LOS DIEZ DÍAS DE TESHUVÁ

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Posted on septiembre 25, 2017

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El Pueblo de Israel es Como la Luna

Los días previos a Rosh Hashaná son llamados los “Días de Misericordia y Perdón”, mientras que los días entre Rosh Hashaná y Iom Kipur son llamados “Los Diez Días de Arrepentimiento” (aseret iemei teshuvá). Sabemos que si deseamos limpiar una mancha en una prenda es necesario lavarla y no alcanza con encender el lavarropas, sino que también es necesario colocar un buen jabón en polvo. Si la mancha es de grasa o aceite, también es necesario colocar algún quitamanchas para una limpieza más profunda. Lo mismo ocurre con Rosh Hashaná y Iom Kipur que son días de juicio en los cuales se fija cómo se verá el mundo durante el año que comienza: si habrá bendición y bienestar o no. Para reforzar nuestros méritos y despertar la misericordia Divina, debemos liberarnos de la suciedad que se nos apegó durante el año, lavar las transgresiones y quitarnos de encima los pecados que fuimos cargando a lo largo del año para poder presentarnos limpios al Juicio Divino.

Tal como es necesario agregar jabón en polvo al lavarropas para que la ropa salga limpia y perfumada, así también es necesario arrepentirse sinceramente ante el Creador durante los días que preceden al Día del Juicio, para poder presentarnos ante Él estando limpios y obtener un juicio favorable y un año de abundancia y bienestar. La misericordia Divina es tan grande que nos otorgó un mes entero para pedir perdón y arrepentirnos de nuestras malas acciones hasta poder quedar limpios de pecado. Si la persona no aprovechó la primera oportunidad que le da el Creador para arrepentirse, la misericordia Divina le brinda otra oportunidad: los Diez Días de Arrepentimiento, que son como un quitamanchas que permite una limpieza profunda. De esta manera es posible limpiar los pecados en un tiempo corto y llegar limpio al día de Iom Kipur.

Salvando las diferencias, Iom Kipur es como el lavarropas que fue construido y programado para lavar la ropa, pero de todas maneras es necesario agregar jabón en polvo para que el lavado sea realmente efectivo. Así también es necesario arrepentirse sinceramente para que Iom Kipur nos purifique de todos nuestros pecados, como está escrito: “Pues en este día expiará por todos sus pecados, delante del Eterno serán purificados” (Vaikrá 16:30). Por eso se acostumbra a vestir ropas blancas en Rosh Hashaná y en Iom Kipur, para recordar que debemos presentarnos limpios y puros ante el Eterno; limpios de pecado y con pensamientos puros. El arrepentimiento sincero incluye aceptar no volver a cometer los mismos pecados para no volver a ensuciarnos después de habernos purificado.

El Rey Shlomó construyó el Primer Templo (Melajim I 6) y la inauguración tuvo lugar el día de Iom Kipur (Moed Katán 9a). El Rey Shlomó ordenó preparar una comida festiva y comer en ese día, anulando el ayuno más estricto del año por única vez en la historia. Nos es difícil imaginar que sea posible que el pueblo de Israel haya comido y bebido en el día de Iom Kipur sabiendo que Dios prohibió hacerlo y que escribió claramente en la Torá que el castigo por profanar este día es karet (la desconexión de la raíz espiritual) (Vaikrá 23:29), el peor castigo que puede recibir un ser humano. ¿Cómo es posible que el rey Shlomó haya ordenado inaugurar el Templo y realizar un festín justamente en el día más sagrado del año, anulando una prohibición de la Torá?

El pueblo de Israel no solamente comió y bebió siguiendo las órdenes del rey Shlomó, sino que además salió una Voz Celestial anunciando que todo aquél que había celebrado la inauguración del Templo comiendo y bebiendo en el día de Iom Kipur había pasado a formar parte del Mundo Venidero (Moed Katán 9a). Esto es muy difícil de comprender y es necesario analizarlo en profundidad.

Para responder a estas preguntas citaremos las palabras del Zohar (Tercera Parte, 12a) que explica que el pueblo de Israel es comparado con la luna que cambia de forma permanentemente. A veces está grande y a veces pequeña, a veces está llena y a veces casi no se la ve. El sol mantiene siempre su tamaño, siempre sale por el oriente y cae por el occidente, mientras que la luna se encuentra en un permanente estado de cambio, ya sea creciendo o decreciendo.

Lo mismo sucede con el pueblo de Israel. Hay momentos en los cuales su nivel espiritual es muy elevado y la voz de la Torá resuena clara y limpia desde las Casas de Estudio… Y hay momentos en los cuales las fuerzas del mal se vuelven más poderosas y los malos decretos amenazan con destruir todo lo sagrado y espiritual dentro del pueblo. Hubo años de furia Divina en los cuales tuvo lugar el terrible Holocausto que nos quitó a grandes rabinos de esa generación, al punto que parecía que la Torá estaba por desaparecer del mundo, que Dios no lo permita. Pero con Su enorme misericordia Dios abrió una puerta de salvación y justamente de allí comenzó a renacer el pueblo de Israel. La Torá floreció en la Tierra de Israel y en los Estados Unidos y hoy en día las Casas de Estudio están llenas de punta a punta.

Muchas veces me invitaron a hablar ante público que no cuida Torá y mitzvot y pude corroborar con mis propios ojos cómo personas que estaban totalmente alejadas de su judaísmo llegan a oír palabras de Torá y buscan acercarse al Creador.

Debido a esta semejanza con la luna, la primera mitzvá que Dios le otorgó al pueblo de Israel fue la santificación del mes (Shemot 12:2, Rashi, Bereshit 1:1). En ese momento el pueblo de Israel se encontraba en el exilio en Egipto y Dios quiso enseñarles que la razón del exilio era la falta de apego a la Torá. Además, ellos se encontraban sumergidos en los cuarenta y nueve niveles de impureza (Zohar Jadash, comienzo de la parashá Itró), y la luz de sus almas casi llegó a apagarse por completo, sin que se la pudiera reconocer. Por eso Dios les ordenó la mitzvá de Santificar el Mes, para que su luz pudiera volver a brillar. Dios le dijo al pueblo de Israel: “Si siguen Mis caminos y se apegan a Mi Torá y a Mis mitzvot, la luz de sus almas volverá a brillar como la luz de la luna llena”. Como está escrito: “Todas las naciones de la tierra verán que el Nombre del Eterno es invocado en ti y sentirán temor de ti” (Devarim 28:10). Esto significa que la luz de la Torá alumbrará a través del pueblo de Israel, provocará temor en todos los pueblos del mundo y ninguno de ellos se atreverá a dañarlos.

El Zohar (Primera Parte, 243a) dice que los días del reinado de Shlomó fueron como un día de luna llena, porque la Presencia Divina estaba con el pueblo de Israel y todas las naciones reconocían la enorme sabiduría de Shlomó. En Divrei HaIamim (capítulo 2 1:15) dice que en los días del reinado de Shlomó había tanta riqueza en Israel que no tenían donde almacenarla y en las calles se encontraban arrojados muchos objetos de valor. Además, todos eran tzadikim y temerosos de Dios y nadie tomaba nada que no le perteneciera. Por eso tampoco temían dejar sus cosas en la calle, al alcance de todo el mundo (Shir HaShirim 1:10).

En la inauguración del Templo que tuvo lugar en Iom Kipur, el rey Shlomó comprendió el elevado nivel en el cual se encontraba el pueblo de Israel y les ordenó comer. La razón por la cual dio esta orden es que el ayuno de Iom Kipur tiene el objetivo de expiar por los pecados y las malas acciones del pueblo de Israel, pero los miembros de esa generación eran tan tzadikim que no pecaban en absoluto. Por eso Shlomó decidió que no era necesario que ayunaran. Además los ayunos públicos tienen la fuerza de atraer la Presencia Divina sobre el pueblo, pero Shlomó vio que la Presencia Divina estaba permanentemente sobre ellos y por lo tanto no era necesario ayunar. Dios estuvo de acuerdo con su decisión y una Voz Celestial afirmó que la orden de Shlomó era correcta (Moed Katán 9a).

Como hemos dicho, el Zohar afirma que los días del reinado de Shlomó eran como la luna llena. Pero cuando el Templo fue destruido, la Presencia Divina –que también es llamada “Luna”- comenzó a empequeñecerse. De todas maneras la luna nunca desaparece por completo sino que vuelve a renacer y esto es un consuelo para el pueblo de Israel en los momentos difíciles del exilio, cuando sus enemigos lo dominan y lo matan. Finalmente el pueblo de Israel volverá a levantarse tal como se renueva la luna.

Dios creó el mundo el veinticinco de Elul (Vaikrá Rabá 29:1) y a Adam HaRishón lo creó el día de Rosh Hashaná, que es el primer día del mes de Tishrei. Como sabemos, el calendario hebreo va de acuerdo con el ciclo de la luna y todas las fechas significativas son fijadas de acuerdo con el comienzo del mes lunar (Sucá 29a). Al crear al hombre el día de Rosh Jodesh Dios quiso enseñarnos la relación que une al pueblo de Israel con el comienzo del mes. De acuerdo con los actos del pueblo de Israel, así será la luz que emanará de ellos. Si cumplen con la voluntad Divina, la Presencia de Dios aludida por la luna llena se posará sobre ellos trayendo abundancia y bienestar tal como en los días del rey Shlomó.

Cada vez que comienza un nuevo mes pronunciamos una bendición y cuando estaba de pie el Templo se ofrecían sacrificios (Bamidbar 28:15). Dios quiso que Sus hijos bendijeran el mes que comienza y ofrecieran un sacrificio Jatat (de pecado) en el día de Rosh Jodesh para enseñarles que cada mes que comienza es una oportunidad para corregir sus actos y abandonar sus pecados, para que la luz de sus almas vuelva a brillar con el máximo esplendor, al igual que la luna va creciendo y alumbrando cada vez más. Si la persona insiste en seguir por el mal camino, la luz de la luna no puede iluminar y debe caminar en la oscuridad. Pero cuando se arrepiente de sus pecados y los abandona por completo, la luz comienza a encenderse en su interior y va creciendo poco a poco hasta volverse tan fuerte como la luz de la luna llena.

En Tishrei se acostumbra a santificar el mes al culminar Iom Kipur. ¿Por qué no se lo hace antes? La respuesta es que el día de Iom Kipur es un día de arrepentimiento y por eso después de haber logrado arrepentirnos sincera e íntegramente podemos alumbrar como la luna. Esto nos enseña que Dios desea que sigamos por el camino correcto después de Iom Kipur y que nos apeguemos a la santidad durante todo el año y no que retomemos la rutina diaria como si no hubiera pasado nada.

Al culminar Iom Kipur le pedimos a Dios que nos ayude a iluminar siempre como la luna llena y que el pueblo de Israel pueda vivir como en la época del rey Shlomó, cuando la Presencia Divina estaba permanentemente sobre el pueblo de Israel y no era necesario ayunar en Iom Kipur.

En el día de Iom Kipur decimos: Aunque sus pecados sean rojos como el hilo de shaní, se volverán blancos como la nieve” (Ieshaiá 1:18). De este versículo aprendemos que Dios desea que Sus hijos se arrepientan de sus pecados para poder limpiarlos y dejarlos blancos y puros como la nieve y brillantes como la luz de la luna. Antes dijimos que Iom Kipur es como un “lavarropas”, pero como hemos visto es necesario que haya también agua y jabón, representados por las selijot y el arrepentimiento sincero. Cuanto mayor sea nuestro despertar espiritual antes y durante Iom Kipur, más limpios saldremos del “lavado” y la luz de la luna será más blanca y brillante.


Rosh Hashaná Forma Parte de los Diez Días de Arrepentimiento

Los diez días que hay entre Rosh Hashaná y Iom Kipur son llamados aseret iemei teshuvá, los Diez Días de Arrepentimiento (Ialkut Shimoni Vaikrá 651), porque es una época de reflexión antes del gran día del juicio. Todos esperan que su arrepentimiento sea aceptado, que sus pecados sean expiados y recibir un veredicto beneficioso para el nuevo año. Alguien me preguntó por qué estos días son llamados los Diez Días de Arrepentimiento, si en Rosh Hashaná no decimos ni una vez el Vidui (la confesión) ni tampoco decimos Tajanún (súplicas) como se hace en el resto de los días de Arrepentimiento. Además, Rosh Hashaná mismo se considera un día de alegría, tal como está escrito: “Y en el día de su alegría y en sus festividades, así como en el comienzo de cada mes harán sonar el shofar” (Bamidbar 10:10). Entonces, ¿por qué el día de Rosh Hashaná se incluye como parte de los Diez Días de Arrepentimiento? Sería más adecuado llamarlos los Ocho Días de Arrepentimiento, excluyendo así los dos días de Rosh Hashaná.

Para explicar esta idea tomemos el ejemplo de una madre que prepara la comida para sus hijos. Ella lleva a cabo muchos preparativos hasta que la comida está lista para ser servida, pero los hijos le agradecen por la comida misma sin tener en cuenta todo el esfuerzo necesario para prepararla: ir al supermercado a comprar los ingredientes, seleccionarlos, cocinarlos, etc. La visión de la persona es totalmente parcial y subjetiva y sólo ve aquello que le incumbe directamente: el resultado final, pero ignora por completo todo el proceso necesario para llegar a ese resultado.

Los tzadikim por el contrario poseen una maravillosa capacidad para percibir todas las fases de un mismo acto y con sus refinadas cualidades pueden reconocer las raíces y el origen de cada cosa de la cual disfrutan en este mundo. En un libro de historia acerca del Gaón Rabí Jaim de Voloshín leí lo siguiente: Una vez Rabí Jaim pasó por la orilla de un río y pronunció la bendición: ‘Bendito Sea Quien hizo para mí un milagro en este lugar’. Cuando sus alumnos le preguntaron cuál era el milagro que había ocurrido allí, les dijo que la madre del Gaón de Vilna se había salvado milagrosamente de ahogarse en ese lugar. Ante la sorpresa de sus alumnos, Rabí Jaim les dijo que si la madre del Gaón no se hubiera salvado, su maestro no hubiese nacido y no habría podido aprender de él. Por eso sentía la obligación de agradecerle a Dios por haber permitido que el Gaón de Vilna llegara al mundo y fuera su maestro (Telalei Orot Moadim página 351, en nombre de la Hagadá Jajmei Ierushalaim).

Siguiendo esta línea de pensamiento podemos comprender por qué el día de Rosh Hashaná es aludido como: “Toquen el shofar en el novilunio, en el día de nuestra festividad” (Tehilim 81:4, Rosh Hashaná 8 a-b). La palabra hebrea para novilunio es kese (del verbo lejasot), que significa “luna cubierta”, porque al comienzo del mes la luna todavía está oculta. Esto significa que Dios le cubre los ojos al Satán para que no pueda acusar a Su pueblo. A pesar de que en Rosh Hashaná el pueblo de Israel es juzgado, se trata de un juicio misericordioso, porque el Satán no puede intervenir. Cuando el pueblo de Israel ve que Dios aleja al Satán, se apresura por regresar al buen camino y acercarse al Creador, a pesar de que en el mismo día de Rosh Hashaná no se dice Tajanún ni Vidui. El hecho mismo de que el pueblo reconozca que Dios lo juzga con misericordia es lo que provoca el arrepentimiento y los acerca a Dios. Por esta razón los dos días de Rosh Hashaná forman parte de los Diez Días de Arrepentimiento. A esto nos referíamos al decir que si analizamos detenidamente de dónde provienen las cosas que nos rodean podemos llegar a comprender en dónde se originan. Cuando el pueblo de Israel reconoce que Dios le tapa los ojos al Satán en Rosh Hashaná, se apresura por regresar al buen camino y a corregir sus actos.

Podemos agregar que la palabra shemone (ocho) tiene las mismas letras que la palabra neshamá (alma). Esto alude a la corrección del alma durante los ocho días posteriores a Rosh Hashaná. Pero no debemos olvidar que también Rosh Hashaná es un día de reflexión y arrepentimiento, a pesar de la alegría que reina en esta festividad. Debemos recordar que la alegría de este día tiene como meta confundir al Satán y por eso no decimos Tajanún ni Vidui. Pero no podemos dejar de corregir nuestra alma también durante los días de Rosh Hashaná. A quien desperdicia la oportunidad de regresar al buen camino en Rosh Hashaná, Dios le brinda otros ocho días para corregir su alma. Esta es la última oportunidad que nos brindan desde el Cielo antes de sellar el juicio.

El libro Mesilat Iesharim explica que existen dos clases de ceguera: la ceguera física y la ceguera de aquél que se niega a reconocer la realidad (capítulo 82). Lamentablemente son muchos los que cierran los ojos ante la verdad y en vez de aprovechar el día de Rosh Hashaná para corregir sus almas, prefieren invertir sus esfuerzos en los preparativos de la cena y donar una suma importante para el Bet HaKneset. No es mi intención despreciar o disminuir la importancia de estas acciones, pero es necesario saber que ellas tienen el objetivo de reforzar el arrepentimiento y no vienen a cambio del mismo.

Pensemos por ejemplo en una persona que robó, mató y transgredió muchas leyes del país en el cual vive. Cuando es llevada a juicio para rendir cuentas por sus actos, en vez de mostrarse arrepentida y avergonzada se viste con ropa de fiesta y se presenta ante el juez fumando tranquilamente. Sin ninguna duda el juez rápidamente la declarará culpable con toda la fuerza de la ley, sin ni siquiera oír lo que tiene para decir en su defensa. ¿Qué podemos decir nosotros cuando en el mismo día de Rosh Hashaná nos ocupamos en comprar ropa nueva y golosinas para la cena en vez de ocuparnos por mejorar nuestros actos y cambiar nuestras cualidades para lograr que nuestro juicio sea favorable?

Cada persona tiene la obligación de aceptar la responsabilidad que recae sobre sus hombros. A pesar de que un judío puede llegar a despertar a otros para que se arrepientan sinceramente y mejoren sus actos, cada individuo es responsable por sus propios actos y deberá rendir cuentas por ellos ante el Creador.

Al estar en Ucrania (Elul 5766) mientras viajábamos a toda velocidad para no perder el vuelo hacia Kiev, se sentó a mi lado uno de los participantes del viaje y me dijo: “Rabino, quiero que sepa que le debo la vida”. Cuando le pregunté a qué se refería me dijo que cuando se comprometió con su esposa decidieron ir a verme para pedirme una bendición. Mientras viajaban para encontrarse conmigo decidieron que hasta el casamiento vivirían en el mismo departamento porque no les alcanzaba el presupuesto para pagar dos alquileres.

Al oír sus planes les expliqué que la Torá prohíbe la convivencia fuera del casamiento porque nadie puede confiar en que tendrá la fuerza de controlar sus malas inclinaciones (Ketuvot 13b). Por lo tanto les dije que debían evitarlo. Al principio discutieron conmigo. La novia no entendía por qué debían esforzarse tanto para pagar dos alquileres… pero al ver que mi postura era inamovible, aceptaron las condiciones.

Encontraron dos departamentos que pertenecían a la misma persona. A pesar de que el precio era razonable, estaba fuera de sus posibilidades. Le pidieron al dueño que bajara más el alquiler y éste les preguntó cuánto podían pagar. Al oír la cifra que le propusieron, el dueño de los departamentos dijo que era muy poco dinero. Insistieron tanto manifestando su intención de cumplir con las condiciones que yo les había establecido, que finalmente el dueño aceptó alquilarles ambos departamentos por quinientos dólares en vez de seis mil dólares. Sin ninguna duda esta pareja recibió una ayuda especial del Cielo, por encima de toda lógica humana. Sus esfuerzos por seguir el camino de la Torá dieron sus frutos.

Al terminar de oír la historia de esta persona le dije que el agradecimiento era para ellos mismo por su enorme entrega para cumplir con la halajá. Yo podría haber intentado convencerlos de todas las formas posibles y ellos podrían haber rechazado mis palabras. Pero aceptaron lo que les dije y actuaron de manera acorde. Vemos que la responsabilidad cae sobre la persona misma y ella es quien define cómo se verá su vida. En esta historia también podemos ver hasta qué grado Dios ayuda a quien busca purificarse y seguir el camino correcto (Shabat 104a). Esto es mucho más cierto durante los días de misericordia Divina, donde la ayuda del Cielo es más accesible y clara.

En las plegarias de Rosh Hashaná recordamos una y otra vez la palabra “Rey”. Recordar que Dios es el Rey del Universo nos lleva a arrepentirnos por todas esas oportunidades en las cuales no nos comportamos con el debido honor hacia la Gloria Divina, atribuyéndonos a nosotros mismos los logros y el éxito en la vida. Cuando recordamos una y otra vez que Dios es el Rey, corregimos nuestras faltas a lo largo del año y esperamos recibir un juicio favorable.

El versículo dice: “Entonces todos los árboles del bosque cantarán jubilosos ante el Eterno, porque Él ha venido. Él ha venido para juzgar la tierra” (Tehilim 96:12-13). Alguien me preguntó por qué los árboles del bosque se alegran en el día de Rosh Hashaná, que es el día en el cual es juzgada toda la creación. Aparentemente el juicio y el júbilo son incompatibles. En mi opinión la respuesta se encuentra en lo que hemos dicho antes: en el día de Rosh Hashaná Dios hace callar al Satán para poder juzgar a Israel sin sus acusaciones y poder decretar para el mundo un buen veredicto. Por eso se alegran los árboles y la tierra, porque saben que si Dios no hiciera callar al Satán en Rosh Hashaná, sus acusaciones podrían provocar que resultara en un juicio negativo. ¿Qué sería entonces de ellos? Como sabemos, Dios descarga primero su furia sobre piedras y maderas (Ejá Rabá 4:14). Por lo tanto los primeros en resultar dañados serían los árboles del bosque. Pero cuando Dios juzga a Sus hijos protegiéndolos del Satán, los árboles cantan alegremente porque pueden sentirse seguros y protegidos.

Rosh Hashaná es un día de alegría en el cual coronamos a Dios como Rey. Por eso es un día tan importante para lograr el arrepentimiento sincero y ser perdonados. No es lo mismo arrepentirse por temor que arrepentirse por amor a Dios y gracias a la enorme cercanía al Creador que nos otorga el día de Rosh Hashaná. Siguiendo este camino sin lugar a dudas lograremos un arrepentimiento sincero y la inmensa alegría de sentirnos cerca del Creador.


 

Shabat Teshuvá – La Importancia de Este Shabat

El Shabat que cae entre Rosh Hashaná y Iom Kipur es llamado Shabat Teshuvá (Maharal, Guevurot Hashem 39). ¿Por qué este Shabat se distingue especialmente siendo que se trata de diez días de teshuvá?

Podemos decir que este Shabat es un regalo preciado que nos otorgó el Creador, porque la esencia misma del Shabat lleva a que tengamos calma y tranquilidad. En Shabat la persona tiene el tiempo y la calma necesaria para reflexionar acerca de sus propios actos. Este Shabat puede influir de manera decisiva sobre el juicio que será sellado en Iom Kipur. El temor que rodea a la persona en Rosh Hashaná no le permite pensar con tranquilidad, mientras que la calma del Shabat le permite recapacitar sobre todos los aspectos de su vida antes de Iom Kipur.

El Ben Ish Jai explica que Dios creó el Shabat durante los seis días de la Creación (Shaná Rishoná Nitzavim). Entonces el Shabat se presentó ante el Creador y le dijo: “Todos los días de la semana tienen su pareja. La pareja del primer día es el segundo día, la pareja del tercer día es el cuarto y así sucesivamente. ¿Por qué a mí no me has dado una pareja?”. Entonces Dios le respondió que su pareja es el pueblo de Israel y que es la mejor de las parejas. (Esto mismo escribió también el Abarbanel en Bereshit 2:1-3 en nombre de los kabalistas). Esta relación especial entre el Shabat y el pueblo de Israel se expresa especialmente en el cuidado del Shabat, sobre todo en Shabat Teshuvá, porque en este día el pueblo busca acercarse a Dios. Efectivamente el Shabat tiene la mejor de las parejas…

Con respecto al sacrificio de Itzjak está escrito: “Abraham, Abraham… no levantes tu mano contra el joven ni le hagas ningún daño” (Bereshit 22:11-12). Los Sabios preguntan por qué en ese momento el ángel le habló a Abraham desde el cielo pero en cambio se presentó ante Hagar al hablar con ella. Revelan los Sabios que cuando Hagar vio el ángel no se asustó, porque estaba acostumbrada a ver ángeles en la casa de Abraham (Bereshit Rabá 45:7). Esto lleva a que la pregunta sea todavía mayor: ¿Por qué Hagar tuvo el mérito de ver al ángel mientras que Abraham Avinu, quien dedicó toda su vida a cumplir la voluntad Divina, sólo oyó su voz desde el cielo?

El Meshej Jojmá responde que durante el sacrificio de Itzjak la presencia Divina estaba frente a Abraham Avinu, y por eso el ángel no se atrevió a bajar a la tierra y revelarse ante Abraham (Bereshit 21:14). Pero entonces, ¿por qué no le advirtió Dios mismo que no hiciera daño a Itzjak?

Podemos responder que al ir a sacrificar a su hijo, Abraham llegó a un nivel tan elevado de santidad que se transformó en un ser celestial, encontrándose al mismo nivel que los ángeles con respecto a su cercanía a Dios. Por eso el ángel le habló desde el cielo y no desde la tierra. Pero en cambio en el caso de Hagar tuvo que descender a la tierra para que ella pudiera verlo.

Dios prefirió enviar un ángel para hablarle a Abraham porque los ángeles son los encargados de controlar los actos de los hombres y llevar su informe ante el Creador. Generalmente son ellos quienes encuentran el punto débil de la persona y la acusan en el Tribunal Superior. Por eso Dios deseó que los mismos ángeles se convirtieran en los defensores del pueblo de Israel al ver la perfección y la entrega absoluta de Abraham Avinu. Cuando el ángel llamó a Abraham desde el cielo, eso se consideró como una aceptación de la grandeza y de la entrega de Abraham Avinu para cumplir con la voluntad Divina. Sus actos constituyen un mérito para el pueblo de Israel en todas las generaciones y por eso los recordamos cada Rosh Hashaná.

Si la persona aprovecha el Shabat Teshuvá para alcanzar un completo y sincero arrepentimiento, se transforma en la pareja perfecta del Shabat y su nivel espiritual de alguna manera se asemeja a la entrega manifestada por Abraham en el momento del sacrificio. Además, el Shabat tiene cierta semejanza con el Mundo Venidero (Berajot 57b). Por lo tanto la persona que aprovecha de la manera debida el Shabat Teshuvá y logra arrepentirse sinceramente, puede sentir algo similar al Mundo Venidero, logrando niveles espirituales sumamente elevados y una cercanía sin igual con el Creador.

Antes de la creación del mundo está escrito: “Esta es la historia de la creación del Cielo y de la tierra cuando fueron creados” (Bereshit 20:4). Nuestros Sabios explican que “cuando fueron creados” significa: “por el mérito de Abraham” [la palabra behibaram tiene las mismas letras que el nombre Abraham] (Bereshit Rabá 12:9). Por el mérito de Abraham Avinu el cielo se unió a la tierra, bajando la santidad celestial a un nivel en el cual pudiera expresarse sobre la tierra. Nuestro trabajo durante el Shabat Teshuvá es unir estos dos mundos: el mundo Celestial y el mundo terrenal, elevando al último al nivel del primero.

Podemos agregar que cuando la persona logra arrepentirse sinceramente en el Shabat Teshuvá, une al Mundo Venidero que fue creado con la letra iud con este mundo que fue creado con la letra hei, formando de esta manera uno de los nombres de Dios (Menajot 29b). La unión entre el mundo Celestial y el terrenal puede lograrse en cualquier Shabat, pero en el Shabat Teshuvá alcanza un nivel especial.

Además, la palabra Shabat tiene la misma raíz que la palabra teshuvá y significa “detención”. Esto alude a la fuerte relación que existe entre el Shabat y la teshuvá.

Dicen nuestros Sabios que a todo el que come abundantemente el nueve de Tishrei (víspera de Iom Kipur) se le considera como si hubiese ayunado tanto el nueve como el diez de Tishrei (Berajot 8b). Esto requiere una explicación. Podemos decir que el hecho de comer mucho en la víspera de Iom Kipur acentúa todavía más el sufrimiento del ayuno el décimo día, en el cual se nos ordenó ayunar para doblegar a nuestros instintos. De la misma manera, la persona que se arrepiente en el Shabat previo a Iom Kipur eleva a ese Shabat al nivel espiritual de Iom Kipur, que es el día más santo del año.


Los Diez Días de Teshuvá Como un Paralelo de los Diez Mandamientos

Hay quienes preguntan por qué hay diez días entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, los cuales son llamados “Los Diez Días de Arrepentimiento”. ¿Por qué no hay cinco o siete días de arrepentimiento? ¿Cuál es la razón por la que son precisamente diez?

La explicación es que entre Rosh Hashaná y Iom Kipur hay diez días en los cuales la persona vuelve en teshuvá y se acerca a Dios, y la cumbre de esos días es Iom Kipur, el momento en el cual Dios perdona los pecados del hombre debido a la santidad del día.

Para que la persona pueda llegar debidamente preparada a Iom Kipur, que es el día más sagrado del año, debe santificarse debidamente en lo que respecta al día en el cual Dios entregó los Diez Mandamientos al pueblo de Israel, diciéndole: “Yo soy el Eterno” (Tana deBe Eliahu Zuta 4). Por lo tanto estos diez días entre Rosh Hashaná y Iom Kipur son paralelos a los Diez Mandamientos que Dios entregó al pueblo de Israel en el Monte Sinaí.

Podemos preguntarnos por qué Dios no nos perdona en Rosh Hashaná, cuando lo coronamos como Rey sino que espera hasta Iom Kipur. Sobre todo teniendo en cuenta que si Dios nos perdonara ya en Rosh Hashaná podríamos coronarlo estando completamente limpios y puros y no manchados por los pecados y las transgresiones. ¿Por qué entonces Dios no nos perdona en Rosh Hashaná sino que espera hasta Iom Kipur?

La respuesta es que Dios desea que el hecho de saber que estuvimos de pie ante Su presencia y lo coronamos cuando estábamos manchados por el pecado, nos lleve a sentir un enorme temblor, y que a causa de ese temor volvamos en completo arrepentimiento durante los Diez Días de Teshuvá. De esta manera podremos llegar a Iom Kipur mereciendo verdaderamente ser perdonados por todos nuestros pecados y transgresiones.


El Significado de los Diez Días de Teshuvá

Entre Rosh Hashaná y Iom Kipur Dios le otorgó a Su pueblo diez días que son especialmente propicios para la teshuvá y la expiación. Podemos decir que estos diez días son paralelos a los Diez Mandamientos que le fueron otorgados al pueblo de Israel en el Monte Sinaí. De hecho, en un primer momento el pueblo contaba con muy pocas mitzvot, porque al comienzo Dios sólo le otorgó a Moshé los Diez Mandamientos y solamente después le fue transmitiendo el resto de la Torá.

Con el pecado del Becerro de Oro el pueblo de Israel dañó los Diez Mandamientos que había recibido en el Monte Sinaí, transgrediendo la prohibición primordial de “No tendrás dioses ajenos ante Mi” (Shemot 20:3). Porque el hecho de construir el becerro está negando la realidad única de Dios en el mundo. Además cuando construyeron el becerro llegaron a robar, porque se llevaron las alhajas de sus esposas a pesar de que ellas no quisieron darlas por propia voluntad e incluso hubo algunos que llegaron a matar a quien se les opuso.

Si prestamos atención veremos que el pecado del Becerro de Oro los llevó a transgredir la prohibición de “no codiciarás”, porque desearon hacer idolatría y se entiende que transgredieron también la mitzvá de honrar a los padres, porque sin lugar a dudas hubo discusiones entre padres e hijos respecto a la necesidad de construir el becerro. De esta manera resulta que terminaron transgrediendo los Diez Mandamientos que constituyen la base y el fundamento del pueblo de Israel. Por eso Dios nos otorgó diez días de entre Rosh Hashaná y Iom Kipur para que en estos días que son especialmente propicios para la teshuvá analicemos nuestros caminos y revisemos nuestros actos volviendo en completa teshuvá respecto a estos Diez Mandamientos que fueron transgredidos cuando construyeron el becerro.

Iom Kipur expía por los pecados y las transgresiones, tal como lo indica su mismo nombre: Kipur – kapará (expiación). Y es paralelo al día de Iom Kipur en la época de Moshé Rabenu, el día en el cual él bajó del Cielo con las Tablas de la Ley para entregarlas al pueblo después de que éste volviera en teshuvá (Tana deBe Eliahu Zuta 4). Esto es una señal para todas las generaciones respecto a que también nosotros debemos limpiar todos nuestros pecados y aceptar los Diez Mandamientos que constituyen la base de toda la Torá, y de esta manera corregir lo ocurrido con el pecado del Becerro de Oro. Dado que para recibir la Torá es necesario prepararse y convertirse en un recipiente adecuado para la misma, Dios nos otorgó los Diez Días de Arrepentimiento en los cuales podemos volver en teshuvá por nuestros pecados y llegar al gran día limpios de toda transgresión, tal como el pueblo de Israel se preparó para poder recibir las Tablas de manos de Moshé el día de Iom Kipur.


 Quien Come el Noveno Día es Considerado Como si Ayunara el Noveno y el Décimo Día

Dicen los Sabios que aquél que come el noveno día es considerado como si ayunara el noveno y el décimo día (Berajot 8b). Esto no se entiende, porque la recompensa del décimo día depende del ayuno y no de lo que se haya comido el noveno día. ¿Por qué entonces el que come el noveno día recibe recompensa como si hubiera ayunado también el décimo día? Aparentemente debería recibir recompensa como si también hubiese ayunado el noveno día, y si ayuna el décimo día recibir recompensa por ese día. Pero de las palabras de nuestros Sabios se entiende que el que come el noveno día es recompensado como si hubiera ayunado ambos días, y por eso el que come el noveno día es considerado como si ayunara el noveno y el décimo día, y si ayuna el décimo día tiene el mérito adicional por haberlo hecho.

Debemos preguntarnos por qué se recibe recompensa por el hecho de comer. Al ayunar la persona recibe recompensa porque hace algo que le resulta difícil y opuesto a lo que acostumbra a hacer. Pero comer es algo que la persona hace de todas maneras, incluso sin que se le ordene hacerlo. ¿Por qué recibe recompensa también por comer?

Podemos decir que la recompensa viene a causa de la fe misma: la persona que cree que recibirá recompensa por comer y come mucho debido a su fe, de esta manera incrementa su recompensa. La persona sabe que debe cumplir con la voluntad de su Creador, tanto si Su orden es que coma o que se abstenga de comer; y por creer que comer es equivalente a ayunar, recibe recompensa como si hubiera ayunado dos días.

Ésta es la diferencia entre un judío y un no judío. El no judío actúa de acuerdo con su propia lógica y según lo que él mismo logra entender. Por lo tanto, dado que el no judío no entiende con su lógica que el hecho de comer se considere equivalente a ayunar, en consecuencia no come. Pero el judío actúa de acuerdo con la voluntad de Dios, con fe; por lo tanto si se le ordena comer va a comer. Por eso quien come el noveno día recibe una recompensa equivalente a la que recibiría si ayunara el noveno y el décimo día. La recompensa se debe a su fe en que el hecho de comer es tan importante como el ayuno.


El Libro de la Vida y el Libro de la Muerte

“Se abren ante ti el Libro de la Vida y de la Muerte” (Piut Hashem Shamati y Arajín 10b). Se entiende que se abra el Libro de la Vida para juzgar y decidir el juicio para el nuevo año, para la vida o para la muerte, que Dios no lo permita. ¿Pero qué necesidad hay de abrir el libro de la Muerte? Muchos comentaristas (Benaiahu ben Iehodaia, Arajín 10b) explican que también los muertos vuelven a ser juzgados, vuelven a juzgarse a los tanaítas y a los amoraítas… ¿Cómo es posible esto, si ellos ya se encuentran en el Gan Eden? La explicación es que se los vuelve a juzgar cada año porque los actos que ellos realizaron siguen influyendo hasta el día de hoy. Si esa influencia es positiva, se incrementa su recompensa. Pero –que Dios no lo permita- si la persona cometió un acto cuya influencia negativa sigue hasta el día de hoy, cada año se la vuelve a juzgar y a castigar por su mala influencia sobre el mundo.

Si un Rabino escribe un libro y no se esfuerza para que sus palabras queden claras, el Tribunal Superior lo juzgará por ello. Por lo tanto la profundidad del juicio es enorme y la persona debe incrementar su arrepentimiento y sus buenos actos.

De esta manera cada año vuelven a ser juzgados los muertos. Sobre Moshé Rabenu está escrito: “La Torá que nos ordenó Moshé” (Devarim 33:4). Cada vez que nosotros estudiamos Torá, esto se considera en su favor e incrementa sus méritos.

También sabemos que los malvados son llamados muertos en vida (Berajot 18b), mientras que los tzadikim incluso después de fallecer siguen siendo llamados vivos. De esta manera, nuestros Sabios nos están enseñando que se abre el Libro de la Vida que es el Libro de los Tzadikim y el Libro de la muerte que es el Libro de los Malvados. Es decir que en el Día del Juicio se abren todos los libros y se juzga a todo el mundo, sellando quién vivirá y quién morirá.

Los malvados son llamados muertos mientras viven porque lo que da vitalidad a la persona es la Torá, como está escrito: “Es un árbol de vida para quienes la mantienen” (Mishlei 3:18). Un talmid jajam que se dedica a la Torá es llamado “vivo”, mientras que un malvado que no se dedica a la Torá no tiene nada que le de vitalidad e incluso mientras vive es llamado “muerto”, y obviamente mucho más después de fallecer.

Podemos decir también que el libro de la Vida -que es el Libro de los Tzadikim- y el Libro de la Muerte -que es el Libro de los Malvados- se abren juntos y le muestran al tzadik que llevó a cabo alguna mitzvá con pocas fuerzas mientras el malvado hizo la misma mitzvá con más entusiasmo y alegría. La vergüenza por esto es enorme y la profundidad del juicio en el Cielo no es sólo el castigo sino la vergüenza misma. Esto es lo que dijo el Gaón de Vilna (Biurei Hagadot y Divrei Torá Munkatch maadurá 4 ot 27) al explicar que en el Cielo no existe un fuego material sino que el fuego es la vergüenza que hace sufrir terriblemente a la persona. Por ejemplo, si una persona va a robar algo del traje de su amigo y en ese mismo momento llega el dueño del traje, se va a avergonzar terriblemente. Esto mismo es lo que sucede en el juicio en el Mundo de la Verdad, cuando la persona ve ante sus ojos todos sus malos actos y no puede mantenerse de pie debido a la vergüenza que cubre su rostro. Ésta es la profundidad del juicio y del castigo del Tribunal Superior.


El Shabat Propicio Para la Teshuvá

Como es sabido, el Shabat previo a Iom Kipur es llamado Shabat Teshuvá, y también es sabido que el Shabat es sumamente propicio y que de él reciben bendición todos los días de la semana. De esta manera Dios nos enseña que cada Shabat es en cierta medida un Shabat Teshuvá, porque la misma palabra Shabat se encuentra aludida en las letras de la palabra teshuvá.

Esto nos enseña que no debemos esperar hasta Iom Kipur para volver en teshuvá, sino que podemos aprovechar el día de Shabat y corregir en él aquello que hayamos dañado durante la semana. La persona no debe asumir la responsabilidad de esperar hasta que llegue Iom Kipur para volver en teshuvá, porque nadie sabe si tendrá el mérito de vivir hasta Iom Kipur.

Por esta razón decimos diariamente el cántico del día y recordamos el Shabat tal como se acostumbra a decir: “hoy es el primer día del Shabat”, “hoy es el segundo día del Shabat”, etc. Cuando la persona recuerda cada día al Shabat, recuerda que debe volver en teshuvá, porque como ya hemos dicho el Shabat es especialmente propicio para el perdón y el arrepentimiento, manteniendo las características del Shabat Teshuvá.

De esta manera resulta que Dios perdona a la persona durante todos los días de la semana cuando ella recuerda el día de Shabat, pero en Shabat el perdón es completo debido a la especial fuerza de arrepentimiento que existe en este día. Además el Shabat Teshuvá es el que más influye sobre todos los shabatot del año, bendiciéndolos con la fuerza necesaria para ayudar a la persona a volver en teshuvá.

Si prestamos atención veremos que las primeras letras de Shabat Teshuvá tienen el mismo valor numérico que kesher (conexión) o sheker (mentira). La explicación es que cuando la persona vuelve en teshuvá se vuelve a conectar con Dios; pero en cambio cuando no vuelve en teshuvá sigue estando conectada con la mentira y la impureza.

Los preparativos para Iom Kipur pasan a través del Shabat Teshuvá, en el cual el alma adicional que baja en ese Shabat puede llegar a obtener grandes logros. Dichosa la persona que abre los ojos a tiempo y se prepara a sí misma durante todos los Shabatot del año volviendo siempre en teshuvá, porque de esta manera esos Shabatot se presentarán en su defensa en el gran Día del Juicio.

La teshuvá sólo existe cuando la persona acepta dedicarse a la Torá y adopta buenas resoluciones en vistas del nuevo año, tal como dijo el profeta Hoshea: “Procuren palabras y retornen al Eterno” (14:3). Inevitablemente a través de la Torá y de la teshuvá debilitan las fuerzas de la Inclinación al Mal, y esto lo encontramos aludido en las palabras Torá – teshuvá, cuyas primeras letras forman la palabra tash (debilitar). Además, las letras iniciales de las palabras kju imajem devarim veshuvu (“Procuren palabras y retornen al Eterno”) con el kolel tienen el mismo valor que la palabra akedá (sacrificio). Y las últimas letras con el kolel tienen el mismo valor que Amén e ilán (árbol). Esto significa que la persona debe reforzar su fe en el Creador al apegarse a las raíces del Árbol Sagrado, extirpando de sí misma a la Inclinación al Mal y evitando todo acto negativo que pueda llegar a enojar a Dios.


El Ayuno de Guedalia

Después de los dos días de Rosh Hashaná ayunamos en recuerdo de Guedalia ben Ajikam. Muchos tzadikim fueron asesinados santificando el Nombre de Dios, tales como el profeta Uriahu (Irmiahu 26:20-23) y el profeta Ieshaiahu que fue asesinado por su nieto Menashé (Sanhedrín 103b). Sin embargo no ayunamos en recuerdo de estos tzadikim. ¿Por qué entonces ayunamos precisamente recordando la muerte de Guedalia ben Ajikam?

Podemos decir que el ayuno de Guedaliá fue establecido precisamente porque su asesinato tuvo lugar al día siguiente de Rosh Hashaná, y esto transmite una enorme enseñanza.

Los días de Rosh Hashaná dejan una gran huella en la persona, porque ella se prepara para el juicio y vuelve en teshuvá, y toda persona sabe en qué estado se encuentra cuando efectúa un examen de conciencia. Marán HaRav Shaj ztk”l agrega que el temor a Rosh Hashaná se debe no sólo al juicio respecto a quién vivirá y quién morirá, sino también al enorme temor que produce presentarse a juicio ante el Creador. De hecho, sentir que nos presentamos para ser juzgados ante Dios deja en nosotros una enorme huella.

En el Día del Juicio, cada ser humano pasa ante Dios como Bené Marom, y Dios observa a cada uno (Rosh Hashaná 18a). La aspiración de cada uno es que al pasar ante el Creador Él sienta satisfacción por su causa, y cada uno acepta volver en teshuvá y no cometer nuevamente los mismos pecados para tener el mérito de verse bien ante Dios. La palabra Marom tiene las mismas letras que rimón (granada), y la granada tiene seiscientas trece semillas (Malbim Shir HaShirim 4:13 y 6:7; Or Israel Sadigura Jánuca 661). Esto le recuerda a la persona que al pasar ante el Creador como Bené Marom debe presentarse con las seiscientos trece mitzvot, porque sólo de esta manera tendrá el mérito de obtener un buen juicio.

De esta manera los días de Rosh Hashaná dejan en la persona una fuerte huella, y aparentemente después de Rosh Hashaná la persona no volverá a pecar. Por eso nuestros Sabios fijaron el ayuno de Guedalia al día siguiente del Día del Juicio, para enseñarnos que hay personas que incluso al terminar Rosh Hashaná pueden llegar a matar (Irmiahu 41:1-3). Y esto se debe a que durante todos los días del mes de Elul no volvieron en teshuvá y no quedó en ellos la mínima huella de los Iamim Noraim. Por eso durante estos días cada persona debe pensar en el juicio y el temor al mismo dejará una huella que evitará que llegue a pecar después del día del Juicio.

Una vez al encontrarme en Nueva York hubo un fuerte viento que quebró un árbol en Rosh Hashaná. ¿Por qué cayó un solo árbol cuando el viento era tan fuerte y aparentemente deberían haber caído todos los árboles? Imaginemos qué hubiera sucedido si todos los árboles caían precisamente en el momento en que todos salían de las plegarias… ¡podría haber tenido lugar una catástrofe! ¿Por qué cayó sólo un árbol? ¿Y por qué cayó precisamente en el momento en que todos se encontraban dentro del Bet HaKneset? Evidentemente esto fue causado por el Cielo para despertarnos y recordarnos que Dios es Quien dirige el mundo y Él decidió que un único árbol cayera, porque de forma natural todos los árboles deberían haber caído. Pero dado que Dios deseaba abrir nuestros ojos, un único árbol fue suficiente y no era necesario que se derrumbaran todos los árboles.

Por eso ayunamos el día de Tzom Guedalia, al concluir Rosh Hashaná, para recordar que hubo una persona que al día siguiente de Rosh Hashaná estuvo dispuesta a asesinar. El ayuno viene a enseñarnos que aquél que todavía no se despertó debe volver en completa teshuvá y no asemejarse a quien estuvo dispuesto a asesinar al día siguiente de Rosh Hashaná.

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