El mes de Elul – La Importancia de la Teshuvá

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Posted on agosto 23, 2017

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La Importancia de la Teshuvá

El autor de Minjat Iehudá, Rabí Iehudá Atía zt”l, dice que los pecados que la persona comete durante su vida, crean a su alrededor una gruesa capa de suciedad y lodo. Si la persona no siente la necesidad de arrepentirse por sus malos actos y expiar por ellos antes de morir, entonces cuando llega al Cielo esa capa contaminada que se creó por sus malos actos la acompaña y le impide presentarse ante el Rey de Reyes.

Para que la persona pueda presentarse ante Dios, debe limpiarse y purificarse de la suciedad que se le fue apegando. Los ángeles dañadores sacuden el cuerpo para desprenderlo de la dura capa que se le ha apegado y golpean al cuerpo en la tumba. Esto es conocido como jibut hakever (los golpes de la tumba). El proceso de liberación de la suciedad y de la contaminación adquirida produce muchos sufrimientos a la persona fallecida, y mientras más gruesa es la capa que rodea su alma, también los sufrimientos y los dolores son más intensos. En resumen, éstas son sus palabras.

Pero la persona inteligente puede volver en teshuvá a tiempo, cuando todavía se encuentra en este mundo, para no llegar a presentarse ante el Tribunal Superior cubierta por sus pecados. Dado que nadie sabe cuándo llegará el momento en que deberá partir de este mundo, debemos volver en teshuvá a diario. Dicen nuestros Sabios que la persona debe volver en teshuvá un día antes de su muerte (Avot 2:10). También aquí debemos decir que dado que la persona no sabe cuándo llegará ese momento, en consecuencia debe volver en completa teshuvá cada día de su vida (Shabat 153a).

Todo el mundo sabe que una fina capa de polvo se puede quitar con gran facilidad, pero en cambio una capa gruesa de suciedad requiere grandes esfuerzos para poder quitarla. Y muchas veces incluso después de haber efectuado grandes esfuerzos sigue quedando una huella de la mancha. De la misma manera, si la persona se apresura y vuelve en teshuvá inmediatamente después de pecar, su teshuvá será más sencilla y tendrá mayor fuerza para limpiar su pecado. Pero si la persona sólo se despierta para volver en teshuvá antes del Día del Juicio, le resultará difícil limpiarse y purificarse de sus pecados, y quién sabe si después de su teshuvá no seguirán quedando huellas de los pecados cometidos.

Si observamos a nuestro alrededor podremos corroborar que Dios nos ha otorgado bellos regalos. La pregunta es si tenemos la capacidad de sentir la elevación de esos regalos. Si el alma de la persona no añora la santidad del Shabat que tiene parte del sabor del Mundo Venidero, debe revisar sus actos, porque es posible que su alma esté cubierta de lodo y que eso le esté impidiendo disfrutar de la belleza del Shabat. Dios mismo dijo: “Tengo un buen regalo en Mi casa de tesoros y se llama Shabat” (Shabat 10b). Esto implica que Dios se refirió al Shabat con adjetivos afectuosos. Si Dios mismo dio testimonio de su afecto hacia el Shabat, ¿quiénes somos nosotros para venir a decir que no es así?

Por lo tanto, para que la persona pueda sentir el valor y la dulzura de las palabras de Torá y de las mitzvot, en primer lugar debe purificarse y limpiarse a sí misma de toda huella del pecado, para que las transgresiones no la separen de las mitzvot y de la Torá y no sufrir una pérdida doble, tanto por cometer un pecado como por perder el disfrute de la mitzvá.

Para explicar el tema, vamos a compararlo con un sirviente que debe servir al rey. Sin ninguna duda el sirviente debe estar limpio y vestirse de la manera adecuada antes de presentarse ante el rey. ¡Pobre de aquél que se atreva a presentarse ante el rey con ropas manchadas o con mal olor! Y el sirviente debe saber que no alcanza solamente con vestir prendas bellas, sino que en primer lugar debe lavar correctamente su cuerpo, porque sólo la ropa no servirá de nada si su cuerpo no está limpio.

Salvando las diferencias, también nosotros al presentarnos ante el Rey de reyes debemos ser cuidadosos respecto a la limpieza de nuestra alma, y esto es necesario para que las mitzvot puedan mantenerse en nosotros. Cuando la persona cumple una mitzvá pero sigue teniendo muchos pecados, entonces esa mitzvá no puede perdurar en ella, porque las transgresiones lo impiden. La manera de limpiar y purificar el alma de toda huella del pecado es a través de la teshuvá, lo cual santifica a la persona y expía por los pecados.

Una vez, en medio de un importante evento, se acercó una persona pobre y me dijo que se encontraba en un grave problema económico. Al oír su terrible dolor, me acerqué a una de las personas adineradas que participaban de la comida y le pedí que ayudara a esa persona con un regalo generoso. Esta persona efectivamente abrió su corazón y su mano y le entregó al pobre un cheque bondadoso. El pobre estaba muy sucio y en consecuencia el cheque se manchó. Cuando llegó al banco para depositar el cheque, el empleado se negó a aceptarlo porque estaba tan manchado que no era posible recibirlo.

Cuando esta persona pobre vino y me relató lo ocurrido, compartí su dolor pero ya no pude ayudarlo, porque quien le había dado el cheque ya había regresado a los Estados Unidos y no tenía manera de comunicarme con ella. Me pregunté cómo es posible que esa persona no hubiera hecho un pequeño esfuerzo: lavarse las manos antes de tomar el cheque. También nosotros muchas veces nos perdemos el placer y el disfrute espiritual debido a que nuestro cuerpo y nuestra alma están sucios y manchados a causa de los pecados y en consecuencia no podemos disfrutar de la belleza de las mitzvot.

El Baal HaTania dice que en el mes de Elul Dios se asemeja a un rey que sale al campo para ver a su pueblo. Aunque durante el curso del año se debe solicitar una cita por adelantado para poder entrevistarse con el rey -y no todo el mundo tiene el mérito de poder verlo-, en el mes de Elul el rey sale al campo y todos pueden verlo. De la misma manera en el mes de Elul Dios está especialmente cerca de Sus hijos, como está escrito: “Dios está cerca de todos los que lo llaman, de todos los que lo llaman con sinceridad” (Tehilim 145:18).

Pregunta el Baal HaTania cómo se explica que los días del mes de Elul transcurran sin que festejemos la cercanía de Dios. Salvando las diferencias, cuando el rey llega de visita a un pueblo, todos festejan y celebran en su honor. ¿Por qué nosotros no celebramos en estos días cuando el Rey de reyes se encuentra a nuestro lado?

La respuesta es que el nivel más elevado de la persona es sentir a Dios en su corazón; no salir a recibir a Dios al campo sino aceptar Su reinado en lo más profundo de nuestros corazones. Por eso no celebramos durante el mes de Elul, para recordar que el objetivo final es aceptar a Dios en nuestro corazón y no solamente de manera exterior. Cuando llegamos a ese nivel sentimos una alegría inigualable.

Está escrito: “Siempre tuve a Dios ante mi” (Ibíd. 16:8). Y también: “Sabe delante de Quién te encuentras, delante del Rey de Reyes el Santo Bendito sea” (Berajot 28b). Para poder sentir la intensidad del tema, recurriremos a la fuerza de la imaginación. Muchas veces, cuando extraño a mi padre y deseo recordarlo, comienzo a imaginarlo y a recordar cómo se comportaba ante determinadas situaciones, y a través de la imaginación mi añoranza se calma.

También para poder sentir la realidad Divina debemos imaginarnos a Dios y sentirlo a nuestro lado. ¿Cómo podemos imaginar a Dios si Él no tiene cuerpo ni figura? A través del estudio de la Torá y del cumplimiento de las mitzvot, las cuales fueron escritas con los sagrados Nombres de Dios.

Cada persona puede dar testimonio personal respecto a si Dios se encuentra en su interior o si su corazón está sumamente alejado de Él. Cuando la persona se pone de pie ante Dios para hacer tefilá, queda claro si lo hace cumpliendo con las palabras: “Siempre tuve a Dios ante mi” (Tehilim 16:8) o si su cuerpo está en el bet hakneset pero su cabeza se encuentra en lugares lejanos.

El sagrado Rabí Elimelej de Lizansk ztk”l (Noam Elimelej Parashá Vaishlaj) dice que cuando la persona está rodeada de pecados, estos constituyen una muralla entre ella y el Creador e impiden que sus plegarias suban al Cielo y sean aceptadas. Por eso la persona debe esforzarse para volver en completa teshuvá, para que sus plegarias no sean en vano. Y si la persona ya siente que se encuentra delante del Rey de reyes, hará bien en volver en completa teshuvá para que sus plegarias sean aceptadas favorablemente.

Dicen nuestros Sabios que los malvados ni siquiera vuelven en teshuvá al encontrarse ante la entrada del Guehinom (Eruvín 19a). ¿Acaso los malvados no ven los sufrimientos y el dolor de los pecadores que están ante ellos? ¿Acaso aman tanto a sus pecados que no desean arrepentirse? La respuesta es que mientras la persona se encuentra en este mundo tiene la posibilidad de elegir. Puede escoger seguir el buen o el mal camino, y también si alguna vez fracasa y elige el mal camino, puede arrepentirse y corregir sus actos. El Mundo Venidero es el mundo de la recompensa, y por eso la persona ya no podrá arrepentirse de sus malos actos y la única manera de purificarse de los mismos es a través del castigo, que purifica a la persona de sus pecados.

Los peores malvados no vuelven en teshuvá ni siquiera al encontrarse en las puertas del Guehinom, porque a pesar de su voluntad de hacerlo no tienen la posibilidad de arrepentirse, y la única manera de purificarse es a través del castigo, purificando sus pecados con el fuego del Guehinom, que Dios nos proteja.

Por eso debemos preocuparnos por volver en completa teshuvá ya en este mundo, cuando tenemos la posibilidad de expiar por nuestros actos a través del arrepentimiento, y no esperar llegar a ese momento en el cual la única manera de limpiar nuestra alma sea a través del castigo.


Durante los Días de Selijot se Lee la Parashá Shoftim

“Jueces y oficiales nombrarás para ti en todas tus ciudades que el Eterno tu Dios te otorgue, para tus tribus, para que juzguen al pueblo con justicia recta”.

(Devarim 16:18)

La parashá Shoftim se lee durante el mes de Elul y esto implica que existe una conexión entre lo que dice esta parashá y la esencia de los días de misericordia y perdón.

Está escrito: “Yo soy de mi amado y mi amado es mío” (Shir HaShirim 6:3). Los Rishonim dijeron (Abudraham Seder Rosh Hashaná) que las primeras letras de estas palabras forman la palabra “Elul”, lo cual nos enseña que durante los días del mes de Elul que son días de preparación antes de los Iamim Noraim, debemos volver en teshuvá y acercarnos al Creador en el sentido de “Yo soy de mi amado”. Cuando Dios ve cuáles son nuestras aspiraciones y el esfuerzo que realizamos para acercarnos a Él, entonces también Él se acerca a nosotros, como está escrito: “Y mi Amado es mío”. En la medida que la persona se acerca al Creador, así también Dios se acerca a ella, porque de la misma forma en que juzgamos a los demás y nos comportamos, así también somos juzgados y se comportan con nosotros (Sotá 8b).

Tal como la persona que desea viajar en automóvil en primer lugar debe encender el motor, así también para poder obtener un juicio favorable en el juicio Divino debemos presentarnos ante Dios habiéndonos purificado, es decir que debemos “encender el motor” y comenzar a despertarnos y acercarnos a Él desde estos días especiales de teshuvá y selijot que son los días del mes de Elul.

Cuando alguien se presenta ante un juez de carne y hueso, siente temor. El miedo que siente la persona que oye su veredicto por teléfono no es igual al que siente aquél que oye su veredicto cuando está presente en el juzgado viendo al juez. Está escrito que Dios no tiene cuerpo ni imagen, y en consecuencia nos cuesta mucho temerle porque no podemos verlo y tampoco podemos oír el decreto que establece para nosotros para el nuevo año. Por eso es necesario que durante estos cuarenta días en los cuales Dios se encuentra más cerca de nosotros tratemos de imaginar y vivir la realidad de la existencia de Dios.

El Baal HaTania compara esto con un rey que sale del palacio al campo para encontrarse con su pueblo. Sólo cuando se efectúan grandes preparativos en vistas del Día del Juicio volviendo en completa teshuvá, es posible experimentar la realidad de Dios y sentir casi como si lo estuviéramos viendo con nuestros propios ojos y oyendo nuestro veredicto con nuestros oídos.

Salvando las diferencias, cuando citan a una persona para un juicio y ella no se presenta, está manifestando desprecio y falta de confianza en el sistema judicial. Por eso los jueces la juzgan con mayor gravedad de la que habían pensado en un principio. Por ejemplo, si en un primer momento habían pensado condenarla a tres años de prisión, dictaminan que deba cumplir cinco años de condena. Pero por otro lado, cuando el acusado reconoce su transgresión y manifiesta arrepentimiento, eso puede aliviar la gravedad del castigo. Salvando las diferencias, cuando el Gran Rey nos juzga en Rosh Hashaná, debemos presentarnos ante Él reconociendo y confesando todos nuestros pecados y no escaparnos de este día sagrado dedicándonos a cosas que no tengan ninguna relación con la santidad del día, porque de esa manera estamos manifestando desprecio al Cielo y damos más fuerza a los ángeles acusadores. Por otro lado, cuando la persona se presenta ante Dios habiendo vuelto en teshuvá y pide perdón, lo más probable es que Dios la juzgue con misericordia y le otorgue un juicio positivo.

Para poder presentarnos al juicio estando limpios de todo pecado, debemos comenzar a trabajar en ello durante los días del mes de Elul, porque tal como no podemos empezar a correr antes de aprender a caminar, lo mismo ocurre respecto al momento en que debemos presentarnos para ser juzgados por Dios, para lo cual es indispensable prepararse durante los días de misericordia y perdón.

Muchas comunidades tienen la costumbre de tocar el shofar durante el mes de Elul (Pirkei de Rabi Eliezer 45, Tur Oraj Jaim 581) y en el día de Rosh Hashaná tocar el shofar es una mitzvá de la Torá (Bamidbar 29:1). Hay muchas explicaciones respecto a por qué se toca el shofar. Una de ellas es que se toca el shofar para confundir al Satán (Tur, Oraj Jaim 581) que intenta acusar al pueblo de Israel en el momento en el cual Dios desea inscribirlo en el libro de la buena vida y de la paz. El Satán sabe que durante los días de misericordia y perdón el pueblo de Israel y Dios se encuentran más cerca que durante el resto del año, y por eso intenta con todas sus fuerzas separarlos presentando acusaciones contra Israel. Precisamente en estos días el Satán se esfuerza todavía más porque teme y siente más presión al ver que la persona se aleja de él y se acerca al Creador. Durante todo el año la Inclinación al Mal siente que la persona “se encuentra a su lado”, por lo que no siente ninguna presión, porque lo más probable es que vaya a lograr su cometido. Pero durante los días de misericordia y perdón, cuando los seres humanos cumplen con: “Yo soy de mi amado y mi amado es mío”, el Satán se pone muy nervioso y trata con todas sus fuerzas de anular el nexo entre Dios y el pueblo de Israel, presentando acusaciones en su contra. Por eso es necesario confundir al Satán a través del sonido del shofar.

La plegaria “Unetane Tokef” del sagrado Rabí Amnón de Maguenza, dice: “Los ángeles se apresurarán”. ¿Por qué deben apresurarse los ángeles en el día del Juicio si ellos no son juzgados? La respuesta es que en el Cielo hay ángeles que actúan como fiscales, acusando al pueblo, y otros que son defensores. El día de Rosh Hashaná cuando todo el pueblo pasa ante Dios para ser juzgado e inscripto en el libro de la vida, tiene lugar una lucha entre los ángeles defensores y los ángeles acusadores, en la cual cada lado desea ganar e inclinar el juicio hacia su lado. Por eso está escrito: “los ángeles se apresurarán”, aludiendo a la guerra que tiene lugar en el Cielo, en la cual cada grupo se apresura para llegar a presentar sus argumentos ante Dios con la esperanza de poder inclinar la balanza en su dirección.

Esto podemos explicarlo también de otra forma. Los ángeles saben que su misma existencia depende del pueblo de Israel y del estudio de la Torá, porque está escrito: “¿No he hecho pacto con el día y la noche y no he dado leyes al cielo y a la tierra?” (Irmihá 33:25). Y también está escrito: “En el principio creó Dios” (Bereshit 1:1), es decir que el mundo fue creado para Israel que es llamado reshit (comienzo) y también para la Torá que también es llamada reshit (Rashi, Ibíd.). Por esta razón el día del Juicio los ángeles se apresuran de un lado al otro porque están preocupados preguntándose si Israel tendrá el mérito de ser inscripto para un buen año, porque de la fuerza misma de Israel también los ángeles obtienen el mérito de seguir existiendo en los mundos superiores o lo contrario, que Dios se apiade.

La parashá Shoftim que se lee en el mes de Elul comienza diciendo: “Jueces y oficiales nombrarás para ti en todas tus ciudades” (Devarim 16:18). ¿Por qué la Torá consideró correcto ordenarle a Israel establecer jueces y policías en sus ciudades? Probablemente Israel habría llegado a designarlos incluso sin que la Torá le ordenara hacerlo, porque nadie puede imaginar que una ciudad pueda mantenerse sin jueces que juzguen con rectitud a sus habitantes y sin oficiales que cuiden el orden y la disciplina. Aparentemente esta orden es similar a ordenarle a alguien que no olvide comer y beber, cuando la persona lo hará de manera natural porque de eso depende su propia vida. Entonces, ¿por qué la Torá ordenó establecer jueces y oficiales?

La respuesta es que esta orden no sólo nos obliga a fijar jueces y oficiales en las ciudades que vivimos, sino principalmente sobre nosotros mismos para que no llegar a pecar. La Inclinación al Mal es el peor enemigo de la persona y busca constantemente la manera de poder entrar a su corazón. Por eso la persona debe colocar vallas protectoras a los miembros de su cuerpo, para no permitirle entrar a la Inclinación al Mal y evitar caer en sus redes. Sobre esto dice el Jovot HaLevavot (Shaar 5:5) que mientras dormimos la Inclinación al Mal entra a nuestro interior y duerme con nosotros para insertar malas ideas en nuestros pensamientos, tal como está escrito: “Tú duermes y ella te despierta” (Ibíd.). E incluso cuando rezamos la Inclinación al Mal está con nosotros provocando que nos distraigamos y tengamos malos pensamientos. Por eso dicen en broma y con dolor que si alguien olvidó algo debe pararse rápidamente a rezar, porque seguro en medio de la plegaria recordará lo que olvidó, debido a que la Inclinación al Mal intenta de todas las formas posibles hacer que la persona pierda la concentración.

Si nos evaluamos sinceramente, podremos dar testimonio de que muchas veces cuando estamos rezando sólo nuestras bocas repiten las palabras pero nuestro cerebro y nuestro corazón se encuentran en cualquier otra parte. Esto es muy doloroso, porque cuando la persona no está concentrada completamente en la plegaria y no siente que está de pie ante el Rey de reyes, la Inclinación al Mal aprovecha para llenarle la cabeza con pensamientos alejados y a veces incluso con pensamientos totalmente aberrantes. Por eso tenemos la obligación de fijar guardias y vallas a los miembros de nuestro cuerpo y a nuestros pensamientos para que no lleguen a caer en las manos de la Inclinación al Mal.

Está escrito: “Cuando te aproximes a una ciudad para hacerle la guerra, le harás un llamamiento de paz” (Devarim 20:10). Esto significa que la persona que desea triunfar en su lucha contra la Inclinación al Mal, en el sentido de “cuando te aproximes a una ciudad para hacerle la guerra”, en primer lugar debe efectuar un llamamiento a la paz, es decir esforzarse por llegar a la perfección interior a través de vakarata (le harás un llamamiento), que alude al mikré hatorá (estudio de la Torá) que es totalmente perfecto. Esto es lo que dijeron nuestros Sabios respecto a que la Torá protege y defiende a la persona del pecado (Sotá 21:1), porque construye a su alrededor una muralla que está constituida por los méritos de las mitzvot y que le impide acercarse a la Inclinación al Mal.

Vi en el libro Jojmat HaMatzpún en nombre de nuestros Sabios, que en el Día del Juicio incluso Dios vuelve en teshuvá. Esto no puede dejar de llamarnos la atención. ¿Cómo es posible decir que Dios que es perfecto necesita volver en teshuvá? A veces Dios cobra a los hijos el pecado de sus padres a pesar de que los hijos son inocentes. Por eso Dios pide perdón a esos hijos que son castigados por los pecados de sus padres. ¿Por qué Dios no castigó directamente a los padres sino que postergó el castigo para los hijos? La respuesta es que Dios no castigó a los padres porque sabía que estaban tan alejados que no llegarían a entender que el castigo venía de Dios, y por eso esperó para castigarlos en el Mundo de la Verdad. Además, cuando los padres no pueden llegar a entender que se trata de un castigo de Dios, Él decide castigarlos en aquello que les es más amado, que son sus hijos, con la esperanza de que de esta manera logren despertarse al darse cuenta que sus hijos sufren por su culpa. Además, los sufrimientos de los hijos expían por los pecados de los padres. Por esta razón Dios pide perdón el día del Juicio, dirigiéndose a los hijos que son castigados por los pecados de sus padres, tal como está escrito: “Les cobra a los hijos por los pecados de los padres” (Shemot 20:5).

Si prestamos atención veremos que el valor numérico de las últimas letras de las palabras ani ledodi vedodi li (Shir HaShirim 6:3) es cuarenta, de manera equivalente a la Torá que fue entregada después de cuarenta días y cuarenta noches en las cuales Moshé permaneció en el Cielo aprendiendo la Torá de la boca misma de Dios. Y también de manera paralela a las cuarenta seá de agua con la cual se llena una mikve de purificación. Estas alusiones vienen a enseñarnos que la manera de acercarse al Creador y salvarse de la Inclinación al Mal es apegándose a la Torá que purifica a la persona como una mikve.

También podemos decir que el hecho de que las últimas letras de “ani ledodi vedodi li” sumen cuarenta, alude a los cuarenta días que lleva la formación del feto (Bejorot 21b), después de los cuales comienza a considerarse un ser vivo. De la misma manera, después de los cuarenta días de teshuvá en los cuales la persona se arrepiente y confiesa sus pecados, es considerada como una nueva creación. Tal como el feto sólo es considerado un ser vivo cuarenta días después de su concepción, también la persona que se mantiene en donde estaba y no vuelve en teshuvá durante los cuarenta días de misericordia y perdón, pierde el adjetivo de “vivo”, e incluso si sigue viviendo en este mundo no se trata de una vida verdadera, porque “los malvados son llamados muertos mientras viven” (Berajot 18b).

Está escrito: “Toquen el shofar ante la luna nueva” (Tehilim 81:4). Como sabemos, la palabra shofar viene de shipur, es decir mejorar los actos (Vaikrá Rabá 29:6). Esto significa que no es suficiente con que la persona afirme que volvió en teshuvá, sino que debe actuar manifestando el cambio positivo en sus acciones. Cuando las manos de las persona están muy sucias, no es suficiente con lavarlas con agua sino que también hace falta frotarlas bien con jabón. La persona a la que se le pegaron los pecados no puede conformarse con que su boca diga que desea volver en teshuvá, sino que debe frotar bien su cuerpo y su alma a través de las cuatro etapas del proceso de teshuvá, que incluyen abandonar el pecado, arrepentimiento, confesión y compromiso para el futuro. De esta manera logrará un verdadero cambio en sus actos. Cuando la persona efectivamente mejora sus actos, tiene el mérito de experimentar una enorme alegría por haber logrado purificarse ante el Rey del universo.

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