Sucot

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Posted on octubre 02, 2017

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Sucot, el Tiempo de Nuestra Alegría

“Celebrarás la festividad de las cabañas (sucot) durante siete días, en la época que recoges el cereal de tu trilla y el vino de tu bodega. Deberás alegrarte en tu festividad. Tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sirvienta, el levita, el forastero, el huérfano y la viuda que moran contigo en tus ciudades”

(Devarim 16:13-14).

La festividad de Sucot es llamada “el tiempo de nuestra alegría” (Amidá de Sucot). Esto se debe a que Sucot llega inmediatamente después de los Iamim Noraim, Rosh Hashaná y Iom Kipur, durante los cuales Dios está cerca de todo aquél que lo busca de verdad. Está escrito: “Yo soy para mi amado y mi amado es para mí” (Shir HaShirim 6:3). Esto significa que el pueblo de Israel busca acercarse al Creador clamándole en sus plegarias. Esto es: “Yo soy para mi amado”. Y Dios hace para con ellos bondades y les sonríe. Esto es “mi amado para mí”. Por lo tanto los Iamim Noraim son días de misericordia Divina y acercamiento al Creador, durante los cuales Dios se levanta del Trono de Justicia y se sienta en el Trono de Misericordia (Vaikrá Rabá 29:3). Como dice el versículo: “Pues la mano está alzada sobre el trono de Dios” (Shemot 17:16). La palabra Adam (hombre, persona) junto con el kolel tiene el mismo valor numérico que las palabras ki iad (pues la mano). La persona intenta apaciguar el enojo Divino y lograr que Dios se siente en el Trono de la Misericordia, tal como sigue diciendo el versículo: “Sobre el trono de Dios”, desde el cual lucha contra los que acusan al pueblo de Israel tal como lo hizo Amalek, para borrar su recuerdo y alejar el mal que planearon llevar a cabo. Cuando Dios ve que Sus hijos desean acercarse a Él, responde a sus plegarias y los inscribe de inmediato en el libro de la vida y del bienestar.

La unión a Dios comenzó en el mes de Elul y se refuerza aún más en Rosh Hashaná y en los Diez Días de Teshuvá, hasta llegar al punto máximo en Iom Kipur, cuando el pueblo de Israel se une por completo a Dios alcanzando los más elevados niveles espirituales, llegando a asemejarse a los ángeles al estar vestidos con ropas blancas (Darkei Moshé Oraj Jaim 711:5) y exclamar: “Bendita sea la Gloria del Reinado Divino por siempre jamás”, tal como lo hacen los ángeles del Cielo (Devarim Rabá 2:36).

Además, debido a la enorme santidad que el pueblo de Israel alcanza en este día, se asemejan a Adam HaRishón antes del pecado. Porque Iom Kipur expía por sus pecados y quedan limpios como Adam en el Jardín del Edén antes de pecar, algo similar al Mundo Venidero.

Durante estos días Dios se alegra por la cercanía con Sus hijos y quiere demostrarles Su amor, por eso les otorgó la festividad de Sucot, que es un resguardo de fe (Zohar, Tercera Parte 103a). Durante esta festividad Dios protege al pueblo de Israel tal como un techo protege a la persona del sol, brindándole una sombra protectora y placentera. Esto queda aludido en el versículo: “El Eterno es quien te cuida. El Eterno es tu sombra” (Tehilim 121:5). Esto significa que la influencia espiritual que unió a Dios con Sus hijos durante los Iamim Noraim continúa acompañándolos a lo largo de Sucot, cuando la Presencia Divina se encuentra sobre ellos como si fuera una jupá.

En Sucot, cuando la persona sale de su casa y temporariamente habita en una cabaña (Sucot 2a), se conecta con los Nombres de Dios a través de los siete Ushpizim que traen la luz de las sefirot desde los mundos de Atzilut, Briá, Ietzirá y Asiá. El techo de la sucá (sjaj) es como un árbol sagrado. Si prestamos atención veremos que el valor numérico de la palabra ilán (árbol) es noventa y uno, igual que el valor de la palabra sucá. También los dos Nombres de Dios –Ha-vaiá y Ad-nut- tienen el mismo valor numérico cuando se unen con el kolel. El valor numérico de la palabra sjaj es cien, aludiendo a los diez niveles de las sefirot, desde keter hasta maljut. En Iom Kipur nos asemejamos a los ángeles y en Sucot el espíritu Divino se transforma en nuestra sombra protectora atrayendo hacia nosotros los Nombres de Dios (Ha-vaiá y Ad-nut), derramando sobre nosotros la luz de las sefirot hasta alcanzar la luz infinita y eterna que se encuentra por encima de todas las sefirot.

Una vez que se llega a este elevado nivel espiritual y nos encontramos a la sombra de la Presencia Divina, nos invade una alegría sin límites. Por eso la festividad de Sucot es el tiempo de nuestra alegría. Durante los días de la festividad la alegría se incrementaba día a día y el pueblo de Israel tenía el mérito de recibir ruaj hakodesh (inspiración Divina) a través de la inmensa alegría de simjat bet hashoevá (Ialkut Shimoni Tehilim 341). Vemos que la santidad trae alegría, la alegría eleva a la persona espiritualmente y de esta manera es posible llegar a adquirir ruaj hakodesh (Shabat 30b). Si la persona estuvo conectada con Dios durante los Iamim Noraim, entonces Dios se conecta con ella y la hace entrar a Su palacio protegiéndola bajo la sombra de Sus nombres Divinos, otorgándole la abundancia de las sefirot. Entonces la alegría llega por sí misma. Esta es también la razón por la cual después de Sucot Dios les dice a Sus hijos: “Quédense un día más. Me resulta difícil despedirme de ustedes” (Rashi, Bamidbar 29:36).

Nuestros Sabios decretaron que en Sheminí Atzeret nos alegremos y bailemos con la Torá (Maharik, shoresh 9) porque el pueblo de Israel se unió de tal forma con el Creador que ninguna comida ni bebida puede expresar esta unión. Sólo la alegría de la Torá puede demostrar la enorme cercanía que existe entre Israel y su Creador, porque esta cercanía se logra a través del estudio de la Torá y del cumplimiento de las mitzvot. Como afirma el Zohar, “Dios, Israel y la Torá son uno” (Zohar, Segunda Parte 90b, Tercera Parte 4b).

La festividad de Simjat Torá nos demuestra que es imposible lograr una unión verdadera y perdurable con el Creador sin la Torá. Sin que la Torá nos una a Dios, los días de juicio pasarán rápidamente por nuestras vidas y su influencia desaparecerá por completo. Sólo a través de la Torá es posible fortalecer la unión entre el pueblo de Israel y su Creador. Durante los Iamim Noraim la unión entre la persona y Dios se construye a través de la teshuvá, tal como está escrito. “Regresa, Oh Israel, al Eterno tu Dios, porque tropezaste con tus propios pecados” (Hoshea 14:2). Cuando la persona logra retornar a Dios con todo su corazón, Él se une a ella. Para que esta unión sea perdurable es necesario mantenerla también después de los días de Juicio y de Sucot. Y esto sólo es posible a través de la Torá. Por eso cuando termina Sucot tiene lugar otra festividad: Simjat Torá, la cual nos enseña que si bien Dios regresa a Su lugar alejándose nuevamente de nosotros, a través de la Torá es posible mantener durante todo el año la unión con Dios. En este día sagrado las comunidades judías acostumbran a bailar con el sefer Torá, para mantener la santidad que se logró durante los Iamim Noraim y en Sucot. Al bailar con la Torá demostramos que nuestro deseo es mantenernos unidos a Dios a través del estudio de la Torá.

Durante los Iamim Noraim Dios se une a nosotros gracias a Su infinita misericordia y bondad, a pesar de que no tengamos Torá ni buenos actos, esperando que nos arrepintamos y retornemos al buen camino. Después de haber alcanzado los elevados niveles de los Iamim Noraim y de Sucot, Dios nos pide que nos detengamos y que tratemos de mantener esa unión a lo largo del año a través del estudio profundo de la Torá. Estos días son llamados “los días de nuestra alegría”, tal como está escrito: “Celebrarás la festividad de las cabañas (sucot) durante siete días, en la época que recoges el cereal de tu trilla y el vino de tu bodega. Deberás alegrarte en tu festividad. Tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sirvienta, el levita, el forastero, el huérfano y la viuda que moran contigo en tus ciudades. Durante siete días celebrarás una fiesta para el Eterno tu Dios, en el sitio que el Eterno elija, pues el Eterno tu Dios te bendecirá en todas tus cosechas y en todos tus emprendimientos; y estarás sólo contento” (Devarim 16:13-15). Las primeras letras de las palabras aj sameaj (sólo contento) forman la palabra esh (fuego), aludiendo al fuego de la Torá, porque ella es el origen de la alegría. Las últimas letras de estas palabras forman coaj (fuerza) para enseñarnos que debemos invertir nuestras fuerzas en la Torá. Si unimos la palabra esh con la palabra coaj obtenemos eshcaj (olvidar), porque tenemos prohibido olvidarnos de lo esencial y dedicarnos durante Sucot solamente a la comida y a la bebida. Lo fundamental en esta festividad es comprender la sagrada Torá y mantener durante todo el año la santidad que alcanzamos durante los Iamim Noraim.


 

El Templo se Terminó de Construir en Sucot

“Y el Eterno ha cumplido Su palabra, heredé el reinado de David mi padre y me he sentado en el Trono de Israel como lo prometió el Eterno, y he edificado la Casa para el Nombre del Eterno, el Dios de Israel”

(Melajim I 8:20).

El rey Shlomó terminó de construir el Bet HaMikdash en la festividad de Sucot y lo inauguró alabando y agradeciendo a Dios por haberle otorgado el mérito de haber llegado a ese glorioso día. El rey Shlomó reunió a todo el pueblo de Israel para la inauguración del Bet HaMikdash y les dijo: “Vean cuán rectos son los caminos del Eterno, Dios, Él le dijo a David mi padre que su hijo Shlomó sería quien construiría el Bet HaMikdash y Sus palabras se hicieron realidad en este día grandioso, el día de la inauguración del Bet HaMikdash”.

¿A qué se refirió Shlomó al decir “el Trono de Israel”? Aparentemente debería haber dicho “el Trono Real”. ¿Qué significa esta expresión?

Podemos decir que lo que llevó al rey Shlomó a utilizar esa expresión es que el único Trono Real es el del Reinado Divino, tal como decimos: “Dios reina, Dios reinó y Él reinará por siempre jamás”. (Rabenu Bejaie, Bamidbar 6:27). Y también tal como declaramos su unicidad varias veces al día al decir: “Escucha, Oh Israel, el Eterno es nuestro Dios, el Eterno es Uno” (Devarim 6:4). Esto significa que fuera de Él nada existe. Cuando el rey Shlomó dijo: “Y me he sentado en el Trono de Israel”, declaró ante el pueblo que Dios es Quien gobierna sobre todo el universo y nadie puede ocupar Su lugar.

La palabra “Israel” alude a la responsabilidad mutua que existe dentro del pueblo de Israel, y por eso él no se sintió superior por ser el rey, sino que su responsabilidad era cumplir con esa función que le había sido otorgada desde el Cielo. El Trono no le pertenece por tiempo indefinido o incondicionalmente. Sus propios actos son los que determinan si continuará o no siendo el rey. A esto se refieren las palabras de los Sabios: “Tus actos son los que te acercan y ellos son también los que te alejan” (Eduiot 5:7). El comportamiento del Rey es el que determina si continuará o no su reinado, y por lo tanto se encuentra en la misma situación que el resto del pueblo.

El rey Shlomó terminó de construir el Bet HaMikdash en la festividad de Sucot. Esto mismo constituye una enseñanza para las futuras generaciones: de la misma manera en que todos los integrantes del pueblo de Israel deben habitar en una sucá durante la festividad y no hay ninguna diferencia entre ellos, sin importar cuál sea su situación económica, así también nadie tiene otro Rey fuera de Dios. Mientras el pueblo de Israel estuvo en el desierto, Dios lo protegió con siete nubes de Gloria (Sucá 11b). Debido a que la sucá recuerda las nubes de Gloria, en ella se encuentran los siete invitados de honor junto a las personas más simples del pueblo de Israel. Esta realidad también nos demuestra la unidad que existe dentro del pueblo de Israel, permitiendo que los sagrados Ushpizim se sienten a nuestro lado en la sucá sin sentirse superiores a pesar de su inigualable nivel espiritual.

Solamente el rey que descendía de la familia de David tenía permitido sentarse en el Bet HaMikdash (Ioma 69b), pero el resto del pueblo debía permanecer de pie, aunque se tratara del rey de una parte de las tribus de Israel. Sobre esto podemos preguntarnos: ¿Acaso Dios no es el único Rey que se sienta sobre el Trono del reinado? ¿Por qué entonces el rey que descendía de David se sentaba en el Bet HaMikdash? Podemos responder diciendo que David descendía de Iehudá, en cuyo nombre está incluido el Nombre de Dios, y por eso tenía permitido sentarse en el Templo, porque su reinado era un símbolo del reinado de Dios sobre el universo.

Podemos formular también la pregunta inversa: el Rey Shlomó era descendiente de Iehudá e hijo de David, por lo tanto tenía permitido sentarse en su trono en el Bet HaMikdash. Entonces, ¿por qué el rey Shlomó utilizó la expresión “el Trono de Israel”? Podemos decir que Shlomó quiso enseñarle al pueblo que el día de la inauguración del Bet HaMikdash debía ser dedicado y santificado solamente para Dios, y por lo tanto en ese día no era adecuado mencionar otro reinado fuera del Reinado de Dios. Posteriormente, cuando Dios le diera la autorización para sentarse en el Bet HaMikdash por ser descendiente de Iehudá y de David, él se sentaría allí.

Los siete Ushpizim nos enseñan la manera en que se transmitió el reinado desde Abraham Avinu, el patriarca del pueblo de Israel, hasta el Rey David, que fue cuando comenzó el reinado de la Casa de David. Cuando con ayuda del Cielo tengamos el mérito de recibir la redención final, Dios enviará al Melej HaMeshíaj que también será descendiente del rey David. En ese momento todo el mundo se detendrá, las personas dejarán de correr de forma enloquecida detrás del materialismo y se terminarán las guerras. La festividad de Atzeret tiene lugar al octavo día, porque el número ocho simboliza el milagro, aquello que se encuentra fuera de los límites naturales. Además el número shemone (ocho) alude a la neshamá (el alma) que es eterna.


 La Festividad de Sucot Tiene Lugar Después de Iom Kipur

Quien reflexiona sobre las mitzvot que rigen durante la festividad de Sucot no puede dejar de preguntarse qué conexión existe entre las Cuatro Especies y la sucá que recuerda a las Nubes de Gloria. ¿Por qué Dios no nos ordenó sacudir estas Cuatro Especies en la festividad de Pesaj? ¿Por qué es importante comenzar a construir la sucá inmediatamente después de Iom Kipur, cumpliendo con el versículo: “Irán de una batalla a la otra”? ¿Acaso no hay muchas otras mitzvot que se pueden cumplir en vez de dedicarse a construir la sucá?

Con ayuda del Cielo encontré una respuesta a esta pregunta. En el día de Iom Kipur, la persona está rodeada por Nubes de Gloria debido a la gran santidad y a la extrema cercanía que reina en este día. Cuando termina Iom Kipur, la Presencia Divina se eleva nuevamente a Su lugar por encima del Trono Divino. En consecuencia podemos sentir una fuerte caída espiritual y por eso nos ordenaron ocuparnos en la construcción de la sucá inmediatamente al concluir Iom Kipur, para que esta mitzvá nos proteja de malos pensamientos por la falta de santidad que sentimos cuando la Presencia Divina se aleja de nosotros.

Además, cuando la persona regresa a su hogar después de Iom Kipur y se ocupa en la construcción de una vivienda temporaria, reconoce que también su estadía en este mundo es transitoria. Este pensamiento protege del pecado y es una continuación del proceso de cambio que comenzó durante los días de Elul y en los Diez Días de Arrepentimiento.

También podemos mencionar que las primeras letras de las palabras Kipur y Sucot forman la palabra kes (Trono), lo cual nos enseña que durante estos días la persona se transforma en un trono para la Presencia Divina. La luz que recibimos en Iom Kipur debemos llevarla con nosotros hasta la festividad de Sucot y durante el resto del año. Y es sabido que aquél que busca purificarse recibe ayuda (Ioma 38b).

En Iom Kipur se despierta en nosotros el deseo de unirnos a la Carroza Divina que está apoyada sobre nuestros tres patriarcas y sobre el rey David. Al construir la sucá al concluir Iom Kipur, estamos demostrando que deseamos unirnos a la Carroza Divina y nuestros actos ayudan a completarla, porque la palabra sucá comienza con la letra samej y forma parte de la Carroza y del Trono Divino. Entre Iom Kipur y Sucot hay cuatro días que representan las cuatro ruedas que sostienen a la Carroza Divina. Durante estos días tenemos la oportunidad de unirnos a la Carroza Divina.

Respecto a por qué tomamos las Cuatro Especies en Sucot y no en otra festividad, podemos responder de acuerdo con las palabras de nuestros Sabios, que explican el versículo: “En el primer día” (Vaikrá 23:40) diciendo que se refiere al primer día en que se empiezan a contar las transgresiones que la persona comete en el nuevo año (Tanjuma Emor 22). No podemos decir que el versículo se refiere a los días que hay entre Iom Kipur y la festividad de Sucot, porque en Iom Kipur la persona declaró que desea unirse al Creador y lo mismo ocurre durante los cuatro días intermedios, en los cuales estamos ocupados construyendo la sucá y asegurando el cumplimiento de las demás mitzvot de la festividad. Además el versículo habla del primer día de la festividad de Sucot, en el cual la persona descansa de todo el esfuerzo que invirtió en los últimos días y en el cual reina una alegría especial. En este día existe la posibilidad de que la persona se “relaje” demasiado y pueda llegar a cometer transgresiones. Por eso la Torá nos ordenó tomar las Cuatro Especies que aluden a la unidad del pueblo de Israel y a las diferentes partes del cuerpo humano. Al sostener las Cuatro Especies estamos manifestando nuestro deseo de formar parte de la Carroza Divina con nuestros doscientos cuarenta y ocho miembros y con nuestros trescientos sesenta y cinco tendones. En esta festividad tenemos la oportunidad de cumplir con el versículo: “Éste es mi Dios y lo alabaré” (Shemot 15:2) decorando la Sucá y eligiendo las Cuatro Especies buscando que sean bellas, mostrando que deseamos cumplir las mitzvot de la mejor manera posible (Shabat 133b).

Sobre el versículo: “En el primer día tomarán para ustedes el fruto de un árbol de esplendor” (Vaikrá 23:40), dice el Midrash Tanjuma (Emor 20) que el rey Shlomó, a pesar de ser el más sabio entre los hombres, no podía entender por qué la Torá eligió estas Cuatro Especies y no otras. Y pidió que desde el Cielo le revelaran la respuesta.

Podemos decir que precisamente esto es lo que la Torá desea de la persona: que tomemos estas Cuatro Especies sin entender exactamente por qué fueron elegidas para cumplir la mitzvá. Pero también podemos profundizar un poco más y decir que Iom Kipur es un día que nos brinda la posibilidad de elevarnos por encima de nuestra realidad material y alcanzar el nivel de los ángeles. Al ver esto, el Satán intenta hacer caer a la persona con todos los medios que tiene a su alcance. Pero al llegar a esos niveles, la única posibilidad que le queda es hacer caer a la persona utilizando las mitzvot que no tienen ninguna lógica, tal como ocurrió en el caso de Elisha ben Abuia, que comenzó a caer espiritualmente al ver que una persona subía a una escalera para cumplir la mitzvá de shiloaj haken [sobre la cual está escrito: “(Y haciendo esto) prolongarás tus días” (Devarim 22:7)]. Pero esa persona cayó y murió de forma instantánea. Al ver eso, Elisha preguntó: “¿Dónde quedó la promesa de la Torá?” Y comenzó a alejarse del buen camino (Kidushín 39b, Julín 142a).

La razón por la cual Dios nos ordenó cumplir con la mitzvá de las Cuatro Especies después de Iom Kipur es para que superemos a nuestra Inclinación al Mal y cumplamos con alegría la mitzvá a pesar de no entenderla.

Dicen nuestros Sabios que en el futuro Dios recompensará a todos los que cumplieron Sus mitzvot y también los otros pueblos vendrán a recibir su recompensa (Avodá Zará 2a- 3a). Entonces Dios les dirá: “¡Pero ustedes no recibieron la Torá!” De todas formas, para apaciguar sus quejas, Dios les dará la posibilidad de cumplir con una mitzvá: la mitzvá de sucá. ¿Por qué precisamente esta mitzvá y no otra? Además los Sabios dijeron que en el futuro todas las festividades se anularán, con excepción de Jánuca y Purim. Por lo tanto la festividad de Sucot ya no existirá. ¿Cómo puede ser que Dios les pida que cumplan con la mitzvá de sucá?

El valor numérico de la palabra sucá es noventa y uno, igual al valor de la suma de los nombres de Dios iud-hei-vav-hei y Ad-nut. Y también es el mismo valor que el de las primeras letras de las palabras ananei kavod (Nubes de Gloria) junto con el kolel. Las últimas letras de estas palabras (iud-dalet) suman catorce, igual al valor numérico del nombre David, que simboliza la redención final. En el futuro Dios será uno y Su Nombre será uno. Por eso Dios les ordenará a los otros pueblos construir una sucá, para que puedan percibir los nombres de Dios que están ocultos en ella. Pero ellos no lograrán percibirlos, porque Sus Nombres son fuego. A esto se refiere la Guemará cuando dice que Dios sacará al sol de su vaina y los gentiles enfurecidos saldrán de la sucá y la patearán (Avodá Zará 3a). Dios sólo dejará en el mundo a aquellas personas que logren percibir los Nombres de Dios que están ocultos en la sucá y su función será reconstruir la Sucá de David que ha caído. Cuando el pueblo de Israel se encuentra en Jerusalem demuestra la existencia de Dios y es recompensado con lluvias de bendición que constituyen una realidad espiritual, porque la lluvia cae cuando las nubes se juntan. Esto alude a que sólo aquellos que pueden captar los Nombres de Dios serán beneficiados con la lluvia; pero los egipcios que se negarán a ir a Jerusalem pensando que el Nilo es quien riega sus campos, serán castigados con una plaga (Zejariá 14:18).

Podemos preguntarnos por qué la festividad de Sucot tiene lugar en el mes de Tishrei y no en Nisán, que es cuando el pueblo salió de Egipto y cuando fue rodeado por las Nubes de Gloria, en recuerdo de las cuales construimos la sucá. Pesaj en esencia es la festividad de la fe en Dios. Fue en ese momento cuando los hijos de Israel salieron de Egipto, se formaron como pueblo e hicieron un pacto con el Creador. Y no es digno mezclar dos alegrías. De esta manera la festividad de Pesaj mantiene su mensaje y su esencia relacionada con la fe; luego llega la festividad de Shavuot en la cual el pueblo de Israel recibió la Torá y sólo después de tener fe y Torá podemos tener el mérito de vernos envueltos por las Nubes de Gloria. Por lo tanto atravesamos un proceso paulatino de elevación espiritual hasta poder llegar a habitar en la sucá.

En el futuro, cuando Dios reúna los exilios de Su pueblo en la Tierra de Israel y los pueblos del mundo reconozcan que Dios es el único Rey y que gobierna sobre todo el universo, todos sentirán dolor por haber rechazado a la sagrada Torá y no podrán ver la realidad espiritual que está oculta en las lluvias que pertenecen al campo de las Nubes de Gloria.


La Relación que Existe entre Sucot y Hoshaná Rabá

Hoshaná Rabá es la culminación de la festividad de Sucot, que es llamada “el tiempo de nuestra alegría” (Tefilá Amidá Sucot). ¿Qué conexión existe entre la festividad de Sucot, en la cual la Torá nos ordena: “Te alegrarás en tu festividad… y estarás solamente alegre” (Devarim 16:14-15) y el día de Hoshaná Rabá en el cual estudiamos durante toda la noche y nos deseamos mutuamente pítka táva (que sea enviado un buen decreto)? Si prestamos atención notaremos que en este día tiene lugar un cambio brusco y repentino en el cual pasamos de la tranquila alegría que reina durante los días de Sucot, a un estudio intensivo y plegarias con lágrimas pidiendo a Dios que se apiade de nosotros y coloque el sello final sobre los buenos decretos fijados para ese año.

Antes de explicar este cambio repentino debemos comprender bien la esencia de la festividad de Sucot, por qué construimos una sucá y habitamos en ella durante siete días. En el Talmud hay una discusión respecto a cuál es la razón por la cual Dios nos ordenó habitar en la sucá durante siete días (Sucá 11b). Una opinión sostiene que la festividad de Sucot es en remembranza de las cabañas (sucot) que construyó el pueblo de Israel en el desierto. La otra opinión afirma que las sucot que construimos son en remembranza de las siete Nubes de Gloria que protegieron al pueblo de Israel de sus enemigos y de todo daño mientras permaneció en el desierto.

¿Por qué debemos habitar siete días en sucot para recordar que nuestros antepasados construyeron sucot en el desierto o que estuvieron protegidos por las siete Nubes de Gloria? La respuesta es que la Torá se basa en la regla respecto a que “los actos de los padres fijan cómo será la vida de sus hijos” (Tanjuma Lej lejá 9, Rambán, Lej lejá 12:2). Por eso la Torá nos ordena tocar el shofar en Rosh Hashaná, para despertar el recuerdo de la incomparable entrega de Abraham e Itzjak que estuvieron dispuestos a entregar la vida para cumplir con la voluntad Divina. También muchas otras costumbres del pueblo de Israel fueron fijadas en remembranza de los actos grandiosos de nuestros patriarcas o de nuestros antepasados a lo largo de la historia.

Siguiendo la regla de que “los actos de los padres fijan cómo será la vida de los hijos”, Dios nos ordenó construir sucot y habitar en ellas durante siete días para que experimentemos con todos nuestros sentidos lo que vivieron nuestros antepasados durante su estadía en el desierto y que de esta manera podamos recibir los frutos de sus grandes méritos.

Además podemos agregar que el hecho de pasar de una vivienda fija a una vivienda temporaria despierta la conciencia respecto a que la vida en este mundo es pasajera y que finalmente tendremos que dejar este mundo para vivir la realidad eterna. Este mundo es pasajero y se asemeja a un corredor que conduce a la sala principal (Avot 4:16), por lo tanto debemos recordar muy bien cuál es la verdadera razón por la cual vinimos a este mundo. Así como un turista visita muchos países llevando solamente una mochila sobre su espalda cargando lo mínimo que necesita para el viaje, así también debemos sentirnos en este mundo, porque nadie sabe en qué momento deberá abandonarlo y partir al mundo espiritual en el cual no hay lugar para nada material. ¿Para qué acumular bienes materiales que no podremos llevarnos?

La mitzvá de habitar siete días en la sucá incluye a todo el pueblo de Israel, sin excepciones; tanto ricos como pobres, para dejar claro que todos estamos en la misma situación con respecto al hecho de partir al Mundo Venidero después de cumplir nuestros años de vida en esta tierra. Sucot tiene lugar después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, que son llamados los Iamim Noraim (días temibles) (Hagahot Maimoniot Sanhedrín capítulo 25 ot 5). Y no es casualidad que Sucot tenga lugar a continuación de los días de Juicio en los cuales invertimos nuestras fuerzas clamando a Dios y tratando de arrepentirnos de nuestros malos actos. A partir de esto se entiende que la festividad de Sucot es en esencia un paso más hacia el arrepentimiento y el acercamiento a Dios. Pero mientras que los Iamim Noraim despiertan el arrepentimiento por temor a Dios, la festividad de Sucot trae el arrepentimiento a través de la alegría y la elevación espiritual.

Cuando la persona deja su casa firme y fuerte y habita en una pequeña e indefensa sucá, comprende el verdadero sentido de la vida. Se da cuenta que debe invertir en Torá y no desperdiciar su tiempo en las vanidades mundanas que no ayudan para nada a la vida eterna.

Ahora podemos entender cuál es la conexión que existe entre Sucot y Hoshaná Rabá, ya que también Sucot se incluye dentro de los días de arrepentimiento y cambio que culminan en Hoshaná Rabá, cuando finalmente se sella el juicio. En la noche de Hoshaná Rabá es necesario efectuar un profundo examen de conciencia, recapacitando seriamente respecto a la manera en que nos comportaremos de allí en adelante teniendo en cuenta todo lo que pensamos y vivimos durante los Iamim Noraim. Todas las promesas que efectuamos y todo lo que aceptamos cumplir durante el año que terminó: ¿lo cumplimos o la rutina nos llevó a olvidarlo? La noche de Hoshaná Rabá es un maravilloso regalo que nos otorgó el Creador, permitiéndonos detenernos y reflexionar acerca de nuestro servicio Divino y de nuestra elevación espiritual. Además, se nos ha revelado que la noche de Hoshaná Rabá es “la hora de la verdad”, cuando se sellan definitivamente los decretos que regirán el resto del año.

Recuerdo que en la noche de Hoshaná Rabá mi abuela se paraba en el balcón de su casa, miraba hacia el cielo y con gran emoción decía: “Esta noche se abren los portones del Cielo” ¡Qué grande era la fe simple y pura de las mujeres de Marruecos que les permitía definir con tanta claridad la esencia de las fechas decisivas! Les alcanzaba con mirar el cielo para despertar en su corazón un arrepentimiento sincero.

En la parashá Emor (Vaikrá 23:42) está escrito: “Habitarán en sucot durante un período de siete días; todo nativo de Israel habitará en sucot”. ¿Qué quiere decir “todo nativo de Israel”? ¿Por qué la Torá menciona dos veces en el mismo versículo que debemos habitar en sucot durante los siete días de la festividad? La primera parte del versículo, cuando dice “Habitarán en sucot durante un período de siete días”, alude a los setenta años que la persona habita en este mundo, tal como afirma el versículo de Tehilim: “Los días de nuestros años son setenta años” (90:10). La segunda parte del versículo alude a la vida eterna en el Mundo Venidero. Cuando la persona vive en este mundo sabiendo que sólo está de paso, tiene el merito de habitar en el Mundo Venidero rodeado de Nubes de Gloria.

Nuestra pertenencia a este mundo no es verdadera, porque somos nativos de un mundo Eterno. No todos tienen el mérito de pertenecer al Mundo Venidero, sólo aquél que vive en este mundo sabiendo que su estadía es temporaria y que por lo tanto debe dedicar su tiempo al estudio de la Torá y al cumplimiento de las mitzvot. Pero la persona que piensa que es nativa de este mundo y siente que pertenece a él, puede perder el mérito de ser nativo del Mundo Venidero (Shaarei Teshuvá Shaar 2:18).

Para tener el mérito de habitar eternamente en el Mundo Venidero, es necesario recordar sin pausa que nuestra estadía en este mundo es temporaria y pasajera, tal como la persona que construye chozas al costado del camino para descansar y protegerse antes de seguir adelante. Si esa persona decide quedarse a vivir en la choza que construyó en el camino, nunca llegará a destino y nunca estará realmente protegida de los peligros del lugar.

Como ya hemos explicado, Dios nos otorgó días de misericordia Divina y arrepentimiento, luego nos dio la festividad de Sucot y al término de la misma nos regaló el día de Hoshaná Rabá para guiarnos por el camino correcto que conduce a una vida verdadera tanto en este mundo como en el Mundo Venidero.

Cuando Dios ve que el pueblo de Israel comprende el mensaje de estos días y se esfuerza por sentir que este mundo es pasajero y que es necesario invertir nuestras fuerzas en el servicio Divino para alcanzar la vida eterna, nos da la festividad de Sheminí Atzeret que alude a la unión entre Dios, el pueblo de Israel y la Torá. En este día Dios nos dice: “Me es difícil despedirme de ustedes, quédense un día más” (Rashi, Bamidbar 29:36). Después de haber ofrecido en sacrificio setenta reses correspondientes a las setenta naciones del mundo, dediquen un día sólo para estar junto a Mí, un día de alegría por la Torá que es lo más importante para ustedes.


HOSHANÁ RABÁ

Unos días después de Iom Kipur comienza la festividad de Sucot y en ella tenemos el día de Hoshaná Rabá, en el cual se sellan definitivamente los decretos que fueron fijados en el Cielo durante Rosh Hashaná y Iom Kipur. Como es sabido, existen dos clases de sufrimientos que tienen la fuerza de expiar por los pecados cometidos a lo largo del año. En el día de Iom Kipur el ayuno expía por los pecados y en la noche de Hoshaná Rabá expía el cansancio que sentimos por el esfuerzo dedicado al estudio de la Torá durante toda la noche. En Iom Kipur no nos dedicamos al estudio de la Torá, sino que concentramos todas nuestras fuerzas en la plegaria sin probar ni un bocado. Por eso dedicamos la noche de Hoshaná Rabá al estudio, para que todos nuestros pecados sean expiados completamente.

En estos días (Elul 5762) fuimos testigos de la terrible tragedia causada por el ataque terrorista en los Estados Unidos, al ser derrumbadas las Torres Gemelas, que eran el símbolo de la exitosa economía norteamericana. En la Haftará del Shabat de Jol HaMoed Sucot se leen las palabras del profeta Iejezkel (38-39), donde profetiza la guerra de Gog Magog. El valor numérico de Magog es cincuenta y dos, equivalente a los cincuenta y dos estados que componen los Estados Unidos. Este ataque terrorista dio comienzo a la guerra de Gog Magog. Nosotros mismos hemos sido testigos de la manera en que este ataque terrorista cambió el aspecto del mundo.

Hoy en día cada persona se siente dueña del mundo y cada uno tiene su dios particular. Para los ricos es el dinero y para los pobres los ricos son dignos de admiración y alabanza. Pero la verdad es que el único Dios es el Creador del mundo, tal como está escrito (Bereshit 1:1): “En el principio creó Dios el cielo y la tierra”. A lo largo de la historia hubo grandes Sabios que también fueron sumamente ricos, pero ellos sabían a Quién pertenecía el dinero y para qué lo recibieron. Rebi levantó sus manos al cielo y declaró que no había tomado provecho de este mundo a pesar de su gran riqueza (Ketubot 104a, Shabat 113b). Lo mismo sucedió con muchos otros sabios del pueblo de Israel, quienes a pesar de tener la posibilidad de acumular grandes cantidades de dinero, invertían todo su tiempo en el estudio profundo de la Torá.

La llegada del Meshíaj

Ahora que ya comenzó la guerra de Gog Magog, la llegada del Meshíaj es cada vez más inminente. ¿Por qué esperamos tanto la llegada del Meshíaj y en qué cambiarán nuestras vidas? La juventud de hoy en día en su gran mayoría no sabe qué es el Meshíaj y por lo tanto no espera su llegada. Pero a nosotros nos enseñaron a esperar la llegada del Meshíaj desde que éramos niños. Siempre supimos y creímos que el Meshíaj llegaría, porque cada padre se lo transmitió a su hijo, con la misma claridad que sabemos que tenemos manos y dedos.

¿Por qué esperamos tanto la llegada del Meshíaj? ¿Qué es lo que hará por nosotros? Hay personas que gracias a Dios tienen todo lo que necesitan, tanto material como emocionalmente. ¿Qué es lo que el Meshíaj viene a agregar a sus vidas? La razón por la cual esperamos la llegada del Meshíaj es por la influencia que esto tendrá en nuestra vida espiritual. Los niveles espirituales que lograremos alcanzar son inimaginables. ¡Imaginen un mundo en el cual viviremos al lado de Abraham Avinu y de Moshé Rabenu! La abundancia espiritual será inmensa, y cuanto más la persona se prepare para esos tiempos, más abundancia espiritual será capaz de recibir. Por lo tanto resulta que no esperamos la llegada del Meshíaj para se solucionen todos nuestros problemas materiales, a pesar de que también eso ocurrirá. Lo esperamos porque traerá con él una infinita abundancia espiritual; podremos disfrutar realmente del estudio de la Torá y sentir el placer de estar apegados al Creador sin que nadie nos moleste.

 

La persona debe tener claro que lo único que se llevará de este mundo después de los ciento veinte años es la Torá que estudió, las mitzvot que cumplió y los buenos actos que realizó. Todo su capital, por más grande que sea, quedará en este mundo, aunque haya trabajado durante toda su vida para ganarlo. El Jafetz Jaim aprende esto del versículo: “Todo lo que sea consagrado será de él” (Bamidbar 5:10). Es decir que sólo aquellas cosas que logró santificar serán realmente de la persona. Por eso cada uno debe tomar conciencia y dedicar su tiempo al estudio de la Torá y al cumplimiento de sus mitzvot.

El Jafetz Jaim ilustra sus palabras con el ejemplo de una persona que no tuvo éxito en sus negocios y decide abandonar a su familia, su tierra y su pueblo para emprender un viaje hacia tierras lejanas esperando que allí cambie su suerte (Shem Olam Parte I, 10). Allí logra enriquecerse y finalmente después de muchos años decide regresar a su lugar de origen y a su familia. Al llegar el momento de partir piensa: “¿En qué puedo invertir mi dinero?”. Y decide comprar leche, porque en su pueblo no había leche. “Invertiré mi dinero en leche, la llevaré al pueblo y me haré todavía más rico, y a la vez haré un bien para la gente del pueblo”. Mientras estaba pensando se le acercó una persona que le dijo: “Después de tantos años de espera deberías comprarle un regalo a tu esposa”. Comprendió que era cierto y compró joyas y diamantes para llevarle a su esposa. Después de un año de viaje, finalmente llegó al pueblo y todos salieron a recibirlo, pero al ver que las grandes cargas que traía eran de leche le reprocharon la tontería que había cometido: ¡Invertir tanto dinero en leche que se descompuso debido al calor del camino! Incluso su esposa y sus hijos se quejaron de su falta de sentido común. “¡Nos dejaste tantos años para esto!” Entonces el hombre recordó las joyas y diamantes que había comprado para su esposa y se los mostró, Al ver eso, se calmaron. Esta es la historia.

Lo mismo sucede con la persona en este mundo. El dinero y las riquezas son como la leche, no le sirven de nada cuando llega el momento de partir. Como está escrito: “Porque al morir no podrá llevarse todo, su riqueza no descenderá con él” (Tehilim 49:18). Sólo la Torá, las mitzvot y los buenos actos son como las joyas y los diamantes de la historia y acompañarán a la persona el Día del Juicio.

Vamos a dar un ejemplo para tratar de imaginar el placer del Mundo Venidero. Si un hombre le regala a su esposa un diamante grande y bello, ella se alegrará mucho y se sentirá satisfecha. ¿Qué es lo que le da tanto placer? El diamante no se puede comer ni tampoco puede calmar otras necesidades materiales. ¿Qué es el placer que siente? El diamante en sí mismo le da mucha satisfacción debido a su belleza. Se trata de una satisfacción espiritual. Lo mismo sucede en el Mundo Venidero. Esta es una idea sumamente profunda y es necesario meditar en ella para llegar a comprenderla.

Está escrito: “Moshé fue y dijo estas palabras a todo Israel” (Devarim 31:1). ¿Por qué dice que “Moshé fue” si él ya se encontraba con el pueblo de Israel en el desierto?

La respuesta la encontramos en el siguiente versículo: “Hoy cumplo ciento veinte años. Ya no puedo salir ni entrar” (Ibíd. 31:2). Moshé les dijo: “Este es el último camino que transito, de este camino no hay regreso”. Es decir: “Mis días terminaron, me voy y no regresaré. Pero ustedes todavía pueden mejorar y corregir sus actos, hacer muchas mitzvot y estudiar Torá”. Moshé les dijo esto para alentarlos a que aprovecharan de la mejor manera sus días en esta vida.

Tzila de Mehimenuta (A la Sombra de la Fe)

Como es sabido, la festividad de Sucot en arameo es llamada Tzila de Mehimenuta, lo cual significa “a la sombra de la fe” (Zohar, Tercera Parte 103a). ¿Qué es la sombra de la fe? Lo explicaremos con un ejemplo: cuando la persona entra a una perfumería se le pegan los aromas del lugar y al salir huele bien a pesar de no haberse probado ningún perfume. Lo mismo ocurre con la festividad de Sucot. Durante toda la festividad habitamos a la sombra de la Presencia Divina, junto a la fe sin igual de nuestros patriarcas (Ibíd. 103b). ¡Al salir de la Sucá llevamos impregnada su fe! A pesar de que no pudimos verlos con nuestros ojos físicos, su influencia es sumamente fuerte. Así como la persona del ejemplo sale perfumada aunque no probara ningún perfume, también nosotros salimos “perfumados” de fe al salir de la sucá.

La Guemará nos dice que en el futuro Dios recompensará al pueblo de Israel por haber cumplido con las mitzvot de la Torá. Entonces los otros pueblos vendrán a reclamar su recompensa y Dios les preguntará: “¿Acaso ustedes cumplieron mis mitzvot para pedir ser recompensados?” Los pueblos alegarán que todo lo que hicieron lo hicieron para el pueblo de Israel, pero Dios les recriminará: “¡Tontos! ¡Todo lo que hicieron lo hicieron para ustedes mismos!”. Una vez más los pueblos intentarán defenderse diciendo que Dios obligó a Israel a recibir la Torá pero a ellos no los obligó. Entonces Él les dirá: “Tomen una mitzvá, la mitzvá de sucá y cúmplanla. Si lo hacen, recibirán su recompensa”. De inmediato se apresurarán a construir sucot, entrarán a ellas y se sentarán. Pero entonces Dios sacará al sol de su vaina para poner a prueba a los pueblos y ver si se quedan en las sucot a pesar del calor ardiente. Uno a uno irán saliendo de la sucá y pateándola.

Aquí hay algo que no se entiende. Los Sabios dicen que esto ocurrirá al final de los días, cuando el Reinado de Dios sea revelado en el mundo. Hasta los más grandes Sabios temían la llegada de este día… ¿cómo es posible entonces que los pueblos del mundo pateen la sucá de esta forma, siendo que es su única oportunidad de recibir recompensa? ¿No les convendría esforzarse para cumplir la mitzvá a cualquier precio? Por ejemplo, si le dicen a una persona que si no le amputan la pierna morirá inmediatamente (que Dios no lo permita), pero que no tienen anestesia y que los dolores pueden llegar a ser insoportables… ¿no estaría dispuesta a que le amputen la pierna a pesar del dolor? ¿Acaso no le importa más salvar su propia vida? ¿Cómo es posible entonces que los pueblos del mundo salgan de la sucá y la pateen, perdiendo así su recompensa eterna?

La respuesta es que Dios les prueba a los otros pueblos que nunca estuvieron interesados en la Torá, ni en su recompensa ni en la verdad. En realidad ellos sólo desean seguir viviendo como lo hicieron hasta ese momento, y por eso patean la sucá, porque no tienen ninguna conexión con el servicio Divino ni con el cumplimiento de las mitzvot. En ese momento se revelará la verdad y la mentira y el engaño quedarán al descubierto. Por eso Dios los pone a prueba provocando que salgan a la luz sus pensamientos ocultos.

Nisuj HaMaim (Libación de Agua)

Dice la Guemará que durante la festividad de Sucot el pueblo de Israel iba al Bet HaMikdash y vertía mucha agua (Sucá 48 a-b). El Maharal explica que durante todo el año junto a los sacrificios se llevaba vino y sal, pero en Sucot llevaban agua porque éste era el momento adecuado para llevar la misma, tal como está escrito: “Por lo tanto con alegría sacarán agua de los manantiales de la salvación” (Ieshaiá 12:3). Esto era Simjá Bet haShoevá (Sucá 50b) y hasta el día de hoy se realizan celebraciones en recuerdo de las mismas.

Dicen los Sabios que éste era el orden del día durante los días en que se sacaba agua para la libación (Ibíd. 53 a): a la mañana ofrecían el sacrificio de Tamid y rezaban, luego ofrecían el sacrificio de Musaf y se iban a los Batei Midrash a estudiar Torá. Después comían, bebían y descansaban. Durante la noche bailaban alegremente. Explican los Sabios que esta alegría ayudaba a que el estudio se grabara en sus mentes. Resulta que también en tiempos de abundancia espiritual, tal como era la época del Bet HaMidrash, el estudio de la Torá seguía siendo lo más importante. Y con esto contamos también hoy en día a pesar de no tener el Bet HaMikdash.

Al crear el mundo, Dios separó al agua en dos partes. La mitad superior la elevó hacia el cielo y por eso en hebreo el cielo se llama shamaim (sham- allí, maim-agua, ver Rashi, Bereshit 1:8). Y la otra mitad la dejó en la tierra. El agua que quedó en la tierra comenzó a llorar y a quejarse ante el Creador: “¿Por qué debo quedarme aquí sola en la tierra?” (Bereshit Rabá 5:4). Por esta razón el agua de la tierra es llamada “agua que llora”. En ese momento Dios la consoló diciéndole que cuando estuviera el Bet HaMikdash el pueblo de Israel se reuniría, sacaría agua y la verterían sobre el altar (Rabenu Bejaie Vaikrá 2:13).

En los tiempos que el Bet Mikdash estaba de pie, el agua de la tierra tenía consuelo. Pero hoy en día a causa de nuestros muchos pecados, el Bet HaMikdash fue destruido y su llanto es permanente. El único consuelo que tiene el agua es el estudio de la Torá, porque como dijeron nuestros Sabios: “[En todo lugar donde está escrito] agua se refiere a la Torá” (Baba Kama 17a). La Torá es como agua salada: mientras más se bebe más sed uno tiene. Cuanto más Torá se estudia, más se desea seguir estudiando.

La fuerza de quienes se esfuerzan en el estudio de la Torá

A pesar de no haber tenido el mérito de que se reconstruya el Bet HaMikdash, de no tener cohén gadol ni levitas que canten en el Templo, de todas maneras gracias al mérito del estudio profundo de la Torá es posible alcanzar niveles espirituales similares a los de nuestros antepasados. Hay personas que tienen el mérito de sentir la dulzura y el placer del estudio gracias a su esfuerzo en la profundización de los conceptos y las leyes de la Torá. Hay quienes llegaron a ser muy grandes por el mérito de su estudio. Quiero contar lo ocurrido con el Gaón y tzadik Rabí Jaim Pinto ztk”l, para que lleguemos a comprender a qué grado llega la fuerza de los tzadikim. Una vez vino a verme una mujer en Francia y me dijo que su hija había desaparecido dieciséis años antes y que nadie sabía nada de ella. Nadie sabía si estaba viva o no… Le pedí a la mujer que me trajera una foto de su hija y le dije que al viajar a Marruecos para la hilulá de Rabí Jaim Pinto colocaría la foto sobre su tumba y le pediría que la ayude a saber dónde se encuentra. Al viajar a Marruecos hice exactamente eso: fui a la tumba, coloqué allí la foto y le pedí que ayudara a esa mujer para que pudiera encontrar a su hija. Un mes y medio más tarde esta mujer regresó con una enorme sonrisa. Me contó que su hija había regresado a la casa y que le dijo que durante un mes había oído una voz que le decía: “Regresa a tu casa, ve a ver a tu madre”. Esto la trastornó y decidió regresar a su hogar. Vemos aquí cuán grandes son los tzadikim y esta grandeza la consiguieron a través del estudio profundo de la Torá.

Las Cuatro Especies

El etrog, el lulav, el hadas y la aravá representan las diferentes partes del cuerpo. El etrog es el corazón; el lulav, la espina dorsal; el hadas los ojos y la aravá los labios. ¿Qué es lo que esto significa? ¿Y por qué estas especies son tomadas precisamente en Sucot y no en Pesaj o en Shavuot?

Durante los Iamim Noraim todos rezamos y pedimos que Dios nos de un buen año y confesamos los pecados que cometimos en el correr del año… Después llega la festividad de Sucot, en la cual tomamos las cuatro especies para recordar que pecamos con estas cuatro partes del cuerpo y aprender a cuidarnos de allí en adelante. Por eso las tomamos precisamente en Sucot y no en Pesaj ni en Shavuot.

En la noche de Hoshaná Rabá -que es el día del Rey David, quien en el futuro bendecirá sobre una copa rebosante (Pesajim 119b)-, nos arrepentimos profunda y sinceramente de nuestros malos actos y aceptamos estudiar sin descanso durante toda la noche (este “sufrimiento” es comparado con el ayuno de Iom Kipur), para despertar la misericordia Divina y tener el mérito de que Dios nos redima definitivamente. Entonces llegará el rey David y bendecirá sobre una copa rebosante.


El Final es un Nuevo Comienzo – El Significado de Sheminí Atzeret

En la Mishná del Tratado de Sanhedrín (90a) dice que tres reyes y cuatro personas perdieron su porción del Mundo Venidero. Los tres reyes son Ierovam, Ajav y Menashe. Rabí Iehudá dijo que Menashe perdió su porción en el Mundo Venidero, tal como está escrito: “Y oró a él” (Divrei HaIamim II 33:13). Sin embargo, los Sabios le respondieron a Rabí Iehudá: “Le devolvieron su reinado pero lo expulsaron del Mundo Venidero”.

Cuenta la Guemará que cuando Rab Ashi hizo una introducción para explicar esta Mishná, les dijo a sus alumnos que al día siguiente hablarían del “amigo Menashe”. Rashi explica que lo llamó “amigo” porque esos reyes eran sabios al igual que él, pero habían perdido su porción en el Mundo Venidero. Esa misma noche Menashe se presentó en un sueño a Rab Ashi y le preguntó: “¿Acaso tú estás a nuestro nivel para llamarnos ‘amigos’? Si te formulo una pregunta muy simple no podrás responderla”. Entonces Menashe le preguntó a Rab Ashi: “¿En qué lugar se debe cortar el pan después de pronunciar la bendición correspondiente?”. Para el pueblo de Israel ninguna acción es instintiva o automática. Cada cosa tiene significado e importancia, como por ejemplo la mano que nos lavamos primero, el zapato que atamos primero, etc. Rab Ashi reconoció que no sabía por dónde debía cortarse el pan y le pidió a Menashe que se lo enseñara dándole su palabra de que al día siguiente enseñaría esa halajá en su nombre. Menashe le dijo que el pan se debe cortar por la parte que está más horneada. Al oír la respuesta, Rab Ashi le preguntó a Menashe: “Si eran tan sabios, ¿cómo pudieron hacer idolatría?”. Menashe le respondió: “Si hubieses vivido en nuestra generación, habrías levantado el ruedo de tu túnica para correr más rápido y llegar lo antes posible al ídolo más cercano”. Así de fuerte era la Inclinación al Mal que atraía a esas generaciones hacia la idolatría. Al día siguiente Rab Ashi comenzó su clase diciendo: “Hoy comenzaremos con las palabras de nuestro rabino Menashe”, porque a aquél de quien se aprende aunque sea una sola halajá se le debe llamar “mi rabino”. De esta manera Rab Ashi corrigió su error al haber llamado a Menashe “amigo”.

Hay mucho que aprender a partir de esta historia. ¿Por qué Menashe le formuló a Rab Ashi precisamente esta pregunta? ¿Qué tiene de especial el lugar por el cual se corta el pan? ¿Y por qué Rab Ashi le dio tanta importancia a esta halajá, llegando a llamar a Menashe “nuestro rabino”? Aquí se encuentra un gran secreto.

Para responder a estas preguntas, analizaremos otros aspectos de este mismo tema. La Guemará en Sanhedrín (104b) cuenta que los Sabios quisieron agregar el nombre de Shlomó a la lista de los reyes que perdieron su porción en el Mundo Venidero por haber transgredido una prohibición explícita de la Torá. La Torá nos dice que el rey de Israel “Tampoco deberá tener muchas esposas” (Devarim 17:17). El rey Shlomó se casó con muchas mujeres y también acumuló grandes riquezas, lo cual también está prohibido por la Torá (Ibíd.). A pesar de que Shlomó se arrepintió sinceramente por haber cometido estas transgresiones, los Sabios pensaron que su pecado había sido sumamente grave debido a su elevadísimo nivel espiritual. Cuenta la Guemará que el rey David se presentó ante los Sabios y les suplicó que no decretaran que el Rey Shlomó había quedado fuera del Mundo Venidero, pero los Sabios no oyeron sus súplicas. Entonces salió una Voz del Cielo en defensa del rey Shlomó, argumentando que él había construido el Bet HaMikdash, pero los Sabios tampoco aceptaron ese argumento. Finalmente otra voz del Cielo declaró: “¿Acaso tú decidirás su retribución porque lo aborreces?” (Iov 34:33). Esto significa que no eran ellos quienes podían decidir algo así y que sólo Dios puede juzgar a Shlomó. Entonces los Sabios no agregaron el nombre del rey Shlomó a la lista de los reyes que perdieron su porción en el Mundo Venidero.

Esta discusión es absolutamente sorprendente, porque el Rey Shlomó tiene grandes méritos: construyó el Bet HaMikdash, escribió los libros de Kohelet y Mishlei que nos enseñan cómo debemos comportarnos, escribió Shir HaShirim, que es considerado por los Sabios como kodesh kodashim (lo más sagrado)… De haber agregado su nombre a la lista de los reyes que perdieron su porción en el Mundo Venidero, seguramente también habrían prohibido sus libros, lo que hubiese provocado que perdiéramos toda esa sabiduría y santidad.

También podemos preguntarnos qué fue lo que agregó el pedido del rey David. Los Sabios ya habían decidido no tener en cuenta los grandes méritos del rey Shlomó y condenarlo a perder su Mundo Venidero por haber transgredido claras prohibiciones de la Torá. ¿Por qué iban a hacer caso al pedido de David? ¿Y qué fue lo que los llevó a retractarse? ¿Acaso los Sabios deciden de acuerdo con las voces que salen del Cielo? La Guemará nos dice claramente que no es así, tal como está escrito: “Ella [la Torá] no está en el Cielo” (Baba Metzía 59b). ¿Qué fue entonces lo que llevó a los Sabios a cambiar de opinión?

Para poder responder a esto explicaremos la idea que se encuentra detrás de Sheminí Atzeret.

La Guemará nos dice que a pesar de que esta festividad es llamada sheminí (el octavo día) atzeret (detención), ella constituye una festividad por sí misma, independiente de Sucot (Sucá 48a). ¿Por qué entonces es llamada Sheminí, lo cual implica que es una continuación de los siete días previos? La Torá debería haber dicho que el día veintidós de Tishrei se celebrará la festividad de Atzeret.

Podemos responder esto con las palabras de los Sabios que afirman que del rey Shlomó aprendemos que se debe celebrar al terminar de estudiar un Tratado del Talmud (Melajim I 3:15): “Ofreció sacrificios y ofrendas e hizo una fiesta para todos sus siervos”. Esta celebración fue a causa de un sueño en el cual Dios le preguntó a Shlomó qué deseaba recibir: sabiduría, riqueza o vencer siempre a sus enemigos (Ibíd. 5:14). El rey Shlomó respondió que deseaba recibir sabiduría: “Por tanto da a Tu siervo un corazón comprensivo para juzgar a Tu pueblo” (Ibíd. 9). Dios se alegró con su elección y cumplió su pedido, brindándole también las otras dos cosas: “He aquí que he hecho conforme a tu palabra, dándote un corazón sabio y comprensivo como nadie tuvo antes ni tampoco nadie tendrá fuera de ti”.

Al despertarse por la mañana, Shlomó comprendió lo que decían los pájaros y entendió que su sueño se había cumplido (Ialkut Shimoni, Melajim I 175), entonces organizó una gran celebración en agradecimiento. ¿Por qué los Sabios aprenden a partir de esto que se debe celebrar al culminar el estudio de un Tratado si en el caso del rey Shlomó el festejo fue apenas comprendió que había recibido la sabiduría que había pedido? Mi maestro y rabino, el Rav HaGaón E. Koifman shelita dijo en nombre del Rab de Kotkz ztk”l que en todo lo relativo a la espiritualidad, el estudio y el servicio Divino no existe el concepto de haber terminado o llegar al final, porque cuando la persona se eleva espiritualmente y sube de nivel, esto es como un nuevo comienzo. Esta es la clave que nos permite responder todas las preguntas que hemos formulado y esto es lo que aprendemos del rey Shlomó: la celebración que se lleva a cabo al terminar el estudio se debe a que comenzamos un nuevo ciclo en un nuevo nivel. Es decir que cada final es un nuevo comienzo, y esta es la razón de nuestra alegría.

Esta es también la idea subyacente en la festividad de Sheminí Atzeret. La alegría de Sheminí Atzeret es porque se renueva nuestro estudio, comenzando una vez más desde Bereshit inmediatamente después de Zot HaBerajá. La influencia de santidad que recibimos a través del estudio es infinita y por eso al terminar un ciclo de estudio automáticamente comenzamos uno nuevo. El día de Sheminí Atzeret atrae hacia la persona toda la abundancia que recibió durante los Iamim Noraim para llevarla con ella durante el resto del año. Como dijeron nuestros Sabios: ¿Por qué se llama Atzeret (detención)? Porque Dios le dice al pueblo de Israel: “Quédense un día más”. Tal como un rey que invita a sus hijos a una celebración que dura varios días y al finalizar les dice: ‘quédense un día más, me resulta difícil separarme de ustedes'” (Rashi, Bamidbar 29:35-36). Esta es la esencia misma de Simjat Torá. Aparentemente quedarse un día más no cambia para nada la situación. ¿Acaso cuando termine ese día no deberán separarse de todas formas? ¿Cuál es el beneficio de quedarse un día más?

Como ya hemos explicado, el día de Sheminí Atzeret tiene el objetivo de atraer hacia nosotros la influencia y la abundancia de santidad que reunimos durante los Iamim Noraim, porque cuando parece que estos días concluyeron, comenzamos de nuevo. Por eso Dios nos dice: “Quédense un día más” y comiencen de nuevo para que tengan lo qué llevar con ustedes durante el resto del año”. Después de haber trabajado durante los días de Elul, haber dicho selijot, coronar a Dios como rey y soberano en Rosh Hashaná, experimentar los Diez Días de Teshuvá en los cuales el Rey está más cerca que nunca, haber habitado en la sucá a la sombra de la fe, recibiendo una santidad sin igual…

¿Cómo podemos salir ahora y enfrentar el aire profano de la rutina diaria? Por eso Dios nos dice: “Quédense un día más. Les haré una fiesta para celebrar el comienzo renovado del estudio y así podrán llevarse con ustedes la abundante santidad que reunieron en estos días”.

Sheminí Atzeret es una festividad por sí misma y separada de lo demás, pero también tiene el objetivo de llevar toda la santidad de los Iamim Noraim hacia el resto del año. Ahora podemos comprender por qué a pesar de ser una festividad separada, en la cual se ofrecen otros sacrificios, se la sigue llamando Sheminí (octavo día): porque la esencia de la festividad y su objetivo principal es recolectar toda la santidad que obtuvimos durante los Iamim Noraim y comenzar un nuevo ciclo con toda esa abundancia espiritual.

Esta idea se encuentra en el versículo mismo: “Atzeret habrá para ustedes” (Bamidbar 29:35). “Para ustedes” en hebreo es lajem, que tiene las mismas letras que la palabra melej (rey). Dijeron nuestros Sabios: “¿Quiénes son los Reyes? Los Sabios de la Torá” (Guitín 62a). Esto significa que a través del estudio de la Torá podemos llegar a sentir el sabor de una vida auténtica y alcanzar el nivel del Mundo Venidero incluso al estar en este mundo temporario. Esto es lo que logra Sheminí Atzeret, este día adicional en el cual nos quedamos junto al Creador y nos alegramos al comenzar un nuevo ciclo de estudio de la Torá. Esta es otra de las maravillosas bondades de Dios: darnos la oportunidad de recolectar y conservar durante todo el año la enorme santidad que logramos adquirir durante estos días sagrados, para que de esta manera logremos luchar contra nuestra Inclinación al Mal. Algunos comentaristas explican que esto se encuentra aludido en la palabra jag (festividad), cuyas letras aluden a jesed (bondad) y guevurá (fuerza). La bondad de Dios nos permita reunir toda la santidad de estos días para fortalecernos y luchar valientemente a lo largo del año.

Después de esta introducción, podemos comprender qué fue lo que sucedió con Menashe y Rab Ashi. ¿Qué fue lo que le estaba diciendo Menashe al enseñarle por dónde se debe cortar el pan y qué fue lo que entendió Rab Ashi que lo llevó a llamar a Menashe “nuestro Rabino”? Menashe logró arrepentirse y Dios le devolvió su lugar. En el libro Midrash Konen (Mizraj Gan Eden capítulo 9) dice que Menashe es el encargado de recibir en el Cielo a las personas que se arrepintieron de sus pecados. Los Sabios quisieron quitarle su cargo y llevarlo al Guehinom, pero Menashe les dijo: “Ustedes quieren llevarme al Guehinom porque durante veintidós años serví a los ídolos. Esto es un gran error, porque a lo que deben prestar atención es al final de la historia. Y yo finalmente me arrepentí de mis pecados”. Como dice la Guemará, después de haber sido capturado y llevado prisionero por el rey de Ashur, Menashe se dirigió al Creador pidiendo que lo salvara (Sanhedrín 101b). Además también el comienzo de su historia fue buena, porque nació de padres que eran grandes tzadikim, descendientes de profetas, y eso ayudó a que también su final fuera bueno. Los Sabios deberían haberlo juzgado de acuerdo con la regla de “Allí donde se encuentra” (Bereshit 21:17), porque después de arrepentirse ya no era la misma persona que durante veintidós años había servido a los ídolos. Esto queda aludido en la halajá que Menashe le enseñó a Rab Ashi, porque el pan se tuesta más en los extremos y no en el medio, donde es más ancho, y la bendición recae sobre la parte más tostada del pan. De la misma manera se lo debía juzgar de acuerdo con su comienzo y su final y no a mitad del camino. Con su enorme sabiduría Rab Ashi aceptó las palabras de Menashe y al otro día lo llamó: “nuestro Rabino”, porque había aprendido de él un concepto sumamente importante.

El nombre Menashe tiene las mismas letras que la palabra shemone (ocho). Esto nos enseña que el día de Sheminí Atzeret transmite el mismo mensaje que la pregunta que Menashe le formuló a Rab Ashi, porque une el final con un nuevo comienzo. Esto lo aprendemos de la halajá que nos enseñó el rey Menashe.

Ahora podemos comprender también por qué el rey David se presentó ante los Sabios para exigirles que no incluyeran al rey Shlomó entre los reyes que perdieron su porción en el Mundo Venidero. El Rey David les dijo a los Sabios que no debían juzgar a Shlomó por sus pecados sino de acuerdo con su comienzo y con su fin, porque él se arrepintió de todos sus pecados. Los Sabios aceptaron sus palabras después de que Dios les reprochara a través de una voz Celestial.

Con esta historia también podemos entender la diferencia que existe entre un tzadik hijo de un tzadik y un tzadik hijo de un malvado. El tzadik hijo de un tzadik puede apoyarse en su buen comienzo, pero el tzadik hijo de un malvado no tiene esta ayuda en el momento del juicio.

También se entiende por qué en Sheminí Atzeret se comienza a leer nuevamente desde Bereshit y no en otro lugar, porque esto viene a enseñarnos que el Servicio Divino nunca termina y que las realidades espirituales son infinitas e ilimitadas: cada final es un nuevo comienzo en otro nivel.

Podemos agregar también que el mundo fue creado unos días antes de Rosh Hashaná y que en Rosh Hashaná Dios creó al hombre (Vaikrá Rabá 29:1). El mismo día en que fue creado, el hombre pecó y salió del juicio libre de cargos. Al recibir un veredicto favorable en el juicio, la persona puede alegrarse durante los días de Sucot y en Sheminí Atzeret leer la parashá que describe la creación del mundo y del hombre, comprendiendo la importancia de los buenos comienzos.

Si profundizamos un poco más podemos sacar conclusiones maravillosas y entender por qué de la parashá Bereshit se lee sólo la parte que habla sobre la creación y no se sigue adelante con la lectura. La explicación a esta costumbre es muy profunda: antes de la creación del mundo, Dios se aconsejó –como si fuera- con los ángeles (Sanhedrín 38b, Bereshit Rabá 8:4). Como está escrito: “Hagamos un hombre a nuestra imagen y semejanza” (Bereshit 1:26). El Midrash manifiesta su asombro acerca de la palabra “hagamos”, de lo cual se puede llegar a entender que hay más de un Creador (Bereshit Rabá 8:8). Y explica el Midrash que Dios quiso enseñarnos que la persona importante debe aconsejarse con otros aunque sean más pequeños que ella en sabiduría e importancia. Y no le importó que algunos trataran de decir a partir de esta palabra que existen otros dioses fuera de él, porque la persona que tiene fe ve a Dios en cada detalle de la Creación y sólo aquél que desea “equivocarse” para liberarse del yugo se apoyará en esta palabra para desviarse del camino.

Toda la abundancia que recibimos en este mundo se debe a la Torá, tal como está escrito: “Coman de Mi pan” (Mishlei 9:5). Aquí el pan alude a la sabiduría de la Torá, a través de la cual es posible vencer a la Inclinación al Mal (Bereshit Rabá 54:1). La Torá es llamada reshit (comienzo) y también el pueblo de Israel es llamado reshit (Vaikrá Rabá 36:4) porque los dos son eternos y todo final es un nuevo comienzo. Al leer la parashá Bereshit unimos todos los reshit y atraemos hacia nosotros toda la bondad del Creador y la salvación llegará prontamente en nuestros días, amén.


La Parashá Bereshit y Simjat Torá

Enseñan nuestros Sabios que Dios comenzó la creación del mundo el veintiséis de Elul y que en Rosh Hashaná fue creado el hombre (Vaikrá Rabá 29:1). Los primeros versículos de la parashá Bereshit relatan la creación del mundo. ¿Por qué comenzamos a leer la parashá Bereshit en Simjat Torá y no el veinticinco de Elul, que es el momento en el cual fue creado el mundo?

También podríamos leer la parashá Bereshit en Rosh Hashaná, que es el momento en el cual Dios creó al hombre, porque como es sabido todo el mundo fue creado para el hombre, que es quien debe santificar la creación y cumplir con la voluntad del Creador. ¿Por qué entonces la leemos en Simjat Torá?

Dios creó el mundo antes de crear al hombre para honrarlo y mostrarle que ese mundo maravilloso había sido creado para él. Esto es similar a cuando esperamos que llegue alguien de visita y ordenamos y limpiamos la casa en su honor. Cuando el huésped llega y ve toda la casa limpia y ordenada se siente honrado y respetado. De todas maneras el huésped sabe muy bien que todo lo que hicieron para recibirlo y honrar su presencia se debe a que es un huésped en la casa y de no ser así él mismo hubiera participado en los preparativos.

Lo mismo ocurre con la creación del hombre. Dios recibió al hombre con un mundo maravilloso, pero también le enseñó que él es un huésped en este mundo y que su estadía en el mismo es sólo temporaria, que en algún momento deberá abandonar este mundo y regresar a su verdadero hogar en el Mundo de las Almas. Así como un huésped se comporta correctamente durante su visita a una casa extraña, así también debemos comportarnos en este mundo, cumpliendo con los mandatos Divinos. ¡Estas son las reglas que debe cumplir un huésped en este mundo!

Como ya hemos dicho, Dios creó al hombre en Rosh Hashaná, lo colocó en el Gan Eden y le advirtió que no comiera del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Pero el hombre no superó la prueba y en ese mismo día pecó y fue expulsado del Gan Eden. Por eso Dios nos otorgó Rosh Hashaná y Iom Kipur, para que podamos efectuar un profundo examen de conciencia, que comprendamos que sólo somos huéspedes en este mundo pasajero y que nos comportemos como es debido y no como un huésped atrevido que hace lo que se le da la gana.

Después de Iom Kipur tiene lugar la festividad de Sucot, en la cual se nos ordenó habitar en una sucá, salir de nuestro hogar fijo y habitar en una vivienda temporaria (Sucá 2a). También esto es una advertencia: “¡Recuerda que este mundo es una vivienda temporaria y compórtate como un huésped respetuoso y no como el atrevido que provoca daños en la casa en la cual lo hospedan amablemente!” Sucot dura siete días, que son paralelos a los setenta años de vida en este mundo, tal como dijo el rey David en Tehilim (90:19): “Los días de nuestra vida son setenta”. La cantidad promedio de años que vive la persona son setenta. Toda la vida es un gran regalo, pero cuando se vive más de setenta años sin ninguna duda se debe valorar todavía más este valioso regalo, agradecer al Creador y alabarlo por hospedarnos en Su casa más tiempo de lo normal. Al actuar de esta manera siempre tendremos claro que debemos oír la palabra de Dios y cumplir con Sus mitzvot.

Después de Sucot tiene lugar Simjat Torá, lo cual nos orienta hacia la meta principal de nuestra estadía temporaria en este mundo: el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot. Si entendemos el mensaje y nos dedicamos al estudio de la Torá y al cumplimiento de las mitzvot, Dios siente una enorme satisfacción por nuestro comportamiento y piensa: “¡Qué bueno que creé este mundo en el cual se cumple Mi Torá!”.

Esta es la razón por la cual la parashá Bereshit se lee en Simjat Torá y no el veinticinco de Elul que es el día que comenzó la creación. Cuando Dios ve con qué alegría Sus hijos aceptan el yugo de la Torá, se siente satisfecho y piensa que valió la pena haber creado el mundo para ellos.

Debido a que Rosh Hashaná y los días siguientes son días de juicio, esperamos hasta Simjat Torá para comenzar a leer la parashá Bereshit y de esta manera evitar las acusaciones celestiales que pueden llegar a despertarse sobre nosotros antes de que nuestros pecados sean expiados en Iom Kipur y de comprender que nuestra estadía en este mundo es temporaria al habitar siete días en la sucá. Y en el Shabat posterior a Simjat Torá se lee toda la parashá Bereshit.

La Torá comienza con las palabras Bereshit bará (en el comienzo creó). La palabra bará (creó) tiene el mismo valor numérico que la palabra guer (extraño, forastero) para enseñarnos que somos forasteros en este mundo que pertenece al Creador y debemos prepararnos para nuestro viaje hacia el Mundo Venidero, un mundo verdadero y eterno en el cual el alma recibe su recompensa por sus buenos actos.

En Sucot salimos de nuestros hogares para habitar en una vivienda temporaria y de esta manera nos comportamos como un forastero que está de paso. No es lo mismo hablar de algo que llevarlo a la práctica, y por eso al habitar en la sucá nos preparamos para recibir la Torá que es la que nos brinda méritos para vivir en este mundo.

En Sucot también tomamos las Cuatro Especies: el etrog que simboliza el corazón, el lulav representando a la espina dorsal, el hadas simbolizando a los ojos y la aravá a la boca (Tanjuma, Emor 19). Al tomar juntas estas Cuatro Especies manifestamos que deseamos servir a Dios en la práctica y no sólo de palabra, invirtiendo todo nuestro cuerpo al servicio Divino.

Al final de Sucot tiene lugar Hoshaná Rabá, que es el día en el cual finalmente se sella el veredicto de los Iamim Noraim, y por eso nos quedamos despiertos toda la noche estudiando y diciendo el tikún. En Hoshaná Rabá también tomamos cinco aravot representando a la letra hei con la cual fue creado este mundo, y las golpeamos contra el suelo mostrando que no nos conformamos solamente con declarar nuestras intenciones sino que actuamos en esa dirección. Las aravot se golpean contra la tierra para despertar en nuestro corazón la conciencia de que “polvo eres y al polvo volverás” (Bereshit 3:19). Esto significa que sólo somos huéspedes en este mundo y que nuestro tiempo es limitado, por lo que debemos dejar de lado las palabras y actuar.

El día de Hoshaná Rabá puede compararse con el último aviso que emiten por los altoparlantes del aeropuerto antes de cerrar las puertas del avión. Quien no sube en ese momento perderá el vuelo. Rosh Hashaná es como el primer aviso, Iom Kipur el segundo y Hoshaná Rabá el último. La persona que no se arrepiente sinceramente en Hoshaná Rabá pierde la última oportunidad de llegar a Simjat Torá preparado para recibir la Torá y pierde los méritos que permiten disfrutar de este mundo.

Después de Hoshaná Rabá tiene lugar Simjat Torá, cuando comprendemos que Dios creó el mundo para nosotros, para que estudiemos Torá y mantengamos el mundo con nuestro estudio. Pero si no logramos comprender que el hecho de cumplir la Torá es lo que mantiene la existencia del mundo, Dios nos recuerda que incluso un mosquito es más importante que nosotros (Sanhedrín 38a).


 Isru Jag

“Poderoso es el Eterno y nos ilumina con Su luz; aten al sacrificio (isru jag) con cuerdas y tráiganlo hasta las coronas del altar”

(Tehilim 118:27)

Como sabemos el día siguiente a una festividad es llamado isru jag, tal como aprendemos del versículo de Tehilim (118:27): “Aten al sacrificio con cuerdas”. “Aten el sacrificio” en hebreo es isru jag. De aquí se entiende que la festividad se extiende por un día más. ¿Por qué? Porque ella deja en nosotros una huella y todavía podemos sentir su influjo. Esto nos enseña que debemos llevar con nosotros la enseñanza de la festividad y mantenerla a nuestro lado a lo largo del año.

Cuando Dios hace un milagro para una persona y ella reconoce que ese milagro es otra de las bondades del Creador, cada vez que pasa por el lugar donde ocurrió ese milagro bendice diciendo: “Bendito sea Quien hizo para mí un milagro en este lugar” (Berajot 54a) ¿Por qué se dice esta bendición? Porque ella fortalece nuestra fe y nuestro amor hacia el Creador al recordar Sus bondades sin límites. Incluso cuando ya transcurrieron muchos años desde que tuvo lugar el milagro, cada vez que se pasa por ese lugar se sigue pronunciando la bendición agradeciéndole al Creador por Su bondad. Esto nos permite recrear la situación y volver a experimentar la emoción original. De esta manera se despierta en la persona la fe y el amor que pudo sentir de forma palpable en ese momento en que se salvó de un peligro o cuando le llegó la salvación después de una terrible oscuridad.

Una vez vino a verme una mujer que estaba muy enferma y me preguntó cómo podía salvarse de su enfermedad. Le propuse que aceptara cumplir las mitzvot básicas del judaísmo, con la esperanza de que ellas pudieran llevarla de regreso al buen camino. Esta mujer siguió mi consejo y comenzó a cuidar las leyes de pureza familiar, Shabat, kashrut, etc. Un tiempo más tarde regresó para contarme que estaba completamente sana. Le pregunté si había cumplido con las mitzvot que habíamos acordado y me dijo que sí, pero después de curarse dejó de cumplirlas.

En los momentos difíciles, los seres humanos suelen apoyarse en la fe. Pero al ver un alivio, sus vidas retoman su cauce previo y olvidan las bondades del Creador. Esta mujer fue sumamente cuidadosa en el cumplimiento de las mitzvot que habíamos acordado, pero al curarse olvidó que Dios fue Quien la salvó de su enfermedad y le otorgó vida.

Muchas veces ocurre que durante la festividad sentimos un enorme despertar espiritual, pero después olvidamos esa gran santidad y elevación espiritual, Por eso existe un día especial llamado isru jag que tiene la función de despertarnos y llevarnos a comprender que debemos llevar la santidad con nosotros a lo largo del año y no retornar a la rutina como si nada hubiera sucedido.


La Entrega Total

Dicen los Sabios que en el futuro, cuando Dios recompense al pueblo de Israel por su entrega al servicio Divino a lo largo de la historia, los pueblos del mundo vendrán a reclamarle porque no les dio a ellos la oportunidad de recibir esa recompensa diciendo que de haber tenido la oportunidad de cumplir con las mitzvot, también ellos podrían recibir esa recompensa (Avodá Zará 2a, 3a). Pero sabemos que antes de entregar la Torá a Israel, Dios la ofreció a cada pueblo y todos se negaron a recibirla. De todas maneras los pueblos del mundo argumentarán que Dios obligó al pueblo de Israel a recibir la Torá colocando sobre ellos al Monte Sinaí, pero al resto de los pueblos solamente les ofreció la Torá. Entonces Dios les dará la oportunidad de cumplir una mitzvá y si lo hacen de la manera debida, recibirán su recompensa. Dicen los Sabios que la mitzvá que Dios dará a los pueblos del mundo en el futuro es habitar durante siete días en una sucá. Pero Dios sacará al sol de su vaina y el calor será insoportable. Al sentir el terrible calor, los pueblos del mundo saldrán rápidamente de la sucá, la patearán y regresarán a sus hogares.

La halajá dice claramente que cuando la persona sufre al estar en la sucá a causa del frío, del calor o por alguna otra causa, tiene permitido salir de la sucá y regresar a su hogar (Shulján Aruj Oraj Jaim 640:4). ¿Entonces por qué los pueblos del mundo perderán su recompensa por no permanecer en la sucá?

La respuesta es que cuando Abraham Avinu estaba muy débil después de haber cumplido con la mitzvá de brit milá, Dios sacó al sol de su vaina para que Abraham pudiera descansar sin tener que ocuparse de recibir huéspedes como lo hacía a diario (Pirkei de Rabí Eliezer 28). Pero como él valoraba tanto esta mitzvá, se sintió sumamente triste al no poder cumplirla (Baba Metzía 86b). Por eso Dios envió tres ángeles que se presentaron ante Abraham como tres caminantes, para permitirle cumplir con la mitzvá de recibir huéspedes (Rashi, Bereshit 18:1).

Esta actitud de Abraham Avinu manifiesta su entrega total hacia el cumplimiento de las mitzvot. A pesar de que precisaba recostarse y descansar, él no prestó atención a su estado de salud porque deseaba con todas sus fuerzas cumplir con la mitzvá de recibir huéspedes. Abraham Avinu es el padre del pueblo judío y su comportamiento es el símbolo de la entrega que acompañó a nuestro pueblo en las diversas pruebas que debió superar a lo largo de la historia y debemos seguir su ejemplo. Abraham Avinu nos otorgó la fuerza necesaria para superar las pruebas. De él heredamos la entrega ilimitada que nos diferencia del resto de los pueblos.

Cuando en el futuro Dios les diga a los pueblos del mundo que pueden cumplir con la mitzvá de sucá, pondrá a prueba el nivel de entrega que tienen por el cumplimiento de las mitzvot. ¿Cumplirán entonces con la mitzvá a pesar del terrible calor o saldrán corriendo como alguien que se escapa de un lugar indeseado? Debido a que los pueblos del mundo no cuentan en su esencia con este nivel de entrega, no podrán superar la prueba y deberán aceptar que incluso de haber aceptado la Torá no hubieran sido capaces de cumplirla con todas las pruebas necesarias, tal como lo hizo el pueblo de Israel. Comprenderán entonces que no merecen recibir la recompensa que reclaman. De la misma manera en que no fueron capaces de dejar de lado su bienestar para cumplir con una única mitzvá, tampoco hubieran estado dispuestos a dejar de lado su bienestar ni a entregar sus vidas para cumplir la Voluntad Divina a cualquier precio (Sanhedrín 74a).

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