Rosh Hashaná

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Posted on septiembre 25, 2017

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Rosh Hashaná

Un Día Largo

Dicen nuestros Sabios que Dios comenzó a crear el mundo el veinticinco de Elul y que en Rosh Hashaná creó al hombre, la corona de la creación (Vaikrá Rabá 29:1). La Guemará dice: “Digan ante Mí Maljuiot (versículos de Reinado) para que reine sobre ustedes”. Esto significa que el objetivo de la creación del hombre fue que coronara a Dios como Rey. Hasta la creación del hombre, Dios era un Rey sin pueblo, pero después de su creación Dios reinó sobre los hombres. Y como sabemos, para que un rey pueda ejercer su cargo es necesario que tenga un pueblo sobre el cual reinar (Rabenu Bejaie Bamidbar 22:2).

En Marruecos se celebra cada año la coronación del rey. Ya un mes antes de la celebración comienzan a limpiar la ciudad de manera meticulosa, arreglan las calles, cuelgan carteles y lámparas especiales, para que cuando llegue el día de la coronación todo esté preparado. Salvando un millón de diferencias, Rosh Hashaná es el día de la coronación del Rey de reyes porque en ese día fue creado el ser humano, cuya tarea es coronar a Dios como Rey. Para que la coronación de Dios tenga lugar con todo el honor debido, debemos prepararnos para este día desde el mes que le antecede, desde Rosh Jodesh Elul que es el primero de los días de misericordia y perdón durante los cuales Dios se encuentra más cerca de Su pueblo. Y esto es comparado por el Baal HaTania con un rey que sale de su palacio hacia el campo para visitar a su pueblo.

Nuestros preparativos para este día tan elevado tienen lugar a través del trabajo para mejorar nuestros actos y para purificarnos de las transgresiones cometidas. Mientras más nos esforcemos por purificarnos y limpiarnos de toda huella de pecado que se nos haya apegado, podremos llegar al gran día estando preparados y siendo dignos de presentarnos ante el Rey. Tal como resulta obvio que no es posible presentarse ante un rey de carne y hueso con ropa rota y sucia, tampoco podemos presentarnos ante el Creador cuando nuestras almas están sucias a causa del pecado, porque eso constituye una falta de respeto para el Rey. Cuando la persona no se limpia de los pecados antes de Rosh Hashaná, despierta grandes acusaciones sobre sí misma, al igual que la persona que se presenta con ropa sucia ante el rey, provocando que los siervos del Rey lo lleven a la cárcel por haber deshonrado al Rey.

En la parashá Nitzavim dice: “Todos ustedes están hoy presentes… los líderes de sus tribus, sus ancianos, sus oficiales, todos los hombres de Israel. Sus niños, sus mujeres y los extranjeros que están dentro de tu campamento; desde el cortador de leña hasta el que trae el agua”. (Devarim 29:9-10). El Zohar dice que la expresión: “Todos ustedes están hoy presentes” se refiere a Rosh Hashaná (Zohar Parte II 32b, Arvei Najal Nitzavim, Tiferet Shlomó Likutim Nitzavim) el día sobre el cual fue dicho “Hoy es el día de la concepción del mundo” (Musaf Rosh Hashaná, Pri Etz Jaim Shofar 5). El día en el cual todo Israel se presenta ante Dios para ser juzgado coronando sobre ellos el Nombre Divino. Dice el Baal HaTania que la Torá enumera diez niveles de personas dentro del pueblo de Israel, desde los más importantes (sus líderes, las tribus y los ancianos) hasta los más simples (los leñadores y los que extraen el agua) (Likutei Torá Nitzavim). Esto significa que en Rosh Hashaná todo el pueblo de Israel se presenta ante Dios, tanto los más como los menos importantes, porque el Rey es coronado ante todo su pueblo (Mishlei 14:28). De hecho, no es el puesto de importancia que pueda llegar a tener la persona lo que le da el mérito de coronar a Dios como es debido y de salir con un juicio positivo, sino que lo que lo define es el grado de sumisión al Eterno logrado antes de Rosh Hashaná. Incluso si se trata de una persona poco importante, como aquella que extrae el agua, de todas maneras si logró volver realmente en teshuvá antes de Rosh Hashaná, ante el Eterno se la considera una persona de nivel elevado.

Los días de Rosh Hashaná son llamados: “un día largo” (Bet Iosef Oraj Jaim 515). Vi en el libro Mashmia Shalom algo maravilloso. En un principio Dios quiso crear al mundo como un día largo en el cual hay una luz infinita, pero debido a que Adam HaRishón pecó con el Árbol del Conocimiento, Dios dejó de lado Su plan y trajo la oscuridad que anuncia que terminó un día y otro día llegará en su lugar. Rosh Hashaná, el día en el cual fue creado Adam, es llamado “un día largo”, como recuerdo del plan original de Dios. Nuestra existencia en el mundo se debe a la fuerza de las luces que fueron creadas durante los seis días de la creación y de ese “día largo” en el cual fue creado el hombre. Cuando cumplimos con Rosh Hashaná, que es llamado “un día largo” y coronamos a Dios como nuestro Rey, despertamos el mérito de los días de la creación que fueron como un grandioso y único día. Debemos saber que de no ser por las luces de Bereshit, no tendríamos el mérito de existir en el mundo debido a nuestros pecados y a nuestros malos actos. Esas mismas luces del “día largo” son las que nos cuidan y nos protegen del Atributo de la Justicia. Esto nos enseña hasta qué grado debemos llegar preparados al día de Rosh Hashaná para tener el mérito de que este “día largo” siga influyendo sobre nosotros con sus luces.

Dice el Zohar que cada noche la neshamá (el alma) sube al cielo y rendimos cuentas por los actos de ese día (Parte III, 120b). Debido a que el alma parte de nosotros y sube al Cielo, a la mañana le agradecemos a Dios por habernos devuelto nuestra alma. Porque de acuerdo con el Atributo de la Justicia no seríamos meritorios de despertarnos y sólo gracias a que Dios es Misericordioso y perdona tenemos el mérito de que el alma retorne a nosotros. De esto se entiende que cada noche es en cierto sentido como Rosh Hashaná, un día de juicio. Y tal como en Rosh Hashaná se nos revelan las luces de Bereshit del “día largo”, así también cada noche hay una revelación de las luces de Bereshit y por eso debemos despertarnos y trabajar sobre nosotros mismos para poder recibir el influjo de estas grandiosas luces por cuyo mérito existe el mundo.

En la parashá Vaetjanán dice: “En aquel momento imploré al Eterno, para decir” (Devarim 3:23). Dicen los Sabios que el valor numérico de la palabra “Vaetjanán” es quinientos quince, equivalente a la cantidad de plegarias que elevó Moshé para que Dios le permitiera entrar a la Tierra Santa (Ialkut Shimoni 940). El Arizal dice en Likutei Torá (Vaetjanán) que hay un ángel encargado de las plegarias cuya función es llevar los rezos desde la tierra hacia el Cielo y al Trono Divino. La distancia del Cielo hasta el Trono de Gloria es de quinientos años y por eso es necesario que el ángel se apresure para llevar las plegarias ante Dios.

Sobre los ángeles que llevan las plegarias de la tierra hasta el cielo está escrito: “Y sus piernas es una pierna derecha” (Iejezkel 1:7). El valor numérico de la palabra ieshará (derecha) es quinientos quince, de manera paralela a los quinientos años que hay entre el cielo y la tierra, y al número quince que corresponde al nombre iud-hei que es el que utilizan los ángeles para llevar las plegarias ante Dios, porque Dios creó el mundo con el Nombre iud-hei, tal como está escrito: “Porque con iud-hei creó los mundos” (Menajot 29b).

De manera paralela, Moshé Rabenu rezó quinientas quince plegarias con la esperanza de que los ángeles se apresuraran a llevarlas a través del Nombre iud-hei con el cual fue creado el mundo, recorriendo los quinientos años que hay entre el cielo y la tierra para que sus plegarias llegaran prontamente a Dios y le tuviera misericordia.

A pesar de todas las plegarias de Moshé, Dios le dijo: “¡Que te baste ya! No sigas hablándome más de este asunto” (Devarim 3:26). Aparentemente esto podría provocar que nos debilitáramos: si Moshé Rabenu rezó tantas plegarias y a pesar de eso no fueron aceptadas, ¿qué podemos esperar nosotros? Por eso Moshé le dijo a Israel: “El Eterno se encolerizó conmigo por su causa” (Ibíd.). Es decir, que Dios no aceptó las plegarias de Moshé a causa del pueblo, para que aprendieran que también cuando los tzadikim vuelven en teshuvá antes del Día del Juicio e incrementan sus plegarias para ser inscriptos para un buen año, es posible que Dios no acepte sus plegarias y que ellos fallezcan en ese año. Pero no debemos pensar cosas malas ni debilitarnos por eso, porque esta misma es la respuesta a la plegaria y su recompensa. Debemos saber que a veces Dios utiliza a los tzadikim como un sacrificio comunitario, y a pesar de que por sí mismos ellos merecían vivir otros muchos y buenos años, Dios los convoca a la Ieshivá Celestial porque su muerte actúa como expiación para todo Israel. Por lo tanto la razón por la cual murieron los tzadikim no fue porque su plegaria no haya sido aceptada por Dios, sino lo contrario: precisamente por ser tan amados y valorados por Dios, Él los eligió como sacrificio de expiación en el sentido de: “El Eterno se encolerizó conmigo por su causa”.

La Guemará dice que cuando el ángel Mijael ve que el Atributo de la Justicia se despierta contra el pueblo de Israel, lleva ante Dios un sacrificio en la forma del alma de un tzadik para que el mundo pueda seguir existiendo a pesar del nivel al que llegaron los pecados (Menajot 110a, Tosafot).

Está escrito: “Todos ustedes están hoy presentes… los líderes de sus tribus, sus ancianos… desde el cortador de leña hasta el que trae el agua ” (Devarim 29:9). Esto nos enseña que a veces Dios les cobra a los líderes del pueblo, a los tzadikim y a las personas importantes, por las transgresiones del pueblo. Precisamente en esto podemos ver el testimonio de su rectitud, porque Dios los escoge para servir como expiación por los pecados de la generación. Efectivamente vemos que grandes del mundo tales como el Or HaJaim, el Arizal y el Ramó fallecieron cuando todavía eran muy jóvenes, pero a pesar de ello alcanzaron en sus pocos años de vida enormes logros, mucho más que lo que otros logran teniendo vidas mucho más largas.

Esto nos muestra que no es la cantidad de años de vida lo que importa sino el valor y la calidad de los mismos. Cuando la persona corona a Dios como su Rey y trata de cumplir Su voluntad, incluso si eso implica reducir sus años de vida en este mundo, sin ninguna duda tendrá el mérito de recibir la vida eterna en el Mundo Venidero que es el Mundo de la Verdad, y disfrutar del resplandor de la Presencia Divina.

En Rosh Hashaná se despiertan las luces de los Nombres Sagrados de Dios con los cuales fue creado el mundo. La manera de conectarse con estas luces es a través del estudio de la Torá, la cual también consiste en un concentrado de los Nombres Divinos con los cuales fue creado el mundo, porque como está escrito: “Observó la Torá y creó el mundo” (Zohar Parte II, 161a).


La Razón por la Cual se Toca el Shofar

En la Torá, Rosh Hashaná no es llamado “el Día del Juicio” ni “Rosh Hashaná”, sino “Iom Truá” (el Día en que se toca el shofar) (Bamidbar 29:1). De aquí podemos aprender que el hecho de tocar el shofar en Rosh Hashaná constituye una parte esencial del día. Efectivamente, existen muchas leyes respecto al toque del shofar, y se trata de un momento en el cual participa toda la comunidad con enorme estremecimiento.

Es necesario entender por qué se nos ordenó oír en Rosh Hashaná la voz del shofar y cuál es el secreto oculto en el mismo. Porque evidentemente el hecho de oír el toque del shofar es sumamente importante, tal como podemos comprender a partir de las múltiples leyes y minuciosidades relativas a este acto. Si decimos que el objetivo del shofar es confundir al Satán, podemos preguntarnos si acaso Dios no podría haber hecho que se confundiera a través de nuestras plegarias. ¿Por qué precisamente se debe “confundir al Satán” tocando el shofar? También sabemos que el objetivo del shofar es recordar ante Dios el carnero que Abraham Avinu sacrificó en el momento de la Akedá (del sacrificio de Itzjak) (Rosh Hashaná 16a). Pero esto tampoco se entiende, porque está escrito que Dios “recuerda todo lo que nosotros olvidamos” (Musaf Rosh Hashaná). Por lo tanto es evidente que Dios recuerda los méritos de Abraham Avinu. ¿Por qué debemos recordárselos a través del sonido del shofar?

También podemos preguntarnos por qué sólo en Rosh Hashaná bendecimos por el shofar mientras que durante todo el mes de Elul se toca el shofar sin pronunciar ninguna bendición.

La explicación es que en Rosh Hashaná Dios se encuentra mucho más cerca de nosotros. Dado que Dios se dedicó a crear al hombre en Rosh Hashaná, en este día existe una enorme conexión entre la persona y el Creador, y la persona corona a Dios como su Rey. Cuando los pueblos del mundo coronan a un rey, se reúnen y lo alaban. Por eso en Rosh Hashaná también nosotros loamos a Dios y lo coronamos como nuestro Rey. El mes de Elul es una preparación para Rosh Hashaná, cuando coronamos a Dios, y por eso durante ese mes tocamos el shofar sin decir ninguna bendición y sólo bendecimos por el mismo en Rosh Hashaná. De hecho, Dios no precisa que le recordemos nuestra existencia ni el sacrificio de Itzjak, porque todo está revelado ante Él. Pero nosotros precisamos ese recordatorio respecto a la existencia de Dios a través del sonido del shofar y al coronarlo como Rey sobre nosotros.

Cuando hacemos sonar el cuerno del carnero no lo hacemos para recordarle a Dios el sacrificio de Itzjak sino para abrir nuestros ojos respecto a la enorme entrega de Abraham Avinu, quien sirvió al Creador con sus doscientos cuarenta y ocho miembros y con sus trescientos sesenta y cinco tendones.

Cuando Dios creó al hombre en Rosh Hashaná le dijo: “Cuando tus actos sean dignos, entonces todo el mundo habrá sido creado solamente para ti. Pero cuando tus actos no sean dignos, entonces debes saber que incluso el mosquito fue creado antes que ti” (Sanhedrín 38a). En el momento de su creación, el hombre fue lo más elevado e iluminaba de una punta a la otra del mundo. Pero después de haber pecado con el Árbol del Conocimiento perdió ese elevado nivel.

Como sabemos, Adam HaRishón pecó en Rosh Hashaná que cayó el sexto día (Vaikrá Rabá 29:1) y debido a que comenzaba el Shabat Dios esperó y lo castigó solamente en Motzaei Shabat (Bereshit Rabá 12:6). Es decir que Dios esperó otro día después del pecado y no castigó a Adam de inmediato, y por esta razón celebramos dos días de Rosh Hashaná. Dicen nuestros Sabios que en el primer día de Rosh Hashaná Dios juzga también a los otros pueblos del mundo mientras que en el segundo día -Cuándo fue juzgado Adam HaRishón- Dios juzga solamente al pueblo de Israel (Talalei Orot Moadim 96). Así como Dios juzgó a Adam HaRishón con misericordia y no lo mató a pesar de haber pecado, así también nosotros pedimos ser juzgados con bondad y misericordia.

Dice la Torá que Dios llamó a Adam y le preguntó: “¿Aieka?” (¿En dónde estás?) (Bereshit 3:9). Al oír que Dios lo llamaba, Adam comenzó a temer y a arrepentirse. El sonido del shofar es en cierto sentido como un llamado preguntándole al hombre: ¿Aieka? – ¿en dónde estás? ¿En dónde te encuentras? Levántate, aclama a Dios, arrepiéntete tal como Adam HaRishón quien volvió en teshuvá y dijo: “Un cántico para el Shabat. Es bueno alabar a Dios” (Tehilim 92:1-2, Bereshit Rabá 22:13). De hecho, el sonido del shofar es la pregunta que Dios le formula a la persona: “¿Aieka? ¿En dónde estás?”. Por eso, quien no oye en Rosh Hashaná el shofar no ha cumplido con su obligación.

Con respecto al juicio en Rosh Hashaná podemos preguntarnos: si durante el año pecamos y de inmediato volvimos en teshuvá completa, ¿Por qué Dios vuelve a juzgarnos en Rosh Hashaná? Si ya nos hemos arrepentido no merecemos ser castigados por ello. ¿Por qué entonces Dios nos juzga en Rosh Hashaná por nuestros malos actos? La respuesta es que de hecho Rosh Hashaná es un día de juicio sobre nuestra teshuvá: si la hemos realizado de la manera adecuada o no. Si Dios juzga a la persona para verificar si su teshuvá fue llevada a cabo de la manera debida, podemos imaginar cuán duro es el juicio de la persona que no tuvo el menor despertar de teshuvá durante todo el año y en especial durante los días de misericordia y de perdón del mes de Elul.

Si prestamos atención veremos que la pregunta que Dios le formuló a Adam HaRishón: “¿Aieka?” tiene las mismas letras que ejá en Ejá iashvá (cómo ha quedado) (Ejá 1:1), mientras que la palabra iashvá viene de la palabra teshuvá. Esto significa que el sonido del shofar nos llama y nos dice: Aieka, ejá iashvá baded – ¿cómo permaneces solo en tu lugar sin volver en teshuvá, cuando tienes la obligación de conectarte con el Creador?


 Que comience el Año con Sus Bendiciones

En Rosh Hashaná decimos: “Que termine el año con sus maldiciones y comience el año con sus bendiciones”. Debido a que no podemos saber exactamente cuándo termina el año y cuándo comienza el nuevo año, le pedimos al Creador que si todavía nos encontramos en el año que culmina, este termine con sus maldiciones; y que si ya entramos al nuevo año, que comience el año con sus bendiciones.

Con respecto al momento en que comienza y culmina el Shabat existe un concepto llamado Tosefet Shabat (agregado al Shabat) (Shulján Aruj, Oraj Jaim 393:2), tanto cuando se recibe el Shabat más temprano como cuando se sale de Shabat más tarde. Por ejemplo, si el Shabat comienza a las siete de la tarde, se lo recibe a las seis; y si culmina a las ocho, se sale de Shabat recién a las nueve, cada uno de acuerdo con sus posibilidades y con el nivel en el cual se encuentre.

De la misma manera, en Rosh Hashaná pedimos: “que culmine el año con sus maldiciones y comience el año con sus bendiciones” porque todavía no sabemos si el año ya ha terminado o si todavía quedan malos decretos pendiendo sobre el pueblo de Israel. Por eso le pedimos a Dios que si había sido fijado un mal decreto al final del año que culmina, que Él con Su enorme misericordia se apresure a dar comienzo al nuevo año con sus bendiciones, a la manera de tosefet Shabat, para que de esta forma se anule el mal decreto que todavía no se ha cumplido.

Cuando la persona cumple con la voluntad Divina, Él apresura la bendición y como consecuencia la libera de la maldición. Por ejemplo, una persona que sigue el camino de Dios pero sobre quien se ha decretado que sólo pueda tener hijos dentro de otros tres años… Más de una vez Dios adelanta la bendición y le da hijos ya ese mismo año, al igual como nosotros recibimos el Shabat antes de tiempo. Cuando Dios adelante la bendición, esa abundancia tiene la fuerza de anular otros malos decretos.

En Rosh Hashaná leemos sobre el sacrificio de Itzjak (Meguilá 31a) y recordamos el mérito de Abraham Avinu. Está escrito: “Abraham madrugó y ensilló su asno” (Bereshit 22:3). ¿Por qué Abraham Avinu necesitaba madrugar para ir a sacrificar a su hijo? Dios no le había fijado un momento determinado en el cual debiera hacerlo. Abraham podría haberlo hecho durante el resto del día o durante la siguiente semana. ¿Por qué Abraham sintió que debía cumplir de inmediato con el mandato Divino? Dice la Guemará que “los que son diligentes se apresuran a cumplir las mitzvot” (Pesajim 4a), debido a que desean cumplir con la voluntad del Creador. Esto es lo que nos explica Rashi: que Abraham mismo ensilló a su asno y no le ordenó a algunos de sus siervos hacerlo, porque el amor trastorna el comportamiento correcto (Bereshit 22:3).

Al recordar en Rosh Hashaná el mérito de nuestros patriarcas, la manera en la cual Abraham se apresuró para cumplir con la voluntad Divina, estamos pidiendo que también Dios nos brinde las bendiciones del nuevo año a pesar de que el año anterior todavía no haya concluido. La regla es que cuando uno se apresura para cumplir las mitzvot con diligencia, Dios se comporta de acuerdo con el principio de “medida por medida” y también Él se apresura a brindarle las bendiciones que tienen la fuerza de anular los malos decretos.

Está escrito: “Cuando se presente la posibilidad de cumplir una mitzvá, no la dejes pasar” (Mejilta 21:9). De manera literal esto significa que cuando la persona tiene la intención de cumplir una mitzvá, debe tratar de hacerlo de inmediato, en el momento mismo en que se presenta la mitzvá, y no dejarla para otro momento, porque el mismo hecho de dejarla para después es en cierta manera como perder la mitzvá ya que se pierde el nivel de “los que son diligentes se apresuran a cumplir las mitzvot”, incluso cuando tenga la intención de hacerlo más tarde.

Cuando el malvado Bilam quiso ir a encontrarse con Balak para aconsejarle cómo dañar al pueblo de Israel, se levantó temprano y ensilló a su asna sin esperar que lo hicieran sus sirvientes. Como está escrito: “Bilam se levantó de mañana y ensilló su asna…”. Explica allí Rashi: “De aquí aprendemos que el odio estropea la norma de conducta a seguir, ya que él mismo ensilló su asna. El Santo Bendito sea dijo: ‘¡Malvado! El ancestro de ellos, Abraham, ya te ha precedido en el hecho de dejarse llevar por una gran pasión, como está escrito: ‘Abraham madrugó, ensilló su asno…'”.

Debido a que Abraham Avinu se había adelantado a Bilam al actuar con diligencia, Dios transformó todas las maldiciones de Bilam en bendiciones. De la misma manera nosotros le pedimos a Dios que por el mérito de Abraham que se adelantó a Bilam al cumplir con diligencia con la voluntad Divina, también Él nos adelante el nuevo año con sus bendiciones y que las maldiciones que faltan cumplirse del año que termina se transformen en bendiciones.

De hecho el malvado Bilam -quien es la personificación del Satán- sigue despertando acusaciones sobre Israel, y por eso recordamos el tema del sacrificio de Itzjak en Rosh Hashaná. Por una parte, para recordar el mérito de Abraham Avinu que fue diligente en el cumplimiento de la mitzvá. Y por otro lado, para anular la acusación del malvado Bilam que es como el Satán. Si bien el hecho de que Bilam madrugara no se considera como una mitzvá, de todas maneras demuestra a qué punto llegan las acusaciones del Satán y cuánto debemos esforzarnos por mantenernos firmes ante él para merecer un juicio positivo. El Satán sabe que en Rosh Hashaná los seres humanos son juzgados y por eso intenta de todos los modos posibles molestarnos e impedir que nos despertemos para servir a Dios. Por eso le pedimos a Dios que culmine el año con sus maldiciones y que comience prontamente el nuevo año con sus bendiciones, para evitar que el Satán pueda dañarnos en esos minutos que quedan hasta que culmine el año.

La expresión tjel shaná (que comience el año) viene de la palabra hatjalá (comienzo) y también Bereshit implica un comienzo. Esto significa que le pedimos a Dios que traiga el nuevo año, que sea como Bereshit, como el comienzo del mundo, como aquél primer Rosh Hashaná en el cual fue creado el hombre antes del pecado, cuando el mundo estaba repleto de abundante bien y bendición.


Corregir Nuestros Actos

El Creador nos otorgó los Iamim Noraim para que analicemos nuestros actos y pensemos si ellos provocaron satisfacción a Dios o si por el contrario despertaron Su enojo. Cuando la persona confiesa sus transgresiones de hecho está reconociendo sus pecados y sólo entonces es capaz de dejarlos atrás y decidir que desde ese momento en adelante no volverá a cometerlos. Pero si no reconoce su pecado, nunca podrá abandonarlo y decidir no volver a cometerlo, porque lo más básico y lo primero que debe hacerse para lograr la teshuvá es reconocer el pecado. Las letras iniciales de las palabras Rosh Hashaná Kipur tienen el mismo valor numérico que la palabra haker (reconocer), lo cual nos enseña que la esencia de estos días es reconocer nuestros actos y ver si fueron correctos o si debemos corregirlos. ¿De qué manera es posible llegar a reconocer los malos actos y arrepentirse por ellos? A través del rosh, de la cabeza, al revisar en la cabeza todos y cada uno de nuestros actos para corroborar si fueron o no correctos.

 

En Rosh Hashaná tocamos el shofar porque éste nos recuerda que debemos corregir nuestros caminos (Vaikrá Rabá 29:6), y al hacerlo mereceremos ser tratados con misericordia al presentarnos ante Dios. Está escrito que en el momento de la entrega de la Torá el sonido del shofar se oía cada vez más fuerte (Shemot 19:19). ¿Qué relación hay entre el sonido del shofar y la entrega de la Torá? Dios sabía que el sonido del shofar tiene la fuerza de despertar al corazón del ser humano para llevarlo a corregir sus actos. Por eso Él quiso que se oyera el sonido del shofar durante la entrega de la Torá, para que se borrara del pueblo de Israel toda huella que pudiera haber quedado de la idolatría y de la impureza de Egipto. De esa manera serían dignos de recibir la Torá y de coronar a Dios como Rey con absoluta pureza.

El Rab Abraham Hamalaj zt”l escribió que en el momento en que se toca el shofar la persona debe avergonzarse en gran medida por sus malos actos. Y afirma que esto se encuentra aludido en el versículo: Bejatzatzrot vekol shofar hariu -“Con trompetas y shofar alábenlo” (Tehilim 98:6). Las iniciales de estas palabras en hebreo forman la palabra bushá (vergüenza). A partir de esto podemos decir que cuando la persona se avergüenza delante de Dios en el momento en que se toca el shofar, sin ninguna duda llegará a corregir sus actos y a reconocerlos, y también aceptará no volver a transgredir.

Hay un Midrash (Pesikta Rabati 19) que dice que cuando se aproximan los Iamim Noraim los ángeles le preguntan a Dios cuándo será Rosh Hashaná, y también antes de Iom Kipur los ángeles le preguntan cuándo será Iom Kipur. Esta pregunta de los ángeles no puede dejar de asombrarnos. ¿Acaso los ángeles que residen en el mundo superior no saben cuándo cae Rosh Hashaná y Iom Kipur? El autor del libro Betzel HaKodesh pregunta cómo es posible que existan dudas respecto a la manera en que se deben tocar las diversas voces del shofar, siendo que se trata de una mitzvá de la Torá. ¿Cómo puede ser entonces que la Guemará se pregunte cuáles voces deben tocarse en Rosh Hashaná para cumplir con esta obligación? (Rosh Hashaná página 207).

Los Sabios traen una prueba a partir del llanto de la madre de Sisrá, afirmando que se deben tocar cien voces (Aruj Erej Erev 1). ¿Cómo es posible que traigan una prueba a partir de una mujer no judía que era la madre de un malvado? Aparentemente de esta manera estamos reforzando la impureza y dándole significado.

Debemos decir que el animal está limitado en su entendimiento y por ello no actúa con pensamiento y voluntad sino acorde con la naturaleza que Dios grabó en su interior. Además el animal no tiene un objetivo especial en el mundo sino que toda su vida es una guerra por la subsistencia. Pero en cambio el ser humano tiene intelecto y pensamiento y en consecuencia tiene la capacidad de elegir y decidir, crear y desarrollarse. Por este motivo la persona debe ser sumamente cuidadosa de alejarse del mal y hacer el bien, porque con el intelecto y las fuerzas que le otorgaron tiene la capacidad de construir mundos y hacer cosas buenas o –que Dios no lo permita- destruir mundos (Nefesh HaJaim Shaar 1:4). El leopardo por su propia naturaleza es audaz y cruel y no tiene la posibilidad de superar esa naturaleza y ser suave y delicado, porque de esa manera fue creado y de la misma forma morirá, tanto él como todos sus descendientes. Pero en cambio la persona tiene la capacidad de elegir entre el bien y el mal e incluso más que eso, puede mejorar sus cualidades y sobreponerse a sus aspectos negativos debido a que tiene entendimiento y comprensión (biná y daat) y el espíritu Divino habita en su interior.

En los Iamim Noraim Dios le da a la persona la oportunidad de cambiar y demostrar su superioridad sobre los animales y las bestias, y esto es posible a través de la fuerza de la teshuvá a través de la cual la persona puede arrepentirse de sus pecados y elevarse por encima de sí misma. Cuando el Satán ve que el pueblo de Israel comienza a prepararse para los Iamim Noraim, busca molestarlos de todas las formas posibles para evitar que adelanten en su servicio a Dios, porque él sabe que en Iom Kipur lo hacen salir y no le dan la posibilidad de acusar al pueblo. A pesar de que el Satán sabe que en Iom Kipur no tiene poder, nunca pierde las esperanzas y sigue intentando hacernos caer una y otra vez.

Por eso Dios quiere que toquemos el shofar, para confundir al Satán e impedirle que tenga poder sobre el pueblo de Israel. Por esta razón es que existe una duda respecto a la forma en que se debe tocar y la cantidad de voces se aprenden a partir del llanto de la madre de Sisrá, para que también esto ayude a confundir al Satán al hacerlo pensar que tiene la posibilidad de acusar al pueblo de Israel diciendo que no tocan un número fijo de voces y que aparentemente se unen a la klipá (a la impureza). Pero las intenciones del Satán no logran su cometido, porque precisamente donde piensa que puede dañar al pueblo de Israel, los israelitas bendicen por tocar el shofar y de esta manera llegan a corregir sus actos y a ser perdonados por Dios. Ahora podemos entender por qué los ángeles le preguntan a Dios cuándo será Rosh Hashaná y Iom Kipur, como si no lo supieran: para confundir al Satán y anular sus acusaciones.

Las letras de la palabra teruá (la voz del shofar) son equivalentes a Torá ain es decir, la Torá que se explica de setenta maneras. (El valor numérico de la letra ain es setenta). De aquí aprendemos que sólo a través del estudio de la Torá podemos liberarnos de las acusaciones del Satán, corregir y mejorar nuestros actos.

En Rosh Hashaná y en Iom Kipur sentimos temor y estremecimiento porque sabemos que estamos siendo juzgados. Si bien tenemos la obligación de servir a Dios con alegría, durante los Iamim HaNoraim esto nos resulta difícil porque sentimos un enorme temor. Pero debemos saber que ese temor y esa preocupación que tenemos en el corazón se consideran como un descenso en pos de un ascenso. Por ello no debemos caer en la desesperanza, sino que tenemos que volver en completa teshuvá. Sin ninguna duda finalmente sentiremos una inmensa alegría y un gran alivio, porque la teshuvá no viene a deprimir a la persona sino que por el contrario tiene el objetivo de acercarla al Creador y de esta forma llenar de alegría su corazón.

Está escrito: “Dios ha subido entre aclamaciones (teruá). El Eterno subió al son del shofar” (Tehilim 47:6). Cuando la persona se presenta ante Dios con todos los pecados que cometió durante el año, es juzgada de acuerdo con el nombre Elokim que representa al Atributo de la Justicia estricta (Bereshit Rabá 35:3). Pero cuando vuelve en teshuvá, ese arrepentimiento transforma al Atributo de la Justicia en el Atributo de la Misericordia, a través del nombre Ado-nai (Tanjuma Tazría 9).

Un Midrash compara esto con un rey que envía al ministro encargado de recaudar los impuestos a cierta ciudad en la cual los habitantes no habían pagado lo que debían. Cuando los habitantes de la ciudad se enteraron que llegaba el ministro del Rey, se apresuraron para recibirlo de buena manera, organizaron un banquete en su honor y brindaron con él. Cuando el ministro vio la recepción que le daban, comprendió que en ese pueblo honraban y amaban al rey y en consecuencia le daban honor a su enviado. En consecuencia les perdonó un tercio de la deuda. Al seguir camino por la ciudad, el ministro corroboró que seguían celebrando en su honor y decidió perdonarles otra tercera parte de la deuda, hasta que finalmente les perdonó toda la deuda al ver cuánto amaban en ese pueblo al rey. Antes de salir del pueblo, el ministro les dijo que el rey les perdonaba sus deudas, pero que desde ese momento en adelante debían ser meticulosos y pagar todos los impuestos a tiempo (Tanjuma Emor 22).

Este ejemplo nos enseña de qué forma Dios perdona los pecados de Sus hijos cuando ellos vuelven en teshuvá. ¿Por qué Dios nos va perdonando por etapas en vez de perdonarnos completamente en un día por todos los pecados? ¿Por qué precisamos cuarenta días de teshuvá, selijot y expiación desde comienzos del mes de Elul hasta Iom Kipur? Es sabido que hay quienes se ganan el Mundo Venidero en un instante (Avodá Zará 10b, 17a y 18a). Entonces, ¿por qué precisamos tantos días de teshuvá y perdón y no es suficiente con un solo momento?

A lo largo de la historia del pueblo de Israel vemos que hubo varias personas que se ganaron el Mundo Venidero en un instante, tales como Iosef Meshita (Bereshit Rabá 65:22), Iakum ish Tzerurot (Ibíd.), Rabí Elazar ben Durdaia (Avodá Zará 17a), etc. Esto da todavía más fuerza a nuestra pregunta: ¿por qué necesitamos cuarenta días de teshuvá y selijot y no es suficiente con un solo día?

La respuesta es que la Torá fue entregada a todo el pueblo y no de manera individual. Por lo tanto, si bien algunas personas pueden volver en completa teshuvá en un instante con una gran concentración de fuerzas emocionales, el pueblo de Israel en general precisa el proceso de teshuvá que cuenta con varias etapas y que requiere tiempo. Por este motivo Dios nos otorgó los cuarenta días de teshuvá, porque la mayoría de los seres humanos precisamos todos estos días para poder volver en teshuvá y no nos alcanza con un único momento. Asimismo sabemos que un feto no se crea en un instante sino que requiere cuarenta días para su creación (Bejorot 21b) y nuestros Sabios dijeron que el baal teshuvá es como un bebé recién nacido (Vaikrá Rabá 30:3, Maor beShemesh parashá Nitzavim, Ramzei Rosh Hashaná). Por esta razón precisamos cuarenta días de teshuvá, expiación y perdón, para poder ser considerados como una nueva creación que surge después de cuarenta días.


 Coronar a Dios en Rosh Hashaná

El tzadik Rabí Israel de Salanter zt”l contó que durante su infancia cuando oían que bendecían al mes y anunciaban el comienzo de Elul, el Bet HaKneset de inmediato retumbaba en sollozos. Y sobre él mismo cuentan que en una oportunidad subió al estrado para dar una charla sobre Elul, gritó: “¡Elul!” y se desmayó, debido al temor que sentía ante los días de juicio que se acercaban. También cuentan que cuando el Megalé Amukot decía HaMelej HaKadosh (El Rey Sagrado) estallaba en llanto. Y él explicó su llanto diciendo que cuando Rabán Iojanan ben Zakai se encontró con el rey Vespasiano y le dijo: “Saludos al rey”, Vespasiano le dijo que merecía la pena de muerte por haberlo llamado “rey” cuando no lo era y si en verdad era el rey, ¿entonces por qué hasta ese momento no había ido a saludarlo? (Guitín 56a).

El Megalé Amukot dijo que sentía un terrible dolor porque recién en ese momento sentía el reinado de Dios que era, es y será. Porque también los días previos Dios era el Rey y sin embargo sólo en ese día él había llegado a sentir Su reinado y había recordado que se encontraba de pie ante el Rey Sagrado.

A primera vista parece que la diferencia entre Rosh Hashaná y Sucot es enorme, porque Rosh Hashaná es un día de temor y juicio mientras que Sucot es un momento de enorme alegría. Pero en verdad no es así. Para poder llegar a la enorme alegría de la festividad de Sucot primero es necesario sentir el temor de los Días de Juicio. Sólo cuando existe el temor de los días del juicio se puede llegar a la inmensa alegría de Sucot. Esto se debe a que el temor lleva a la persona a despertarse para volver en teshuvá, y cuando vuelve en completa teshuvá y se acerca al Creador, Él le perdona sus pecados. Este perdón lleva a que la persona sienta en Sucot una alegría inconmensurable.

Rosh Hashaná es una época de ocultamiento, tal como está escrito: “en la luna llena de nuestra festividad” (Tehilim 81:4). En este versículo encontramos la palabra bekese que tiene las mismas letras que kisui, cubierto. También es éste un día de temor, tal como dijo el rey David: “Mi carne se estremece por temor a Ti” (Tehilim 119:120). Por otro lado, la festividad de Sucot es una época de inmensa alegría, tal como dijeron nuestros Sabios que en Simjat Bet HaShoevá había inspiración Divina debido a la enorme alegría que reinaba (Bereshit Rabá 70:8).

A pesar de que el Día del Juicio es un día de temor, muchas veces no lo sentimos porque el juicio se lleva a cabo de manera oculta, para que el Sitra Ajra no pueda tener fuerza en el juicio e inclinar la balanza para el lado negativo para Israel. Por otro lado, el hecho de que el juicio se lleve a cabo de manera oculta nos impide sentir el temor que necesitamos experimentar, y esa falta de temor puede llegar a permitir que nos quedemos dormidos y que no volvamos verdaderamente en teshuvá.

Cada judío debe comprender profundamente la profundidad del juicio, para poder despertarse y volver en completa teshuvá y en consecuencia poder alegrarse auténticamente en la festividad de Sucot. Por otra parte, mientras que Rosh Hashaná es un momento de ocultamiento, Sucot es un momento en el cual Dios nos dirige de manera revelada y Su sombra se refleja en la sucá.

En este sentido, cuentan sobre un tzadik que al entrar a la sucá comenzó a llorar. Cuando le preguntaron por qué lloraba, respondió: “¿Quién soy yo para entrar a la sucá en la cual se encuentra la sombra de Dios y los siete sagrados ushpizim (huéspedes)?”.

Como ya hemos dicho, una opinión afirma que se tocan cien voces de manera equivalente a los cien gemidos de la madre de Sisrá. Y la pregunta que no puede dejar de formularse es qué relación existe entre la madre de Sisrá y el shofar.

Podemos responder que la madre de Sisrá lloró lamentando la muerte de su hijo, quien había caído en manos del pueblo de Israel. El llanto de la madre de Sisrá comenzó a despertar acusaciones en el Cielo contra el pueblo de Israel respecto a si realmente eran dignos de que Sisrá cayera ante ellos o si no lo merecían debido a sus malos actos. De la misma manera, cuando los israelitas se encontraron al borde del Mar Rojo y los egipcios los perseguían, el mar no quiso partirse y dijo: “Estos son idólatras y los otros son idólatras” (Zohar Parte II 170b). ¿Por qué debía tener lugar un milagro precisamente para los hijos de Israel? Sobre todo teniendo en cuenta que Mijá se encontraba entre ellos y tenía ídolos (Sanhedrín 103b), lo cual incrementó la acusación contra Israel. Sólo cuando Dios le ordenó al mar partirse (Shemot Rabá 21:6) y le recordó la condición que le había establecido en los seis días de la creación respecto a que debería partirse ante el pueblo de Israel (Ibíd., Bereshit Rabá 5:5), éste permitió que el pueblo de Israel lo atravesara.

Debido al terrible peligro de los acusadores, cuando se toca el shofar nosotros pedimos que se anule el Atributo de la Justicia y las acusaciones creadas en el momento que la madre de Sisrá lloró por la muerte de su hijo. Y rezamos pidiendo que así como en el momento de la muerte de Sisrá Él cerró la boca de los acusadores y no les permitió actuar, también ahora -en el momento del juicio- no les permita hablar y selle a Sus hijos para una buena y larga vida.

Las cien voces del shofar nos enseñan que en Rosh Hashaná -que es un Iom Teruá- es necesario apegarse a la Torá que puede explicarse de setenta maneras. Esto queda aludido en las letras de la palabra teruá que pueden leerse como Torá ain (El valor numérico de la letra ain es setenta). ¿Cómo puede explicarse la Torá en setenta maneras diferentes? Al estudiarla y repasarla ciento una veces, cuando la vez siguiente a la centésima nos indica que nunca hay un fin para el estudio de la Torá y que siempre es necesario seguir estudiándola, porque aquello que entendimos la centésima vez que la estudiamos no es igual a lo que entenderemos la próxima vez.

Asimismo sabemos que todo aquello que es lo primero tiene santidad, por ejemplo el hijo primogénito que debe ser redimido, el primogénito de las bestias, la mitzvá de bikurim, etc. Si todo aquello que es lo primero tiene importancia, ¿por qué no le damos más importancia al primer día de la creación? Sobre todo teniendo en cuenta que Dios creó todo el primer día y en los días siguientes reforzó la creación. Esto demuestra la importancia del primer día. Sin embargo nosotros no le damos mayor importancia que al resto de los días de la semana.

La explicación es que el sexto día fue más importante para Dios porque fue entones cuando creó al hombre, cuya función es coronar a Dios como Rey. Esto nos enseña la enorme obligación que tenemos al ser la obra de las manos mismas del Creador, de volver a coronarlo como Rey durante todo el año y especialmente en Rosh Hashaná. Cuando la persona corona a Dios como Rey en Rosh Hashaná con temor al Cielo, tiene el mérito de celebrar la festividad de Sucot con enorme alegría.


 El Sonido del Shofar – Teshuvá Por Temor

Cuando Dios les entregó la Torá a los israelitas, el sonido del shofar se oyó en todo el mundo, tal como dice en la parashá Itró: “Y sucedió que al tercer día, cuando se hacía de mañana, hubo truenos y relámpagos y una nube espesa sobre la montaña; el sonido del shofar era muy intenso y se estremeció todo el pueblo en el campamento” (Shemot 19:16). Y también está escrito: “El sonido del shofar se hacía progresivamente más intenso; Moshé hablaba y Dios le respondía con una voz” (Ibíd. Versículo 19). Nuestros Sabios explican estos versículos diciendo que cuando Dios entregó la Torá a Sus hijos, al Pueblo Elegido, todo el mundo quedó en silencio, ni siquiera los pájaros ni el ganado emitieron sonido alguno. Incluso los bebés permanecieron completamente callados durante la entrega de la Torá (Shemot Rabá 29:9). La Guemará explica que en el momento en el cual Dios dijo: “Yo soy el Eterno tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto” (Shabat 88b), las almas de los israelitas abandonaron sus cuerpos y los ángeles que se encontraban sobre sus cabezas las devolvieron al cuerpo, retornando de esta forma a la vida. Cuando Dios vio que Sus hijos no podían mantenerse frente a Su voz, le ordenó a Moshé Rabenu que él siguiera transmitiendo el resto de los mandamientos.

Con respecto a esto, mi pregunta es por qué Dios quiso que los hijos de Israel temieran en el momento de la entrega de la Torá, tal como está escrito: “Y se estremeció todo el pueblo en el campamento” (Ibíd. 19:16). Dios podría haber entregado la Torá a Sus hijos en medio de una enorme alegría. ¿Por qué provocó que los israelitas sintieran temor mediante el sonido del shofar que se iba incrementando? Para explicarlo, podemos traer el ejemplo de una pareja que está a punto de casarse, pero en vez de alegrarse porque están por comenzar a construir un hogar judío, el novio provoca que la novia le tema y que se case sintiendo temor. Así como entendemos que no es lo normal casarse con alguien sintiendo temor, también necesitamos entender por qué Dios unió al pueblo de Israel con la Torá, que es comparada con una novia, en medio del sonido de truenos y del shofar, lo cual provocó temor en todo el mundo, hasta el grado en que todos permanecieron en absoluto silencio.

Podemos decir que Dios otorgó la Torá con temor para enseñarnos el concepto de “temer a Dios” que es sumamente necesario para el cumplimiento de la Torá y de sus mitzvot. Hasta ese momento el pueblo de Israel se había encontrado sometido a la esclavitud egipcia y se había acostumbrado a temer solamente de los guardias. Ahora, al sacar al pueblo del exilio a la redención y de la esclavitud a la libertad, Él deseó que Sus hijos transformaran el temor que tenían por los egipcios en un verdadero temor al Cielo, que es lo que lleva a que la persona se apegue al Creador. De la misma manera, si el director de una gran fábrica que cuenta con numerosos empleados desea que todos le hagan caso y sigan sus instrucciones se comporta como si fuera uno más de ellos, entonces los empleados no sentirán el menor temor de rebelarse contra las órdenes de su superior.

Es sabido que el sonido del shofar es diferente del sonido del resto de los instrumentos en cuanto que emite un sonido atemorizante que tiene la fuerza de llegar a los rincones más ocultos del corazón. Oí una historia sobre un no judío que vivía cerca de un Bet haKneset y el día de Rosh Hashaná se quedaba en su casa y no iba a trabajar. Cuando sus familiares y amigos le preguntaron por qué no iba a trabajar en ese día, les respondió que al oír el sonido del shofar que salía desde el Bet haKneset de los judíos, algo le pasaba en el corazón, sentía que algo se quebraba en su interior y deseaba llorar. Esa sensación provocaba que se sintiera bien, porque en esos instantes sentía que se limpiaba y que se purificaba. Salvando las diferencias, si un no judío da testimonio de que el sonido del shofar logra quebrar su corazón, mucho más tenemos que sentirlo y estremecernos nosotros que somos creyentes hijos de creyentes.

Por lo tanto, el objetivo del sonido del shofar en el momento de la entrega de la Torá fue que los israelitas aceptaran el yugo del Cielo y temieran a Dios, y de esta manera llegaran a cumplir la Torá bajo todas las circunstancias. Dios les transmitió a Sus hijos que hasta ese momento el mundo se había mantenido gracias al Atributo de la Misericordia (Pesajim 118a), pero desde el momento en que la Torá bajó al mundo el pueblo de Israel es el responsable de mantener la creación a través del estudio de la Torá y del cumplimiento de las mitzvot. Por eso dijeron nuestros Sabios que cada día la persona debe decirse a sí misma: “Todo el mundo fue creado sólo para mí” (Tana deBe Eliahu Rabá 25). Esta afirmación supone una enorme responsabilidad, obligando a quien lo dice a ocuparse de que el mundo que fue creado para él siga existiendo.

En nuestra generación, cuando son tantos los sufrimientos que nos atacan y nuestros enemigos intentan aniquilarnos, debemos comprender que esto es una señal de que Dios nos está reclamando por la vergüenza de la Torá, porque el pueblo de Israel le dio la espalda a la Torá y se dirigió a dioses ajenos, encarnados en los diversos deseos materiales. Por esta razón Dios nos envía sufrimientos, con el objetivo de despertar nuestros corazones para volver en completa teshuvá y apegarnos al Creador. Si bien los Iamim HaNoraim son especialmente propicios para la teshuvá, el perdón y la expiación debido a que Dios “se encuentra cerca de todos los que lo invocan con sinceridad” (Tehilim 145:18), de todas maneras debemos saber que la posibilidad de volver en teshuvá y expiar por los malos actos no queda limitada únicamente a los días de misericordia y perdón, sino que debemos volver en teshuvá completa a cada instante de nuestra vida. Esto es lo que dijeron nuestros Sabios: “Arrepiéntete un día antes de tu muerte” (Avot 2:10). Dado que la persona no sabe cuándo deberá partir de este mundo, debe volver en completa teshuvá cada día (Shabat 153a).

En el Jumash Devarim está escrito: “Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos y el Eterno tu Dios los entregue en tus manos y tomes cautivos” (21:10). Los baalei hamusar explican este versículo diciendo que el enemigo al cual se refiere el mismo es la Inclinación al Mal, y que la intención es que la persona debe estar constantemente en lucha contra su Inclinación al Mal, que es su peor enemigo (Alshij Devarim 20:19). Cuando Dios ve que la persona tiene realmente la intención y el deseo de luchar contra su Inclinación al Mal, le otorga ayuda Divina para que pueda vencerla. La persona es un ser creado con fuerzas limitadas y por eso no puede luchar contra la Inclinación al Mal por sí misma. Como dijeron los Sabios: “Creé la Inclinación al Mal, creé la Torá como su antídoto” (Kidushín 30b). Esto significa que el estudio de la Torá tiene la fuerza necesaria para ayudar a la persona a sobreponerse y ganar en su lucha contra la Inclinación al Mal.

En Tehilim dice el rey David: “Cuida mi alma porque soy piadoso” (86:2). El rey David le pidió a Dios que lo cuidara para no caer en las redes de la Inclinación al Mal porque su deseo era apegarse al Creador y cumplir Su voluntad. Está escrito: “Jueces y oficiales nombrarás para ti en todas tus ciudades” (Devarim 16:18). Explican los Sabios que este versículo viene a enseñarnos que debemos establecer vallas y protecciones a los miembros de nuestro cuerpo para que la Inclinación al Mal no logre hacernos pecar, porque como está escrito: “el ojo ve y el corazón desea” (Rashi, Bamidbar 15:39). Esto significa que cuando los miembros del cuerpo no son protegidos, actúan al servicio de la Inclinación al Mal y pueden llevar a la persona a caer en sus redes. Pero en cambio cuando la persona es cuidadosa y protege los miembros de su cuerpo cuidando sus ojos para no ver cosas prohibidas y cerrando sus oídos para no oír palabras indebidas, entonces tiene el mérito de cuidar la santidad de su cuerpo y salvarse de las trampas de la Inclinación al Mal.

En una oportunidad cuando tenía que viajar a la ciudad de Los Ángeles, el avión no pudo moverse del lugar. Los mayores especialistas subieron y trataron de descubrir cuál era el problema, pero todo parecía estar en perfecto funcionamiento y en consecuencia era muy grande la sorpresa ante el hecho de que el motor no respondiera a las órdenes que le estaban dando. Varias horas más tarde descubrieron un desperfecto: un pequeño ratón había entrado a uno de los motores y le impedía funcionar. Sólo cuando sacaron al ratón el motor volvió a funcionar y el avión pudo despegar. Esta historia nos transmite una gran enseñanza. Pensé que la persona es como un avión y el ratón es como el pecado que le impide actuar de la manera debida. Sólo cuando la persona se arrepiente completamente y se quita toda huella del pecado, su cuerpo puede volver a funcionar como en un principio y a conectarse con Dios.

Hay dos clases de teshuvá: teshuvá por amor y teshuvá por temor (Ioma 86a-b). La mayor parte de la humanidad llega a tener pensamientos de teshuvá por temor al castigo. Como Dios conoce el alma de sus creaciones y sabe que temen del castigo, les ordenó tocar el shofar que tiene el objetivo de lograr que se estremezca el corazón ante el Día del Juicio. De todas maneras hay algunas pocas personas que vuelven al Eterno gracias al inmenso amor que sienten por Él. Ellas no cumplen la voluntad Divina por miedo al castigo sino porque desean brindarle satisfacción al Creador. La teshuvá por amor es el grado más elevado, porque la persona que sirve a Dios por amor intentará durante toda su vida apegarse a la sagrada Torá sin buscar “descuentos” ni permisos especiales. Además una persona que vuelve en teshuvá por amor no se despierta al arrepentimiento sólo por el sonido del shofar, sino que durante toda su vida está ocupada pensando cómo puede mejorar sus actos y dar más satisfacción al Creador. Pero en cambio, la persona que sirve a Dios por temor sólo pude volver en completa teshuvá debido al miedo que siente con respecto al Día del Juicio. Bajo estas circunstancias, lo único que la lleva a servir a Dios es el temor y sólo se despierta para volver en teshuvá cuando es fuertemente sacudida emocionalmente durante los Iamim Noraim.

Podemos preguntarnos cómo es posible que la persona logre recordar a Dios durante todos los días del año y no solamente al oír el sonido del shofar en los Iamim Noraim. Para responder esto traeremos las palabras de nuestros Sabios con respecto a que la persona que desea controlar a su Inclinación al Mal pero no lo logra, debe revisar sus actos y dedicarse al estudio de la Torá. Si tampoco eso la ayuda, debe leer el Kriat Shemá. Si leyó el Kriat Shemá y todavía no logró volver en teshuvá, debe recordar el día de la muerte (Berajot 5a). Todos hemos presenciado en alguna oportunidad el entierro de algún pariente o conocido. Cuando se acompaña al difunto, todos lloran y el corazón parece estar a punto de quebrarse. Pero sorprendentemente, unos pocos días más tarde comenzamos a olvidar y el mundo retorna su rutina. ¿Cómo se entiende algo tan contradictorio? Por una parte la persona se siente completamente quebrada y está dispuesta a hacer cualquier cosa para no llegar a la situación en la que se encuentra en ese momento el difunto, pero poco tiempo después todo vuelve a su curso y la vida sigue fluyendo como antes.

Podemos decir que esto se debe a la fuerza del olvido que lleva a la persona a desconectarse de diversos eventos que le provocaron fuertes emociones para poder retomar la vida cotidiana a la cual está habituada. También en los Iamim Noraim todos llegamos a un enorme despertar y aceptamos hacer diversas cosas para obtener un juicio positivo. Pero lamentablemente, unos pocos días más tarde desaparece la huella de estos días y la persona retorna a su viejo camino olvidando todas las promesas realizadas.

Para poder mantener la huella de los Iamim Noraim a lo largo de todo el año tenemos que establecer una continuación recordando el sonido del shofar a diario. Si bien no es lo mismo oírlo que imaginarlo, de todas maneras el recuerdo de su sonido tiene la fuerza de llevar a la persona a corregir y mejorar sus actos, y de esta forma mantenerse limpia y pura durante todo el año y no solamente durante los días de misericordia y perdón.

Los baalei hamusar comparan esto con una persona que es elegida para ser rey de un lugar durante cinco años. Esta persona no conoce el idioma del lugar pero dado que los habitantes lo presionan, acepta el puesto de rey. Sabe que su reinado es temporario y por un período determinado, por lo que decide que durante ese tiempo juntará mucho dinero para ser rico cuando deje de ser rey, tal como lo es mientras ocupa el trono real. De manera similar también nosotros llegamos a los Iamim Noraim sin nada y debemos aprovecharlos para acumular “bienes” para el resto del año, para mantener ese estado de elevación espiritual durante todos los meses del año.

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