Meditación y la Torah 2

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Posted on septiembre 13, 2017

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Abraham Maimónides

A pesar de que numerosos autores emplean el término Hitbodedut para referirse al estado de meditación, la mayoría de las veces  se ha utilizado esta palabra para denotar el hecho mismo de la meditación, de lo cual hallamos abundantes ejemplos en la literatura cabalística. Sin embargo, donde más claramente podemos observarlo es en los escritos de Rabí Abraham Maimónides, hijo del célebre filósofo, codificador y médico Moshe Maimónides.

Según Rabí Abraham Maimónides, existen dos tipos de aislamiento (hitbodedut): el retiro exterior y el interior. El primero no indica más que el aislamiento físico, mientras que el segundo se refiere al proceso meditativo en el que la persona se aísla tanto espiritual como mentalmente, considerándose ésta la más elevada de todas las prácticas meditativas por ser el método que los profetas utilizaban para obtener sus revelaciones. Ellos practicaban con frecuencia el aislamiento físico, pero sólo a modo de preparación para el aislamiento interior o meditación, que conduce al escalón más elevado en la escalera de la revelación. Dicho estado no sólo se considera un medio para alcanzar la revelación, sino la revelación misma.

Rabí Abraham entiende que existe un gran número de versículos bíblicos donde se alude al estado de meditación. Se trata de la perfección procedente del interior del corazón que el rey David pedía en sus oraciones, cuando le decía: “Crea en mí, oh Dios, un limpio corazón”(Salmos 51:12). Lo mismo puede afirmarse de Asef, cuando salmodiaba, “Mi corazón y mi carne languidecen, ¡mientras Dios se hace roca de mis entrañas, mi porción, por siempre!”(Salmos 73:26). Tales versículos están referidos a la pureza de mente y de corazón, cuando se hallan limpios de todo cuanto sea ajeno a lo Divino. Si un hombre alcanza ese estado, podremos contemplar la Esencia Divina penetrando en su mente y morando en ella.

También se incluye una clara descripción del método: “Este nivel se alcanza mediante el cese absoluto, o casi total, de la actividad sensorial perceptiva, divorciándola del alma. La fuerza motivadora de la consciencia queda así apartada de todos los conceptos terrenales y tiende a lo Divino. El intelecto permanece, pues, envuelto por la Divinidad , y la imaginación, asociada a la facultad meditativa, se activa con la contemplación en la creación de Dios, observando las cosas poderosas que dan testimonio de su Creador”.

El método principal esbozado por Rabí Abraham incluye la contemplación de la naturaleza: recrearse contemplando la grandiosidad del mar, maravillándose de las muchas criaturas que en él habitan; admirar el claro cielo nocturno, dejando que la mente quede totalmente ensimismada por la majestuosidad de las estrellas. Tal intensidad contemplativa basta para alcanzar ese estado de meditación orientado a lo Divino.

Ese estado se considera como el nivel de Asef, uno de los coautores de los Salmos, quien purificó su corazón y su mente limpiándolos de todo cuanto es ajeno a lo Divino. A esto se refería cuando dijo: “Mi carne y mi corazón han fallado”. Cuando escindió su consciencia de todo lo ajeno a Dios, dijo: “¿Quién hay para mí en el cielo, sino Tú? Estando contigo, no hallo gusto ya en la tierra” (Salmos 73:25).

No se han analizado todos los Salmos, pero existen muchos otros versículos fácilmente atribuibles al estado de meditación, y así los han interpretado algunos de los comentaristas judaicos clásicos más ilustres. Por consiguiente, resulta esclarecedor echar un vistazo a la última parte de este salmo y ver los dos últimos versículos citados en su contexto:

Pero yo siempre estoy contigo, 

De la mano derecha me has tomado;

Con Tu consejo me has de conducir, 

Y luego en la gloria me recibirás. 

¿Quién hay para mí en el cielo sino Tú?

Estando contigo, no hallo gusto ya en la tierra. 

Mi corazón y mi carne languidecen, 

¡Dios se ha convertido en roca de mi corazón, 

mi porción, por siempre…

Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios, 

He puesto mi cobijo en Dios, mi Señor,

Para publicar toda Tu trascendencia.

Otros muchos versículos de la Torah se interpretan bajo esta misma luz. Así pues, respetando la inclinación de su consciencia hacia lo Divino, el profeta Isaias dice: “Tu nombre y tu memoria son el deseo de mi alma. Mi alma te ansía por la noche, y también mi espíritu, dentro de mí, se ilumina de Ti”(Isaias 26:8,9). Igualmente, dice el salmista: “De Ti mi alma está sedienta, por Ti mi carne suspira”(63:2), y en otro lugar, “Mi alma te guarda fidelidad”(63:9).

Otro importante aspecto discutido por Rabí Abraham es que todo ego y toda sensación han de ser contenidas para que la facultad meditativa pueda surtir efecto. Vemos un ejemplo de ello en el consejo de Eliseo a Guejazi: “Si topas con alguien, no le saludes; y el si él te saluda, no le respondas” (Reyes 2,4:29). Esto es digno de mención, porque parece indicar que es necesario cierto grado de estoicismo para entrar en el estado de meditación, un concepto ampliamente tratado por los cabalistas.

Para alcanzar el estado de meditación que une al hombre con Dios, los profetas y sus discípulos solían hacer uso de diversos tipos de música y cantos. Rabí Abraham escribe que así se motiva al consciente hacia Dios y que purificaba el ser interior de la persona de todo pensamiento externo. Hay una gran cantidad de versículos que lo mencionan, entre los que destaca como más claro el que se escribe en relación con el servicio del Templo: “David y los jefes de servicio eligieron a los hijos de Asaf, de Hemán y de Jedutún para el servicio del canto sagrado, que profetizarían con cítaras, arpas y címbalos”(1 Crónicas 25:1).

Con el propósito de propiciar el aislamiento interior, los profetas y sus discípulos también practicaban el aislamiento exterior, apartándose de la muchedumbre. Así no les perturbaban los asuntos mundanos de las multitudes, y podían meditar en Dios y en Su obra sin ser interrumpidos. Este apartamiento podía ser parcial y transitorio, o total, retirándose a zonas despobladas tales como desiertos o montañas. Rabí Abraham observa que en las vidas de los profetas y de sus discípulos se mencionan frecuentemente estos retiros, lo que explica que muchos patriarcas y profetas se hicieran pastores, para poder estar a solas en los campos durante largos periodos de tiempo, contemplando el Cielo y las montañas, así como el resto de la obra del Creador, acercando a Él su mente. Según nos cuenta Rabí Abraham este es el significado de la declaración del rey David: “‘¡Oh Dios, qué arduas tus meditaciones, qué incalculable su medida! Son más que las arenas si pudiera contarlas” (Salmos 139:17,18). La persona se sumerge de tal modo en su contemplación que entra en un estado de trance y de quietud mental, percibiendo la unidad de Dios como quien realmente puede sentirla. Cuando despierta, el encanto de esa unidad permanece con él; por eso David concluye de este modo: “Me despierto y aún sigo contigo” (Salmos 139:18).

El momento más propicio para este tipo de meditación es a medianoche o antes del amanecer. Rabí Abraham encuentra alusiones a esto en versículos como: “Levántate y medita por la noche al comenzar cada vigilia” (Lamentaciones 2:19). Lo mismo dice el rey David: “Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, para meditar en tu promesa”(Salmos 119:148). Maimónides “el Joven” también habla de algunas personas que lo intentan no durmiendo en absoluto, con el ánimo de emular la devoción descrita en el versículo: “No te entregaré al sueño mis ojos, ni dejaré que se rindan mis párpados”(Lamentaciones 132:4).

De enorme importancia es el argumento de Rabí Abraham sobre los derviches musulmanes o sufíes, con los que según parece estaba bastante familiarizado. Él nos describe la práctica de una de sus sectas, cuyos miembros solían meditar en lugares oscuros, aislándose de tal modo que su sentido de la vista degeneraba hasta el extremo de no distinguir entre luz y oscuridad. Observa, además, que para realizar estas prácticas el individuo debía estar inspirado por una fuerte luz interior que le impedía sentirse molesto por la oscuridad reinante. También se cita a un tal Abraham “el Santo” que hablaba de meditar en lugares oscuros aplicando el siguiente versículo: “Quien de vosotros tema a Dios, oiga la voz de su siervo. El que camina en tinieblas, privado de toda luz, confíe en el Señor y dependa de su Dios”(Isaias 50:10).

Pero, si bien es cierto que se medita mejor en lugares apartados, cuando la persona posee un nivel espiritual elevado puede hacerlo en cualquier momento. Maimónides “el Joven” cita una bendición frecuentemente utilizada por los grandes sabios:

“Que Dios te conceda un lugar entre los que se deleitan con el apartamiento, y cuya alma está aislada incluso rodeada de multitudes”.

Además de las valiosas e importantes ideas que proporcionan los escritos de Rabí Abraham Maimónides sobre la meditación en general, resultan también en extremo valiosos por La Luz que arrojan sobre los escritos de su padre, el célebre Moshe Maimónides. Maimónides hijo es menos conocido, pero su padre ha sido uno de los mayores pensadores judaicos: destiló todas las enseñanzas de la antigüedad y, prácticamente, influyó en todos y cada uno de los autores que le sucedieron.

Vemos aquí claramente que cuando Maimónides utiliza el término Hitboded, en realidad está hablando de meditación, hecho que casi todos los traductores han pasado por alto. Tenemos un buen ejemplo de ello en una carta que Maimónides escribe a su hijo Abraham. Dice así: “Las dos primeras convenciones (circuncisión y Torah) son confirmadas por la tercera, que es el Shabat. La finalidad de las tres es purificar el alma, metodología, abstinencia, así como también meditación (hitbodedut) hacia Dios”.

Pero lo que adquiere mayor relevancia aún es que Maimónides habla de Hitbodedut refiriéndose a los profetas, afirmando que es una de las técnicas importantes para alcanzar su elevado nivel. Los escritos de su hijo evidencian que está hablando de meditación, sin embargo no conozco ni un solo traductor que parezca haberse dado cuenta de este hecho.

Esto también arroja luz sobre una enseñanza fundamental relativa a la meditación, hallada en la Guía de Perplejos de Maimónides, y como conocemos el significado de la palabra hitbodedut, podemos traducirla correctamente.

Dice así: “Amad al Señor, vuestro Dios, y servidle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma” (Deuteronomio 11:13). Ya hemos demostrado en numerosas ocasiones que el amor a Dios es idéntico a tener una percepción de Él. Como resultado de este amor, la persona es transportada a un estado de adoración que nuestros sabios llaman “servicio del corazón”.

En mi opinión, esto significa que uno debe concentrar todos sus pensamientos en el Primer Intelecto, meditando (hitboded) sobre él de acuerdo con su capacidad.

Queda así demostrado que la finalidad, después de alcanzar la iluminación, debería ser entregarse a Dios y hacer que el intelecto le anhele en todo momento. En la mayoría de los casos, se consigue mediante el retiro y el aislamiento, por lo cual toda persona piadosa debe esforzarse por alcanzar la soledad y la meditación (hitbodedut), sin mezclarse con los demás salvo cuando sea absolutamente preciso.

Los piadosos eran especialmente minuciosos en minimizar el tiempo en que no podían reflexionar sobre el nombre De Dios, y advertían a otros, diciendo: “Que vuestras mentes no se vacíen de las reflexiones sobre Dios”. En este mismo sentido, dice el rey David: “Tengo mis ojos en El Eterno constantemente: pues a mi diestra está, de ahí no me moverán” (Salmos 16:8). He aquí el significado de estas palabras: “Yo no aparto mis pensamientos De Dios: Él es como mi mano derecha, de la que no me olvido ni un instante por la serenidad de sus movimientos; por eso no me moverán- no caeré”·


Fuentes

Si fueran éstos los únicos lugares donde encontramos el término hitbodedut utilizado para referirse a la meditación, podríamos fácilmente descartarlos como excepcionales. Pero resulta que el vocablo aparece en toda la extensión de la literatura judaica, y, dentro de contexto, alude claramente a la meditación. La primera referencia que encontramos data de hace casi mil años, y prácticamente en todas las generaciones se ha discutido esta cuestión.

Los textos aquí seleccionados son una traducción literal de las palabras de sus autores, presentadas en inglés por vez primera. En su mayoría, estas citas hablan por sí solas, proporcionando una visión fundamental del papel desempeñado por la meditación en el pensamiento judaico en general, sin necesidad de comentarios adicionales.

Dios dispuso el orden de la creación de modo que todas las cosas estuvieran vinculadas unas a otras. La dirección que toman los acontecimientos en el mundo inferior depende de entidades superiores, como enseñan nuestros sabios: “No hay ni una sola brizna de hierba en el mundo terrenal que no tenga un ángel sobre ella que la anime y la estimule a crecer”.

También las almas humanas están unidas a los niveles superiores, razón por la cual cuando un hombre puro medita (hitbodedut) sobre la sabiduría puede predecir acontecimientos futuros. Como resultado de su profunda meditación, su consciencia y su mente en trance y, mediante su intensa investigación de los misterios de la existencia, alcanza la Causa Primera. Entonces, las facultades de su corazón se vuelven como los Urim y Thumim, unidos místicamente a los ángeles del cielo, y él queda sujeto al Bien Supremo.

Hai Gaon 


Durante los seis días de la semana el alma del iluminado medita (hitboded) sobre los asuntos mundanos, pero en el Shabat medita para comprender la obra de Dios y sus milagros.

Abraham Ibn Ezra


En el alma de alguno hombres habita el poder de la profecía, otorgándoles la facultad de predecir el futuro. Nadie sabe cómo les llega, pero meditan y un espíritu viene a revelarles el futuro.

Moshe ben Najman – Ramban


Las enseñanzas dicen que quien reza debe concentrar su corazón… Debe concentrarse en las palabras, olvidar sus labios, esbozando la Presencia Divina frente a él, como está escrito: “He puesto mis ojos en Dios constantemente” (Salmos 16:8). Debe despertar su concentración, eliminar todo pensamiento perturbador para que su mente y su concentración en la oración permanezcan puras…

Así obraban los Santos y los hombres de heroicas acciones. Ellos meditaban (hitboded) y se concentraban en sus oraciones hasta alcanzar ese nivel en que se despojaban de lo físico y eran subyugados por lo espiritual. De este modo llegaban a un nivel próximo al de la profecía.

Rabí Yaacob ben Asher


El Talmud enseña que después de ser excomulgados por Rabban Gamliel, la esposa de Rabí Eliezer no le dejaba “caer sobre su rostro” (en la oración, para que matara a Rabban Gamliel). Esto significa que ella le molestaba y no le permitía meditar. Por medio de tal meditación, una persona puede ceñirse al “lugar adecuado”, y obrar así maravillas y milagros.

Rabí Shem Tov ibn Shaprut


La meditación es la raíz de todas las cosas. Es un concepto grandioso y sublime que hace a la persona merecedora de toda santidad… Cuando uno medita, incluso en lo que respecta a las necesidades corporales mundanas, también está unida a Dios.

Rabí Jaim Yosef David Azulai


Hay que meditar constantemente en la Presencia Divina. Ningún otro pensamiento debe ocupar la mente del hombre salvo el amor a Dios, procurando que la Presencia Divina se una a él. Su mente ha de repetir sin cesar: “¿Cuándo seré merecedor de que la Luz de la Presencia Divina more dentro de mi?”

Rabí Israel Baal Shem Tov


Un día por semana, sepárate de todo el mundo y medita en Dios. Ata tus pensamientos a Él, como si le estuvieras hablando en el Día del Juicio Final. Habla a Dios con gentileza, como se dirige un siervo a su señor, o un niño a su padre.

Rabí Itzjak Luria, Arizal


La persona debe incluirse en la Unidad de Dios, la Existencia Imperiosa. Sin embargo, no será merecedora de ello mientras no anule su ego, y esto no se puede lograr sin la meditación. Cuando medita y expresa sus pensamientos ante Dios, podrá ser merecedora de anular todo deseo y rasgos inicuos, y así hacerse merecedora de anular todo su ser físico y, por consiguiente, quedar incluido en su Raíz.

Rabí Najmán de Breslov

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