“Primer mes del Año”

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Posted on septiembre 25, 2017

BH

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La Manera en que se Debe Trabajar Durante el Primer Mes del Año

“Una Tierra en la cual los ojos del Eterno están constantemente sobre ella, desde el inicio del año hasta el final del año”

(Devarim 11:12).

Dice en la parashá Ekev: “Una Tierra en la cual los ojos del Eterno están constantemente sobre ella, desde el inicio del año hasta el final del año”. Tenemos que aclarar cuál es el mes que se considera como el comienzo del año: si es el mes de Tishrei o el mes de Nisán, sobre el cual está escrito que es el primero de todos los meses.

Cuando los israelitas salieron de Egipto se encontraban sumergidos en los cuarenta y nueve grados de impureza (Zohar Jadash, parashá Itró). Por eso, Dios les dio la mitzvá de santificar el mes, a través de la cual podrían desconectarse de la impureza y purificarse. De hecho, el primer mes en el cual los israelitas volvieron en teshuvá y comenzaron a acercarse a Dios fue el mes de Nisán. Como recuerdo de esa teshuvá que tuvo lugar en Rosh Jodesh Nisán a través de la santificación del mes, hay quienes acostumbran a ayunar cada víspera de Rosh Jodesh y cuando el Bet HaMikdash estaba de pie ofrecían un sacrificio jatat (de pecado), que es el sacrificio que se ofrecía en Rosh Jodesh.

De esto se desprende que el mes de Nisán es el primero de los meses debido a la teshuvá que requirió. Y como consecuencia de la teshuvá que hizo el pueblo de Israel en este mes, también nosotros nos despertamos a volver en teshuvá cada mes y especialmente en Rosh Hashaná que es el Día del Juicio. De esta manera, el mes de Tishrei que comienza con Rosh Hashaná es de hecho el primer mes del año porque Adam HaRishón fue creado en Rosh Hashaná (Ialkut Shimoni Bamidbar 782); pero también el mes de Nisán es llamado el primero de los meses debido a la teshuvá que el pueblo de Israel hizo en este mes al salir de Egipto y cumplir con la mitzvá de santificar el mes, ofreciendo con enorme entrega el sacrificio de Pesaj.

Mientras que el mes de Nisán es el símbolo de la renovación, Rosh Hashaná tiene relación con la palabra shinui (cambio) y por lo tanto su esencia es el cambio de la interioridad de la persona. Si hasta ese momento estaba conectada a lo material, ahora -al llegar los Iamim Noraim- efectúa un cambio esencial y se santifica para Dios. Por eso en Rosh Hashaná no es suficiente que la persona renueve sus actos, sino que debe revisar y analizar lo que hizo para descubrir si precisa efectuar un cambio esencial, porque en Rosh Hashaná deberá presentarse a juicio ante el Creador y rendir cuentas por todos sus actos a lo largo del año.

Cuando la persona transgrede las leyes del país, debe rendir cuentas por ello, y mientras más graves hayan sido sus transgresiones más y mejores abogados defensores precisará para poder salir con un buen dictamen del juicio. Salvando las diferencias, también nosotros cuando se acercan los Días de Juicio precisamos muchos abogados defensores que sean buenos y fieles delegados para declarar en nuestro favor ante el Creador. Esta es la fuente de la costumbre de ir a visitar las tumbas de los tzadikim antes de los Días de Juicio, porque los tzadikim están conectados con el Creador y pueden hablar en nuestro beneficio para que tengamos un buen año de vida y felicidad.

Además, cuando la persona va a visitar las tumbas de los tzadikim comprende que finalmente todo ser humano partirá de este mundo; el cuerpo quedará aquí abajo, enterrado en la tierra, mientras que el alma regresará a su lugar en el Cielo y deberá rendir cuentas por sus actos. Los tzadikim incluso después de su muerte siguen siendo llamados “vivos” (Berajot 18a), porque a pesar de que estén en la tumba, sus labios siguen pronunciando sagradas palabras de Torá, que es llamada Torat Jaim (Torá de vida) (Ievamot 97a). Cuando la persona va de visita a las tumbas de los tzadikim, eso la lleva a cuestionarse su objetivo en el mundo, si desea seguir estando en los mundos más elevados y disfrutar de la sombra de la Presencia Divina tal como los más puros y sagrados tzadikim, o si desea terminar su vida y morir como un animal que una vez que muere ya no tiene ningún sentido, que Dios no lo permita.

Mi sagrado padre ztk”l siempre me decía: “Si quieres tener el mérito de tener una buena vida, con éxito y felicidad, con salud y buen sustento, debes convertirte en un recipiente adecuado para esa bendición, de lo contrario la bendición no podrá recaer sobre ti”. Una persona sedienta necesita un vaso para poder llenarlo de agua, pero si no tiene un vaso no podrá calmar su sed. Así también la persona que desea ganar un sorteo para eso tiene que comprar un número. Pero sin comprar una rifa nunca podrá llegar a ganar el premio del sorteo. De la misma manera, para tener el mérito de recibir la bendición Divina debemos efectuar un cambio en nosotros mismos y acercarnos al Creador en el sentido de Ani le dodi (Yo soy para mi Amado) (Shir HaShirim 6:3). Cuando Dios ve que deseamos Su cercanía, también Él se acerca a nosotros en el sentido de VeDodi li (Y mi Amado es para mí) (Ibíd.).

En este sentido, una importante persona de negocios me contó que cada mañana se levanta para las selijot a las cuatro de la madrugada. Al oír eso lo bendije diciéndole: Jazak ubaruj, pero agregué que dado que durante todo el año acostumbraba a levantarse a esa hora, eso no se consideraba como un verdadero cambio y que por lo tanto debía levantarse más temprano para las selijot, para que el hecho de levantarse todavía más temprano realmente lograra despertarlo para volver en teshuvá.

El tzadik Rabí Israel de Salant ztk”l, fundador del movimiento de musar, preguntó por qué en las generaciones pasadas sentían el temor de los Días de Juicio mientras que en su época la gente seguía adelante sin sentir el mínimo temor. En mi opinión para efectuar un cambio significativo en la vida es necesario prepararse de la manera debida para los Días de Juicio, pero nuestro problema es que esta preparación tiene lugar durante los días de vacaciones y en consecuencia no estamos con la cabeza predispuesta a efectuar un cambio verdadero en nuestras vidas. Para llegar a Rosh Hashaná con un cambio auténtico es necesario desconectarse de la atmósfera de las vacaciones y enfrentar con seriedad los días que se aproximan, visitando las tumbas de los tzadikim, cuyos méritos pueden ayudarnos en el Día del Juicio.

Moshé le dijo al Faraón: “El Dios de los hebreos” (Shemot 5:3) y también Abraham Avinu era llamado “Abraham el hebreo” (Bereshit 14:13). Asimismo, el idioma de los franceses es el francés y el idioma de los españoles es el español, mientras que el idioma de los judíos es el hebreo. Esto se debe a que son hebreos. Necesitamos entender cuál es la raíz de la palabra hibrim (hebreos) con la cual es llamado el pueblo judío.

El pueblo judío es llamado hibrí (hebreo) debido a su avar (su pasado), porque la esencia del pueblo judío radica en su pasado debido a que la Torá se transmite de generación en generación. Debido al descenso generacional debemos buscar todo el tiempo la conexión y la unión que tenían las generaciones pasadas, que eran mucho más elevadas espiritualmente.

En la plegaria, cada día recordamos a nuestros sagrados patriarcas diciendo: “El Dios de Abraham, el Dios de Itzjak y el Dios de Iaakov”. ¿Por qué los recordamos a diario en nuestra plegaria a pesar de que fallecieron hace muchos años? Porque la existencia misma del pueblo judío se encuentra en su relación con su pasado (avar), porque a partir de su pasado crece y florece. Vemos también que la Torá nos recuerda muchas veces que fuimos esclavos del Faraón en Egipto, y esto lo recordamos incluso en nuestras plegarias. ¿Por qué Dios desea tanto que recordemos que fuimos esclavos en Egipto cuando de manera natural el esclavo desea olvidar su duro pasado?

La explicación es que el crecimiento y el florecimiento del pueblo judío depende de su pasado, porque si bien entonces fuimos esclavos del Faraón en Egipto, fuimos redimidos y recibimos la Torá, por lo cual Dios desea que seamos solamente Sus esclavos. Sólo cuando tenemos en cuenta nuestro pasado de esclavitud, podemos sentir auténtico agradecimiento a Dios por habernos redimido de Egipto y en consecuencia desear servirle solamente a Él.

En Rosh Hashaná se acostumbra a comer la cabeza de una oveja o de un pescado y decir: “que seamos la cabeza y no la cola” (Shulján Aruj, Oraj Jaim 583b). También hay quienes acostumbran a colocar sobre la mesa un pescado completo con la cabeza y la cola, y ésta era la costumbre en la casa de mi sagrado padre. Me parece que es una bella costumbre, porque viene a despertarnos respecto a que si verdaderamente deseamos ser la cabeza, debemos observar el otro lado, allí de donde salimos para llegar a convertirnos en el primero de todos los pueblos. La cola representa aquello que se encuentra a un costado sin que nadie lo busque. Esto alude a que en el pasado fuimos esclavos del Faraón en Egipto, pero Dios con Su enorme misericordia nos redimió y nos transformó en la cabeza.

Asimismo podemos decir que cuando Dios creó a Adam HaRishón, su talón iluminaba más que el sol (Tanjuma Ajarei Mot 2). Si el talón de Adam HaRishón iluminaba con tanta fuerza, no podemos llegar a imaginar cuál era el brillo de su cabeza. Cuando Adam pecó comiendo el fruto del árbol del Conocimiento, Dios le quitó esa enorme luz y en vez de ser “la cabeza” se transformó en “la cola”, porque desde el momento del pecado comenzó a temer a los animales, mientras que antes, cuando era “la cabeza”, los animales le temían a él. El día de Rosh Hashaná en el cual fue creado Adam HaRishón (Ialkut Shimoni Bamidbar 782), le pedimos a Dios que nos permita ser la cabeza, tal como lo era Adam antes del pecado, cuando era la cumbre de la creación y todos los animales le temían. Es sabido que cuando la persona cumple con la voluntad Divina se transforma en la corona de la creación y toda la creación le teme. Pero cuando el ser humano se aleja del camino correcto, pierde su fuerza y comienza a temer él de los animales que fueron creados para temerle (Shabat 151b).

En la parashá Ekev dice: “Una Tierra en la cual los ojos del Eterno están constantemente sobre ella, desde el inicio del año hasta el final del año” (Devarim 11:12). Si prestamos atención veremos que la palabra reshit (desde el inicio) está escrita sin la letra alef. Podemos explicar que esto se debe a que cuando se habla del Amo del mundo (Alufó shel Olam) aludido por la letra alef, queda claro que Él es el primero tal como lo indica la alef, y por lo tanto no es necesario escribirla de forma explícita. La persona que estudia esto llegará sin ninguna duda a servir al Creador con absoluta entrega, tal como corresponde hacerlo ante Quien creó el mundo y lo dirige a cada instante.


La Corrección del Pecado Original es Aceptar el Reinado Divino

El sonido del shofar es parte inseparable del día de Rosh Hashaná y quien no lo oye en este día sagrado, no cumple con la obligación que fija la Ley. Debido a la gran importancia que tiene escuchar el shofar en este día son muchos los detalles que deben tenerse en cuenta. Por ejemplo: cuántos sonidos deben oírse para cumplir con la obligación, qué sucede con el shofar cuando Rosh Hashaná cae en Shabat, cuál es la intención que se debe tener cuando se toca el shofar, etc.

Los sonidos del shofar se dividen en tres grupos: Maljuiot (coronación- Reinado), Zijronot (Remembranza) y Shofarot (donde se menciona el sonido del shofar). Como dice el versículo: “Y en el día de su alegría… y serán una remembranza para ustedes delante de su Dios. Yo soy el Eterno su Dios” (Bamidbar 10:10). Rashi explica: “De aquí aprendemos que en el rezo de Rosh Hashaná se mencionan Maljuiot, Zijronot y Shofarot; porque en este versículo se enuncian las siguientes expresiones: “Harán sonar”, que alude a Shofarot; “como remembranza”, que alude a Zijronot; “Yo soy el Eterno su Dios”, que alude a Maljuiot”.

Otros comentaristas (Rabenu Saadia Gaón) explican que en el día de Rosh Hashaná coronamos a Dios como nuestro Rey a través del sonido del shofar, de la misma manera que otros pueblos coronan a sus reyes de carne y hueso. ¿Por qué tocamos el Shofar solamente en Rosh Hashaná? ¿Acaso no deberíamos tocarlo todo el año para reconocer el reinado permanente de Dios?

Una respuesta a esta pregunta es que a pesar de que debemos aceptar sobre nosotros el reinado Divino durante todo el año, a lo largo del año nos resulta más difícil sentir el reinado de Dios, mientras que en el día de Rosh Hashaná Dios está mucho más cerca de nosotros. Es como si el Rey saliera de su palacio y pudiéramos verlo de cerca. Además, los días de perdón y misericordia tienen la fuerza de despertar el arrepentimiento, el perdón y la expiación de los pecados. Cuando la persona se arrepiente de sus malas acciones, comienza a sentir la Presencia Divina y puede reconocer el reinado de Dios sobre todo el universo.

Lo correcto sería tocar el shofar durante todo el año, porque Dios es, fue y será para toda la eternidad el Rey del universo y no lo es solamente en Rosh Hashaná. Pero nuestras capacidades son limitadas y no podemos sentir Su reinado durante todo el año. Por eso coronamos a Dios como Rey sobre nosotros en el día de Rosh Hashaná y tocamos el shofar. Esto es lo que dice el versículo de la parashá Emor: “El Eterno habló a Moshé para decir: habla a los hijos de Israel para decir: en el séptimo mes, en el primer día del mes, habrá un día de descanso, lo conmemorarán tocando el shofar y será una convocación santa” (Vaikrá 23:23-24).

Dios creó el mundo con diez enunciados (Avot 5:1), tal como aprendemos de los versículos que se refieren a la creación, donde aparecen nueve veces las palabras: “Y dijo Dios”. Esto junto a la palabra Bereshit (en el comienzo) alude a los diez enunciados con los cuales Dios creó el mundo (Ver Rosh Hashaná 32a). Sabemos que Dios es Todopoderoso. Entonces, ¿por qué no creó el universo con un único enunciado, diciendo: “Que sea el universo”? ¿Por qué tuvo que crearlo con diez enunciados?

La respuesta es que los diez enunciados son paralelos a las diez sefirot a través de las cuales baja toda la abundancia y la bendición a este mundo. Las diez sefirot están ordenadas de acuerdo con su orden de importancia: cada una es más elevada que la anterior. Cuando más se eleva espiritualmente la persona en este mundo, mayor es la influencia que recibe, de manera correspondiente a la sefirá que logró alcanzar a través de su elevación espiritual.

Cuando la persona corrompe su camino y daña su nivel espiritual con sus malas acciones, cierra los conductos a través de los cuales recibía la bendición y la abundancia: las Diez Sefirot.

Dios comenzó a crear el mundo el 25 de Elul y en Rosh Hashaná creó el primer hombre (Vaikrá Rabá 29:1), colocó ante él toda la creación que había formado a través de los diez enunciados y le dijo: “Todo el mundo fue creado para ti, para que disfrutes de él. Pero para que puedas disfrutar del mundo a través de las Diez Sefirot que son paralelas a los Diez Enunciados con los cuales creé el mundo, debes cumplir con una sola mitzvá: no comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal”. Y luego Dios le dijo al hombre: “Todo el tiempo que cuides esta mitzvá puedo brindarte mucha abundancia a través de las Diez Sefirot. Pero si pecas, la abundancia se detendrá y no llegará al mundo”.

Cuando Adam pecó comiendo del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, dañó los conductos por los cuales bajaba la abundancia al mundo y se formó una coraza de impureza que se apega a la santidad. Como es sabido, cada sefirá se divide a su vez en otros diez niveles, resultando por lo tanto cien niveles, y todos ellos fueron dañados por el pecado de Adam HaRishón en el día de Rosh Hashaná. Cuando tocamos el shofar en Rosh Hashaná, manifestamos nuestro deseo de enmendar este daño.

El pecado de Adam fue considerado como una rebeldía contra el Reinado Divino y la primera muestra de herejía. Hasta que el hombre no fue creado, no había nadie que pudiera coronar a Dios como Rey. Dicen los Sabios que Adam fue quien colocó nombre a cada una de las creaciones de Dios de acuerdo a su esencia más profunda (Midrash Rabá 19:3). Adam también llamó a Dios con el nombre Adon (Mi Amo), porque Dios es el Rey y el Amo de todo el universo (Ibíd.). Por eso, cuando Adam pecó se lo consideró como una rebelión contra el Reinado Divino y en consecuencia nosotros tocamos el shofar y coronamos a Dios como nuestro Rey en este día, para corregir el pecado de Adam y acercarnos a Dios.

Cuando Adam HaRishón pecó comiendo del Árbol del Conocimiento, se formó una coraza de impureza guiada por su Inclinación al Mal y las fuerzas de Santidad fueron capturadas por las fuerzas del mal. Cuando el pueblo de Israel se reúne en los Batei Kneset, se arrepiente sinceramente de sus malas acciones y toca el shofar declarando sus buenas intenciones (Vaikrá Rabá 29:6), logra anular la fuerza de esta coraza de impureza y rescata las chispas de santidad que fueron capturadas por las fuerzas del mal. Como ya hemos explicado, la impureza se alimenta de la santidad y no puede existir si no se le permite apegarse a ella (Shaar HaKavanot, Purim 1, Manot).

En Rosh Hashaná las fuerzas del mal luchan con todas sus fuerzas para evitar que nuestro arrepentimiento sea profundo y sincero, para impedir que logremos coronar a Dios como nuestro Rey. Al mismo tiempo, las fuerzas de la santidad intentan despertarnos con los sonidos del shofar para que dejemos de lado nuestras malas acciones y coronemos a Dios como Rey. Cuando logramos rescatar la corona real de las manos de la impureza y la devolvemos a Quien pertenece, Dios siente una enorme satisfacción de Sus hijos.

Es muy importante escuchar los cien sonidos del shofar, porque ellos corrigen los cien niveles espirituales que se forman de las diferentes combinaciones entre las diez sefirot. Como no sabemos cuáles fueron dañadas a lo largo del año, precisamos oír con atención cada uno de los cien sonidos del shofar.

En Rosh Hashaná el pueblo de Israel se reúne para coronar a Dios con el honor que Él se merece (Mishlei 14:28), y éste es otro de los aspectos del shofar: un llamado para reunirse y escuchar las ordenanzas del Rey, para poder coronarlo en medio de una auténtica hermandad y con pureza de corazón.

Mientras que en Rosh Hashaná coronamos a Dios como Rey a través del sonido del shofar, durante el resto del año lo hacemos a través del Kriat Shemá que es una declaración de la unicidad de Dios y de Su gobierno sobre el mundo. También los tefilín tienen parte en esto, porque las parashiot de los mismos señalan esta misma idea e incluyen el Kriat Shemá. Debemos saber que en el momento en que la persona se coloca los tefilín y pronuncia el Kriat Shemá, alcanza un nivel de santidad paralelo al que se puede lograr en el momento en que se toca el shofar, porque ambos están orientados a coronar a Dios, a declarar Su unicidad y a unir al pueblo de Israel.

Otra forma de coronar a Dios es ocupándonos de que reine la paz en nuestro hogar. En Rosh Hashaná Dios creó a Adam y a su mujer. Al hombre le entregó la letra iud y a la mujer la hei. Cuando la pareja vive en paz, estas letras se unen y forman el nombre de Dios. Pero si no hay paz en el hogar, Dios retira Su Nombre y las disputas encienden un fuego que los consume, que Dios no lo permita (Sotá 17a).

Asimismo, el hombre cuenta con la letra iud, con la cual fue creado el Mundo Venidero, mientras que la mujer tiene la letra hei, con la cual fue creado este mundo. Cuando la pareja logra unirse con un amor auténtico y duradero y la paz reina en su hogar, reciben como recompensa ambos mundos y revelan el reinado de Dios en el mundo.

Dicen nuestros Sabios que cuando Dios creó el mundo lo envolvió con una luz Divina cuya esencia no podemos captar con nuestra mente (Shemot Rabá 35a). Esta luz asombrosa iluminaba de una punta a otra del mundo. Cuando Adam pecó al comer del Árbol del Conocimiento, ocultó esa luz, la cual fue reservada para los justos en el Mundo Venidero (Ibíd.). Cuando la pareja está unida y la Presencia Divina se encuentra con ellos, entonces tienen la fuerza de acercar a este mundo el Mundo Venidero y bajar parte de esa luz desde los mundos más elevados.

También la persona que se arrepiente sinceramente de sus malos actos y acepta el reinado Divino, tiene el poder de acercar la luz del Mundo Venidero y abrir los conductos de la abundancia que traen bendición sobre ella misma y sobre aquellos que la rodean.

¿Qué conexión existe entre Rosh Hashaná y la parashá Ki Tavó que se lee en esos días? La conexión se encuentra en la mitzvá de Bikurim (Primicias) que se llevaban al Templo. Está escrito: “Y sucederá que cuando entres a la Tierra que el Eterno tu Dios te entrega en heredad y tomes posesión de ella y te asientes en ella, deberás tomar las primicias de todos los frutos de la tierra… las pondrás en un cesto e irás al lugar que el Eterno tu Dios escoja para hacer residir allí Su Nombre” (Devarim 26:1/2).

La mitzvá de Bikurim nos muestra la enorme abundancia que había en la Tierra de Israel cuando el pueblo cumplía con la voluntad Divina, cuando estudiaban Su Torá, cumplían Sus mitzvot y aceptaban sobre ellos el reinado Divino. Como ya hemos explicado, la abundancia desciende al mundo a través de las diez Sefirot y cuando aceptamos el reinado de Dios y cumplimos Su voluntad, corregimos los daños que provocó el pecado de Adam HaRishón en las sefirot y permitimos que la abundancia llegue hasta nosotros trayendo enorme bendición al mundo.


 Allí donde estás

En la plegaria de Rosh Hashaná decimos: “Hoy fue concebido el mundo, hoy son juzgadas todas las creaciones”. Nuestros Sabios enseñan que estas palabras se refieren a Adam HaRishón, que es un microcosmos que abarca a todas las creaciones (Ialkut Shimoni Bamidbar 782). El mismo día que fue creado, Adam pecó al comer del Árbol del Conocimiento, pero Dios le tuvo piedad y no lo mató en ese mismo instante a pesar de que le había advertido que si comía de ese árbol moriría. Dios le tuvo compasión y no lo mató ese mismo día para que recordemos que Adam transgredió la voluntad Divina el mismo día en que fue creado, y que si bien de acuerdo con el Atributo de la Justicia debería haber muerto ese mismo día, Dios fijó el día de Rosh Hashaná como un día de juicio para las futuras generaciones. En este día todos los habitantes del mundo se presentan ante el Creador para rendir cuentas por sus actos a lo largo del año. En este día se fija qué sucederá con cada uno durante el año que comienza.

Dicen nuestros Sabios que Adam HaRishón se encontró con Caín después de que éste matara a su hermano Hével, y le preguntó qué había decidido Dios hacer con él (Bereshit Rabá 22:13). Caín le dijo que había llegado a un acuerdo con el Creador después de haber declarado: “Mi pecado es más grande de lo que puedo soportar” (Bereshit 4:13). Cuando Adam HaRishón vio lo que podía lograr el arrepentimiento, decidió que él también volvería en teshuvá por su pecado. A esto se refiere el versículo: “Cántico para el Shabat. Es bueno agradecer al Eterno” (Tehilim 92:1).

Al leer esto no podemos dejar de preguntarnos cómo es posible que Adam HaRishón no se arrepintiera por propia iniciativa sino que necesitara encontrarse con Caín para decidir arrepentirse. Todavía más: cuando Dios le reprochó por haber comido del Árbol del cual le había prohibido comer, Adam en vez de reconocer su pecado culpó a su esposa por haber provocado su pecado, manifestando una absoluta falta de agradecimiento hacia el Creador. En vez de agradecerle por tener una compañera dijo: “La mujer que me diste” (Bereshit 3:12).

Es muy difícil de entender que un hombre del nivel espiritual de Adam HaRishón no comprendiera que debía arrepentirse y que incluso llegara a culpar a su esposa por su propio pecado en vez de aceptar la responsabilidad por sus actos. Sabemos que Adam HaRishón poseía una sabiduría superior a la de cualquier ser humano y por eso pudo fijar el nombre de cada animal de acuerdo con su esencia más profunda (Bereshit Rabá 19:3). ¿Cómo es posible entonces que no se arrepintiera por su propia iniciativa sino sólo después de oír las palabras de Caín?

El profeta Ieshaiahu dijo: “Busquen al Eterno mientras puede ser hallado. Llámenlo mientras está cerca” (Ieshiahu 55:6). Nuestros Sabios explican que este versículo se refiere a los diez días que hay entre Rosh Hashaná y Iom Kipur (Rosh Hashaná 18a). Adam HaRishón hablaba directamente con Dios. ¿Cómo es posible que estando tan cerca de Él no pidiera Su ayuda de inmediato?

La Torá dice: “Caín se retiró de la presencia del Eterno” (Bereshit 4:16). Rashi explica esto diciendo que “se retiró fingiendo sumisión, como alguien que pretende engañar a la Inteligencia Divina”. De las palabras de Rashi se entiende que Caín no se arrepintió realmente de haber matado a su hermano sino que se mantuvo apegado al mal. Entonces, ¿cómo es posible que Caín le dijera a Adam que había llegado a un acuerdo con Dios? ¿Qué acuerdo habían hecho si Caín trató de engañar a Dios?

También podemos preguntarnos cómo es posible que Adam aprendiera a arrepentirse de Caín siendo que Caín mismo no se había arrepentido de su pecado…

La respuesta es que a pesar de que Dios sabía que Caín intentaba engañarlo, de todas maneras lo perdonó. De la misma forma, cuando nosotros vamos al Bet HaKneset en Rosh Hashaná y en Iom Kipur, confesamos nuestros pecados y luego volvemos a cometerlos, también estamos intentando engañar a Dios. ¡Estamos sumergiéndonos en la mikve teniendo un reptil en las manos! De esta manera, cada vez que confesamos nuestros pecados y luego volvemos a cometerlos nos asemejamos a un perro que vuelve a revisar lo que acaba de vomitar… Si Dios hubiera castigado a Caín por tratar de engañarlo, también nosotros mereceríamos ser castigados y nos encontraríamos en graves problemas. Pero Dios juzgó a Caín teniendo en cuenta la situación en la cual se encontraba en ese momento y de acuerdo con las palabras que sacó de su boca al estar ante Dios: “Mi pecado es más grande de lo que puedo soportar” (Bereshit 4:13). Y esto tuvo el objetivo de que también el pueblo de Israel pudiera ser juzgado de la misma forma a lo largo de las generaciones. De lo contrario nunca podríamos recibir un veredicto favorable al ser juzgados por Dios. A esto se refieren los Sabios al decir que Dios le prometió a Adam HaRishón que así como él fue juzgado para bien a pesar de que le correspondía morir en ese mismo día, así también sus descendientes serían juzgados con misericordia (Ialkut Shimoni Bamidbar 782).

Dicen nuestros Sabios que la distancia que separa entre este mundo y el Mundo Venidero es casi imperceptible y pequeña como el grosor de un cabello. Lo mismo ocurre entre la verdad y la mentira. Esto fue lo que sucedió con Caín: mientras estaba ante la presencia Divina era un gran tzadik; pero apenas se alejó, también se apartó del camino correcto. Esto nos muestra la fuerza de la Inclinación al Mal y la forma en que prepara emboscadas en cada esquina. En un instante la persona puede transformarse en un malvado a pesar de ser un tzadik. Podemos decir que es posible que Caín se arrepintiera sinceramente de sus malos actos y que por eso Dios le colocó una señal en la frente para protegerlo. Pero de un momento a otro perdió su elevado nivel espiritual e intentó engañar a Dios.

Para que no nos suceda lo mismo, debemos tener presentes nuestros pecados en todo momento, tal como dice el versículo “[Conozco mis transgresiones, y] mi pecado está siempre ante mí” (Tehilim 51:5). Debemos tener sumo cuidado de no olvidar nuestras transgresiones para no permitirle a la Inclinación al Mal atacarnos con sus artimañas ni caer en sus redes. La única manera de protegerse de sus ataques permanentes es recordar constantemente nuestros pecados. De esta manera podemos cuidarnos para no volver a tropezar nuevamente con la misma piedra. Debemos ser firmes y enfrentar a la Inclinación al Mal con todas nuestras fuerzas para no llegar a caer en sus trampas.

Retomemos nuestra primera pregunta: ¿Cómo es posible que Adam HaRishón, que había sido creado por las mismas manos de Dios y tenía un nivel espiritual que no podemos llegar a imaginar, se haya sentido desnudo frente a su esposa después de comer del Árbol del Conocimiento? Cuando el Creador le preguntó: “¿Dónde estás?”, Adam comprendió que había dañado la creación y que merecía ser castigado con la muerte por haber transgredido la palabra de Dios. Es posible  que en medio de su desesperación no llegara a valorar las bondades Divinas y por eso culpó a su esposa del pecado. Pero Dios con Su enorme misericordia no los castigó de inmediato con la muerte, sino que les dio otros castigos. Cuando Adam y Javá vieron que eran castigados pero no con la muerte, pensaron que esos castigos expiaban por su pecado y que no era necesario que se arrepintieran por haber transgredido el mandato Divino.

Cuando Adam HaRishón vio el terrible pecado que cometió su hijo Caín al matar a su hermano, evitando que llegaran al mundo todas las generaciones que debían descender de Hével, pensó que Caín moriría de inmediato. Pero para su gran sorpresa no sólo que Caín no murió sino que salió alegre de su juicio, a pesar de que su arrepentimiento no había sido completo. Entonces Adam pensó: “Si el arrepentimiento es tan poderoso, sin ninguna duda Dios también me perdonará si yo me arrepiento sinceramente por mi pecado”.

También podemos explicar esto de forma diferente de acuerdo con las palabras de los Sabios en Pirkei Avot (3:1): “Presta atención a tres cosas y no pecarás: reconoce de dónde vienes, a dónde te diriges y ante Quién tendrás que rendir cuentas. De dónde vienes: de una gota maloliente…” Adam HaRishón no podía utilizar este consejo porque carecía de la primera condición ya que Dios mismo lo había formado y en consecuencia no venía de una gota maloliente. Como él no podía pensar “de dónde vienes” y llegar a la misma conclusión que pueden llegar el resto de los seres humanos: “de una gota pútrida”, no pudo despertarse al arrepentimiento que este pensamiento alienta en la persona. Por eso necesitó encontrarse con Caín luego de que éste hubiera matado a su hermano y entonces pudo comprender el poder del arrepentimiento para calmar la furia Divina.

Caín vio la verdad y dijo: “Mi pecado es más grande de lo que puedo soportar”. Él pudo comprender que venía de una gota maloliente. Esto le permitió arrepentirse de su pecado, pero no tuvo constantemente su transgresión presente ante sus ojos y en consecuencia la Inclinación al Mal logró hacerlo caer nuevamente en sus redes y trató de engañar al Creador. De todas maneras Dios aceptó su arrepentimiento, porque Él con Su enorme misericordia juzga al hombre de acuerdo con la situación en la cual éste se encuentra en el momento del juicio. De lo contrario, no habría ningún ser humano que pudiera salir con vida del juicio Divino.

Dios conoce la fuerza que tiene la Inclinación al Mal y sabe que el hecho de arrepentirse por los pecados no asegura que la persona no volverá a caer en el futuro. Si Dios juzgara al hombre de acuerdo con lo que éste hará en el futuro, todos caeríamos ante el juicio Divino. Por eso Dios nos juzga de acuerdo al nivel espiritual en el cual nos encontramos cuando nos presentamos ante Él para ser juzgados. Además, a quien busca purificarse Dios lo ayuda (Ioma 38b) y desde el Cielo lo conducen por el camino que quiere ir (Makot 10b).

La Guemará nos cuenta que Dios le propuso a Ierovam ben Nevat pasear con Él y con el rey David, a pesar de que Ierovam había pecado colocando imágenes de idolatría en Dan y en Bet-El (Sanhedrín 102a). De esta manera Dios quiso abrirle una puerta para que se arrepintiera, a pesar de que Él ya sabía que Ierovam preguntaría: “¿Quién irá adelante?”. Como consecuencia Ierovam desperdició la oportunidad, porque Dios no juzga a la persona de acuerdo con lo que pasará en el futuro sino que le brinda la oportunidad de arrepentirse incluso después de haber pecado gravemente.

Aquí aprendemos que Dios desea que la persona se arrepienta de sus malas acciones y que corrija sus caminos, por lo que le da la oportunidad de arrepentirse incluso cuando sabe que desperdiciará la posibilidad o que su arrepentimiento será sólo pasajero y muy pronto volverá a cometer los mismos pecados. Esto fue lo que ocurrió con Caín: Dios perdonó su pecado a pesar de saber que volvería a pecar.


 Coronar a Dios como Rey a través de la Corona de la Torá

La palabra rosh significa cabeza y shaná (año) implica shinui (cambio). Esto nos enseña que en Rosh Hashaná debemos hacer un shinui barosh, un cambio en nuestra cabeza, y esforzarnos por coronar a Dios como Rey de forma completamente desinteresada e incondicional. Si nos preguntamos de qué manera se logra esto, la respuesta es una y muy clara: estudiando Torá y cumpliendo las mitzvot, porque la Torá es la corona sagrada del Rey de reyes. Estudiando Torá y cumpliendo mitzvot coronamos a Dios en Rosh Hashaná, que es el día en el cual fue creado Adam HaRishón (Ialkut Shimoni Bamidbar 782). A esto se refirieron nuestros Sabios cuando dijeron: “Reciten ante Mí los versículos que mencionan Mi Reinado para coronarme como Rey sobre ustedes” (Rosh Hashaná 16a).

Siguiendo esta línea de pensamiento podemos entender también las palabras de Rabí Shimon cuando dijo que la persona que interrumpe su estudio de Torá para decir: “¡Qué bello es este árbol!”, merece la pena de muerte (Avot 3:7). Porque cuando estudiamos Torá nos preparamos para coronar a Dios como Rey sobre el universo y si interrumpimos nuestro estudio para hacer otra cosa, eso se considera como una rebelión contra el Rey y es castigada con la muerte.

Debemos trabajar para que nuestro cambio de Rosh Hashaná sea un cambio verdadero como el de Adam HaRishón y no una farsa como la de Caín, que llegó a un acuerdo con Dios sin tener la auténtica intención de cumplir con su palabra, tal como lo explica Rashi: “Y Caín se retiró de la presencia del Eterno” (Bereshit 4:16) – se retiró fingiendo sumisión, pretendiendo engañar al Creador.

Antes de entregar la Torá al pueblo de Israel, Dios la ofreció a los demás pueblos. Ellos preguntaron: “¿Qué está escrito en la Torá?” Y cuando escucharon las diferentes prohibiciones, no quisieron recibirla. Sólo el pueblo de Israel dijo: “Haremos y escucharemos” (Pesikta Rabá 21). ¿Por qué Dios les ofreció la Torá a los otros pueblos? ¿Acaso no sabía cuál sería su respuesta? ¡Podría haber entregado la Torá directamente a Israel!

Dios quiso que el pueblo de Israel deseara la Torá y por eso la ofreció primero a los otros pueblos. Además, después de que los pueblos se negaran a recibirla, la Torá quedó como un bien único del pueblo de Israel, sin que ningún otro pueblo tenga parte en ella. Si Dios no les hubiera ofrecido la Torá a los otros pueblos, ellos podrían haber reclamado que si les hubiesen dado la oportunidad también ellos la habrían aceptado y en consecuencia pedir recibir su recompensa.

Para poder cumplir con la Torá es necesario sentir que ella nos pertenece por completo. Sólo el pueblo de Israel puede cumplir con esta condición y entregarse de lleno al cumplimiento de sus mitzvot, incluso llegando a entregar la vida cuando eso es necesario.

Si a lo largo del año la persona siente esta pertenencia, cuando llega el día de Rosh Hashaná es posible coronar a Dios con la corona de la Torá en la cual están escritos los nombres de Dios (Zohar Shemot 124a, Introducción del Rambam a la Torá). Como ya hemos explicado, la única manera de coronar a Dios como nuestro Rey es a través de la corona de la Torá.

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