El mes de Elul – Elevarse

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Posted on agosto 23, 2017

BH

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Elevarse Constantemente en el Servicio a Dios

“Me levantaré a la medianoche para alabarte por la rectitud de Tu juicio”

(Tehilim 119:62).

Aprendemos de Tehilim que el rey David se levantaba cada medianoche para agradecer y alabar al Creador. Los Sabios remarcan que el Rey David dijo “a la medianoche” y no “alrededor de la medianoche” o “cerca de la medianoche”, y esto viene a enseñarnos que David se levantaba para alabar a Dios exactamente a la medianoche (Berajot 3b). Cuando en el Cielo pudieron corroborar que efectivamente David deseaba con toda su alma levantarse en el momento en que comenzaba la medianoche, le brindaron ayuda enviando un viento del norte que hacía sonar las cuerdas del arpa que estaba colgada por encima de su cama. La melodía que creaba el viento en las cuerdas despertaba a David, quien de inmediato comenzaba a agradecer al Eterno por Sus bondades y maravillas.

Es necesario entender qué tiene de especial la medianoche para que David deseara tanto levantarse en ese momento. En todas las generaciones hubo personas que se levantaron a la medianoche para decir Tikún Jatzot lamentando la destrucción del Templo. Recuerdo que mi sagrado padre se iba a dormir cada noche antes de las nueve y se levantaba a la medianoche para rezar a Dios y suplicarle que redimiera al pueblo de Israel de sus sufrimientos. Además, en los días del mes de Elul acostumbramos a reunirnos a la medianoche en los batei knesiot y en las ieshivot para decir todos juntos el orden de las selijot.

Podemos explicar que a la medianoche el Atributo de la Misericordia es más fuerte, porque en ese momento Dios se encuentra reunido con los tzadikim enseñándoles Torá (Zohar Parte I, 92b). Esa Torá sagrada y elevada que estudia el Creador junto con los tzadikim inclina la balanza para bien, para el lado del Atributo de la Misericordia, y el Atributo de la Justicia se oculta. Dado que en ese momento se impone el Atributo de la Misericordia, el pueblo de Israel reza plegarias especiales. Durante las horas de la noche, después de la puesta del sol, no se acostumbra a leer Tehilim porque en ese lapso el Atributo de la Justicia domina sobre el mundo (Shaar HaMitzvot, Vaetjanán 43); pero a partir de la medianoche ya se puede leer Tehilim (Ben Ish Jai Primer Año, Pekudei 7).

Durante estos días de misericordia y perdón, debemos interiorizar el mensaje, reconocer la importancia de la medianoche y decir las selijot con la intención debida. Se trata de un momento propicio para que las plegarias sean aceptadas, un momento que puede permitir cambiar el destino de la persona e inclinar la balanza del juicio Divino para el lado positivo.

Recuerdo que en una hilulá en Marruecos dijimos selijot a la medianoche al lado de la tumba del sagrado Rabí Jaim Pinto ztk”l. En ese momento hubo un gran despertar espiritual entre todos los presentes, a tal punto que dijimos las plegarias en medio de llantos y gritos que se oían a la distancia. Cuando los árabes que viven en la zona oyeron los gritos y las súplicas que provenían de la zona de la tumba, rápidamente se asomaron a las ventanas y permanecieron mudos. Incluso los policías encargados de la seguridad de la hilulá estaban inmóviles y aterrorizados. Al ver lo que sucedía pensé que eso era el cumplimiento mismo del versículo: “Todas las naciones de la tierra verán que el Nombre del Eterno es invocado en ti y sentirán temor de ti” (Devarim 28:10).

Más de una vez me pregunté por qué decimos: “Que culmine el año con sus maldiciones y comience el año con sus bendiciones”. Aparentemente un tzadik que tuvo un año de bendiciones y que tuvo el mérito de santificarse y elevarse en Torá y en temor al cielo durante todo el año, no tiene ninguna razón para decir: “que termine el año con sus maldiciones”. ¡El año que culmina fue para esa persona un año especial, en el cual tuvo el mérito de santificarse y elevarse! ¿Acaso eso puede llamarse un año de maldiciones?

Podemos responder a esta pregunta diciendo que cada persona sin importar en dónde se encuentre, incluso el mayor tzadik, no puede “dormirse en los laureles” y observar con satisfacción el año que culmina pensando: “Yo hice mi parte”. Esto implica que la persona siente que ya llegó al nivel que deseaba y en consecuencia no es necesario seguir trabajando sobre sí misma. Pero la verdad es que rápidamente puede llegar a perder aquello que ganó con esfuerzo y sudor, cayendo hasta los niveles más bajos. Debemos entender que todo aquello que nos propusimos durante el año que culmina y logramos concretar con éxito se considera como un territorio conquistado y en consecuencia debemos plantearnos nuevos objetivos a través de los cuales poder seguir sirviendo a Dios con fuerzas renovadas. Cuando la persona se conforma con lo que ha hecho hasta ese momento, el año que culmina se considera un año de maldiciones porque provocó que se sintiera satisfecha con sus logros, lo cual puede llegar a provocar una terrible tragedia.

Con respecto a este tema podemos recordar la historia de Rabí Saadia Gaón, a quien un alumno lo vio provocándose sufrimientos rodando por la nieve. El alumno le preguntó a Rabí Saadia por qué hacía algo así cuando todo el mundo sabía que él se distinguía por su rectitud. Rabí Saadia Gaón le respondió que una vez se había alojado en una posada y el dueño de la misma no sabía que se trataba de Rabí Saadia Gaón, y lo trató como a cualquier otra persona, sin honrarlo de manera especial. Pero cuando llegó al Bet HaKneset los sabios del lugar reconocieron la sabiduría del huésped y lo honraron mucho. Cuando el dueño de la posada se enteró de que la persona que se había alojado en su residencia era un rabino importante, lloró y le pidió perdón, diciendo que de haber sabido de quién se trataba lo hubiera honrado mucho más y le hubiese dado una habitación más distinguida.

Al día siguiente llegaron otros sabios a visitar al huésped y lo honraron todavía más. Entonces el dueño de la posada regresó a pedirle disculpas. Al otro día supieron que se trataba de Rabí Saadia Gaón y fueron a verlo todos los sabios de la ieshivá. Al oír esto, el dueño de la posada nuevamente fue a pedirle disculpas llorando y con súplicas. Rabí Saadia Gaón le dijo: “Ya te he perdonado, ¿por qué sigues pidiéndome perdón?”. El dueño de la posada le respondió: “Cada día descubro que usted es todavía más grande de lo que yo había pensado ayer, por lo que el pedido de perdón de ayer ya no sirve para la persona que sé que es hoy”.

Rabí Saadia le dijo a su alumno que él había aprendido algo del dueño de la posada, quien le dijo que de haber sabido antes quién era el huésped se habría esforzado mucho más por honrarlo; pero como se había dado cuenta tarde de quién se trataba, ahora lloraba y lamentaba ese retraso. Rabí Saadia sentía que el servicio a Dios era exactamente igual. Cada día tenía el merito de descubrir otro punto destacable del mismo y la grandeza del Creador se revelaba más ante sus ojos. Por eso cada medianoche lloraba y sufría por no haber tenido el mérito de conocer a Dios el día anterior de la manera que lo hacía hoy, al haber logrado adquirir un nuevo nivel en el servicio Divino (Sidur de Shabat, segunda parte drush 3 3:5).

De aquí debemos aprender que cada año tenemos que aspirar a corregir otros aspectos, y de esta manera acercarnos más a Dios. Cuando en el Cielo ven que la persona desea corregir sus actos y mejorar sus caminos -sin conformarse con lo que ha logrado hasta ese momento- entonces le otorgan una ayuda especial para lograr su objetivo. Además, la persona que aspira verdaderamente a elevarse en Torá y temor al Cielo debe aprovechar el momento de la medianoche -un momento de especial misericordia- para ser redimida con piedad para que también el año siguiente sea bueno.

Ahora podemos entender por qué el Rey David nunca se sintió en descenso espiritual. Esto se debió a que se levantaba cada medianoche sobreponiéndose como un león a su Inclinación al Mal, y antes de que llegara la luz de la mañana ya había logrado prepararse debidamente. Por eso está escrito: “Se renuevan cada mañana, grande es su fidelidad” (Ejá 3:23). De esta manera David creció constantemente en su servicio a Dios.


Las Artimañas de la Inclinación al Mal

“La persona debe pelear siempre contra su Inclinación al Mal, como está escrito: ‘Lucha y no peques’. Si la vence, bien y si no que se dedique a estudiar Torá, porque está escrito ‘digan en sus corazones’. Si la vence bien, y si no que lea Kriat Shemá. Si la vence bien, y si no que recuerde el día de su muerte porque está escrito ‘quedarán paralizados'”

(Berajot 5a).

Uno de los rabinos de Francia pregunta sobre estas palabras de los Sabios cómo es posible decir que el estudio de la Torá no logre ayudar a la persona a superar a la Inclinación al Mal y que para poder lograrlo necesite leer el Kriat Shemá. No sólo eso, sino que incluso es posible que el hecho de leer el Kriat Shemá no ayude a la persona a superar a su Inclinación al Mal y que sea necesario que recuerde el día de su muerte. Aparentemente esto se opone a: “Creé la Inclinación al Mal, creé la Torá como su antídoto” (Kidushín 30b), y al hecho de que la Torá salva y protege (Sotá 21a). ¿Cómo se entiende entonces que la Torá sola no pueda ayudar a la persona en la lucha contra la Inclinación al Mal? ¿Y que incluso a veces ni siquiera el hecho de decir el Kriat Shemá –que es como la Torá- pueda ayudar, siendo necesario recordar el día de la muerte para lograr superar a las fuerzas de la impureza?

La respuesta es que el estudio de la Torá sólo puede ayudar a la persona en la lucha contra la Inclinación al Mal cuando se estudia con enorme esfuerzo y dedicación. Pero cuando se estudia solamente para cumplir con la obligación, ese estudio no tiene la fuerza necesaria para proteger a la persona. Los grandes del Musar (Ver Kovetz Igrot leJazón Ish primera parte 3) repiten una y otra vez en sus escritos las necesidad de subyugarse completamente a la Torá, anulando nuestra propia voluntad ante la voluntad de la Torá. Sólo bajo estas circunstancias puede considerarse que la persona se dedica al estudio de la Torá. Pero cuando se trata de un estudio rutinario y sin ningún esfuerzo no se considera que se dedique al estudio de la Torá y en consecuencia su estudio no logra ayudar en la lucha contra la Inclinación al Mal.

También hay muchas personas que leen el Kriat Shemá de manera rutinaria, sin prestar atención a las intenciones profundas y ocultas de sus palabras. A partir de lo que dice el Tratado de Berajot aprendemos que a veces a la persona le cuesta esforzarse y dedicarse al estudio de la Torá. Por eso, si no logra hacerlo, por lo menos debe tratar que el significado de las palabras del Kriat Shemá tengan la intención adecuada. Pero cuando tampoco logra poner la intención adecuada en el Kriat Shemá, entonces sólo el hecho de recordar el día de la muerte puede sacarla de su adormecimiento y ayudarla a luchar contra la Inclinación al Mal. Esto efectivamente podemos corroborarlo en aquellos que acompañan a una persona fallecida, quienes se ven entristecidos y ensimismados y en ese momento no cometen ningún pecado.

Los días de Elul constituyen el momento propicio para volver en completa teshuvá y expiar por nuestros actos. Aunque durante todo el año la persona tiene la posibilidad de volver en teshuvá, el mes de Elul es llamado el mes de misericordia y perdón, en el cual Dios está más cerca de todos aquellos que lo invocan con sinceridad. Leí que el tzadik Rabí Israel de Salant ztk”l una vez fue a dar una charla sobre el mes de Elul en un bet kneset. En el momento en el cual el tzadik pronunció la palabra “Elul”, su cuerpo comenzó a temblar y los dientes le castañeaban. Esto se repitió cada vez que dijo la palabra Elul, hasta que la décima vez que lo dijo se desmayó y debieron socorrerlo. También es sabido que en las cartas que Rabí Israel de Salant escribió en los días de Elul su pulso temblaba debido al temor que experimentaba ante la cercanía de los Iamim Noraim.

¿Qué es lo que despierta tanto temor ante la palabra Elul? ¿Por qué cuando oímos decir Kislev o Tevet no experimentamos una emoción especial, pero en cambio el temor incrementa cuando se acercan los días de Elul? La explicación simple es que Elul es el único mes en el cual la persona tiene la posibilidad de retornar al Creador recibiendo ayuda Divina, tal como está escrito: “Abran una entrada como el ojo de un aguja y yo les abriré grandes portones” (Pedido de Tashlij del Jidá, Shir HaShirim 5:3).

Con mayor profundidad podemos explicar (Abudraham Seder Tefilat Rosh Hashaná) que la palabra “Elul” está conformada por las primeras letras de las palabras: “Ani ledodi vedodi li” – “Yo soy de mi amado y mi amado es mío” (Shir HaShirim 6:3). Estas palabras son las que nos llevan a sentir temor al acercarse los Iamim Noraim. Para entender las letras que forman la palabra Elul es necesario profundizar en lo que está escrito con respecto al rey: “Sólo que él no deberá aumentar para sí caballos en exceso, para que no haga retornar al pueblo a Egipto a fin de incrementar en caballo…” (Devarim 17:16). El Gaón Rabí Moshé Shmuel Shapira zt”l –Rosh Ieshivá de Beer Iaakov- pregunta con respecto a este versículo por qué la Torá comenzó hablando en plural “caballos” pero después continuó en singular al decir “caballo”. El Rosh Ieshivá zt”l responde que para llevar la carroza del rey era suficiente con dos caballos, tal como dice al comienzo del versículo, pero si agrega un caballo más ya se considera que se ha transgredido la orden de la Torá.

A partir de este versículo aprendemos que el camino de la Inclinación al Mal es presentarse a la persona con cosas pequeñas y aparentemente insignificantes, sabiendo que si intenta hacerla caer con cosas grandes ella se negaría a hacerlo. La Inclinación al Mal se presenta y tienta a la persona para que peque con algo pequeño, pero a partir de eso puede lograr hacerla caer, porque cada pequeña transgresión se va sumando a la siguiente. Por eso la Torá comenzó diciendo “caballos” en plural y culminó con “caballo” en singular, para enseñar a todas las generaciones cuál es el camino de la Inclinación al Mal, que al convencer a la persona para que agregue sólo un caballo más ya la está atrapando en sus redes logrando que luego siga pecando con cosas más graves.

Vemos que el rey Shlomó, el más sabio de los hombres, pecó al haber incrementado sus bienes, sus mujeres y sus caballos (Melajim I 10:26, 11:3 y Sanhedrín 21b). ¿Cómo es posible que el rey que era más sabio que todos los hombres (Divrei HaIamim I 29:23, Meguilá 11 b) llegara a pecar transgrediendo una de las prohibiciones establecidas para los reyes? La respuesta es que Shlomó pensó que debido a su sabiduría tendría la fuerza necesaria para superar a la Inclinación al Mal e impedirle que influyera sobre él para mal. Pero incluso la persona más sabia de todas las generaciones, que conocía todos los idiomas -incluso el lenguaje de los animales- no pudo contra la Inclinación al Mal y finalmente cayó en sus redes. ¡Qué podemos decir entonces nosotros, que ni siquiera llegamos a los talones del rey Shlomó!

Dicen los Sabios (Shemot Rabá 6:1) que después de que el rey Shlomó pecara, fue la letra iud de la frase: “lo irbé” (no incrementará) y lloró ante Dios porque Shlomó había transgredido la orden de no incrementar sus caballos. Dios le dijo a la letra iud: “Muchos como Shlomó desaparecerán, pero tú permanecerás en tu lugar eternamente”. ¿Por qué fue precisamente la letra iud la que fue a quejarse ante Dios? La iud es la más pequeña de todas las letras y esto viene a enseñarnos cuál es el camino de la Inclinación al Mal, que como ya hemos dicho trata de lograr que la persona cometa una pequeña transgresión, y cuando siente que ya ha caído en las redes de la Inclinación al Mal, esta logra hacerla pecar en cosas más serias y graves.

En este sentido podemos traer las palabras de Marán HaRav Shaj ztk”l quien dijo que el mayor problema de esta generación es la falta de temor al Cielo que es consecuencia de la abundancia de lujos innecesarios. Aunque el hecho de tener muchas cosas materiales a primera vista puede parecer algo pequeño e insignificante, similar a la letra iud, de hecho también las cosas pequeñas finalmente se juntan y forman algo grande. Por eso de repente la persona se encuentra rodeada de materialidad y de vanidades mundanas. Además, el incremento de lo material lleva a la persona a descuidar el yugo de la Torá, porque cuando está completamente ocupada en las vanidades mundanas no tiene espacio libre en la cabeza ni en el corazón para la Torá. Por eso resulta que la Torá que no se adquiere con esfuerzo no tiene la fuerza necesaria para proteger a la persona de la Inclinación al Mal.

Si prestamos atención veremos que las palabras “Ani ledodi vedodi li” terminan con la letra iud. Para que la persona pueda sentir que “estar cerca de Dios me es bueno” debe alejarse de todo lo innecesario y ajeno a su propio yo y de esta manera tendrá el mérito de acercarse a su “Amado”. Cuando la persona se acerca a su Amado anulando todos sus deseos, es digna de: “mi Amado es mío”. Por el contrario, cuando hay una falta y un defecto en la cercanía a Dios, debemos saber que la raíz se encuentra en la abundancia de cosas materiales superficiales, porque a pesar de que estas parezcan ser pequeñas e insignificantes como la letra iud, la verdad es que tienen la fuerza de evitar que se establezca una conexión entre la persona y su Creador.

Podemos agregar que el Mundo Venidero fue creado con la letra iud (Menajot 29b)), y por eso nuestros Sabios quisieron contar al rey Shlomó entre aquellos que perdieron su porción en el Mundo Venidero (Sanhedrín 104b). Porque a pesar de la enorme rectitud de Shlomó él fue culpable de haber dañado la letra iud, que representa a las cosas excedentes, a los lujos innecesarios, al haber incrementado la cantidad de caballos y mujeres que tenía permitidos. Debido a que él incrementó estos lujos innecesarios, no era adecuado que recibiera su porción en el Mundo Venidero que fue creado con la letra iud.

Además, las cuatro palabras “Ani ledodi vedodi li” equivalen a los cuatro mundos a través de los cuales Dios baja la abundancia al mundo, tal como dice el Jesed leAbraham (Maaián 2 naar 5), que estos cuatro mundos son canales de abundancia a través de los cuales Dios brinda Su bien y Su bondad al mundo en el cual nosotros habitamos. Cuando la persona daña la letra iud al incrementar en lujos innecesarios, está obstruyendo esos conductos de abundancia y de bendición.

Por esta razón las personas más temerosas de Dios tiemblan al escuchar la palabra Elul, porque entienden el significado profundo de las primeras letras de la palabra Elul y de las últimas letras de “Ani ledodi vedodi li”.

Debido a que el día de la muerte tiene la fuerza para provocar temor en la persona, es necesario saber que también los Iamim Noraim se asemejan al día de la muerte porque la persona no sabe qué se le decretará. Vimos muchos casos en los cuales las personas comenzaron el año y no tuvieron el mérito de culminarlo. Por eso cada uno debe volver en completa teshuvá a su Padre en los Cielos.

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