despertar espiritual.

Además, en el mes de Elul comienza en las ieshivot y en los kolelim el zeman, el período de estudios. De manera natural cuando hay un nuevo comienzo esto produce mucha emoción. Pero para que esa emoción logre llevar a la persona a efectuar un cambio verdadero y la ayude a invertir sus fuerzas en el estudio, es necesario que ese despertar y esa emoción sean internos y profundos y no simplemente un fenómeno superficial.

Cuando los israelitas proclamaron: “Haremos y escucharemos”, Dios dijo: “¿Quién les ha revelado este secreto a Mis hijos?” (Shabat 88a). Porque esa respuesta era adecuada a los ángeles, quienes carecen de Inclinación al Mal. En los ángeles no juega ningún papel lo externo porque todo su trabajo es interior, y esto se debe a que no tienen Inclinación al Mal. Los hijos de Israel antepusieron el “haremos” al “escucharemos”, es decir que antepusieron lo interno a lo externo, lo cual es un grado sumamente elevado.

Al estar en un Bet HaKneset en Canadá vi que había una ventana con un tejido de alambre sumamente pequeño, por donde ni siquiera podía entrar una pequeña hormiga. En los agujeros del tejido de alambre habían quedado enganchados mosquitos que no habían logrado entrar. Me pregunté qué había llevado a esos mosquitos a tratar de entrar por esos espacios tan pequeños.

No es necesario ser un gran científico para entender que todos los insectos que vuelan se ven sumamente atraídos por la luz y más de una vez se terminan quemando a causa del intenso calor que desprenden las lámparas. Esos mosquitos se habían visto atraídos por la luz que había en el Bet HaKneset y por esa razón quisieron entrar por el mosquitero, pero no pudieron salir por el otro lado y terminaron muriendo. De esto aprendí algo muy importante: de manera natural la luz de la Torá debe atraernos, y si realmente amamos a la Torá probaremos y veremos que la luz de la Torá es tan fuerte que no podemos vivir sin ella. Cuando somos atraídos por la luz de la Torá, nos apegamos a ella y se cumple en nosotros lo que está escrito: “El hombre que muera en la tienda” (Bamidbar 19:14, Berajot 63b).

En una oportunidad vino a verme una jovencita de alrededor de dieciocho años que estaba comenzando a acercarse al judaísmo a pesar de que toda su familia se burlaba de ella. Cuando vino a pedir mi consejo y mi bendición para su camino, le pregunté cómo lograba mantenerse firme frente a su familia cuando la trataban de una manera tan desagradable. Ella me respondió que la luz de la Torá la atraía de tal manera que no era capaz de alejarse de la misma a pesar de todas las dificultades y de las pruebas que debía enfrentar. Me contó que habían comprado pasajes para toda la familia para un gran viaje a Tailandia. Al ver su pasaje, ella escribió a sus padres una carta agradeciéndoles mucho pero no viajó con ellos, porque sabía que ese viaje no era adecuado para su estilo de vida. Y a pesar de que toda la familia viajó y ella se quedó sola en Israel, sintió una enorme alegría porque la luz de la Torá iluminaba su corazón.

Tal como la luz de la Torá atrae a la persona hacia una dirección, la Inclinación al Mal la atrae hacia otra, y por eso existe una lucha tan grande entre ambas. Cada una intenta llevar a la persona en su dirección, y de hecho ésta es también la guerra entre lo externo y lo interno.

En Elul no se trata de rezarle a Dios de la boca para afuera sino que es necesario que la plegaria salga de lo más profundo del corazón. Pronunciar las selijot con toda la intención y entendiendo las palabras, porque sólo de esa forma existe la posibilidad de que las selijot lleguen a despertar nuestro corazón.

Como sabemos, en el mes de Av tuvo lugar la destrucción del Templo, y después de esa destrucción tiene lugar otra destrucción: la destrucción de las vacaciones que implican un terrible peligro. Oí una historia sobre un hombre que fue a un Bet HaKneset en Túnez para guardar allí duelo por la destrucción del Templo. Pero en vez de lamentarse de la manera debida, conoció allí a una joven árabe y decidió abandonar a su esposa para irse con esa mujer. ¿Acaso eso no es eso una verdadera destrucción?

Cuando pienso sobre Rabí Akiva llego a la conclusión de que él vio en Bar Kojva una gran personalidad que deseaba luchar contra el enemigo de Dios. Es muy fácil equivocarse con respecto al Meshíaj, porque tal como hay un Meshíaj verdadero también aparecieron muchas veces en Israel falsos Meshíaj. Y oí que hasta el día de hoy hay en Turquía personas que siguen creyendo que Shabtai Tzvi es el Meshíaj. Rabí Akiva vio el exterior de Bar Kojva, la guerra que libraba contra los romanos y su deseo de construir el Templo, pero Rabí Akiva no pudo ver su interioridad, porque solamente Dios revisa el corazón y los riñones de la persona (Irmihá 17:10).

Hacia el exterior, Bar Kojva manifestaba su deseo de construir el Templo y devolver la corona a quien le pertenece. Por eso Rabí Akiva se confundió y pensó que era el Meshíaj. Pero cuando Rabí Akiva supo que Bar Kojva les pedía a sus soldados que se cortaran un dedo de la mano y se lo llevaran para corroborar de esa manera que le eran fieles (Ejá Rabá 2:4), declaró que ése no era el servicio a Dios con perfección sino que provocaba un defecto en el servicio Divino. Porque Dios nos ordenó: “Cuidarán mucho sus almas” (Devarim 4:15). Dios nos exige que nos esforcemos en el estudio de la Torá pero no que nos provoquemos un daño o un defecto en el cuerpo. Si Dios no le pide a la persona provocar un defecto en su cuerpo para manifestar su amor al Creador, ¿cómo podía Bar Kojva exigir eso a sus soldados? A partir de esto los Sabios llegaron a la conclusión de que todas las guerras de Bar Kojva fueron solamente algo externo, para engrandecerse a sí mismo, pero carentes de todo contenido interior.

Esto nos muestra cuán cuidadosa debe ser la persona para que su servicio a Dios no sea sólo externo, porque Dios desea el corazón (Sanhedrín 106b). Dios quiere la interioridad de la persona, la intención en sus actos y no sólo los actos.

El Rambam (Melajim I 1:4) dice que la tarea del Meshíaj es dar a conocer en el mundo la existencia del Creador. Si bien nosotros sabemos esto y servimos a Dios, este conocimiento todavía no ha llegado a su perfección. Sólo cuando llegue el Meshíaj ben David podremos llegar a entender completamente la realidad de la existencia de Dios.

Cuenta la Guemará que Ierovam explicaba la Torá de diferentes maneras (Sanhedrín 103b) y también era celoso del honor Divino como quedó demostrado cuando le preguntó al rey Shlomó cómo pudo construir una casa para su esposa, la hija del Faraón, interponiéndose en el camino de quienes subían en peregrinaje al Templo; cuando su padre -el rey David- había abierto los portones para que el pueblo pudiera llegar al Santuario a embeberse de su santidad (Ibíd. 101b). Cuando Dios vio de qué manera Ierovam ben Navat defendía Su honor, le dijo a Ajia Hashiloni que deseaba nombrarlo como rey sobre las diez tribus (Tana de beEliahu Raba 24). Debemos saber que en la época en que Ierovam se presentó ante el Rey Shlomó, lo hizo con toda su interioridad. Pero cuando comenzó a reinar lo dominó la parte externa y por eso comenzó a preocuparse por su propio honor, llegando a realizar idolatría. Ajia HaShiloni firmó la carta de Ierovam ben Navat porque creyó en la interioridad de Ierovam, pero en verdad en ese momento Ierovam ya había perdido su interioridad y sólo estaba bajo el dominio de lo exterior.

Podemos preguntarnos por qué Dios no le advirtió a Ajia sino que le permitió equivocarse. Podemos decir que Dios permitió que los hijos de Israel pecaran con el Becerro de Oro y que Ajia se equivocara con Ierovam para enseñarles a todas las generaciones que la persona siempre debe apegarse a su interioridad. En el momento en que comienza a trepar en lo exterior, termina equivocándose. Dios nos entregó la sagrada Torá para que siempre intentemos estar conectados con nuestra interioridad, con la Torá que está grabada en lo más profundo de nuestro corazón. Porque cuando la persona se desconecta de la interioridad y comienza a apegarse a lo exterior, se coloca a sí misma en un terrible peligro.

Al encontrarme en Canadá fui a visitar a una mujer que sufría de cáncer y se encontraba en sus últimos momentos. Cuando llegué a visitarla ella se emocionó mucho y su ritmo cardíaco se elevó de manera preocupante, hasta que llegaron los médicos para tratar de estabilizarla. Al ver esto pensé que si yo que soy un ser de carne y hueso, que hoy me encuentro en este mundo y mañana estaré en una tumba, le provoqué tanta emoción, casi provocando que su alma parta de ella; ¿cómo podremos ser capaces de mantenernos firmes en el juicio delante del Creador, a Quien le pertenece todo el mundo?

Recuerdo también que al mudarnos a nuestra nueva casa, mi esposa le dijo al constructor que primero sacaran la pintura vieja y sólo entonces volvieran a pintar las paredes. Pero el constructor no hizo lo que mi esposa le pidió y pintó con el color nuevo sobre el antiguo. De repente mi esposa se dio cuenta de que en una de las habitaciones habían pintado un color sobre el otro, porque el color más viejo podía verse por debajo del otro. Pensé que de esto podemos aprender algo muy importante: más de una vez volvemos en teshuvá de manera externa, sin efectuar una limpieza a fondo de nuestro interior, y esto se asemeja a pintar con un nuevo color sobre el color que ya había en las paredes. Porque entonces cuando se descascara un pequeño rincón de la pared ya se ve el color que había debajo. De la misma manera, la persona que no corrige sus pecados y no limpia su ser interior sino que sólo viste prendas exteriores, en el primer momento de debilidad todos los pecados y la suciedad que se encuentra en el interior saldrá a la superficie, y entonces no tendrá ni la interioridad ni la apariencia exterior.

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